El PM de nuestra unidad era un local parcialmente soterrado. Contaba
con un salón de reuniones, un compartimiento para el operador de la
pizarra telefónica, un salón para la conducción de la aviación y otro
en el que se encontraban las planchetas, desde donde el (Oficial de
Guardia Operativo (OGO) del Regimiento, le daba seguimiento a los
vuelos y desde el cuál, el Jefe del Regimiento o el Jefe del Estado
Mayor, podían tomar las decisiones pertinentes.
Las planchetas consistían en grandes cristales acrílicos en los cuales
se reflejaban los mapas. Sobre éste reflejo se situaban las coordenadas
y los parámetros de alcance de los radares. De esta forma se
plasmaban, punto a punto, las trayectorias de los aviones durante la
travesía.
La UNITA podía, sin mucho esfuerzo, mantener un espía en nuestro
P.M., de forma permanente. De no haberlo hecho, desaprovechó la
oportunidad que tan cándidamente les ofrecimos, por lo menos en
Huambo.
De conjunto, ambos OGO (el angolano y el cubano) trabajaban en
nuestro PM, ya que ni por equivocación, nuestros camaradas de lucha
tenían algo parecido a un PM. Los helicópteros y aviones de
transporte, militares angolanos, mantenían su control de vuelos,
mediante las autoridades civiles, pues consideraban que no les era
necesario.
En realidad, en Huambo los angolanos planificaban pocas operaciones
en contra de la UNITA y cada vez que efectuaban alguna, lo hacían
subordinados a las Tropas Terrestres, en calidad de Aviación del
Ejército (según la denominación soviética), por lo cual tenían otro
tipo de organización.
Según mi criterio, este tipo de organización era muy apropiada para la
realización de todo tipo de contrabando.
Muchos decían que el OGO angolano no dejaba de presentarse
diariamente debido al almuerzo. Aunque esto fuera verdad, no es
menos cierto que los navegantes de orientación angolanos, recién graduados en la URSS, se mantuvieron de forma permanente en las
instalaciones para dirigir los traslados, hacia y desde el sur de Angola,
de la FA angolana.
Era muy significativo que el OGO angolano nunca supiera nada en
relación con las actividades del regimiento propio y sin embargo se
mantuviera muy interesado de cuanto se le pudiera pegar de nuestros
mensajes cifrados y de nuestras inoportunas conversaciones en su
presencia. Uno de ellos fue sorprendido “infraganti”, “a falar
umbundo” por radio, y llegamos a pensar que se trataba de una
conversación con la UNITA.
Una pequeña granja agropecuaria, perteneciente a nuestro regimiento
se encontraba muy cerca del PM.
Allí teníamos cría de cerdos, aves de corral, diferentes sembrados y
un pozo de agua que tuvimos que ampliar en varias oportunidades;
siendo el único pozo de agua de donde se abastecía todo el personal
cubano radicado en Huambo.
Lanza Granadas AGS
Era un punto de vital importancia y como tal se mantenía custodiado
por una escuadra de infantería reforzada, perteneciente nuestro
regimiento; siendo su arma más pesada, un lanzagranadas AGS.
En la cabecera de la pista que se encontraba más alejada de la ciudad,
se mantenía de guardia un pelotón de infantería que se subordinaba al
Destacamento de Protección de Aeropuertos (DPA).
Esta unidad no se subordinaba, ni operativamente, al Regimiento de
Helicópteros y por extraño que resulte, se mantenían destacados en
esa posición para proteger las instalaciones aero-portuarias y no a los
medios de combate de nuestras fuerzas, que estuvieran dislocados en
las inmediaciones.
La distancia entre el pelotón de infantería de la DPA y nuestro
Regimiento serían menos de 1000 metros y que recuerde, no existía
tan siquiera un acta de cooperación, ni comunicaciones.
El destacamento de la DPA de la cabeza de la pista, se encontraba
subordinado al Jefe del Grupo Operativo radicado en Huambo.
Este era grosso modo el aeródromo de Huambo, con su panadería, su
comedor de pilotos y su puesto médico, que para las condiciones
existentes, los he visto menos pulcros en otros lugares.
Antes de Cuito Cuanavale, el Jefe del Grupo Operativo era jefe de una
Brigada de Tanques (BT), pero después que el General Cartaya
avanzó hacia Cuito Cuanavale, al frente de esta posición solo quedó
en Huambo un Grupo Táctico (GT), que fue lo que recibió el General
Pineo a su llegada a Huambo. Este Grupo Táctico, tenía subordinadas
la unidad de DPA y un Destacamento de Protección a Caravanas
(DPC). Pineo pertenecía a lo que se denominava “Operación Olivo”.
Pineo en su época de Comandante
A la entrada principal del aeropuerto (parte civil) por la parte lateral
izquierda, se encontraba un hangar, que en su oportunidad fuera la
jefatura del regimiento de helicópteros cubano y que para 1988 se
encontraba en las manos de sus dueños naturales.
Siguiendo el trazado de la pista principal, a la izquierda, se había
construido una doble cerca, a unos 600 metros, desde las instalaciones
aero-portuarias y a unos 150 metros de la pista principal, cruzando un
terraplén que más adelante sería una pista paralela o calle de rodaje
(taxiway). En esta doble cerca se cometió, en aras de la lucha contra
el robo, el crimen más horrendo presenciado por nosotros durante las
dos campañas o misiones internacionalistas.
La doble cerca había sido minada y des-minada en diferentes
ocasiones, tanto por cubanos como por angolanos, pero nadie sabía,
con certeza, donde o cuando se habían sembrado las minas. No
existían documentos que permitieran asegurar nada en relación con
este campo.
El caso es que la población angolana, para no tener que bordear la
pista atravesaba la doble cerca por diferentes trillos. Los efectivos del
regimiento angolano, los utilizaban para sustraer combustible y
venderlo en los quimbos próximos al aeródromo.

La entrada principal a este "predio" estaba situada entre los edificios
de los angolanos y los soviéticos.
Hacia la parte posterior del edificio de trece plantas había una
explanada con declive hacia un arroyo que corría con rumbo noroeste
a unos 400 metros de distancia. Uno de los tantos arroyos existentes
en la región donde nacen los ríos más grandes de Angola. El río
Cunene nace precisamente en Huambo, a unos 15 kilómetros de
distancia hacia el sur.
En esta explanada con declive se habían situado las líneas de defensa
terrestre, compuestas por zanjas de comunicación y refugios que
salían desde el mismo sótano del edificio. Poco más distante se
encontraba un terreno en el cual lo mismo se jugaba football que
baseball, en dependencia de los jugadores. Todo el terreno quedaba
alumbrado, en la noche, por una red de postes de alumbrado, una red
interior, cerca de las líneas de defensa y otra externa casi en los
límites del terreno de "foot-base-ball".
La energía eléctrica podía ser abastecida ya fuera por medio de la red
civil que mediante la planta eléctrica del edifico de trece plantas.
La planta suministraba energía solamente a los edificios ocupados por
los cubanos.
La mini-hidroeléctrica de Huambo sólo comenzó a prestar servicios a
finales del 88.
El edificio de trece plantas tenía cuatro terrazas, una en la primera
planta, que era donde se encontraba el parqueo de automóviles y el
acceso al elevador.
A esta planta se llegaba mediante una rampa de automóviles que al
nivel de la calle se mantenía cerrada (en horario nocturno) por una
puerta metálica. Aquí se parapetaba la primera línea de defensa del
edificio.
Las líneas de defensa terrestre la ocupaba la compañía de seguridad.
Las otras terrazas se encontraban en el piso diez, una para cada
apartamento. Allí estaba nuestro apartamento.
Solamente había dos apartamentos en esta planta, mientras que en las
plantas inferiores llegaban hasta ocho apartamentos por piso.
Las terrazas del piso diez se encontraban orientadas, una hacia el
norte y la otra al sur.
Desde estas se dominaba perfectamente la línea de defensa terrestre.
En la terraza del piso 13 en se encontraba instalada una ametralladora
14,7 milímetros.
Supuestamente, este edificio debía ser defendido por los trabajadores
civiles de la educación y la salud aunque en el vivían compañeros de
otras muchas disciplinas laborales.
Las condiciones de vida de los pilotos no eran nada agradables.
Al principio de la guerra uno de los pocos entretenimientos era ir al
cine de la base o al de los soviéticos. Durante el transcurso de la
semana se proyectaban tres películas, tocando a una por nacionalidad,
en días alternos.
A los oficiales les correspondía una botella de ron al mes.
Recibíamos, también, algún dinero de bolsillo. Primero fueron en
escudos angolanos, luego del cambio de la moneda comenzamos a
recibir Kwanzas, que para el año 1978 venían siendo,
aproximadamente, $20 dólares.
Algún tiempo después, suspendieron la entrega de dinero en efectivo,
ofreciéndose como explicación, que la prensa extranjera podía
tergiversar los hechos y propagar la idea de que las tropas cubanas
recibían dinero al igual que los mercenarios.
La realidad era bien distinta y consistía en que al gobierno angolano
le fue del todo imposible abastecer a la población, debido al
racionamiento establecido y esto dio lugar al resurgimiento de las
“Candongas”, que no no eran otra cosa que plazas de mercado negro
en las cuales se podía comprar, prácticamente cualquier cosa.
Estas plazas, como la llamada “Roque Santeiro”, según la
constitución angolana, se encontraban fuera de la ley, pero al
gobierno no le quedaba otra alternativa que hacerse de la vista gorda para evitar, en lo posible, un estallido social como consecuencia de la
hambruna.
Al recibir el dinero en efectivo, los militares cubanos solicitaban
autorización para salir a comprar.
¿Pero que iban a comprar en las tiendas del estado? Estaban vacías.
De esta forma, la policía militar, tenía que sacarlos de la Kandonga,
provocándose escenas vergonzosas que fueron filmadas en
oportunidades y la prensa extranjera se encargaba de publicar, como
los soldados mercenarios cubanos ayudaban a fomentar el caos.
De esta lujuria por la pacotilla no se salvó nadie, ni los más altos jefes
y los pilotos no iban a ser la excepción. En muchas ocasiones
compraban cajas de cerveza para celebrar cualquier acontecimiento,
otras veces compraban whisky o ginebra.
Esa tienda tenía varios inconvenientes y uno de ellos consistía en que
la oferta era pobre en comparación con la Candonga y los precios eran
elevados.
Candonga
El personal comenzó a vender los artículos que les eran entregados
para el cumplimiento de la misión.
Los más atrevidos solicitaban de los parientes en Cuba, que les
enviaran, por correo, artículos que en nuestro país se pudieran
comprar con relativa facilidad para venderlos en la Candonga.
Este fue el inicio del “mercado negro internacionalista cubano”.
Entre el montón de cosas que vimos u oímos vender estuvieron
artículos como cámaras fotográficas soviéticas, cepillos de dientes,
vino seco “El Mundo”, caretas anti-gases, cigarrillos y muchos más.
Por las noches, en Huambo (1988) nos gustaba escuchar radio o ver
televisión. La televisión angolana trasmitía telenovelas brasileñas y
portuguesas; y noticieros. No había una red nacional, sino una
emisora local que trasmitía en forma diferida estos programas.
Durante un breve período de tiempo, los ingenieros y técnicos de la
unidad de TRT se las arreglaron para lanzar al aire una señal
televisiva, la cual fue utilizada para transmitir filmes de vídeo.
Duró poco tiempo, pues no teníamos autorización del gobierno
angolano para utilizar aquella frecuencia.
Aunque los ordenos duodécimo y decimotercero de la orden número
uno del Comandante en Jefe lo prohibía, escuchaba “La Voz del Gallo
Prieto”, “La Voz de Sudáfrica”, la BBC de Londres y Radio Exterior
de España en frecuencia de onda corta.
En horas tempranas de la mañana se podía escuchar, con bastante
claridad, “Radio Habana Cuba”.
Recuerdo la indignación que me embargó cuando las emisoras
angolanas, trasmitieron completamente los discursos pronunciados
por los representantes de las partes contendientes durante la firma
final de los acuerdos de paz. La emisora cubana solo dio titulares y
unos comentarios, solo entendibles para unos pocos.
Los videos que nos llegaron por la vía oficial, mutilaron el discurso
del representante surafricano.
El des-gobierno de los hermanos Castro Ruz siempre ha preferido
darle las noticias pre-digeridas al pueblo.
El discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de Africa del Sur, a
mi forma de ver, era un discurso prepotente que nada tenía que ver
con la proyección de victoria que transmitían las agencias de noticias
cubanas.
Admitían la independencia política de Namibia. Para nadie era secreto
que mantendrían el dominio económico. Se debía respetar su voluntad
económica y por tanto el derecho de intervenir en los asuntos internos
de Angola cada vez que estimaran que se ponía en peligro sus
intereses.
Todavía era algo temprano para que pudieran comprender que al
régimen del apartheid le quedaba poco tiempo de vida.
El comedor de pilotos, en el aeródromo de Huambo consistía en un
refugio bastante espacioso dividido en dos compartimentos, uno para
la cocina y el almacén y el otro destinado para el servicio
gastronómico. Teníamos preparadas seis mesas con capacidad para
seis comensales cada una, lo que permitía servir la comida a todo el
personal de una sola vez. En las ocasiones en que tuvimos invitados
algunos pilotos tuvieron que esperar un segundo turno.
Durante los días más difíciles la comida no estuvo del todo buena y el
pollo se repitió innumerables veces en sus distintas variantes. Nunca
faltaron el arroz y los frijoles. Alguna vez faltó el pan, pero casi
siempre tuvimos jugos de lata de la marca “Frami” (portuguesa) y
otras veces “Taoro”.
Gran diferencia existía entre nuestra dieta y la del personal técnico o
de aseguramiento, que aunque tampoco les faltaron el arroz y los
frijoles, un día le tocaba sardinas y al otro “Vanderlan”.
Dentro de las latas de Vanderlan se podía encontrar, junto a cualquier
cantidad de picante, la carne en forma de picadillo y cualquier otra
cosa. Las latas tenían forma cilíndrica.
Según lo que nos habían dicho, los convenios firmados entre Cuba y
Angola establecían, que el gobierno angolano se encontraba
comprometido a suministrar el 50% de los abastecimientos de alimentos a las tropas cubanas. Debido al incremento de las tropas
cubanas durante los acontecimientos de 1987-1988, le gobierno
angolano se había negado a concedernos los abastecimientos para el
incremento de nuestras fuerzas. Nos daban lo que podían.
El Vanderlan no se lo comían ni los nativos que se estaban muriendo
de hambre y lo obsequiaban con mucho gusto a los camaradas
cubanos.
Al parecer no era tan malo. Que sepamos ninguno de los soldados,
cubanos, murió por intoxicación o por hambre. Pero si, que
padecieron de gastritis, hemorroides, vómitos y diarreas crónicas.
Claro, esto podía atribuírsele a “factores colaterales”.
De Cuba llegaron cocineros, de primera, para atender las necesidades
culinarias de los pilotos. Los platos fueron variando y llegamos a
degustar arroz imperial, pizzas, lechón asado, dulces finos y otros.
Aquellos que se encontraban acompañados, por sus respectivas
esposas, les correspondía un abastecimiento especial para ser
cocinado en casa. Se les entregaba una cuota bastante superior al del
resto de los pilotos, que no-tenía nada que ver con la libreta de
abastecimientos (establecida en Cuba desde 1962) y productos jamás
ofertados por el Ministerio de la Industria Alimentaria (MINAL).
Claro que aquí se encontraba incluida la dieta reforzada de los
aviadores: Leche “Nido” (en polvo), chorizos enlatados de marca
Nobre, bolas de carne procedentes de Argentina, ruedas de queso
portugués... Nos tocaban cantidades tan generosas que permitían
compartir con la colaboración civil y los asesores cubanos del
MININT. Otros compañeros, menos “camaradas”, traficaban el
excedente en las kandongas.
En nuestro campamento trabajaban unos pocos nativos y estos se
dedicaban a recoger los desperdicios, a los cuales les sacaban bastante
provecho. Lo que nosotros considerábamos desperdicios, ellos lo
consideraban comida aprovechable.
En una oportunidad se nos echaron a perder unas raciones frías en
conserva. Como consecuencia de la fermentación del producto en mal
estado la cubierta metálica, se había reventado.
Nos causó una especie de sorpresa y repulsión ver a un pobre diablo,
que normalmente almorzaba y comía en el comedor de los soldados
cubanos, engulléndo aquello con la felicidad reflejada en el rostro.
Un día se me presentó un muchachón de 16 a 17 años solicitando que,
mi mujer y yo le adoptásemos. Quería ir a estudiar a Cuba.
Esto era muy común y ya algunos jefes habían accedido a estas
solicitudes, pero nosotros no estábamos dispuestos a meternos en
camisa de once varas y solamente le indiqué lo que debía hacer para
lograr sus propósitos.
Al personal angolano que trabajaba en el campamento se le situaba,
además del salario mensual, una cuota de comida. El salario
verdadero era la comida, porque los “cuanzas” no les alcanzaban ni
para empezar.
En un momento determinado nos vimos en la necesidad de rebajarles
la cuota y por poco se van a la huelga. Menos mal que luego ellos
mismos llegaron a la conclusión que era mejor recibir menos que no
recibir nada.
Una de las trabajadoras angolanas llegó a decir: “Los colonialistas
portugueses eran mejores que los cubanos. Ellos daban ustedes solo
quitan”.
No recuerdo exactamente el momento en el que un Jefe de
Regimiento se encontraba debidamente autorizado para que su mujer
lo acompañara durante el transcurso de la misión.
Ambos tenían derecho a vacaciones cada seis meses y de acuerdo con
grado y cargo militar le correspondía una cantidad de dinero para
gastos de bolsillo, a cada uno, que podía llegar hasta las 1200
Cuanzas sin importar las posibilidades que no tenían otros oficiales.
Este dinero se iba acumulando mensualmente hasta el momento de las
vacaciones. Para esta fecha el acumulado permitía la adquisición de alguna “pacotilla” en la tienda de la Misión. Podía consistir, desde un
calzoncillo, hasta una lavadora automática con varios programas, pero
sobre todo de marca “capitalista”. Era sumamente difícil encontrar en
esta suerte de tienda artículos fabricados en países socialistas de
Europa Oriental.
Podía ocurrir que al jefe en cuestión no se le hubiera asignado un
automóvil en Cuba, sin embargo en Angola se encontraba uno a su
disposición. Podía suceder también, que el apartamento que éste jefe
tenía en Cuba fuera de los de “micro-brigada”, con sus
correspondientes defectos constructivos y en Angola viviera en
mejores condiciones, cuando no en una casa a todo meter y con todas
las comodidades.
A su llegada a Cuba, de vacaciones, además de la “pacotilla” podía
optar por una reservación en los mejores centros turísticos, a lo que no
tenía derecho trabajando en Cuba.
Se encontraba con su sueldo y el de su mujer íntegros, a nos ser que lo
hubiera dejado asignado para sufragar gastos del resto de la familia.
La cuota de la libreta de abastecimientos no se tocaba, por lo que sus
familiares recibían doble cuota y si los hijos se encontraban en el
sistema de becas, se beneficiaban hasta los abuelos.
¡Los Reyes Magos llegaban cada seis meses!
Conocí a un jefe de la aviación de caza que mantuvo éste status
durante ocho años. Lo más curioso era que todos los compañeros se
compadecían de él. No es menos cierto que algunos hicieron su medio
de vida en la RPA.
Entre los tipos de aviación existían diferencias, privilegios y
discriminaciones. Escuchar a los pilotos de la aviación de caza utilizar
el sobrenombre de “melones” refiriéndose a los helicópteros o,
cafetera y chipojos al referirse los pilotos de helicópteros a la aviación
de caza o transporte respectivamente, era algo común.
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