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lunes, 26 de agosto de 2024

La Guerra Innecesaria, Capítulo 9 continuación Experiencias




1.- Los cohetes que utilizábamos eran del tipo C-5 en sus diferentes variantes: M, K, KO y al final de la campaña el C-5P. Existía el C-5R, correspondiente a la lucha radio-electrónica (LRE), pero éste nunca estuvo a nuestro alcance.


                                     C-5M, contra fuerzas vivas

Las letras los diferenciaban de acuerdo con sus capacidades de destrucción. Por ejemplo: Él “M” era un cohete de fragmentación que se utilizaba para diezmar a las fuerzas vivas del enemigo en lugares abiertos, lo que quiere decir, contra aquellas fuerzas que no estuvieran protegidas por trincheras o refugios. El “K” era utilizado contra instalaciones de pequeño blindaje. El “KO” tenía las características de ser perforante e incendiario.

La diferencia existente entre los anteriormente mencionados y el “P” consistía en que la cabeza de combate del último se encontraba integrada al cuerpo, o sea, que era mucho más moderno y nos ahorraba un tiempo tremendo a la hora de artillar los helicópteros.

A la colocación de la cabeza al cuerpo se le llamaba espoletar. Cualquiera puede imaginar la tareita de todo el personal de la unidad dedicados a espoletar cohetes para una misión.
Si habláramos del MI-8T serian 64 cohetes, para cada helicóptero, pero en el caso del MI-24, más de 128. De cumplirse la misión con helicópteros MI-8MT (MI-17), más de 192. Preparar 6 helicópteros serían 1,152 cohetes, que se dice rápido, pero que toma su tiempo.

                                                      MI-8T

                                                    MI-8TB
                                           MI-8MT = MI-17

El reglamento no permitía dejar espoletados los cohetes, de manera que si no se consumían durante la misión debían ser des-espoletados, siendo la de nunca acabar. 

La manipulación de los cohetes traía aparejado los daños que podían ocurrir.

2.- En las márgenes del río Cueve, atacamos una Base de la UNITA. En esta ocasión salí airoso por pura casualidad.

En el MI-8 MT (MI-17), se deben seguir varios pasos para la selección del armamento. Primeramente se conectan los interruptores principales, en el panel superior de la cabina de los tripulantes. A continuación, en un panel situado más abajo del anterior y hacia la derecha se selecciona la variante de disparo a utilizar. Por último se ajusta de la mira óptica PKB, introduciendo las milésimas correspondientes a la altura y la distancia en las cuales pretende realizar el tiro.

Obvié el paso del panelito que decide la utilización de la ametralladora, o no y el interruptor quedó en la posición “TIRO DE COHETES”. De esa forma, a la distancia a la cuál debíamos realizar el tiro con la ametralladora, salieron los cohetes. La diferencia de distancia era solo de 700 mts.

Como consecuencia la fragmentación, provocada por la explosión de los cohetes a tan corta distancia, alcanzó al helicóptero.
El resultado de mi negligencia pudo haber conducido a la destrucción de la aeronave y la pérdida de la tripulación.

Sentí varios golpes en el fuselaje y una bola de fango pegó de lleno en el cristal frontal, sin dañarlo. No fue hasta después del aterrizaje que pude comprobar que el aparato no había resultado dañado.

3.- Los relevos de los pilotos, dieron muchos dolores de cabeza. No podían permanecer por tiempo indefinido. Al igual que en el resto de las diferentes categorías de aviación, se dio la necesidad de reemplazar a los pilotos de helicópteros utilizando pilotos de la Aviación Agrícola de Cuba.

Estos aviadores, especializados en la fumigación de grandes extensiones de terreno, habían sido preparados a principios de los años 60 en la técnica de helicópteros del tipo MI-4. Por desconocimiento e incapacidad de nuestros jefes superiores habían sido destinados a la aviación agrícola. Fue una etapa en que casi desaparece la aviación de helicópteros en Cuba.

Se hacía necesario preparar a estos pilotos agrícolas de forma, teórica y práctica, para operar una técnica de diferente generación como es el helicóptero MI-8.
De motores de combustión interna a motores de compresión axial. Además tenían que asimilar, en un breve periodo de tiempo, la táctica del combate moderno.

Pensamos que muchos no regresarían y en realidad fueron pocos los que no regresaron.

Otra cosa sucedió con los helicópteros. En 18 meses sufrieron 10 accidentes por error en la técnica de pilotaje, siendo el más común de los accidentes, el no tener en cuenta las posibilidades de carga del MI- 8 en condiciones de altura sobre el nivel medio del mar y temperaturas, ambiente, de más de 30 grados centígrados.

Angola provocó un crecimiento acelerado de las tripulaciones. En general de todos los pilotos de la aviación militar cubana.

A finales de la década de los sesenta, mucho antes de que comenzaran las misiones internacionalistas en Angola, las unidades de helicópteros, en Cuba, se encontraban diezmadas.

De los dos regimientos de helicópteros, que a raíz de la Crisis de Octubre quedaran en el país, solamente existía un escuadrón, más las escuadrillas de Búsqueda, Salvamento y Rescate (BSR) diseminadas por todo el territorio nacional y subordinadas a las distintas bases aéreas.

Puedo afirmar categóricamente que, tanto la asesoría soviética como el propio mando militar cubano, no supieron aquilatar la importancia futura de la aviación de helicópteros. Aun teniendo frente a sus narices la guerra de Viet Nam en todo su apogeo.

No es menos cierto que al paso del tiempo es muy fácil criticar, como tampoco es falso que entre los años 65 y 70 se hayan dejado de preparar personal como pilotos o técnicos de helicópteros y no se llegó a renovar, la ya vetusta, técnica hasta mucho después del año 75.

De todo esto se desprende que al comienzo de la guerra de Angola no se contara con unidades que fueran superiores en número a una escuadrilla de cinco helicópteros para enfrentar la lucha contra las “bandas de la UNITA”. Comenzó, entonces, una desesperada carrera contra el tiempo y en menos de un quinquenio la aviación de helicópteros creció casi en el doble de efectivos.

¿Puede negarse, que la preparación de las tripulaciones fuera deficiente?

Después de salir de la escuela de aviación un piloto de cualquier especialidad necesita al menos siete años para encontrase preparado. Nuestros pilotos supieron sortear esas dificultades, aun cuando la jefatura decidió, como por arte de magia, disminuir los parámetros para la adjudicación de categorías de piloto.

Este absurdo costó algunos accidentes.

El mando superior consideraba que por ostentar una categoría de primer nivel los pilotos se encontraban preparados. Sin embargo muchos de ellos, al igual que los pilotos agrícolas, habían recibido una preparación acelerada y, por supuesto deficiente.

El resultado no podía ser otro que muchos pilotos inexpertos y carentes de preparación eran enviados a cumplir misiones de combate.
Luego, el mando superior no se podía explicar el porqué de tantos accidentes.

4.- En toda acción combativa, lo fundamental es, sin duda, la utilización y la posibilidad de mantener las comunicaciones entre las unidades participantes.

Durante catorce años mantuvimos el mismo patrón de canales, aunque, a decir verdad, se cambiaban las frecuencias de radio cada cierto tiempo.

Se dio el caso de que cambiaran las frecuencias y los indicativos sin que la información llegara oportunamente a nuestras tripulaciones.

En alguna ocasión cambiaron las frecuencias durante el cumplimiento de traslados entre aeródromos (en pleno vuelo), enterándonos a través de nuestra comunicación por el canal de onda corta en amplitud modulada.

Durante el cumplimiento de las acciones combativas no cambiábamos de frecuencia. Esto tenía su lado bueno y su lado malo, debido a que todos los medios aéreos que participaban se encontraban en la misma frecuencia, con el consiguiente barullo que en ocasiones constituía un verdadero desastre dada la imposibilidad de establecer comunicación con corresponsal alguno.

A causa de la interferencia, al ruido y a la furia que esto nos causaba, en no pocas ocasiones pasamos a una frecuencia vacía con el fin de concentrarnos en lo que estaba o debía estar sucediendo, pero por supuesto no podíamos permanecer de esta forma por mucho tiempo, ya que nos era imprescindible continuar recibiendo e impartiendo órdenes.

Para lograr mantener en perfecto estado, las comunicaciones, nuestros especialistas controlaban día a día todos los equipos. Nuestros equipos de radio, tenían capacidad para sintonizar frecuencias desde 118,1 Mhz hasta 135,5, sin embargo se encontraban limitados por el sistema de pre-sintonización, que llegaba a convertirse en un enemigo potencial.

Equipo de radio en un MI-17 Nota: al lado izquierdo de los botones rojos del  sistema contra-incendios, una maneta en forma de cruz de color rojo, para cambiar los canales pre-sintonizados

Sólo se podían pre-sintonizar diez canales para lo cuál existía un equipo llamado memorístico que consistía en un bloquecito del sistema de radio, empotrado en el panel superior de la cabina de los tripulantes (parte superior frontal).

Para desempotrarlo era necesario un destornillador, que por suerte era un solo tornillo. Después de realizada ésta operación se necesitaba una suerte de pinza, para poder sacar y meter unos ganchillos, una vez descifrada la frecuencia. 

Resumen: algo bastante complicado para realizarse en el aire y más, durante el desarrollo de las acciones combativas.

Al cabo de varios años logramos que nos proporcionaran una frecuencia de onda corta “oficial” en amplitud modulada.
Nuestros equipos de onda corta no tenían la capacidad de sintonizar otra amplitud que no fuera esa.

La amplitud modulada tiene por inconveniente ruidos parásitos que ocasionan molestias durante el proceso de recepción-trasmisión y esto incomodaba sobremanera a los pilotos que se encontraban habituados a la radio de alta frecuencia que posee un eliminador de ruido.

La frecuencia de onda corta nos era imprescindible para mantener las comunicaciones durante los vuelos de travesías Estas se realizaban a una altura de vuelo nunca superiores a los trescientos metros, por lo que después de recorridos 50 Kms. desde el aeródromo de despegue, de no poseer este tipo de frecuencia de radio, nos quedábamos prácticamente sin comunicaciones durante el tiempo que durara el vuelo.

Los únicos que trabajábamos la onda corta, en amplitud modulada, en Angola, éramos la gente de helicópteros. El resto de las tropas utilizaban la banda lateral y esto nos trajo más de un inconveniente.

En 1988 nos percatamos de que los reportes de posición de los helicópteros, durante las travesías, se coordinaban con el Oficial de Guardia Operativo, del Puesto de Mando (OGOPM) y guardaban relación con los puntos de la travesía que chequearían las tripulaciones.

El método no era malo, pero tenía sus limitaciones. De hacerse necesario un cambio en el plan de vuelo, durante el desarrollo de la travesía, se perdía la coordinación previa con el OGOPM.
Fue por eso que decidimos codificar nuestra radio-conversación, de forma tal que sin cambiar la frecuencia, en el caso de que nos tuvieran interceptadas las comunicaciones, el enemigo no pudiera imaginarse lo que estábamos hablando. 

De ésta forma le dimos nombres a los ríos, a las poblaciones, y a los aeródromos.
Tenía la ventaja de que sin previa coordinación, el OGOPM de nuestro Regimiento sabía, en todo momento, la posición de nuestros helicópteros.

Al parecer, ésta innovación no le interesó nunca al mando superior, pero en su momento nos ayudó en el rescate de la tripulación de Durán, el día que se accidentaron en las proximidades de Menongue.



También nos sirvió durante la inspección de las torres de alta tensión, saboteadas por la UNITA en las proximidades de Lubango y en otras muchas ocasiones.

Lo curioso era que el mando superior no daba crédito a las informaciones de nuestro Puesto de Mando del regimiento de helicópteros con base en Huambo, que se encontraba distante a más de 500 Kms. y se mantenía informándole al PCM, en Luanda, la posición exacta de los helicópteros.

Cuando el Coronel Eddy Hernández Capote relevó al entonces Coronel Lamas, como Jefe de la DAAFAR en la RPA, se interesó en nuestro sistema de comunicaciones y nos otorgó una frecuencia para que mantuviéramos las comunicaciones con el Puesto Central de Mando (PCM), pero la misma no duró más de un mes en funcionamiento. Al PCM, en Luanda, ésta frecuencia no le aportaba absolutamente nada y el ruido les molestaba sobremanera.

5.- El DISS-15, cuando funcionaba bien, era un instrumento muy preciso. Se trataba de un equipo de radionavegación que basaba su principio de funcionamiento en el sistema Doppler. Lo mismo aceptaba datos de coordenadas desde el lugar de despegue que desde el lugar en que se pretendía aterrizar.

Una vez introducida la información, era capaz de proporcionar innumerables datos, necesarios para no perder la orientación.
Por ejemplo:
Ofrecía datos de posición exacta, datos para dirigirse desde cualquier punto de la travesía hacia donde se deseara y como llegar hasta allí con la mayor precisión. Era algo así como un intento de un sistema de posicionamiento terrestre.

Cuando las unidades se movían con rapidez en una región donde no existían otros medios de ayuda a la navegación, éste equipo resultaba de gran valor, pero los problemas comenzaban debido a la desconfianza, al dejar de funcionar en forma imprevista, proporcionando datos erróneos, que no eran advertidos por los tripulantes hasta el chequeo de la próxima posición.

De manera que podía, desorientar al más pinto de la paloma con la consiguiente pérdida de tiempo o una malograda misión combativa.

Los pilotos se sentían incómodos y preferían obviarlo como equipo de ayuda a la navegación. Llegamos a la conclusión de que el secreto del mal funcionamiento radicaba en el desconocimiento de nuestros técnicos y lo engorroso que resultaba su mantenimiento y revisión. 

Cada vez que un helicóptero debía ser sometido a las inspecciones técnicas reglamentarias, podíamos dar por descontado que el equipo presentaría errores una vez que fuera “trasteado”.
Invariablemente salían, de las inspecciones, con defectos.

Las medidas que se tomaron fueron bien simples: Se prohibió el “trasteo” de los DISS-15 durante los trabajos reglamentarios de inspección.

Los sistemas de navegación inercial presentaron muchos problemas, como el día del ataque a la reguladora de Calueque en que un piloto de caza que se estaba guiando por su equipo, de repente se encontró sobrevolando una base aérea sur-africana.

En otra ocasión, en la cuál se nos había averiado el sistema de giro-compás, tratamos de arreglárnoslas utilizando el DISS-15. No había pasado mucho tiempo, cuando Enrique, que hacía las veces de número, inquirió sobre lo que estábamos haciendo.

Definitivamente, el equipo estaba proporcionando informaciones erróneas, de manera que decidimos ignorarlo, procediendo a navegar a estima, lo que dicho en buen español significa, guiarse por las características del terreno.

6.- Quedarnos sin comunicaciones durante el cumplimiento de una misión de traslado, de un aeródromo a otro o finalizando las acciones combativas, más exactamente, durante el retorno de una misión combativa, era habitual para la gente de helicópteros.

No se debía al mal funcionamiento de los equipos de radio, ni a la distancia que podía mediar entre el teatro de operaciones y la ubicación del PM, ni a cuestiones fortuitas.
Se traducía, simplemente a que una vez en tierra los aviones de combate, el PM desconectaba los equipos de radio. 
Había concluido la misión.

De ahí nuestra insistencia en la radio de onda corta. De esa forma nuestro PM, desde Huambo recibía nuestra reclamación para que se restablecieran las comunicaciones por la vía de VHF y se lo trasladaba al PM en cuestión.

Mientras el resto de los aviones eran dirigidos por radar, nosotros andábamos arrastrados por el terreno

Cuando se combate a muy pequeña altura es imprescindible intercambiar información. No es como la aviación de combate que, como consecuencia (en unos casos a la altura y en otros casos a la velocidad) es prácticamente ciega y en ocasiones le impiden, al piloto, precisar los objetivos sin ayuda del radar.

Desde los helicópteros se ve todo lo que está ocurriendo. La velocidad es mínima y la altura, bueno, la altura no es nada. Se ve al enemigo correr, esconderse, disparar y morir. Es de esta forma que se aprecia al enemigo y de la misma forma a tus propios compañeros y es por eso que es necesaria e indispensable cualquier información.

Como siempre estuvimos dirigidos por los jefes de la aviación de combate, nos criticaban constantemente de que utilizábamos la frecuencia “indiscriminadamente”.

7.- Los pronósticos meteorológicos eran bastante inciertos y teníamos el inconveniente de no podernos desviar de la ruta establecida, dada la posibilidad de empeorar las cosas.
En infinidad de ocasiones nos vimos en serios apuros y solo podíamos ser auxiliados por mapas poco confiables.

¡Mapas! De eso sí que estábamos necesitados.

La predicción de la dirección e intensidad del viento en el área del desembarco, factor de índole meteorológico, no era posible a una distancia de más de cien kilómetros del aeródromo o plataforma de despegue.

A los tripulantes no les interesaba tanto los parámetros del lugar de despegue, porque la apreciación de las condiciones meteorológicas antes de levantar el vuelo se hacía de forma visual. 

En la superficie terrestre el viento puede encontrase fluyendo desde una dirección y a doscientos metros de altura, en ese mismo lugar, puede tener una dirección diametralmente opuesta. El viento, puede tener un parámetro de velocidad cercano a cero en la superficie y cien metros más arriba mucha más intensidad.

¿Cómo pronosticar lo que pudiera suceder a 100 kilómetros de distancia de la zona de despegue después de transcurrido el tiempo de la travesía hasta la plaza del desembarco en territorio enemigo? ¡

¡Debíamos intuirlo! 

Pero las características de la Mesopotamia Angolana no nos ayudaban mucho en estos menesteres. No existían las Palmas

¡Ay!, las palmas, que en las llanuras de mi ardiente patria, nacen del sol a la sonrisa y crecen; y al soplo de la brisa del océano, bajo un cielo purísimo se mecen... (José María Heredia)

Acostumbrados, estábamos, en apreciar la dirección e intensidad del viento, con la ayuda del penacho de tan maravilloso árbol. La vegetación rala angolana no ofrecía evidencias.

Todas las aeronaves, al igual que las aves, aprovechan el viento de frente para obtener mayor sustentación durante los procesos de despegues y aterrizajes. Eso permite recorrer menos distancia.

Para obtener un resultado de más o menos riesgo, en una aeronave de alas rotatorias (helicóptero), esto tiene que ver directamente con la potencia requerida, el peso de la carga a transportar y las dimensiones de la plataforma, sobre el nivel del mar, la temperatura ambiente, así como la humedad relativa.

La diferencia entre las aeronaves de alas rotatorias con las aeronaves de ala fija estriba en que a las segundas se les indican estos parámetros, desde tierra, mediante la torre de control.

En el caso de los helicópteros, los tripulantes deben ser medio pájaros (en el mejor sentido de la palabra), para no equivocarse y dar con sus huesos en el cementerio. Desembarcar (aterrizar) tropas en un lugar lejano y sin ayudas de dirección e intensidad del viento es, por lo menos, estresante.

8.- Un hecho extraordinario que me marcó muchísimo tuvo que ver con las minas terrestres.
Todos los días, a primera hora de la mañana, se reunía el estado mayor del regimiento para analizar el cumplimiento del plan de trabajo, las órdenes emanadas del mando superior y tomar las medidas necesarias que fuesen necesarias de acuerdo al desenvolvimiento de los acontecimientos diarios.

Una de aquellas mañanas el jefe del estado mayor informó un acontecimiento ocurrido en la compañía de seguridad la noche anterior. Resultó ser, que un soldado no había se había reportado al pase de lista que estaba establecido diariamente a las 23:00 horas.

El jefe de la compañía, pensando que podía haber existido alguna equivocación en el horario de guardia, había recorrido las 12 postas que cubrían el perímetro de defensa del campamento, esperando encontrar al soldado en alguna de ellas. No fue así.

El jefe de la compañía, dada la ausencia de uno de sus subordinados, había sido invitado a participar en la reunión.
Al preguntársele por las características del soldado ausente nos informó que hacía menos de dos semanas que lo habían trasladado a nuestro regimiento (por problemas disciplinarios) de una unidad en el norte de Angola.

Según el jefe de la compañía, se trataba de un hombre hecho y derecho, de 35 años de edad. Hasta el momento no había presentado dificultades en el cumplimiento del servicio de guardia. Poco más era lo que podía decir, a no ser el sexto grado de escolaridad y su procedencia en Cuba. No tenía amigos todavía y al parecer se daba bien con el resto de los compañeros.

En el tiempo que llevaba al frente del regimiento ya me había enfrentado a dos situaciones de riesgo, en las que había tenido que tomar medidas drásticas. Una de ellas debido a la ausencia de 5 soldados mecánicos de aviación que habían desaparecido desde horas de la tarde. Todos con su armamento personal. Se había movilizado la contra-inteligencia militar en la búsqueda nocturna y se preparaba un helicóptero que saldría a buscarlos con los primeros rayos del sol.

No fue necesario. Rayando el alba venían contentos y felices, caminando desde una de las cabeceras de la pista. Dijeron haber salido de cacería.

Ese día le ordené al Jefe del Estado Mayor, que coincidió plenamente conmigo, en realizarles el proceso de suspensión de misión por desobediencia de orden.

Cuando el caso llegó a Luanda causó conmoción. Imposible retornarlos a Cuba, nos dijeron. Se podían castigar en Angola, pero enviarlos para Cuba, aunque fuera con la misión suspendida ni hablar.

La suspensión de misión por desobediencia de orden llevaba implícito un juicio sumarísimo (estábamos en guerra) y por supuesto conllevaría a por lo menos 6 meses en prisión.Mi intención era que cumplieran la pena en Cuba. En Angola no había prisiones militares cubanas.

Con la negativa de interrumpirles la misión, los trasladarían de unidad. Le crearían un problema al jefe de la unidad a la que fueran subordinados. Lo peor de todo es que aquellos soldados eran especialistas de aviación y por tanto no se encontraban preparados para otro tipo de servicio dentro de las fuerzas armadas.

En fin, si de forma totalmente irresponsable, estos muchachos ya habían incumplido la orden de no abandonar la unidad, decidiendo salir de cacería en una región prácticamente controlada por la UNITA; era de suponer que lo volverían a hacer en la primera oportunidad que se les presentase, además del mal ejemplo para el resto de sus compañeros. Sinceramente, yo no quería que murieran en Angola. Prefería, mil veces que estuvieran presos en Cuba. 

De las prisiones, a veces, se sale. 

De manera que en el caso de este soldado que se había ausentado; una persona casi de mi misma edad, decidí llamarlo a la jefatura del regimiento y conversar con él de hombre a hombre. Todos los miembros del Estado Mayor. Éramos contemporáneos.

Nos dijo que él tenía una novia en uno de los kimbos cercanos al regimiento y que solía pasar la noche con "su negrita”.

Le advertimos que estaba incumpliendo una orden del mando superior, que no era tan siquiera mía. Le dije que, considerando que era una persona mayor, no iba a tomar medidas disciplinarias por ser la primera vez, pero que tuviera en cuenta el mal ejemplo que estaba dando al resto de sus compañeros y que se acordara que la UNITA minaba los trillos.

Nos prometió que no lo volvería a hacer y se despidió de nosotros. Confiamos en su palabra. 

Nos defraudó. 

A la mañana siguiente apareció muerto en el trillo que le conducía hacia el kimbo. Venía de regreso. La mina le cercenó el pie derecho y murió desangrado y sin asistencia. 

 

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sábado, 24 de agosto de 2024

Capítulo 9, continuación Influencia del Armamento Nuclear Surafricano en la guerra de Angola








África del Sur venía trabajando en la fabricación de una bomba atómica desde hacía mucho tiempo pero los trabajos en la misma se aceleraron después de su derrota en la guerra de Angola a fines de 1975.

Un satélite soviético pudo captar la construcción de dos túneles en el desierto de Kalahari en Agosto de 1977 que solo podían ser destinados a pruebas de armas atómicas.

Los norteamericanos lo comprobaron con sus medios técnicos y la URSS, los Estados Unidos y Francia protestaron. Las pruebas fueron pospuestas.

El día 22 de Septiembre de 1979, un satélite Vela detecto pruebas atómicas con artefactos de baja potencia cerca de la isla Príncipe Eduardo, en el Océano Indico y todos los analistas de los principales países del mundo responsabilizaron a los gobiernos de África del Sur e Israel.

Después de 1979 los científicos sur-africanos les entregaron el proyecto de armamento atómico a los ingenieros de la ARMSCOR, que se dedicaron a miniaturizarla y prepararla para ser usada como armamento en aviones o en misiles.

http://www.fas.org/nuke/guide/rsa/nuke/ocp27.htm

1- ¿Hasta que punto se conocía por la alta oficialidad Cubana que el enemigo contaba con armamento atómico?

2- ¿Hasta qué punto el conocimiento del armamento atómico en manos de las SADF influyó en la conducta de las tropas Cubanas en la campaña de Angola?

3- ¿Con que arma contaban las fuerzas armadas de Cuba para contrarrestar el armamento atómico?

4- ¿En caso de ser atacadas con armamento atómico que pensábamos hacer?

Se sabía que África del Sur había efectuado pruebas nucleares y suponíamos que debía estar preparando el arma nuclear. Pero de hacer pruebas a poseer un arma nuclear hay mucha distancia y esa distancia es aún mayor cuando se trata de transportar esa arma hacia su supuesto destino. Considero que hasta nivel de primeros oficiales, esto era conocido, pero en ningún momento de la campaña eso influyó en nuestro ánimo.

Nosotros no teníamos capacidad para llevar a cabo un ataque contra Sudáfrica y malamente podíamos llevar a cabo una ofensiva que llegase hasta la profundidad táctico-operativa en territorio de Namibia. De ahí en adelante era muy, pero muy difícil continuar sin al menos tener otro refuerzo en hombres y armamentos (cosa muy poco probable dadas las características políticas de la época).

Baste, analizar que cinco años antes durante la "batalla" de Cangamba, dos regimientos moto mecanizados cubanos fueron enviados en ayuda de los sitiados y ninguno de los dos llegó a su destino situado a 300 kilómetros de los puntos de partida en Huambo y Menongue respectivamente. Sin resistencia de unidades regulares bien equipadas y solo enfrentando a guerrilleros de la UNITA sin adecuados armamentos. Se quedaron sin combustible por el camino, teniendo que ser auxiliados por los helicópteros.

Si a esto se le agrega que en Angola nuestras tropas disponían de cuatro “módulos de combate”. Para que se entienda mejor: Cada medio de combate ya fuera un avión de caza, un helicóptero, un tanque, un grupo de misiles antiaéreos, etc. Disponían del armamento total que podían portar para cumplir cuatro misiones de combate. Una vez que se consumieran esos cuatro módulos, de qué forma se iban a abastecer las unidades en una ofensiva en la profundidad operativa , Si hasta los tanques auxiliares de combustible para los MiG-23 para darle más alcance a los cazas nuestros fueron denegados por los soviéticos.

Creo que esa es la razón por la cual no estábamos preocupados. Más bien, nuestra preocupación consistía en que iría a pasar en caso que nuestra ofensiva no diera resultado y nos viéramos precisados a pasar a la defensa. 

Desde el punto de vista de la protección humana, la verdad es que no contábamos con mucho para contrarrestar armamento nuclear alguno; a no ser los refugios soterrados que en algunos lugares, como por ejemplo en el Regimiento de Helicópteros de Huambo, donde casi todos vivíamos bajo tierra. Muchos campamentos cubanos tenían ésta característica en 1988. Ahora bien, el arma atómica es totalmente diferente a lo que usualmente estamos habituados, puesto que deja un área de radioactividad en el lugar del epicentro de la explosión y una estela a favor del viento, que en dependencia de las variaciones de éste, también puede variar.


                                             Equipo anti radiación nuclear

En el mejor de los casos si nos sorprendía en el refugio, no teníamos medios para determinar la radioactividad existente en la superficie. En fin, son muchas variantes y no me voy a extender. No estábamos preparados para esa contingencia. Los sur-africanos tampoco estaban preparados. Por tanto, si hubieran pretendido golpearnos, supongo que lo habrían hecho bien lejos de sus tropas y del territorio de Namibia, por lo cual considero que los más preocupados debían ser aquellos que estaban en la Misión Militar de Cuba en Angola (MMCA) en Luanda.

Pongo en duda que los sur-africanos estuvieran decididos a utilizar el arma nuclear, a no ser que estuviera implicada la soberanía del territorio propio y no por defender el territorio de Namibia que hacía mucho tiempo que por derecho no les pertenecía.

En aquellas circunstancias no era político utilizar el arma atómica. Dudo también de la capacidad de Africa del Sur para transportar una ojiva nuclear tan siquiera. Por otra parte, la situación interna en el propio territorio sur-africano le era adversa al gobierno y considero que llegaron a la conclusión de que era mejor negociar para que los cubanos se fueran de Angola y evitar un baño de sangre, por demás innecesario y sin beneficios posteriores.

En fin, África del Sur tenía mucho que perder, en todos los órdenes. Fidel Castro lo sabía perfectamente y presionó de ésta forma, buscando una salida negociada. 

En mi caso, muy particular, estaba convencido que mientras más cerca estuviera de la línea del frente, menos me debía preocupar la utilización de bombas atómicas.

Tenia y aun tengo serias dudas de la capacidad sur-africana (en aquella época) de utilizar el arma nuclear, por muchos motivos. Creo que el mayor impedimento eran precisamente los Estados Unidos y los países europeos que ejercían mucha presión para que esto no sucediese.

Dentro de los estimados que se hicieron nunca estuvo la posibilidad de que África del Sur utilizara el arma nuclear, durante una ofensiva cubana hacia la profundidad operativa dentro del territorio de Namibia.

Puede decirse que sí, que nos salvamos de chiripa, pero no por el empleo del arma nuclear, sino por la ceguera de los políticos de la época, que no se daban cuenta de que la utopía socialista europea estaba llegando a su fin.

El desgobierno cubano tenía pleno conocimiento de las actividades nucleares sur-africanas. Supongo que Fidel Castro debe haber valorado que el gobierno del apartheid no se atrevería a utilizar ese tipo de armamento debido a las consecuencias negativas que le traería aparejado.

¿Pudiese haber sido utilizado el armamento atómico sur-africano, primero contra Luanda y posteriormente contra las tropas cubanas que avanzaban por el Flanco Sur Occidental del Frente Sur?

En todo momento he tratado de ubicarme en tiempo y espacio (tal vez no lo haya logrado), pero esa ha sido mi intención y no entrar a argumentar desde la distancia de tantos años.

Los que de una forma u otra forma, tuvimos la oportunidad de estudiar el arma nuclear (en las academias soviéticas) conocíamos las dificultades que iban aparejadas a la utilización de dicha arma. Muy poco se sabe de las consecuencias derivadas de una explosión nuclear y sus secuelas que pueden afectar no solo a los enemigos, sino también a los amigos. No puedo afirmar ni negar que Fidel Castro tuviese información (de la inteligencia soviética) sobre las armas nucleares sur-africanas. Lo que sí puedo decir es que Fidel Castro era una de las personas mejor informadas del mundo y como tal, no dudo que obtuviera la información por cualquier vía.


No obstante una de las principales características de él, es el de descifrar, a su favor, cuanta información le llegue a las manos. Por tanto: No dudo que la tuviera. De manera que si tenía ésa, también tenía que los Estados Unidos, la ex URSS y todos los países que mantenían alguna influencia política o económica sobre el gobierno de Sudáfrica, estaban haciendo lo imposible para que dieran garantías de que no utilizarían el arma nuclear en ningún caso, dado que las tropas cubanas no constituían una amenaza directa para la seguridad territorial de África del Sur y hacía más de 10 años que el territorio de Namibia, oficialmente, había dejado de ser un protectorado.

Por otra parte, quedaba claro que la independencia de Namibia sería, durante mucho tiempo, solo política y la economía se mantendría en poder de África del Sur. No es mi intención, el que mi opinión se interprete como una defensa a Fidel Castro. Solo estoy tratando de describir, más o menos lo que se manejaba en aquellos momentos. ¿Que hubiera sucedido si los sur-africanos lanzan una bomba atómica?

Además de la cantidad de muertos. La historia hubiera sido otra. ¿Qué hubiera pasado si las tropas cubanas entran en territorio de Namibia y los sur-africanos sostienen una resistencia efectiva sin lanzar ninguna bomba atómica y además se niegan a continuar conversando y pasados nueve meses comienzan a caerse (muro de Berlín incluido) uno tras otro los gobiernos de los países socialistas?

Muchos muertos cubanos, por hambre, en combates en los cuales no hubieran podido defenderse por carecer de armamento, municiones, combustible etc. 

Hubiera sido, en el mejor de los casos, el empantanamiento de 60,000 hombres allende el océano y sin posibilidades de salvación alguna.

No sé que hubiera hecho África del Sur con tantos prisioneros, puesto que los cubanos no son fanáticos (ver que en Granada, ninguno murió abrazado a la bandera, como hubiera querido Fidel Castro). Esa era mi mayor preocupación, mientras se dilataban, en el tiempo, las conversaciones. 

EMPANTANARNOS sin posibilidades de salir de allí.

Cuando Gorbachov estuvo en Cuba y no aceptó la Orden José Martí y vimos por TV a Gorbachov en un balcón y a Fidel Castro abajo (como si fuera una escena de Romeo y Julieta), a todos nos quedó claro que la Unión Soviética no estaba interesada en continuar la aventura de Angola, ni la de Nicaragua y mucho menos la de El Salvador.

Buscando elementos sobre el tema de la influencia de las armas atómicas sur-africanas sobre el final de la guerra de Angola, acudí al libro de Enrique Ross "La Aventura Africana de Fidel Castro".

El autor, miembro de la brigada 2506 y padre de la Congresista Ileana Ross-Lehtinen, no siendo testigo presencial de los acontecimientos hace un arduo esfuerzo por recopilar dispersas referencias bibliográficas sobre las intervenciones militares cubanas en África desde el principio de los años sesenta hasta 1989.

Me llamó la atención que, pese a su extensa documentación bibliográfica, sucede lo mismo que en la obra de Juan Benemelis. No hay mención del armamento atómico sur-africano.

Revisé el libro de Chester Crocker, antiguo Asistente del Secretario de Estado para Asuntos Africanos "High Noon in Southern Africa, Making Peace in a Rough Neighborhood"escrito en 1992 e increíblemente no encontré ninguna referencia sobre la influencia del armamento nuclear sur-africano en el proceso de negociaciones que llegó al acuerdo de 1988. 

En fin, Afica del Sur tenía mucho que perder, en todos los órdenes. Fidel Castro lo sabía perfectamente y presionó de ésta forma, buscando una salida negociada.
En esto Fidel Castro los aventajó, blofeó (bluff) y ganó la retirada cubana seis meses antes de que comenzara el “desmerengamiento”, como a él le gusta decir. 


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martes, 23 de julio de 2024

La Guerra Innecesaria Capítulo 3 La Peligrosa Ruta del Café Continuación 3



Muchos de sus compañeros de unidad, en Angola, consideraban que el problema más grande que tenía Emilio, era su matrimonio. Todos sabían que necesitaba ir a Cuba urgentemente y así lo había solicitado. No había salido en el primer grupo pues el mando superior y el núcleo del partido, por él presidido, habían determinado que otro piloto, que había estado sometido a mayor estrés saliera de vacaciones antes que él.

Emilio esperaba, con ansiedad, que Argelio Morell concluyera sus vacaciones.

Todo esto lo conversé con Lachiondo, pero no había nada que hacer. Las otras tripulaciones se encontraban cumpliendo diferentes funciones. Una de las tripulaciones, como ya he relatado, se encontraba de vacaciones, otras dos para Cabinda y Menongue . Solamente quedaban disponibles las tripulaciones de Emilio y la mía. Lachiondo sabía perfectamente que el regimiento aéreo se quedaría huérfano de helicóptero de BSR.

A fin de mantener comunicaciones directas con el PM de Luanda, Jorge Luis incorporó a un operador de radio “Racal”. Llevaba también un documento mecanografiado y firmado por el Coronel Lachiondo, poniendo a disposición del mando angolano los dos helicópteros.


                                                       Racal

La estación de radio “Racal” era necesaria debido a la increíble imposibilidad para los medios terrestres, marítimos y aéreos de las fuerzas armadas cubanas de, establecer la cooperación radiofónica, con los equipos de radio inherentes a las aeronaves, unidades de superficie y cualquier otro tipo de medio que no fueran los anteriores. Sencillamente, las frecuencias utilizadas por las tres armas eran incompatibles. Unos transmitían y recibían en frecuencia modulada, otros en amplitud modulada. En otros casos la gama de frecuencia en que trabajaban unos y otros eran totalmente diferentes.

Había amanecido con un techo de nubes que cubría toda la bóveda celeste. 

A simple vista, la altura de la base de las nubes no sobrepasaba los 150 metros. Pudieron confirmar los cálculos cinco minutos más tarde, durante el despegue de un avión de transporte del tipo “Casa 212”, de fabricación española, que operaban los pilotos angolanos.




Entre una cosa y otra, Emilio hizo un aparte conmigo, para preguntarme si consideraba oportuno despegar en semejantes condiciones.

Ya teníamos conocimiento de que el borde superior de las nubes se encontraba en los 800 metros de altura y que la nubosidad no representaba peligro alguno para la navegación. El pronóstico meteorológico definía las condiciones como una simple masa de aire frío penetrando desde el océano en el territorio continental.

Esta masa de aire procedente del océano se condensa al chocar con el calor seco del continente, formando una espesa capa de nubes a la que llaman “casimbo”.

Retrasar el vuelo, teniendo en cuenta que el tiempo tenía intenciones de permanecer igual en los próximos días, no me parecía una buena idea.

El obstáculo a superar consistía en que con 150 metros de borde inferior de las nubes era poco probable que pudiéramos llegar a Negage por debajo. En la travesía encontraríamos alturas del terreno entre 800 y mil metros de altura.


                                    Montañas saliendo de las nubes

Por otro lado, retrasar el cumplimiento de una “misión” supuestamente emanada del mismísimo “presidente” de Angola y avalada por el mismísimo Jefe de la MMCA, necesitaba ser debidamente explicada al mando superior y desde el mes de diciembre del año anterior ya tenía acumulados demasiados “peros” a las misiones asignadas. Los jefes no le daban la menor importancia a que los “peros” estuvieran debidamente registrados entre aquellos parámetros conocidos como peligrosos para la aviación.

Luego de hacer algunos cálculos, tomé la decisión de despegar hacia el aeródromo de Negage, ascendiendo por encima del overcast. La distancia a recorrer entre Luanda y Negage es de aproximadamente 250 kilómetros en línea recta, los cuales se cubrirían en aproximadamente una hora y quince minutos.

Los helicópteros se encontraban abastecidos con dos mil trescientos litros de combustible, lo que les permitía una autonomía de aproximadamente 3 horas de vuelo.
De acuerdo con éste cálculo si, al llegar a Negage, no teníamos posibilidades de aterrizar, aun era factible regresar a Luanda y todavía nos quedarían 30 minutos para realizar un procedimiento de aterrizaje utilizando las reglas de vuelo por instrumentos (VFR en inglés).

Aun con toda esta explicación Emilio no estaba conforme. Insistió, dos o tres veces más, en que él no consideraba necesario correr semejante riesgo. Le entendía perfectamente y todos coincidíamos (en nuestro interior) que tenía parte de razón en sus planteamientos. Pero al final se impuso el criterio del jefe.

No obstante y para intentar forzar la situación, propuse despegar en solitario y una vez atravesada la capa de nubes, informar las condiciones meteorológicas, de forma tal que Emilio se me uniera o ambos desistiéramos.


Oscar Machado Hernández, que hacía las veces de copiloto en mi tripulación, era de mi misma promoción. No se caracterizaba tampoco por su calidad en lo referente a la técnica de pilotaje. Su mayor virtud, era ser un piloto de tomar decisiones. Buenas o malas, pero eran las suyas. Y como suyas, tan respetables como las del resto de los pilotos.

Cuando rompimos el borde superior de las nubes Machado dijo por el intercomunicador de abordo:
“No creo que Emilio se atreva a atravesar la capa de nubes”.
¡Se equivocó!

El Tte. Coronel (r) Oscar Machado Hernández (compañero y amigo), leyendo el libro

No habíamos terminado de realizar un giro de 360o, para esperar al segundo helicóptero, cuando ya estaban por encima de las nubes con rumbo a Negage. Segundos más tarde informaban que ya tenían a la vista al helicóptero líder.

Romper el borde superior de la capa de nubes, siempre nos provocaba una doble satisfacción. La de ser capaces de volar por instrumentos; lo que reafirmaba la condición de dominar la técnica de pilotaje, unido al cambio súbito de un tiempo gris y pesado, que reduce la visibilidad, para un efecto totalmente opuesto de sol radiante que les hacía la ilusión de ver más allá de las posibilidades.

El sonido de las turbinas y la sensación de estar flotando sobre una alfombra de nubes, compacta y homogénea, proporciona un estado de bienestar y seguridad.

Ese era el aspecto que presentaba la ruta establecida hacia Negage. De vez en cuando aparecía algún picacho entre la alfombra blanca, recordándonos que por debajo de esa apacible nubosidad se encontraba la boca del diablo en forma de afiladas sierras montañosas.

Durante el trayecto, realizado en una altitud aproximada a los 1500 metros, logramos establecer el radiofaro de Negage.
Se trataba de un radio-faro no direccional. Era muy simple y antiguo. Este sistema enviaba una señal de radio permanentemente, que podía captarse desde todas las direcciones.


Mediante un instrumento a bordo de la aeronave, llamado por sus siglas en inglés ADF cuyo significado viene a ser “buscador automático de dirección”, captamos la señal acústica cuya identificación respondía a la pretérita clave “Morse” y aquel instrumento nos proporcionaba la dirección hacia el punto del terreno donde se encontraba situada la planta emisora.

Al menos sabíamos con exactitud el momento de reportar la vertical del radiofaro de Negage y en caso de imposibilidad de aterrizaje regresar a Luanda. Solo bastaba establecer el rumbo y, con la ayuda del NDB y el ADF podíamos hasta determinar el desvío de la ruta provocado por el viento reinante en la travesía.

En aquellos tiempos, la navegación aérea en Angola, era complicada. Los pilotos carecíamos de mapas confiables y nunca teníamos la certeza de poder contar con los equipos terrestres de ayuda a la navegación. Muchas veces se encontraban fuera de servicio. La mayor parte del tiempo por falta de energía eléctrica.

Casi a la mitad del trayecto tuvimos contacto por radio con un avión de transporte, procedente de Uige. Se trataba de un AN-26, al mando de cual venía Eddy Guillen. Intercambio de saludos y parámetros de vuelo y la mejor noticia. El borde inferior de las nubes, en Uige, era de 300 metros sobre el nivel del terreno.

La distancia entre Uige y Negage no es superior a 30 kilómetros en línea recta. La altitud del aeródromo de Uige, con relación al nivel medio del mar, es de 600 metros. Negage se encontraba a 1250.

La ciudad de Uige se encuentra situada literalmente en un hueco y rodeada de una meseta con alturas de más de mil metros. Tenía el acceso aéreo bastante limitado durante tiempos de tormenta. Incluso el patrón de aterrizaje por instrumentos era complejo en 1978. No por causa del sistema en sí, sino por su estrecho margen de maniobra. Era lo más parecido a un avión caza-tormentas entrando en el ojo de un huracán.


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viernes, 12 de julio de 2024

La Guerra Innecesaria/La Intervención Sur-Africana

                                                             Capítulo 1 Continuación


                                                La intervención sur-africana 


                                                            Operación Savanah

Entre el 14 y el 23 de octubre de 1975, una fuerza compuesta por 300 hombres de las SADF penetraron en Angola y se cree que se le hayan unido posiblemente más 3000 efectivos FNLA-UNITA.

Esta operación cuyo nombre en código se conoce como “Operación Savannah” fue dirigida por el Coronel Breytenbach.


                                                 Coronel Jan Dirk Breytenbach

Avanzaron durante mil kilómetros llegando hasta las cercanías de Luanda. 

La invasión trajo consecuencias negativas para África del Sur. Muchos de los países africanos que hasta el momento se habían opuesto al MPLA, como eran Nigeria, Tanzania, Ghana y Sudán, reconocieron al recién electo gobierno de Agostino Neto.

Tres meses después, luego de algunos combates con las tropas cubano-angolanas, los invasores sur-africanos habían desandado el camino recorrido y recibían la orden de capitulación.
Esta orden fue cumplimentada el 27 de marzo de 1976.

Durante el período de 1976- 1980 los sur-africanos se mantuvieron a la defensiva tanto política como diplomáticamente, pero comenzaron un desarrollo militar masivo en el territorio de Namibia.

Construyeron nuevas bases militares y realizaron operaciones contra las SWAPO (que había trasladado su dirección política desde Dar Es Salaam hacia Luanda después del año 1976).

Es muy probable que el papel de la UNITA cambiara cuando recibieron armas y municiones, al parecer, procedentes de China. Posiblemente esta haya sido la clave que posibilitó a la UNITA continuar la guerra.

Increíblemente la UNITA había recibido sus primeras armas de manos de las SWAPO para luchar en contra de los portugueses. Ahora la UNITA era utilizada para cazar a las fuerzas de las SWAPO, mientras que la fuerza aérea sur-africana se dedicaba a bombardear las concentraciones SWAPO en territorio angolano. Como ocurrió durante la “Operación Reindeer”, Cassinga 1978.

Es cierto que en Cassinga existía una base militar de las SWAPO. También es cierto que junto a los guerrilleros co-habitaban refugiados namibios (ancianos, mujeres y niños), los cuales sufrieron las consecuencias de un desembarco aerotransportado. Murieron un poco más de medio millar. 

El reclamo internacional condujo a la resolución de las Naciones Unidas no. 435 de 1978, la cual detallaba los pasos para la independencia de Namibia. 


          Las características de la provincia Cuando Cubango 

                                   Provincia de Cuando Cubango


Cuando Cubango es una de las 18 provincias de Angola. Está situada en el extremo suroriental y es una región fronteriza con países como Namibia y Zambia.

Tiene un área de 199.049 km2 (poco mayor que el archipiélago cubano) y una población de aproximadamente 140.000 habitantes. Menongue es la capital de la provincia.

El nombre de la provincia deriva del nombre de dos ríos el Cuando y el Cubango que discurren por el este y el oeste de la provincia respectivamente.

La provincia se caracteriza por tres zonas de gran vegetación, compuesta en su mayoría por un denso bosque seco, sabana con árboles y arbustos en su mitad norte, la sabana de arbustos, bosques y pantanos en la franja sur y la sabana de arbustos en el cuadrante nor-occidental

Un verdadero desafió a la adversidad, se desarrollo en aquel altiplano, de ligero descenso hacia el sur, que tuvo su centro neurálgico en la población de Cuito Cuanavale, la cual toma el nombre de los ríos que se encuentran, precisamente, en ese punto geográfico.

Allí recibían a los helicópteros con fuego anti-aéreo de todo tipo, incluyendo armas que no se encontraban designadas como tal (proyectil anti-tanque "RPG-7"). La granada de este lanzacohetes, cuando no hacia impacto, dejaba en el aire una mancha oscura.

                                       Un RPG-7 cargado y listo para ser disparado

En la parte occidental de la provincia del Cuando Cubango, las sinuosidades del rió Quebe, afluente del Cubango, corrían paralelas a la carretera que conducía al poblado de Caiundo. Este río, en épocas de lluvia, crece y tiene una fuerte corriente que atraviesa el poblado de Menongue.

Varios son los ríos que cruzan la carretera que conduce a Cuito Cuanavale. El Luassinga que más adelante se une al Longa, de donde toman nombre las poblaciones de Longa y Baixo Longa, un poblado que se encuentra completamente al sur del anterior. Ambos poblados se encontraban unidos por un sendero.

Por ultimo el rió Cuirari, que es afluente del Longa y este a su vez es afluente del rió Cuando.

Al este, la carretera llegaba hasta el poblado de Mavinga, cuyo aeródromo fuera bombardeado por aviones AN-26 cubanos en 1978. Con el tiempo, más allá de Cuito Cuanavale no llegaban las tropas cubanas.

El terreno era ondulado, con árboles no mayores de tres a cuatro metros de altura, los cuales teníamos que observar casi a ras del terreno, a velocidades que fluctuaban entre los 180 y 250 kilómetros por hora.

La confluencia de los ríos Cuatir y Malepa albergaba en 1978 el Estado Mayor avanzado de Savimbi.
En una ocasión efectuamos un desembarco de tropas en sus proximidades y fuimos recibidos con un fuego tan nutrido que nos averiaron tres de los cinco helicópteros que participaban en la operación.

Aquella circunstancia nos dio la oportunidad de estudiar el patrón de defensa de dicho campamento, de forma circular, con trincheras y parapetos. Todo fue confirmado después que las tropas del Teniente Mauri tomaran la posición.

Ese día sentíamos, por encima del ruido característico de los motores, el sonido de los proyectiles enemigos impactando en el fuselaje de nuestros helicópteros. Se sentía como si le estuvieran dando pedradas a un automóvil. 


                               Trazado del Ferrocarril de Menongue Mosamedes - Menongue


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