lunes, 26 de febrero de 2007

SINDICATOS
Históricamente los sindicatos han sido los verdaderos reivindicadores de la clase obrera en los países con sistemas sociales democráticos.
En los países en que se trató de implementar el socialismo y que infortunadamente fueran a parar en dictaduras que nada tenían que ver con el pensamiento de Marx y Engels, los sindicatos dejaron de representar a los trabajadores y entraron en un limbo en el cuál los beneficios que se obtenían, para los trabajadores, era obra del Partido (único) y lo imposible de alcanzar eran las tareas del sindicato.

En una sociedad socialista es imposible acudir a las huelgas pues sería como reclamarse uno mismo, ya que los medios de producción están en manos de “los trabajadores”. Los trabajadores pueden acudir al sindicato para plantear sus preocupaciones, pero es igual o mejor si se le plantea al núcleo del partido.

Durante el período republicano de nuestro país fueron varios los líderes sindicales, destacándose entre ellos Lázaro Peña y Eusebio Mujal.











Eusebio Mujal













Lázaro Peña







El primero era también miembro del Partido Socialista y éste partido, al igual que todos los de su clase eran solamente arribistas, que no pretendían cambiar el sistema imperante en el país, sino vivir del cuento. Eso lo sabemos ahora, después de conocerlos en la práctica. Lázaro perdió mucho prestigio cuando Fulgencio Batista llegó al poder apoyado por ése partido y mucho más cuando el Partido Socialista desestimó la lucha armada como vía para derrocar el régimen tiránico del mismo Batista después de un golpe de estado.

Mujal, por el contrario, pretendía representar a los trabajadores en beneficio de la mafia estadounidense y al menos los afiliados a los sindicatos, por él dirigidos, recibían beneficios que los otros ni soñar siquiera.

La CTC pasó de las manos del Partido Socialista Popular a las del gobierno formado por Fidel Castro, tras el triunfo de la revolución cubana de los años 56-58.
Debemos acotar que la revolución cubana no es la revolución de Fidel Castro.

Dos años más tarde ya los sindicatos ni cortaban ni pinchaban. Pertenecían a las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) que dirigían, de hecho los viejos pericos del PSP, estrechamente vigilados por el Movimiento 26 de Julio devenido en Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), que era en realidad el centro de poder y que, aparentemente, dirigía el entonces Capitán Núñez Jiménez.

Los sindicatos, en la Cuba de Fidel Castro, sí forman parte del gobierno cubano y su dirección es tan propia como la de los CDR o la ANAP o la ACNU. Aparentemente son independientes, pero rasca la piel de cualquiera de ellos y aparecerá el Partido y la vinculación a cualquier ministerio.

Si no eres miembro del sindicato eres, de facto, una persona no identificada con el proceso y lentamente se te irían haciendo las cosas imposibles, puesto que todo estímulo material, en un país de carestía permanente, está vinculado al sindicato. Las actividades del sindicato se premian con puntos y mientras más puntos se tenga, más posibilidades de obtener algún artículo, como un TV Panda, que de otra forma no se puede adquirir, a no ser en dólares.

No creo que al gobierno de Fidel Castro se le deba recomendar sindicatos libres. Lo que debemos hacer es denunciar tanta mentira y no aceptar la representación de personeros del régimen de FCR en las reuniones de los sindicatos en el resto del mundo, pues ellos no representan a la clase obrera cubana.

La clase obrera cubana jamás ha conocido un verdadero sindicato en un colectivo laboral ni han tenido representantes electos libre y democráticamente por las masas.

No debemos olvidar que la unidad política, ideológica, cultural y organizativa de su régimen de oprobio, es lo que defiende el gobierno de FCR, pisoteando la soberanía, la dignidad, la solidaridad y la justicia social del pueblo de Cuba.