Fidelismo: Régimen político fundado en el predominio del totalitarismo de la miseria como elemento catalizador y aniquilador de riqueza.
Por Mario Armando Riva Morales
“Condenadme, no importa, La historia me absolverá”
Con
esas palabras y esa chulería finalizó su alegato de autodefensa Fidel Castro Ruz, al ser juzgado en la causa 37 por las acciones del asalto
a una unidad militar en el extremo oriental del archipiélago cubano, durante
los carnavales de julio de 1953 en Santiago de Cuba.
Este
16 de octubre se cumplen 59 años del acontecimiento de cuando Fidel Castro «rompió»
el muro de silencio, que la censura de la dictadura de Fulgencio Batista
pretendió imponer al juicio.
Fidel
Castro solicitó ejercer su propia defensa para denunciar con prudente crudeza y
sin tapujos los desmanes de la tiranía de Fulgencio Batista Zaldívar.
Pasados
los años, aquel alegato se convertiría en “La historia me absolverá”,
que constituye un documento que sintetiza su programa de lucha, en tanto que el
programa político y de acción, devino eficaz instrumento para la unidad del
grupo revolucionario por él dirigido.
Pasados
59 años ese mamotreto solo significa una pieza oratoria más, de las tantas que
se pronuncian en cualquier tribunal del mundo en que vivimos. Lo que han
querido llamar “programa del Moncada” (supuestamente la base de todo lo que se
hizo después) no se materializó en lo absoluto. Por el contrario, ha sido un
ultraje, no solamente para los que murieron abandonados por Fidel y Raúl Castro
(que huyeron) y asesinados aquel día por los sicarios de Fulgencio Batista,
sino para todo el pueblo cubano.
Hay
quienes intentan compararlo con el programa de Hitler (Mein kampf) o el de Mussolini.
Tal vez tengan razón. Ambos personajes fueron amados por sus respectivos
pueblos y admirados por políticos de la época.
Queda
claro que los tres comenzaron siendo nacionalistas y anti-imperialistas, para
luego devenir en «socialistas» (neofeudalistas) con ínfulas imperiales.
Al
repasar sus páginas, encontramos, incrédulos, la asombrosa visión futurista de
Fidel Castro, la estrategia a seguir para hacer realidad sus anhelos de poder,
su oportunista y populista posición “antiimperialista” y el trazado
irreversible del camino hacia una dictadura totalitaria neofeudal, transitado
por el pueblo cubano hasta el presente.
Al
final de su alegato Fidel Castro decía: “En cuanto a mí, sé que la cárcel será
dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y
cobarde ensañamiento…”.
El
tiempo de permanencia en la “cárcel modelo” fue exiguo y nada parecido, ni por
asomo, a los actuales “centros” de reclusión de la tiranía totalitaria.
La
misma afirmación hecha por el hoy «anciano en retiro» “…, pero no la
temo…”nos hace comprender que en verdad
le causaba terror insuperable.
La
furia del tirano “menor” le amnistió (a él y a todos sus compinches) el 15 de
mayo de 1955, diecinueve meses más tarde y bastante menos de los 10 años de
condena.
De
cumplir la pena de reclusión, íntegramente, hubiese salido de la cárcel en
1963. Nos hubiéramos evitado una "Bahía de Cochinos" y una
"Crisis de los Misiles".
El
tiempo transcurrido y el desastre provocado por su desmesurada dictadura
confirman con creces que Fidel Castro ha sido condenado por la Historia.
El martes 6 de noviembre de 1962, el gobierno de
Estados Unidos, planteó oficialmente una nueva exigencia, la retirada de los IL-28, como solución de la crisis.
Asimismo, el Departamento de Defensa norteamericano informaba el cierre del
tráfico en el Canal de Panamá para permitir el paso de 17 naves de guerra, que
incluían portaaviones, destructores y submarinos, los cuales se unirían a las
fuerzas desplegadas en el Caribe.
El día 7de noviembre de 1962, la delegación de Estados Unidos en las
Naciones Unidas anunció el acuerdo con la URSS para la comprobación visual de
la retirada de los cohetes y la inspección, por parte de la Cruz Roja
Internacional, de los barcos mercantes soviéticos que se dirigían hacia Cuba.
El jueves 8 de noviembre, U Thant se entrevistó por
separado con Lechuga y Kuznetzov para ventilar principalmente la nueva demanda
de Estados Unidos respecto al retiro de los IL-28.
La carga ofensiva del IL-28 era
impresionante. Dos toneladas de bombas (4 bombas de 500 Kg) en una bodega
interna, tres en sobrecargado (4 bombas de 250 Kg), con capacidad para llevar
bombas de caída libre convencional y bombas nucleares. Disponía de una pareja
de cañones NR-23 de 23mm de calibre en el morro y de otra pareja de NR-23
también de 23mm en una torreta en la cola para defensa contra cazas e
interceptores. Su radio de acción alcanzaba los 1300 Kms.
Posteriormente, delegados norteamericanos y soviéticos
celebraron un encuentro con el mismo tema, el cual se prolongó alrededor de
cuatro horas, sin llegar a ningún acuerdo. Los norteamericanos insistían en que
los IL-28 eran "armas
ofensivas" y, por tanto, debían ser retirados, según lo convenido entre
Kruchev y Kennedy. Los soviéticos afirmaban que eran naves anticuadas y no
ofrecían ningún peligro para Estados Unidos.
La administración norteamericana informaba que se había verificado en los
buques soviéticos la retirada de los 42 cohetes.
El lunes 12 de noviembre, la Secretaría de Prensa de
la Casa Blanca anunció que el gobierno no había cambiado su posición, pues los IL-28 eran armas ofensivas, y, por
ello, debían ser retirados antes de levantar el bloqueo naval.
El jueves 15 de noviembre, Fidel Castro envió una carta a U Thant, en la cual
protestaba por las continuadas violaciones de su espacio aéreo, que no solo
fotografiaban las instalaciones desmanteladas, sino todo el territorio nacional.
Fidel Castro explicaba que esas acciones, no solo lesionaban esencialmente la
seguridad, sino también ultrajaban la dignidad. Por esas razones, decía que no
era posible pedirle, en nombre de las negociaciones, que tolerara semejante
atropello. Y advertía que (...)
hasta donde alcance el fuego de nuestras antiaéreas, todo avión de guerra que
viole la soberanía, invadiendo nuestro espacio aéreo, solo podrá hacerlo a
riesgo de ser destruido.
Al día siguiente, un vocero del Departamento de Estado norteamericano
replicaba a la protesta, insistiendo en que ese tipo de acciones aéreas
sobre Cuba continuarían y afirmó que las realizaban en cumplimiento de los
acuerdos de la OEA del 23 de octubre. Sin embargo, solo mantuvieron las
misiones a gran altura de los U-2.
El domingo 18, las negociaciones continuaban en Naciones Unidas sin que
ninguna de las partes cediera. Kennedy había propuesto oficialmente levantar el
bloqueo tan pronto Kruchev accediera a
retirar los aviones, pero este declinaba aceptar la proposición sin el previo consentimiento
de Fidel Castro.
Estados Unidos acusaba a Fidel Castro de obstaculizar
la solución de la Crisis por su negativa a aceptar la inspección, así como no
tolerar los vuelos de reconocimiento sobre su territorio y oponerse a la
retirada de los IL-28. El
proyecto de dictador totalitario estaba provocando las condiciones para ser
atacado por los Estados Unidos, en un momento en que los soviéticos cedían ante
las exigencias norteamericanas.
Kennedy finalmente anunció que el 20 de noviembre informaría a la prensa
las futuras medidas que el gobierno de los Estados Unidos pensaba aplicar en el
caso.
El 19 de noviembre preparó cartas para el primer ministro británico, Harold
MacMillan; el canciller alemán Konrand Adenauer y el presidente francés Charles
De Gaulle, advirtiéndoles que la crisis podría plantearse de nuevo en breve, y
que se inclinaba a considerar la conveniencia de mantener el bloqueo naval y
realizar un ataque aéreo masivo sobre Cuba.
El lunes 19, Fidel Castro divulgó un nuevo mensaje al Secretario General de
las Naciones Unidas, en el cual nuevamente planteaba que se habían interpretado
“erróneamente” sus argumentos.
Harold McMillan
Fidel Castro afirmó que él no había obstaculizado, en
lo más mínimo, las negociaciones. Expuso que se había convertido la cuestión de la
retirada de los IL-28 en el eje
del problema. Al respecto, apuntó que esos aviones eran propiedad de la Unión
Soviética y que si esta consideraba conveniente la retirada de esos aviones
para la buena marcha de las negociaciones y a la solución de la crisis, no
obstaculizaría esa decisión. Ahora, era
Fidel Castro quién cedía ante la posición de fuerza de los Estados Unidos.
El
martes 20 de noviembre, quince horas después del comunicado de Fidel Castro a U
Thant, llegó a la Casa Blanca un mensaje de Kruchev, en el cual anunciaba que
serían retirados los IL-28 en un
plazo de 30 días.
Konrad Adenauer
Ese mismo día, en una conferencia de prensa, Kennedy
anunció que se habían reducido los peligros debido a la decisión soviética de
retirar "las armas ofensivas".
Más adelante planteó: "...si todas
las armas ofensivas se retiran de Cuba y se las mantiene fuera del hemisferio
en el futuro, bajo comprobación y salvaguardias efectivas, y si no se usa a
Cuba para exportar los propósitos agresivos del comunismo, habrá paz en el
Caribe".
Charles Degaulle
Acto seguido anunció: "...no abandonaremos los esfuerzos de orden político y económico o
de otra naturaleza, en el hemisferio, para impedir la subversión procedente de
Cuba, ni nuestra esperanza y propósito de que el pueblo cubano pueda ser algún
día verdaderamente libre; pero estos objetivos son diferentes del intento de
emprender una invasión militar a la Isla".
Dio a entender también que continuaría con las incursiones aéreas sobre
Cuba, bajo el pretexto de que el régimen de Fidel Castro no había permitido observadores
internacionales en su territorio.
Ese mismo día martes 20 de noviembre, McNamara ordenó el cese de la
cuarentena. Por su parte, las tropas del “Pacto de Varsovia” declararon su paso
a las condiciones normales.
Dos días más tarde, Fidel Castro ordenó medidas similares.
En la tarde del domingo 25 de noviembre de 1962, tuvo lugar una reunión,
en sesión conjunta, entre las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) y
el Consejo de Ministros del régimen de Fidel Castro, donde se trataron los
problemas referentes a la solución de la crisis y para analizar la respuesta a
las palabras del Presidente Kennedy del día martes 20 de noviembre, cuando éste
anunció el cese de la cuarentena.
Se acordó hacer pública una declaración para dar a conocer al pueblo y al
mundo la posición del régimen.
El documento rechazaba la comprobación o la inspección (en territorio de
Cuba) derivados de los acuerdos alcanzados entre la URSS y los E.U.
La declaración proclamaba que el régimen se reservaba el derecho de
adquirir armas, de cualquier tipo, para su defensa.
Reafirmaba que los resultados obtenidos hasta aquel momento en las
negociaciones soviético-norteamericanas, habían evitado un conflicto armado,
pero no habían logrado la paz en el Caribe.
El lunes 26 de noviembre partía Mikoyán hacia los E.U. donde conversaría
con los representantes soviéticos y norteamericanos, en las Naciones Unidas. Se
entrevistó también con el Presidente Kennedy.
Mikoyán intercambió opiniones con U Thant, sobre la marcha de las
negociaciones y le informó que el gobierno de la URSS y el régimen de Fidel
Castro respaldaban su plan sobre el establecimiento de puestos de control de
las Naciones Unidas, en los países de la cuenca del Caribe, incluyendo el
territorio de los E.U., donde observadores internacionales controlarían el
cumplimiento de los compromisos contraídos.
La URSS y el régimen de Fidel Castro habían presentado un proyecto de
protocolo tripartito, al cual el gobierno de los E.U. no le prestó mayor
interés. Ya el daño había sido inferido por parte de Kruchev, al ningunear a Fidel
Castro. Los E.U. impedirían cualquier negociación en la cual estuviera
representado el proyecto de dictador totalitario cubano.
La iniciativa de U Thant tampoco prosperó.
El día 27 de noviembre de 1962 la delegación norteamericana presentó un
proyecto con nuevas exigencias, entre las cuales señalaba el retiro de todos
los sistemas de armas para fines ofensivos, a la vez que legitimaba su interés
por fiscalizar las armas que el régimen imperante en Cuba podía tener para su
defensa y proclamaba su derecho a mantener los vuelos de reconocimiento con el
propósito de controlar la obligación del gobierno soviético de no enviar
armamentos ofensivos a la isla.
Aquel documento condicionaba el compromiso de no invadir el territorio
cubano, a que el régimen imperante no pusiera en peligro la paz y la seguridad
del hemisferio occidental.
El proyecto soviético establecía claramente los compromisos contraídos en
el proceso negociador.
El régimen de Fidel Castro realizó las observaciones de rigor a los dos
proyectos. No aceptó como válido un acuerdo que no tomara en consideración los cinco puntos formulados el 28 de
octubre.
Denunció también la pretensión norteamericana de incluir nuevas exigencias
en su declaración y rechazó como ineficaz toda oferta de no invasión con carácter
condicional, pues invadir no es un derecho de los Estados Unidos, sino un
delito internacional.
El día 28 de noviembre Mikoyán se entrevistó con Adlai Stevenson y John
McCloy. Durante la conversación expuso su criterio de que el proyecto
presentado por los E.U. omitía algunas de las estipulaciones contenidas en los
mensajes de Kruchev a Kennedy, incluyendo nuevas exigencias y señaló que el
gobierno soviético respaldaba la posición del régimen de Fidel Castro, puesto
que"ahora" consideraban que los cinco puntos eran
indispensables para la solución definitiva de la crisis.
Los norteamericanos aseguraron a Mikoyán que los E.U. cumplirían los
compromisos y expresaron que preferían un control de las Naciones Unidas para
verificar los compromisos contraídos pero, la negativa de Fidel Castro lo hacía
imposible y por tanto continuarían ejecutando las observaciones necesarias con
sus propios medios.
Las demandas contenidas en los cinco puntos, al
entender de los norteamericanos, no se encontraban reflejados en las
estipulaciones contenidas en los mensajes de Kruchev a Kennedy y por tanto
no entrarían a discutirlas.
Mikoyán viajó, al día siguiente (29 de noviembre de 1962) a Washington para
sostener una conversación con Kennedy, donde volvió a tocar el tema de los
proyectos de declaración.
Mikoyán se mostró insatisfecho
debido a que la propuesta norteamericana anulaba las obligaciones contraídas.
Por su parte, Kennedy planteó que la idea de concertar tres declaraciones no era la
más viable y que sería mejor para todos que U Thant se limitara a tomar notas
sin llegar a ninguna votación en el Consejo de Seguridad.
La cobardía política de Kruchev, por así decirlo, permitía a Kennedy,
ignorar a Fidel Castro como parte de las negociaciones. Mikoyán se quedó sin
argumentos.
Mikoyán insistió sobre los vuelos de reconocimiento y Kennedy expuso que
estos se ejecutarían a gran altura. Mikoyán aludió a la violación del derecho
internacional y añadió que en ese caso los E.U. debían aceptar la inspección
multilateral y expresó: "Parece
que Estados Unidos no quiere apagar todas las chispas del incendio (provocado por ellos mismos) y nosotros
queremos resolver este asunto cuanto antes para poder pasar a otros problemas y
resolverlos también. ¿Qué le puede decir a Kruchev? ¿Le puedo decir que ustedes
están dispuestos a cumplir las obligaciones que han contraído o que no están
dispuestos?"
Tal vez Kennedy haya pensado que Mikoyán era tonto del culo.
El asunto es que el día 3 de
diciembre de 1962 las posiciones de ambos países no habían experimentado ningún
cambio. Ese día, Arthur Silvester, Secretario Auxiliar del Departamento de
Defensa de los E.U., comunicó que la URSS había iniciado la evacuación de sus
bombarderos IL-28 de Cuba. Faltaba aún la retirada de las tropas soviéticas.
El día 12 de diciembre de 1962 Kruchev dio a conocer un informe en el que
hacía serias advertencias a los Estados Unidos para que cumplimentaran sus
obligaciones para la solución de la crisis:"El Gobierno soviético confía en que las obligaciones asumidas por
Estados Unidos de América respecto a Cuba serán observadas rigurosamente, pues
la infracción de tales obligaciones resultaría peligrosa, no solo para la
región, dado que inevitablemente suscitaría un nuevo y agudo conflicto y
crearían una nueva amenaza para la paz". Y agregó que "...las obligaciones tienen vigencia
mientras la otra parte cumpla el acuerdo. Si las obligaciones asumidas no son
cumplidas por la otra parte, nos veremos forzados a emprender las acciones que
exija la situación creada".
Disidente: Que diside, que se muestra contrario a determinada opinión,
creencia, doctrina u organización.
He notado que la diáspora cubana es totalmente diferente a cuando solamente
era contra-revolución y anti-fidelista.
Efectivamente, somos todos cubanos. Pero todos no vivimos en el exilio, ni
todos somos recalcitrantes.
No sé, si aquellos a los que llamo recalcitrantes, ha logrado entender
alguna vez que ser disidente no quiere decir aceptar el modo de sentir o el
modo de pensar, aferrado a una sola opinión o, a una sola conducta.
La inmensa mayoría de los disidentes hemos pasado por semejante conducta,
implantada por el régimen de los hermanos dictadores.
Puede que hasta esta, sea la razón por la que muchísimos disidentes no
comulgamos con los recalcitrantes.
Disentir del régimen dictatorial totalitario y neofeudal de los hermanos
Castro Ruz, en la seguridad de que nunca volveré a apoyar un engendro tal, no
quiere decir que, por obligación, tenga que adherirme a aquellos que viven
aferrados a una opinión o a una conducta.
Nunca he sido recalcitrante y…, para
ser sincero…, me siguen cayendo mal. Sencillamente, no tengo porque unirme con
alguien con quién no comulgué anteriormente, ni comulgo ahora, ni comulgaré
jamás.
Compartir ideas o sentimientos con otra persona
Muchos de estos recalcitrantes, estancados en un
proceso de hace 50 años, hablan de guerra, de implantar justicia contra los
fidelistas (no hacen distinciones), de atacar a un agente de la seguridad del
estado totalitario o a una abuelita fundadora de los Comités de Defensa en el
año 1962, o a un primo-hermano que es considerado chivato, o a una sobrina (por
el solo hecho de ser miliciana). Todo esto, en el llamado “Día de la Libertad”.
Son tan aferrados a opiniones y conductas, que les
provoca repulsión encontrarse en un restaurante con el hijo o el sobrino de un
funcionario de la dictadura. No digo repulsa; sencillamente no les aceptan.
Algo así como el agua y el vinagre.
Los recalcitrantes, ¡son “jurados”
enemigos de la dictadura y odian a todo lo que le huela a Fidel Castro y desean
la destrucción total del sistema fidelista!
Los recalcitrantes no evolucionan y en eso, bastante se
parecen a sus enemigos “jurados”.
Los que nos mostramos contrarios a la doctrina fidelista,
aunque sea “AHORA” (o “ahorita”, como dicen los mexicanos), no nos juramos
enemigos, sino que el propio régimen nos ha convertido en algo que jamás pretendimos
ser. Al disentir, dejamos de estar conectados a “su”
opinión y a “su” conducta. Los disidentes no odiamos a las personas.
Odiamos las mentiras y engaños que durante más de 50 años pretendieron que
creyésemos.
Los recalcitrantes consideran que los disidentes que
huímos del régimen, lo hacemos porque allá “la caña está a tres trozos”. Y no
les quito razón. Solo, que “allá” no quedan ni cañas.
No es del todo así
La explicación es bien compleja. Empecemos por decir que,
hoy por hoy, en Cuba no existen los ciudadanos de segunda. Solo existe la crápula
dirigente y el pueblo. Para la crápula, el pueblo solo sirve para ser dirigido
y explotado. Las diferencias entre la población no son otra cosa que “rezagos
burgueses” del “American Way of Life”.
Por cierto, los más rezagados son precisamente
los más crapulados.
Es como el cuento aquel que refiere, no solamente habernos
obligados a casarnos, sino a la obligación de vivir con ella.
Para los disidentes del régimen de oprobio, la consigna
de “Patria o Muerte” ya carece de sentido, si es que alguna vez lo tuvo. Es por
eso que, habiendo sido convertidos en enemigos, rechacemos la palabra muerte.
Lo que no debemos confundir nunca es que, por
desgracia, una parte de la población (posiblemente más del 70%) es totalmente
apolítica. O lo que es igual: Les importa un pito, tanto los recalcitrantes,
como los disidentes.
La diferencia, en este caso es que, mientras que a los
disidentes no les importa que ese gran porciento haga dinero para regresar a
Cuba y ayudar a sus familiares, los recalcitrantes les consideran profanadores
irreverentes que deben ser, como mínimo, excluidos.
¡Totalmente absurdo!
No todo aquel que sale de Cuba tiene que haber sido
expulsado de su patria. Muchos de los recalcitrantes nunca fueron expulsados de
su patria. La mayoría de los recalcitrantes actuales decidieron abandonar el
territorio nacional cubano voluntariamente. Lo cual también es válido para
llamarse exiliado.
Un disidente del régimen de Fidel Castro no acepta la
hermandad de alguien que quiere imponerle su forma de ver y apreciar la vida.
La gran mayoría del pueblo cubano es disidente de
conciencia, pero no se atreve a disentir. La obligatoriedad de alcanzar el
noveno grado de escolaridad (con todas las deficiencias del sistema
educacional) ha hecho que el cubano piense antes de actuar. Y todos sabemos que
cuando se piensan las cosas dos veces, casi siempre se toma la mejor decisión.
Como disidente del régimen, no me queda otra alternativa
que llamar a las cosas por su nombre:
Aquellos que invadieron el territorio nacional cubano por
“Bahía de Cochinos” en el mes de abril de 1961, fueron traicionados por el
Gobierno de los Estados Unidos. No, no eran mercenarios. Nunca recibieron dinero
por aquella malograda aventura. Su único error fue confiar en un gobierno.
Para los disidentes actuales ha sido aun peor.
Confiamos en un desgobierno que ha llevado a la nación de todos (recalcitrantes
y disidentes) a la ruina.
El día 28 de octubre de 1962 Fidel Castro, a través de Radio Moscú, conoció
la carta de Kruchev a Kennedy, en la que disponía la retirada de los cohetes de
Cuba.
Horas después, recibió un breve mensaje del dirigente soviético, quien
solicitaba que pospusieran la orden de disparar contra los vuelos rasantes, a
fin de evitar que un nuevo incidente pudiera, en el último minuto, frustrar los
acuerdos con Kennedy y prevaleciera en Estados Unidos la idea de la invasión.
La concertación de esos acuerdos le sentó fatal a Fidel Castro. Le
produjeron una gran indignación. Lo habían convertido en objeto de cambio. No
le habían consultado. Se había enterado por radio Moscú, tal y como era el
método estalinista, por él utilizado tantas veces.
El argumento de Kruchev de que, ante la gravedad de la situación, no había
tiempo para consultar no le convencía. Al no considerar su participación en las
negociaciones, Kruchev le había tirado a mierda.
A Fidel Castro no le bastaba que el Presidente de los Estados Unidos
empeñase su palabra. Ahora se percataba de su ingenuidad, al permitir la
instalación de bases militares soviéticas en territorio cubano.
Para salir del embrollo Fidel Castro necesitaba que, al menos, Kruchev hubiese
dicho que se dieran garantías satisfactorias. Pero esto al dictador soviético
no le interesaba en lo absoluto. Ya había conseguido su propósito:
Meterse en el Continente Americano y forzar la permanencia
del incipiente y “revoltoso” Fidel Castro bajo la égida del sistema totalitario
soviético.
La jugada de Kruchev le había dejado desarmado y a la defensiva. Ahora
tendría que enfrentarse, en solitario, a las exigencias norteamericanas de
inspeccionar la retirada de los cohetes.
El propio día 28, Fidel Castro redactó un mensaje de respuesta a Kruchev
para hacerle saber su posición y según él, aclarar el por qué de la orden de
disparar contra los vuelos rasantes, expresándole que el mando soviético en
Cuba le podrá brindar informes adicionales del derribo del avión. Avión, que
al ser derribado, no se encontraba en vuelo rasante.
Le dijo, además, que estaba de acuerdo en evitar un incidenteque pudiera ocasionar daño a las
negociaciones y que daría instrucciones para que las baterías antiaéreas cubanas
no dispararan, pero sin revocar la declaración publicada el día anterior
sobre la decisión de defender el espacio aéreo, con lo cual mostraba su disposición de no obstaculizar
los pasos dados por los soviéticos y a mantener engañado al pueblo de
Cuba, en cuanto a lo que decía y lo que verdaderamente hacía.
En la tarde del día 28, funcionarios del Departamento de Estado proponían a
U Thant la inmediata inspección de las bases soviéticas, cuestión que ya había
sido aprobada por la URSS, otra vez sin contar con Fidel Castro. Por
supuesto que U Thant declinó la proposición, al estar ésta fuera de las
atribuciones del Secretario General de la ONU.
Dos días más tarde, el día 30, Fidel Castro recibe la carta regaño de
Kruchev.
El día 31 Fidel Castro envía un mensaje a Kruchev, en el cual decía que: “donde
había dicho digo, había querido decir Diego”. No obstante se
reafirmaba su posición de inferir el primer golpe y se quejaba, amarga y
tristemente de la tirada a mierda por parte de Kruchev.
La discrepancia con los soviéticos duró desde esa fecha hasta poco después
de 1970. Más de siete años, durante los cuales Fidel Castro coqueteaba con los
chinos externamente y con los viejos pericos internamente. (Ver testimonio de
Santiago Carrillo).
El lunes 29 de octubre de 1962 la delegación soviética anunció la
designación del Viceministro de Relaciones Exteriores, Vasili Vasilievich
Kuznetzov, como cabeza de las negociaciones.
Vasili Vasilievich Kusnetzov
Aceptando la
invitación, a La Habana acudieron U Thant, acompañado por los subsecretarios
Omar Louftiy Hernane Tavares de Sa.
También acudió el General de Brigada Indarjit
Rickhye.
U Thant
Omar Loufti
Hernane Tavares de Sa
Las conversaciones se prolongaron
hasta el día siguiente. Por la parte cubana participaron el auto-titulado
primer ministro Fidel Castro Ruz; el designado a dedo, presidente de la
República, Osvaldo Dorticós Torrado; y por relaciones exteriores, Raúl Roa
García, y Carlos Lechuga Hevia, quien había sido nombrado representante cubano
ante las Naciones Unidas.
U Thant explicó las gestiones desarrolladas por él y las propuestas hechas
por los norteamericanos y soviéticos para verificar la salida de los cohetes;
al respecto explicó que Estados Unidos deseaba instrumentar un dispositivo de
las Naciones Unidas capaz de asegurar el desmantelamiento de las instalaciones
de cohetes y su retirada, así como la no entrada en Cuba de este tipo de
armamentos; para ello propuso que un avión —con tripulantes de Cuba, Estados
Unidos y la Unión Soviética—, verificaran todo esto, durante varias semanas.
Sobre la propuesta soviética dijo, que permitirían la inspección de sus barcos
por una comisión de la Cruz Roja Internacional. U Thant afirmó que él no tenía
ninguna competencia para asociarse a estas iniciativas hasta tanto Fidel Castro
diera su consentimiento. Asimismo, hizo saber la disposición de los países No
Alineados de brindar su ayuda.
Fidel Castro le preguntó a U Tahnt: ¿qué derecho
tenía Estados Unidos para exigir esas condiciones de verificación? U Thant le
respondió que no tenían ese derecho, pues una cosa como esa solo podría hacerse
con su aceptación. A continuación, Fidel Castro le argumentó las
garantías que exigía, basadas en los
cinco puntos que, de tenerlos en cuenta en el proceso negociador,
conducirían a lograr una verdadera paz. También manifestó las razones que
fundamentaban su negativa a dicha verificación, afirmando: "¡Si los Estados Unidos lo que
pretenden (...) es humillarnos, no lo conseguirán!"Con la humillación soviética era suficiente.
Las razones para no permitir la inspección se basaban en primer lugar, en
que Fidel Castro no estaba en disposición de sacrificar sus “derechos”, menos
aún cuando la potencia que exigía esas condiciones quería inmiscuirse en sus
asuntos internos y, en este caso, era un intento de decidir qué tipo de armas
tenía derecho a poseer.
En segundo término, se trataba de una exigencia
desde posiciones de fuerza, ante la cual él no cedería jamás. Y, por
último, estaba la lógica de que si los soviéticos y las Naciones Unidas, en su
conjunto, apreciaban el valor del compromiso público hecho por Estados Unidos
de no atacar, ¿por qué entonces dudaba el Gobierno norteamericano de que la
URSS retirara los proyectiles, imponiéndole la garantía adicional de
inspeccionar? Me imagino que tenga algo que ver con la mentira y el engaño,
utilizadosdurante la transportación e
instalación de los misiles.
Durante el segundo día de conversaciones, Fidel Castro mantuvo sus puntos
de vista y advirtió del peligro de las violaciones del espacio aéreo,
enfatizando que era indispensable que estas cesaran. A su vez, U Thant expuso sus puntos de vista sobre lo que estaba
sucediendo: "Mis colegas y yo
opinamos, y así se lo hice saber a Estados Unidos, que el bloqueo era ilegal;
que ningún Estado puede admitir un bloqueo no ya sólo militar, ni siquiera
económico. (...) También
les dije que era ilegal e inadmisible el reconocimiento aéreo que se estaba
haciendo sobre Cuba. Estas tres cosas, bloqueo económico, bloqueo militar y
reconocimiento aéreo, son ilegales (...)". Asimismo, el Secretario
General comentó, que en sus entrevistas con los representantes de Estados
Unidos les había afirmado que: "(...)
si ellos hacían algo drástico, entonces no solamente lo reportaría al Consejo
de Seguridad, sino que acusaría a los Estados Unidos en el Consejo de
Seguridad; y que aunque Estados Unidos tiene los votos y el veto, sin embargo,
puede haber una sanción moral".U Thant solicitó por
razones humanitarias la devolución del cadáver del piloto norteamericano, a lo
cual se accedió inmediatamente.
A su regreso a Nueva York, U Thant expresó que sus conversaciones habían
sido fructíferas e informó tener evidencias confiables del desmantelamiento de
las instalaciones de cohetes, y de que se tomaban las disposiciones necesarias
para su retirada hacia la URSS. Esta última afirmación estaba fundamentada en
los encuentros efectuados en la embajada soviética en La Habana, donde le
aseguraron que el primero de noviembre los cohetes serían desmantelados y
enviados a los puertos de embarque.
Desde el 31 de octubre, de acuerdo con el compromiso contraído por la URSS,
se había iniciado la retirada de los cohetes de alcance medio. La actitud
soviética contrastaba con la asumida por la administración norteamericana, que
mantenía el bloqueo naval y aumentaba los vuelos rasantes.
Anastas I. Mikoyán fue enviado a Cuba con el objetivo de discutir las
discrepancias surgidas entre Moscú y La Habana. Antes de llegar, hizo una breve
escala en Nueva York, donde conversó con Vasili V. Kuznetsov, jefe de la
delegación soviética en Naciones Unidas y con U Thant. Además, intercambió
opiniones con los representantes norteamericanos, Stevenson y McCloy,
designados por Kennedy para efectuar las negociaciones con los delegados de la
Unión Soviética. Los norteamericanos insistieron en la inspección del
desmantelamiento de las instalaciones de cohetes.
Mientras, U Thant aseguraba en Nueva York, a la prensa, que las
perspectivas para una paz en la región parecían buenas para todos los
interesados y planteó que no convocaría al Consejo de Seguridad hasta tanto no
hubiera un acuerdo entre las partes.
En Washington, el presidente Kennedy continuaba insistiendo en la
inspección internacional de las bases de cohetes, antes de certificar, en
Naciones Unidas, que Moscú había cumplido sus compromisos. La administración
norteamericana ignoraba a Fidel Castro y nunca quiso entrar en contacto, para
discutir las cuestiones que le concernían directamente.
Anastas I. Mikoyán arribó a La Habana en horas de la tarde del viernes 2 de
noviembre, su estancia en Cuba se extendió por espacio de tres semanas. En la
mañana del día 4 de noviembre, se iniciaron las conversaciones, que no serían
nada fáciles para Mikoyán, ya que por muy fuertes que fueran sus argumentos en
cuanto a la necesidad de retirar precipitadamente los cohetes, no iba a ser
sencillo poder explicar esa decisión unilateral sin haber consultado a Fidel
Castro.
El primer aspecto discutido fue el referido a la verificación de la
retirada de los cohetes por una comisión internacional. Al respecto, el
dirigente soviético propuso diferentes variantes, pero en su esencia no
cambiaban su propósito. Fidel Castro se oponía a esa
inspección.
Mikoyán, entonces, planteó la idea de admitir la inspección de los barcos,
a lo cual Fidel Castro respondió que eso era asunto de la Unión Soviética,
mientras no se hiciera en las aguas territoriales cubanas; señaló, además, que si
accedía ante esa pretensión, los norteamericanos exigirían nuevas concesiones.
Mikoyán prometió que no se permitiría la imposición de
nuevas condiciones, como era el caso de la exigencia de la retirada de los IL-28.Pero después, tuvo que explicar que se había accedido a ello.