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jueves, 11 de octubre de 2012

Los IL-28 (la crisis de octubre)

    









                        Octubre de 1962
                             
                             La Crisis de los IL-28
                                       
         

Radio de acción de los IL-28


                            
El martes 6 de noviembre de 1962, el gobierno de Estados Unidos, planteó oficialmente una nueva exigencia, la retirada de los IL-28, como solución de la crisis.





Asimismo, el Departamento de Defensa norteamericano informaba el cierre del tráfico en el Canal de Panamá para permitir el paso de 17 naves de guerra, que incluían portaaviones, destructores y submarinos, los cuales se unirían a las fuerzas desplegadas en el Caribe.
El día 7de noviembre de 1962, la delegación de Estados Unidos en las Naciones Unidas anunció el acuerdo con la URSS para la comprobación visual de la retirada de los cohetes y la inspección, por parte de la Cruz Roja Internacional, de los barcos mercantes soviéticos que se dirigían hacia Cuba.
El jueves 8 de noviembre, U Thant se entrevistó por separado con Lechuga y Kuznetzov para ventilar principalmente la nueva demanda de Estados Unidos respecto al retiro de los IL-28.
La carga ofensiva del IL-28 era impresionante. Dos toneladas de bombas (4 bombas de 500 Kg) en una bodega interna, tres en sobrecargado (4 bombas de 250 Kg), con capacidad para llevar bombas de caída libre convencional y bombas nucleares. Disponía de una pareja de cañones NR-23 de 23mm de calibre en el morro y de otra pareja de NR-23 también de 23mm en una torreta en la cola para defensa contra cazas e interceptores. Su radio de acción alcanzaba los 1300 Kms.
Posteriormente, delegados norteamericanos y soviéticos celebraron un encuentro con el mismo tema, el cual se prolongó alrededor de cuatro horas, sin llegar a ningún acuerdo. Los norteamericanos insistían en que los IL-28 eran "armas ofensivas" y, por tanto, debían ser retirados, según lo convenido entre Kruchev y Kennedy. Los soviéticos afirmaban que eran naves anticuadas y no ofrecían ningún peligro para Estados Unidos.
La administración norteamericana informaba que se había verificado en los buques soviéticos la retirada de los 42 cohetes.
El lunes 12 de noviembre, la Secretaría de Prensa de la Casa Blanca anunció que el gobierno no había cambiado su posición, pues los IL-28 eran armas ofensivas, y, por ello, debían ser retirados antes de levantar el bloqueo naval.
El jueves 15 de noviembre, Fidel Castro envió una carta a U Thant, en la cual protestaba por las continuadas violaciones de su espacio aéreo, que no solo fotografiaban las instalaciones desmanteladas, sino todo el territorio nacional. Fidel Castro explicaba que esas acciones, no solo lesionaban esencialmente la seguridad, sino también ultrajaban la dignidad. Por esas razones, decía que no era posible pedirle, en nombre de las negociaciones, que tolerara semejante atropello. Y advertía que (...) hasta donde alcance el fuego de nuestras antiaéreas, todo avión de guerra que viole la soberanía, invadiendo nuestro espacio aéreo, solo podrá hacerlo a riesgo de ser destruido.
Al día siguiente, un vocero del Departamento de Estado norteamericano replicaba a la protesta, insistiendo en que ese tipo de acciones aéreas sobre Cuba continuarían y afirmó que las realizaban en cumplimiento de los acuerdos de la OEA del 23 de octubre. Sin embargo, solo mantuvieron las misiones a gran altura de los U-2.
El domingo 18, las negociaciones continuaban en Naciones Unidas sin que ninguna de las partes cediera. Kennedy había propuesto oficialmente levantar el bloqueo tan pronto Kruchev  accediera a retirar los aviones, pero este declinaba aceptar la proposición sin el previo consentimiento de Fidel Castro.
Estados Unidos acusaba a Fidel Castro de obstaculizar la solución de la Crisis por su negativa a aceptar la inspección, así como no tolerar los vuelos de reconocimiento sobre su territorio y oponerse a la retirada de los IL-28. El proyecto de dictador totalitario estaba provocando las condiciones para ser atacado por los Estados Unidos, en un momento en que los soviéticos cedían ante las exigencias norteamericanas.
Kennedy finalmente anunció que el 20 de noviembre informaría a la prensa las futuras medidas que el gobierno de los Estados Unidos pensaba aplicar en el caso.
El 19 de noviembre preparó cartas para el primer ministro británico, Harold MacMillan; el canciller alemán Konrand Adenauer y el presidente francés Charles De Gaulle, advirtiéndoles que la crisis podría plantearse de nuevo en breve, y que se inclinaba a considerar la conveniencia de mantener el bloqueo naval y realizar un ataque aéreo masivo sobre Cuba.
El lunes 19, Fidel Castro divulgó un nuevo mensaje al Secretario General de las Naciones Unidas, en el cual nuevamente planteaba que se habían interpretado “erróneamente” sus argumentos.



Harold McMillan


Fidel Castro afirmó que él no había obstaculizado, en lo más mínimo, las negociaciones. Expuso que se había convertido la cuestión de la retirada de los IL-28 en el eje del problema. Al respecto, apuntó que esos aviones eran propiedad de la Unión Soviética y que si esta consideraba conveniente la retirada de esos aviones para la buena marcha de las negociaciones y a la solución de la crisis, no obstaculizaría esa decisión. Ahora, era Fidel Castro quién cedía ante la posición de fuerza de los Estados Unidos.



El martes 20 de noviembre, quince horas después del comunicado de Fidel Castro a U Thant, llegó a la Casa Blanca un mensaje de Kruchev, en el cual anunciaba que serían retirados los IL-28 en un plazo de 30 días.

Konrad Adenauer


Ese mismo día, en una conferencia de prensa, Kennedy anunció que se habían reducido los peligros debido a la decisión soviética de retirar "las armas ofensivas". Más adelante planteó: "...si todas las armas ofensivas se retiran de Cuba y se las mantiene fuera del hemisferio en el futuro, bajo comprobación y salvaguardias efectivas, y si no se usa a Cuba para exportar los propósitos agresivos del comunismo, habrá paz en el Caribe".

Charles Degaulle


Acto seguido anunció: "...no abandonaremos los esfuerzos de orden político y económico o de otra naturaleza, en el hemisferio, para impedir la subversión procedente de Cuba, ni nuestra esperanza y propósito de que el pueblo cubano pueda ser algún día verdaderamente libre; pero estos objetivos son diferentes del intento de emprender una invasión militar a la Isla".

Dio a entender también que continuaría con las incursiones aéreas sobre Cuba, bajo el pretexto de que el régimen de Fidel Castro no había permitido observadores internacionales en su territorio.

Ese mismo día martes 20 de noviembre, McNamara ordenó el cese de la cuarentena. Por su parte, las tropas del “Pacto de Varsovia” declararon su paso a las condiciones normales.

Dos días más tarde, Fidel Castro ordenó medidas similares.

En la tarde del domingo 25 de noviembre de 1962,  tuvo lugar una reunión, en sesión conjunta, entre las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) y el Consejo de Ministros del régimen de Fidel Castro, donde se trataron los problemas referentes a la solución de la crisis y para analizar la respuesta a las palabras del Presidente Kennedy del día martes 20 de noviembre, cuando éste anunció el cese de la cuarentena.

Se acordó hacer pública una declaración para dar a conocer al pueblo y al mundo la posición del régimen.

El documento rechazaba la comprobación o la inspección (en territorio de Cuba) derivados de los acuerdos alcanzados entre la URSS y los E.U.

La declaración proclamaba que el régimen se reservaba el derecho de adquirir armas, de cualquier tipo, para su defensa.

Reafirmaba que los resultados obtenidos hasta aquel momento en las negociaciones soviético-norteamericanas, habían evitado un conflicto armado, pero no habían logrado la paz en el Caribe.

El lunes 26 de noviembre partía Mikoyán hacia los E.U. donde conversaría con los representantes soviéticos y norteamericanos, en las Naciones Unidas. Se entrevistó también con el Presidente Kennedy.

Mikoyán intercambió opiniones con U Thant, sobre la marcha de las negociaciones y le informó que el gobierno de la URSS y el régimen de Fidel Castro respaldaban su plan sobre el establecimiento de puestos de control de las Naciones Unidas, en los países de la cuenca del Caribe, incluyendo el territorio de los E.U., donde observadores internacionales controlarían el cumplimiento de los compromisos contraídos.

La URSS y el régimen de Fidel Castro habían presentado un proyecto de protocolo tripartito, al cual el gobierno de los E.U. no le prestó mayor interés. Ya el daño había sido inferido por parte de Kruchev, al ningunear a Fidel Castro. Los E.U. impedirían cualquier negociación en la cual estuviera representado el proyecto de dictador totalitario cubano.

La iniciativa de U Thant tampoco prosperó.

El día 27 de noviembre de 1962 la delegación norteamericana presentó un proyecto con nuevas exigencias, entre las cuales señalaba el retiro de todos los sistemas de armas para fines ofensivos, a la vez que legitimaba su interés por fiscalizar las armas que el régimen imperante en Cuba podía tener para su defensa y proclamaba su derecho a mantener los vuelos de reconocimiento con el propósito de controlar la obligación del gobierno soviético de no enviar armamentos ofensivos a la isla.

Aquel documento condicionaba el compromiso de no invadir el territorio cubano, a que el régimen imperante no pusiera en peligro la paz y la seguridad del hemisferio occidental.

El proyecto soviético establecía claramente los compromisos contraídos en el proceso negociador.

El régimen de Fidel Castro realizó las observaciones de rigor a los dos proyectos. No aceptó como válido un acuerdo que no tomara en consideración los cinco puntos formulados el 28 de octubre.

Denunció también la pretensión norteamericana de incluir nuevas exigencias en su declaración y rechazó como ineficaz toda oferta de no invasión con carácter condicional, pues invadir no es un derecho de los Estados Unidos, sino un delito internacional.

El día 28 de noviembre Mikoyán se entrevistó con Adlai Stevenson y John McCloy. Durante la conversación expuso su criterio de que el proyecto presentado por los E.U. omitía algunas de las estipulaciones contenidas en los mensajes de Kruchev a Kennedy, incluyendo nuevas exigencias y señaló que el gobierno soviético respaldaba la posición del régimen de Fidel Castro, puesto que "ahora" consideraban que los cinco puntos eran indispensables para la solución definitiva de la crisis.

Los norteamericanos aseguraron a Mikoyán que los E.U. cumplirían los compromisos y expresaron que preferían un control de las Naciones Unidas para verificar los compromisos contraídos pero, la negativa de Fidel Castro lo hacía imposible y por tanto continuarían ejecutando las observaciones necesarias con sus propios medios.

Las demandas contenidas en los cinco puntos, al entender de los norteamericanos, no se encontraban reflejados en las estipulaciones contenidas en los mensajes de Kruchev a Kennedy y por tanto no entrarían a discutirlas.

Mikoyán viajó, al día siguiente (29 de noviembre de 1962) a Washington para sostener una conversación con Kennedy, donde volvió a tocar el tema de los proyectos de declaración.

Mikoyán  se mostró insatisfecho debido a que la propuesta norteamericana anulaba las obligaciones contraídas. Por su parte, Kennedy planteó que la idea de concertar tres declaraciones no era la más viable y que sería mejor para todos que U Thant se limitara a tomar notas sin llegar a ninguna votación en el Consejo de Seguridad.

La cobardía política de Kruchev, por así decirlo, permitía a Kennedy, ignorar a Fidel Castro como parte de las negociaciones. Mikoyán se quedó sin argumentos.

Mikoyán insistió sobre los vuelos de reconocimiento y Kennedy expuso que estos se ejecutarían a gran altura. Mikoyán aludió a la violación del derecho internacional y añadió que en ese caso los E.U. debían aceptar la inspección multilateral y expresó: "Parece que Estados Unidos no quiere apagar todas las chispas del incendio (provocado por ellos mismos) y nosotros queremos resolver este asunto cuanto antes para poder pasar a otros problemas y resolverlos también. ¿Qué le puede decir a Kruchev? ¿Le puedo decir que ustedes están dispuestos a cumplir las obligaciones que han contraído o que no están dispuestos?"

Tal vez Kennedy haya pensado que Mikoyán era tonto del culo.

El asunto es que el día 3 de diciembre de 1962 las posiciones de ambos países no habían experimentado ningún cambio. Ese día, Arthur Silvester, Secretario Auxiliar del Departamento de Defensa de los E.U., comunicó que la URSS había iniciado la evacuación de sus bombarderos IL-28 de Cuba. Faltaba aún la retirada de las tropas soviéticas.

El día 12 de diciembre de 1962 Kruchev dio a conocer un informe en el que hacía serias advertencias a los Estados Unidos para que cumplimentaran sus obligaciones para la solución de la crisis: "El Gobierno soviético confía en que las obligaciones asumidas por Estados Unidos de América respecto a Cuba serán observadas rigurosamente, pues la infracción de tales obligaciones resultaría peligrosa, no solo para la región, dado que inevitablemente suscitaría un nuevo y agudo conflicto y crearían una nueva amenaza para la paz". Y agregó que "...las obligaciones tienen vigencia mientras la otra parte cumpla el acuerdo. Si las obligaciones asumidas no son cumplidas por la otra parte, nos veremos forzados a emprender las acciones que exija la situación creada".
Alardes de Buey Viejo








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lunes, 17 de septiembre de 2012

El U-2 derribado (la crisis de octubre)

                 Octubre de 1962




                               El U-2 derribado
SA-2
 
 
Definitivamente, Fidel Castro no “tumbó” al U-2. No tenía esa capacidad. Aunque en nuestros días a nadie le cabe dudas de que si hubiese tenido mando directo sobre las tropas rusas y aunque fuese el autoproclamado “primer ministro”, de seguro se hubiese dedicado en cuerpo (nunca ha tenido alma) a semejante actividad.
Tan solo recordemos que fue capaz de abandonar sus funciones de “Jefe de Estado” (durante muchos meses) para dedicarse por completo a la “Batalla de Cuito Cuanavale”.
¡No andaban muy desorientados los políticos norteamericanos, cuando lo tildaban de loco e irresponsable!
Lo que nadie puede negar es, la presencia de Fidel Castro en aquel grupo Coheteril AA. De que existía complicidad entre el mando militar soviético y Fidel Castro tampoco es negable por ninguna de las dos partes.
Por otra parte, necesitaban que el avión cayera en territorio cubano y no en aguas internacionales, como ocurrió con el derribo de los aviones de “Hermanos al Rescate”. Y es precisamente en el territorio oriental, que se dan las condiciones propicias para que esto ocurra.
 




           Trayectoria del vuelo del U-2 tripulado por el Mayor Rudolph Anderson Jr.




Si Fidel Castro prácticamente no salió de la región occidental de la isla durante la mayor parte del tiempo que duró la crisis:

¿Qué hacía ese día en la región oriental?

¿Por qué, en lugar de estar controlando las unidades propias, se encontraba de visita en un destacamento soviético?

No es nada tonto pensar, ni desechar esa versión de los sucesos.

Imaginar siquiera que el derribo del U-2 hubiese sido ordenado por el mando soviético es absurdo. El General Pliev jamás hubiera impartido dicha orden. Pliev sabía bien las consecuencias de tamaña insubordinación. Mucho menos lógico es pensar que hubiese provenido de Kruchev, cuando éste se encontraba “abierto de patas” ante la postura intransigente norteamericana.

Efectivamente, la orden la impartió un Oficial Superior o un Primer Oficial de la ATS.

Puede haber sido el Coronel Voronkov, al mando de la División Coheteril AA que ocupaba la región oriental del país.

Puede haber sido el Coronel Grechko, que era Sustituto del Jefe de la ATS para la Defensa AA.

Dudo mucho que pudiese haber sido impartida por el Mayor General Garbuz, puesto que su cargo de Sustituto del Jefe de la ATS, para la preparación combativa era un cargo técnico y no de mando.

Voronkov declaró lo siguiente:

"Los aviones yanquis sobrevolaban el cielo cubano a diferentes alturas. Hasta el 26 de octubre no se autorizó la salida al aire de nuestros radares (...) Yo era del criterio de que así no se podía continuar. Los norteamericanos se sentían con derecho a todo. El 27 me informan que un avión espía U-2 está cruzando el espacio aéreo de la Isla y vuela sobre posiciones cercanas. Luego lo hace por encima de dos pequeñas unidades bajo mi mando, y al acercarse a una tercera, ¡ahí mismo di la orden combativa! ¡Con el primer proyectil lo derribamos"!

Esto lo dijo en una entrevista publicada en 1989 (a 27 años de ocurrida la crisis).

El General Garbuz relató lo siguiente:

"Llegué al puesto de mando de la Agrupación en la mañana del 27 de octubre. Allí se encontraba el sustituto del comandante para la Defensa Antiaérea, Teniente General Stepan Grechko, quien ese día era oficial de guardia superior.

El General me dijo:

“Hace más de una hora da vueltas sobre nosotros un «visitante». Considero que es necesario derribarlo, ya que puede descubrir nuestras posiciones en toda la profundidad y dentro de varias horas esos datos se conocerán en Washington”.

Decidimos comunicarnos con el General Pliev, pero no estaba en el Estado Mayor. En aquellos momentos el Oficial de Guardia informó que el U-2 variaba el curso de vuelo; al llegar a Guantánamo había girado hacia el norte, era evidente que se marchaba después de cumplir su misión combativa (...)

El general Grechko intentó comunicarse varias veces con el Comandante de la Agrupación, pero no pudimos localizarlo en aquellos minutos decisivos, y no era posible establecer comunicación con Moscú en un plazo breve (...)

Después de algunas reflexiones Grechko exclamó: “Bueno, asumamos la decisión”.

Al puesto de mando de la defensa antiaérea llegó la orden de destruir el blanco número 33, el avión U-2 (...)

En todo momento, Fidel Castro se encontraba junto a ellos.

Si analizamos detenidamente el relato anterior podemos llegar a una sola conclusión:

1.- En el relato están tratando de evadir la responsabilidad del General Pliev.

La trayectoria del U-2 nunca sobrevoló la provincia del Pinar del Río. Entró al territorio cubano muy próximo a la ciudad de Morón, continuó hasta Manzanillo. De Manzanillo se dirigió a Guantánamo. Continuó rumbo a Maisí y posteriormente sobrevoló el Central Guatemala. Es derribado en las proximidades de la ciudad de Banes.

Entonces, ¿quién ordenó el derribo del U-2?

Sencillo:

Fidel Castro, quién influyó decisivamente en el pequeño jefe del grupo emplazado en Banes, el Mayor Ivan Minovich Guerchenko, que ante la “pérdida temporal” de  comunicaciones, luego de su solicitud para derribar el objetivo, “aplicó” el reglamento de combate referente a las pérdidas de comunicaciones en una situación de combate.

Los documentos que describían, en detalle, como se produjeron los hechos han desaparecido misteriosamente. Solo quedan relatos superficiales de algunos de los participantes.

Años más tarde, el General Voronkov admitió que el Jefe del Grupo había procedido al derribo del U-2 por decisión propia. No obstante, exhibía con orgullo una orden “Estrella Roja”, según él, concedida por el derribo del U-2.

¿Cómo es posible que le otorgaran una orden por algo que no realizó?

En realidad Voronkov ordenó el arresto del Jefe del Grupo. Luego, la defensa de Fidel Castro cubrió de medallas y órdenes a todos los implicados.

El Mayor Guerchenov estuvo preso varios días. Fue liberado, restituido a su unidad y ascendido al grado inmediato superior.

Las comunicaciones jamás se perdieron. Tan solo fue una excusa, inventada por el propio Fidel Castro, para que Guerchenov derribara el U-2.

Uno de los que afirmaba lo anteriormente relatado era el Jefe de la estación de radio del grupo.


 
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domingo, 22 de julio de 2012

Prepárense para la Guerra (la crisis de octubre)

Octubre de 1962





Prepárense para la Guerra














El Presidente Kennedy se encontraba preocupado, debido a que los cohetes norteamericanos “Júpiter”, emplazados en Turquía, se podían convertir en un obstáculo para la solución de la crisis. Le preocupaba que, si los aviones norteamericanos atacaban a las armas soviéticas en Cuba, los soviéticos podían hacer lo mismo con los de Turquía.

El Comité Ejecutivo y la Junta de Jefes de Estados Mayores, al fin tomaron decisiones importantes:

-         Golpe aéreo de gran envergadura contra los cohetes de alcance medio, las bases aéreas, los cohetes AA, los depósitos nucleares (si se descubrían), almacenes militares, unidades de tanques y medios navales de combate.

-         Bloqueo naval total.

-         Dispersar los bombarderos estratégicos B-52.

-         Pasar a DEFCOM 2 (paso previo a la guerra).

-         Tomar medidas para la defensa de la Base Naval de Guantánamo.

-         Aumentar la defensa AA en el sur de los Estados Unidos.

-         Movilización de 150 mil reservistas.

-         Considerar declarar el Estado de Emergencia Nacional.

-         Considerar el peligro de los cohetes de alcance medio, emplazados en Cuba, suficiente como para justificar el ataque, incluso después de que los cohetes alcanzaran el estado operacional.






 






No obstante, el Secretario del Tesoro, Douglas Dillon, el asistente de Defensa para la Seguridad Internacional, Paul Nitza y los integrantes de la Junta de Jefes de Estados Mayores, dudaban que la crisis desembocara en una guerra nuclear. Consideraban que los soviéticos cederían. ¡Tenían razón! Cedieron.

Sabían que el supuesto equilibrio era mucho más que una suposición y que el poderío militar norteamericano era un factor significativo y determinante en la adopción de decisiones durante la llamada “guerra fría”.

La importancia del chantaje soviético se apreciaba como moneda de cambio. Una moneda que por una cara representaba Berlín y por la otra Cuba.

Los funcionarios soviéticos de la época dicen ahora que esto solamente eran suposiciones norteamericanas.

El secretismo del sistema totalitario soviético y la anuencia del régimen de Fidel Castro, agravaron la situación. Habían sido los factores cruciales para la preocupación norteamericana.

No es que los diplomáticos soviéticos, en los estados Unidos, mintieran sistemáticamente. Es que se ha podido comprobar que desconocían totalmente lo que estaba ocurriendo. Por órdenes de Kruchev, se les ocultó la información.

Lo único que consiguieron los soviéticos, en el plano internacional, fue un rechazo absoluto de sus satélites y amigos. El gobierno de los Estados Unidos sospechó  que la URSS se encontraba preparando un ataque sorpresivo, aunque no tuviera sentido alguno.

El día martes 16 de octubre de 1962 se comenzó a estructurar el Comando Unificado del Atlántico, al cual estarían subordinadas todas las fuerzas terrestres, navales y aéreas de la región. El Almirante Dennison sería su Comandante en Jefe.













Aquel día llegaba a Cuba el mercante “Omsk”, en su segundo viaje, transportando 5 cohetes R-12 de combate y 2 de instrucción. De esa forma se completaban 42 cohetes, de este tipo.

El miércoles 17 de octubre continuaba la farsa de Kruchev. Ese día Goergi Bolshakov, un funcionario de la embajada en Washington, entregó un mensaje personal de Kruchev al Presidente Kennedy, asegurando que “bajo ninguna circunstancia” serían enviados a Cuba cohetes tierra-tierra ofensivos.

Ya para esta fecha, aunque no habían dicho nada, los norteamericanos habían detectado:

-         Cuatro nuevas rampas de lanzamiento en San Cristóbal.

-         Dos emplazamientos en la zona al este de Guanajay R-14.

La Junta de Jefes de Estados Mayores presentó las opiniones solicitadas por el Secretario de Defensa, referentes a las probables reacciones soviéticas ante un ataque norteamericano a Cuba:

1.- Los soviéticos no irían a una Guerra por Cuba.

2.- La respuesta más probable sería Berlín, Turquía, Irán o Corea.

¡Acertaron en el primer punto!

Los soviéticos nunca estuvieron dispuestos a ir a una guerra por defender a Fidel Castro. Todo quedó claro cuando negociaron la retirada de los cohetes de Turquía.

Los aviones U-2 realizaron, ese día, otros seis vuelos de reconocimiento. La CIA informó que un bloqueo total derribaría al régimen de Fidel Castro en cuatro meses.

Adlai Stevenson, representante de los Estados Unidos ante la ONU,  envió una sensata carta al presidente Kennedy en la que, entre otras cosas, planteaba:

-el hecho de arriesgarse o no a comenzar una guerra nuclear está estrechamente relacionado con la adopción de la mejor de las decisiones, y los juicios de la historia raramente coinciden con la cólera de un instante;

-la existencia de bases de cohetes nucleares en cualquier lugar es negociable antes de comenzar a hacer nada contra ellas;

-debe estar totalmente claro que los Estados Unidos han estado, están y estarán listos para negociar la eliminación de bases y cualquier otra cuestión; que son ellos los que han alterado el precario balance existente en el mundo con arrogante desaire a vuestras advertencias y que no tenemos otra alternativa que restablecer ese balance, es decir, chantaje e intimidación nunca, negociación y sensatez siempre.

El ex secretario de Estado, Dean Acheson, el director de la CIA John McCone, el General Taylor y el Secretario Dean Rusk estaban por la acción militar directa.

Boleen y Thompson se pronunciaban por un acercamiento diplomático con Kruchev y Fidel Castro antes de emprender una acción militar.

Martín, Robert Kennedy y McNamara favorecían el bloqueo como primer paso en una campaña de presión.

Poco a poco fue ganando adeptos la variante del bloqueo para prohibir la introducción de más armas ofensivas, los partidarios de la cual argumentaban que la presencia de los cohetes soviéticos en Cuba no tenía gran importancia militar, pues cada superpotencia era capaz de devastar con armas nucleares a la otra.

McNamara planteaba que el bombardeo a las instalaciones coheteriles causaría la muerte de muchos especialistas soviéticos, lo que provocaría medidas de respuesta de Moscú.

También se consideraba el argumento de que no todos los cohetes serían destruidos en el bombardeo y que se lanzarían inmediatamente los que quedaran indemnes contra ciudades de los Estados Unidos, causando millones de víctimas.

A principios de los años sesenta del Siglo XX, los Estados Unidos tenían una ventaja militar incuestionable, en fuerzas convencionales, en el Caribe, Golfo de México y el Estrecho de la Florida. Su capacidad nuclear estratégica era superior a la soviética y es por esto que las autoridades norteamericanas intuían que Kruchev cedería en algún momento.

La presencia de las armas nucleares soviéticas en Cuba resultaba inaceptable para los Estados unidos de Norteamérica.

Si los norteamericanos hubieran invadido el territorio cubano el riesgo de confrontación nuclear hubiera sido mayor y las autoridades, del Coloso del Norte lo tenían claro. Todo lo que se derivara de esta verdad, fueron y serán meras especulaciones.



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