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jueves, 22 de agosto de 2019

Taxis Uber: de la digitalización de los servicios al beneficio de los usuarios


Taxis Uber: de la digitalización de los servicios al beneficio de los usuarios

Respuesta a un artículo publicado en el periódico “Abuelita”, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de los hermanos Castro Ruz 
http://www.granma.cu/mundo/2019-08-17/taxis-uber-de-la-digitalizacion-de-los-servicios-a-la-maximizacion-de-las-ganancias-y-el-atropello-a-los-derechos-laborales-17-08-2019-07-08-14


Esta empresa funciona a la par de los sistemas de taxi de cada país; no paga impuestos, su servicio es mucho mejor, sus carros modernos y su tarifa llega a ser el doble menos que la de los taxis tradicionales
La monopolización del servicio de transporte, los llamados taxis, por parte de los diferentes gobiernos de la mal llamada Unión Europea, gravan a los usuarios con una serie de impuestos (a las companías de taxis) que hacen muy caras la carreras.
Uber funciona en paralelo, sin tener que pagar impuestos, pues sus trabajadores son autónomos, pero de ninguna manera violan las garantías laborales. Cada autónomo debe pagar su correspondiente impuesto. Ahora bien, los impuestos que pagan los taxistas autónomos es muy inferior a los impuestos marcados por los gobiernos de los diferentes países a las companías de taxi tradicionales.
Los UBER aparecieron por primera vez en marzo de 2009, en Estados Unidos. Se trata de vehículos de alquiler contratados por los usuarios a través de Internet y para fijar el precio del viaje se establece la distancia a recorrer. De inmediato el conductor del auto recibe la orden, la cual se le envía al vehículo más próximo al lugar de recogida, según una base de datos.
Las compañías Uber funcionan de la siguiente forma: Para contactar el servicio, el cliente debe poseer la plataforma web instalada en su móvil, tablet o cualquier otro dispositivo, con posibilidades de realizar una llamada en tiempo real, vía digital. Luego de producirse el contacto debe introducir el punto de recogida y el de destino e inmediatamente recibe un estimado del tiempo del viaje y el monto por su transportación que suele ser menor a un taxi legalizado de ruta. El usuario debe tener una cuenta bancaria asociada a la compañía Uber. Una vez concordado el servicio, el cliente paga utilizando la misma aplicación, desde su cuenta bancaria, el importe de la carrera. De manera que no existe un pago directo al taxista. El chofer recibe (vía su cuenta bancaria) el servicio prestado por su auto particular.
Las protestas de los taxistas tradicionales se producen más, por el desconocimiento de sus companías de taxis, que no han sido capaces (hasta el momento) de encauzar sus protestas contra el verdadero explotador. En este caso sus respectivos gobiernos.
Para ser conductor de UBER solo se debe llenar un registro de postulación y crear un perfil en la página con el envío de la documentación personal como licencia de conducir, carta de no tener antecedentes penales, comprobante de domicilio personal, comprobante fiscal y el auto que desea registrar. Esto no es verificado por los respectivos gobiernos (hasta el momento) y queda al arbitrio de las companías de Uber. Pero de esta anomalía no es responsable Uber, sino los gobiernos, que no han sido capaces de evolucionar ante la demanda digital, que opera sin violar la legislación vigente en cada país. En caso de alguna falsificación o queja de un cliente, el chofer de Uber queda automáticamente fuera de servicio.
Los choferes contratados deben disponer de un teléfono móvil que les sirve para recibir los pedidos de los usuarios y les llegará un resumen financiero que describe las cifras por cada viaje con el monto ingresado a su cuenta. El sistema digital usa la ubicación GPS del teléfono y la de los conductores disponibles, y a través de la conectividad mediante internet asigna automáticamente la orden de servicio al auto más cercano.
No es obligatorio que los autos Uber permanezcan estacionados en zonas específicas. Solamente tienen que estar en un lugar con acceso a internet. En el caso de que la carrera sea hacia un lugar apartado, el taxista Uber asume la pérdida, al no poder recoger pasaje de regreso, pero en la mayor parte de las ocasiones, les es asignada otra carrera en algún sitio que se encuentre cercano a su trayectoria de vuelta. Los taxistas Uber también asumen los horarios de menor cúmulo de llamadas y aún así, hacen mucho más dinero que los taxistas tradicionales. De otra forma no podría funcionar el sistema.
Para ser parte de la empresa los conductores Uber no precisan pagar la licencia operativa, como ocurre con el servicio convencional (una imposición de los gobiernos). A los choferes Uber no les interesa el sistema socialista que limita las horas de trabajo y vacaciones obligatorias. Cada chofer Uber debe garantizarse su seguridad social mediante companías aseguradoras y guardar dinero en sus respectivos bancos para salir de vacaciones cuando más les convenga, así cómo para realizar las reparaciones que precise el automóvil, aunque a decir verdad, los automóviles que utilizan los taxistas Uber deben estar amparados por el sistema “leasing” que cada dos anos cambia el automóvil por uno nuevo. Eso también lo asume el taxista Uber a partir de su cuenta bancaria. Los taxistas Uber no quieren pertenecer a sindicatos que son subvencionados por los gobiernos y que en lugar de defender a los trabajadores se pliegan a las exigencias.
Para protegerse de agresiones o asaltos, los taxistas Uber cuentan con la policía nacional. No necesitan ningún tipo de organización. Desde el momento en que el cliente tiene la obligación de utilizar una cuenta bancaria, se han dado pocos casos de haber sido asaltados o agredidos por usuarios. Los clientes, a su vez, conocen el nombre, los apellidos y las matrículas de los autos. De manera que pueden, en caso de ser maltratados o agredidos, formular la denuncias correspondientes a la compañía Uber y a las autoridades competentes.
Para concluir, debemos decir que los taxistas Uber funcionan cómo personas adultas que deben velar por sus propios intereses y no estar sobre-protegidos por gobiernos que gravan a sus pueblos con impuestos exagerados.


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martes, 23 de julio de 2013

Cuba: ¿Economía de mercado?


Cuando una dictadura totalitaria neofeudalista, después de 50 años de absoluto control, autoriza a sus vasallos a trabajar por cuenta propia, de hecho se encuentra una encrucijada muy peculiar.

Resulta que, muchos ciudadanos (incluyendo a periodistas improvisados, permeados por el totalitarismo), estudiantes, maestros, jubilados y trabajadores en general, protestan por el precio impuesto, por los transportistas particulares.

No protestan por la carencia del servicio que, supuestamente debía prestar el desgobierno.  

Señores periodistas improvisados: la ley de “la oferta y la demanda” no es una excusa. ¡Es un hecho!

Si, debido al incumplimiento de las medidas establecidas en este tipo de transportación, de pagar multas se trata, eso también forma parte de esa misma ley. Claro está, que el desgobierno no aplica la misma ley para sus propios vehículos.

En lo que estamos de acuerdo es, en que el asunto en cuestión solo afecta a la población. Pero eso al desgobierno le importa un bledo. Si fuera lo contrario, el transporte público corriera por cuenta del desgobierno a precios ¿razonables?

Los choferes “manejan” diferentes opiniones. Unos dicen que, es ahora que les critican, cuando llevan varios meses garantizando la transportación ciudadana y no antes.

Uno de los usuarios, según el periodista dice no creer que, el fin que pretenden alcanzar los transportistas privados sea el de transportar ciudadanos, sino enriquecerse a expensas de los mismos.

Vamos a ver: Se trata de que, en todo negocio (sea cual sea) debe quedar un excedente de dinero en beneficio del dueño del negocio, una vez deducidos los gastos (impuestos, gasolina y mantenimiento). De no ser así, el negocio no funciona.

El periodista cita la opinión de otro transportista, el que dice mantener los precios bajos (sin que se enteren sus colegas pues la cosa se pondría fea) y que lo único que tiene que hacer es dar mayor cantidad de servicio, con lo cual recupera lo gastado, cumple con los impuestos y aun le  queda para mantener a su familia. ¡Solo para crédulos!

El periodista se sorprende cuando en la Oficina de Atención al Porteador Privado le comunicaron que esa oficina solo atiende a bici-taxis, cocheros y boteros, pero no a los choferes de transportes colectivos.

¿Le preguntó, el periodista al responsable del “Poder Popular”? A todas luces parece que otra vez volvemos a parar en el mismo lugar. ¡El desgobierno es incapaz de gobernar! Son precisamente, los funcionarios del desgobierno los que deben “ponerle el cascabel al gato”, que para eso reciben un salario mensual de los “contribuyentes”. ¿O no?

La Dirección Provincial de Transporte le explicó al periodista que el desgobierno no garantiza absolutamente nada a los transportistas particulares. No obstante, los mismos tienen que cumplir lo establecido en cuanto a la capacidad de carga, regulaciones técnicas (para evitar hacinamientos, accidentes y “otros problemas”).

El mismo directivo aseguró que existen vehículos que reciben “apoyo del estado” (el periodista no especifica), a los cuales se les suministra combustible para que cumplan determinadas rutas (de interés para el desgobierno), pero hay otros “particulares” que cubren las rutas cuando lo desean y cambian el itinerario, los precios y el destino sin “Dios ni Rey”, escribe el periodista totalitario. El funcionario del desgobierno dice más: Los que actúan sin “Dios ni Rey” no son controlados por nadie.

¿Quién o quienes, son los responsables de semejante anarquía? El desgobierno. No hay otro.

Una vez dicho esto, el periodista apunta, que resulta incomprensible que un medio de transporte particular prefiera marcharse vacío, debido a que los potenciales pasajeros se niegan a abonar el precio estipulado por el dueño del vehículo.

Estos pasajeros, en su mayoría trabajadores, debían tener un medio alternativo de transporte garantizado por el desgobierno. De no ser así, el problema es de ellos. No pagan, no hay transporte. ¡Aprieta el paso, que nos vamos a mojar!

Eso no es tergiversar la muy traída y muy llevada ley de la oferta y la demanda. Eso es aplicarla en todo su rigor. No hay demanda (no quieren pagar) no hay oferta (me voy vacío).

¿Y el desgobierno? ¡Bien, gracias!

La ley de la oferta y la demanda funciona. Lo que no funciona es, el igualitarismo, absurdo y ridículo, en el que nos han impuesto por más de 50 años.

Hay temas que tienen importantes trasfondos y este es uno de ellos.
La desidia del desgobierno y la absurda maniobra de autorizar trabajos por cuenta propia, sin control ni alternativas, obedece a la insensibilidad del sistema totalitario, a decisiones irracionales de funcionarios de todos los niveles, que en lugar de procurar las formas de solucionar los problemas, solo se preocupan de que se cumplan las normas, por ellos establecidas.

No, no se trata de que el desgobierno actúe de forma premeditada, se trata de la incapacidad de un régimen que se ve superado por sus propias ineficiencias, ahogando a la población con consignas, tales como “preservar las conquistas”, “la dignidad y el respeto a los ciudadanos es la Ley Primera de la República”.

Pregunta para el periodista: ¿Cuáles conquistas? ¿Cuál República?

Sería bueno, como nos dice el periodista, que se revisaran estas acciones y actitudes, pero las del desgobierno. Llegar al fondo y de una vez por todas dejar en claro, que el petróleo, las piezas y todo lo demás que utilizan los vehículos transportadores de los transportistas particulares, es pagado por los mismos y no por el desgobierno.

Oferta y demanda es ley de mercado. La rapiña es permitida por el desgobierno.
Los funcionarios creen que se encuentra por encima de la sociedad en que viven, que el proyecto es para el pueblo y no para ellos. Es por eso y no por otra cosa que hace más de 50 años se convirtieron en depredadores del cubano común.

La maestra, el médico, en fin todos los ciudadanos de mi país deberían cobrar por sus servicios. O lo que es igual, deben cobrar salarios decorosos que les permitan pagar todos los servicios.

Ya sea en Holguín o en toda Cuba, es imposible que las cosas funcionen como un engranaje perfecto, ni como un engranaje.
Hace más de 50 años que una conducta de trabajo llena de virtud, de moral y de compromiso fue sentenciada a muerte por un sistema despiadado de explotación del ser humano por parte de los funcionarios de un régimen dictatorial, totalitario y neofeudal, donde los eslabones de la cadena de favores solo funciona entre ellos.

Eso de que el dinero no tiene importancia es solo propaganda totalitaria. Los funcionarios del régimen sí que saben utilizarlo en beneficio propio y de sus descendientes. Además de su valor nominal, el dinero sirve para medir y contar.

Los funcionarios del régimen (incluyo aquí a Fidel y Raúl Castro) han sido por más de 50 años los usureros del país. Son, en definitiva los propiciadores de la indisciplina nacional. Son los que han lucrado, lucran al descaro con las escaseces de la población; y espero que no lo hagan por mucho más tiempo.

¡Ya es suficiente!

 
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jueves, 15 de febrero de 2007


EL CUENTAPROPISMO

Me preguntaba yo: ¿Para que hablar de la gastronomía, el comercio y los servicios de mi país? Si, en los últimos 45 años sobran ejemplos de mal trato, insufrible calidad de los productos, mostradores cerrados (debido a encontrarse el empleado de vacaciones) y ningún otro poder despachar la mercancía, abulia, brazos cruzados, “no hay”...Son diversos los responsables de éste desbarajuste económico.

Por solo citar alguno podemos empezar por uno cualquiera: En un sistema como el nuestro, la propiedad colectiva no pertenece a nadie en particular. El igualitarismo (absurdo y ridículo) en que nos han obligado a convivir, pretende que todos seamos iguales y por tanto no existe el respeto mutuo. La destrucción de los sistemas contables y económicos de la nación, buscando parecernos más a los “amigos” soviéticos en lugar de a nosotros mismos devino en colofón de lo que hoy somos. Una sociedad desnaturalizada.

¿Qué libre competencia en un país que hasta el dichoso término constituía una reminiscencia del capitalismo? No señor, digo, compañero, la emulación es lo que vale en nuestro sistema. Y los términos, aunque se parezcan mucho, no son ni remotamente iguales.

La caída del campo socialista y luego de La Unión Soviética trajo como consecuencia una serie de medidas, a decir de Fidel Castro “porque no teníamos otra alternativa”.
Medidas que llevaron al “máximo líder” a tomar una serie de previsiones económicas, que condujeron entre otras cosas a la liberalización de la circulación del dólar en nuestro país y a la liberalización de los trabajos particulares.
La libre circulación del dólar era una consecuencia directa de la necesidad de recaudar divisas.

Dentro de los planes del desgobierno se encontraban el establecimiento de tiendas de diversos géneros (en éste tipo de moneda). ¿De donde saldrían las divisas? De las remesas de dinero procedentes del extranjero y de las numerosas firmas extranjeras que se establecerían a partir de ese momento en nuestro país. ¿Por qué el trabajo particular? Debido a que siempre iba a existir un remanente de dinero en manos de la población. ¿Qué por-ciento de la población, que accede a las tiendas en divisas, es cubana? Probablemente me quede corto si digo que más del 90%.

Los años de crisis aun no han quedado atrás para el pueblo cubano, aunque existan dirigentes y periodistas que repetidamente sentencien: “Las medidas adoptadas en los años de crisis...” El gobierno pretendía engañar a la población diciendo que con el trabajo particular ya no se trataba de la propiedad social. Sin embargo los trabajadores particulares nunca tuvieron acceso a almacenes que les vendieran la mercancía a precio mayorista.

Al particular lo engañaban y discriminaban, desde el momento que se instituyó la palabra “cuentapropista”. No se le decía oficialmente trabajo particular o por cuenta propia, se le denominaba peyorativamente, que hasta suena denigrante.

La medida respondía a la necesidad de abrir una vía de empleo a aquellos trabajadores que en cifra de 250,000 personas en edad laboral iban a quedar sin trabajo en menos de dos años. Quedaban sin trabajo en el momento en que un peso era equivalente a 120 dólares y el sueldo promedio era de 150 pesos.

Se tornaba imprescindible, para el trabajador, buscar la forma de llevar el sustento a su familia y el cubano comenzó a “ajustar los salarios". El procurar, a toda costa y todo costo el sustento familiar, llevó al cubano a apropiarse de cualquier cosa sin miramientos. De esa forma atacaron, por así decirlo, a las propiedades del desgobierno (que aparentemente debían ser propiedad social). Recuerden la fabrica de cervezas de Guanabacoa, prácticamente desmantelada por los propios operarios y muchas más que no mencionaré para no perder tiempo.

Poco a poco, con la ayuda del capital extranjero y sin realizar ninguna mejoría en lo que se refiere a la canasta básica o el transporte, el desgobierno ha logrado estabilizar, por así decirlo, la situación, aunque la miseria sea mayor que a comienzos de la década de los noventa. Eso sí los trabajadores particulares han sido gravados una y otra vez con impuestos totalmente injustos y dispares que los han obligado a desistir en unos casos y a persistir (a espaldas del desgobierno) en otros.

La gran contradicción del sistema estriba en que mientras dejan trabajar en la clandestinidad a un trabajador particular, atacan con saña a aquel que realiza su actividad legalmente. Exactamente, el que no conviene es el que lo realiza de forma legal. Al otro, tan pronto (el régimen) estime conveniente, se le pone fin a su actividad clandestina.

Miente aquel que dice que al legalizarse el trabajo particular compulsó la competencia. ¿Recuerdan las Unidades Básicas de Producción Agropecuarias (UBPC)? ¿Cómo iban a poder competir entre sí, siendo todas regidas por la misma mano?
El desgobierno jamás creó la posibilidad de un comercio libre en Cuba, mientras fingía que lo hacía.

Diez años después quiere demostrar que los males existentes son el resultado de la aplicación de los métodos capitalistas en nuestro país. Solo un ignorante, de los cuales tenemos muchos, es capaz de creer semejante cretinada. La misma desidia creada por el llamado socialismo cubano con la moneda nacional, ha aparecido con la moneda norteamericana. Este fenómeno es inherente al desgobierno cubano. En ningún otro país ha sucedido algo por el estilo.

Para poder subsistir Songo le tiene que dar a Borondongo y Borondongo a su vez a Bernabé. Bernabé le dará a Cuchilanga y así se formó el dale al que no te dio. Y a río revuelto, ganancia pa´l pescador. Un zapatero tratará de alargar su materia prima hasta el infinito para poder ser rentable y si tu zapato se despega al cabo de una semana, es asunto tuyo.

Lo peor es que el desgobierno no protege ni al trabajador particular ni al infeliz del usuario.

Resumen: En Cuba es necesario una carga para matar bribones, pero comenzando desde arriba, para de esa forma poner fin a más de 45 años de fidelones.

https://www.youtube.com/watch?v=lwXG-6myaoE&t=109s

https://www.youtube.com/watch?v=lwXG-6myaoE&t=109s