sábado, 25 de octubre de 2014

Batería de costa No. 1

           Sistema de fortificaciones españolas en América





Al centro explanada con emplazamiento del cañón Ordóñez. A ambos flancos, traveses-repuestos.





A partir de la segunda mitad del siglo XIX, los cambios ocurridos

en la tecnología y la balística militar determinaron la ineficacia de las fortificaciones abaluartadas. El mayor alcance y precisión de la artillería, tras la aparición del cañón de ánima rayada, y el incremento del poder de penetración y destrucción de los proyectiles de alta potencia, obligaron a los ingenieros militare de la época a reducir los perfiles de las obras.

La arquitectura abaluartada cedió su lugar a las líneas o campos
atrincherados, las baterías acorazadas, las cúpulas artilladas y las
defensas móviles sobre rieles, las cuales conformaron una nueva
tipología de obras de fortificaciones.






Entrada de la batería, a la derecha el cuartel





Al término de 1895, debido al mal estado en que se encontraban las defensas de costas (plazas marítimas) de la Isla, en particular las de La Habana, el Capitán General Arsenio Martínez Campos ordenó la creación de una comisión encargada de estudiar y elaborar un nuevo plan de defensa.

Los trabajos de fortificaciones de la Plaza de La Habana se ejecutaron a partir del proyecto del Teniente Coronel de Ingenieros José Marvá y Mayer, aprobado por Decreto Real el 7 de noviembre de 1895.

La creación del tercer sistema defensivo de la Plaza de La Habana
(1895-1898) contribuyó a transformar la ciudad en un potente bastión. Se estableció una sólida defensa en el extenso perímetro de la ciudad, que incluyó los frentes marítimo y terrestre.
 







Cañón Nordenfelt















Plano, vista en planta







Sobre la base de los sistemas de fortificaciones existentes, se
construyeron obras compuestas por baterías y reductos agrupados en puntos de resistencia y combate, unidos por una red de trincheras.

 En 1895 el frente marítimo abarcaba una franja costera de doce quilómetros, desde el poblado de Cojímar hasta La Chorrera (desembocadura del río Almendares).
Posteriormente, en 1898, se extendió hasta la playa de Marianao.

Al lado de los sistemas fortificados clásicos, fueron construidas las baterías de costas 1 y 2, o Batería del barco perdido, en la zona de Barlovento (litoral este); y las 3, 4 y 5, en la zona de Sotavento (litoral oeste).
 




Al centro, el polígono. A la derecha, entradas a las explanadas, 1898.





De estas, la única conservada hasta nuestros días es la número 1, ubicada en el litoral este de la capital, entre La Habana del Este y el Castillo de los Tres Reyes del Morro.
Su estructura defensiva constituye un reflejo de los avances de la tecnología constructiva militar a fines del siglo XIX.

Es semisoterrada y su planta es un polígono de 200 metros de largo: al centro tiene un polvorín, a cada lado los traveses- repuestos (donde se alojan los medios y el personal de artillería, comunica con las explanadas a través de galerías) y en ambos flancos un cuartel con explanada para cañón de tiro rápido. Entre los cuarteles, traveses y el polvorín, se acondicionaron explanadas (pisos sólidos de piedras) para el emplazamiento de cañones a barbeta (al descubierto) de gran alcance.
 



Muro aspillerado del frente de campaña.






Un muro aspillerado circunda la batería desde sus flancos y se extiende por el frente de campaña.
Comenzó su construcción en enero de 1896.

Las labores de albañilería terminaron en diciembre de ese mismo año.

Cuando el gobierno de los Estados Unidos declaró la guerra a España con el inicio del bloqueo naval, se realizaron trabajos especiales encaminados a aumentar el blindaje de sus muros en el frente marítimo. Estos consistieron en la colocación de rieles de ferrocarril cubiertos con capas de cemento Portland de 1,60 metros de espesor y un recubrimiento adicional de tierra apisonada de hasta doce metros, con el objetivo de contrarrestar los efectos de la potente artillería naval de la armada norteamericana.

Los trabajos recibieron la máxima prioridad y fueron controlados por el alto mando del ejército, incluido el Capitán General Ramón Blanco, según se aprecia en la edición del 30 de mayo de 1898, del Diario del Ejército:

 “Ayer en la tarde visitó el General en Jefe, las baterías de la costa de Barlovento, acompañado del General Pando, de los Generales Fuentes y Ruberté y el Coronel Kindelán. “El General Blanco recorrió primero la obra No. 1, de la cual pasó a la No. 2 y después a la de Velasco. “El General Fuentes, explicó sobre el terreno al General en Jefe, los proyectos en vías de ejecución para reforzar aún más la defensa de costas de este puerto, mereciendo la aprobación de S. E. “La cubrición de tierra de las obras va ya tocando a su fin”.
Dirigieron los trabajos los oficiales ingenieros comandante José Soroa y Sabater, y los capitanes Enrique del Toro y Evaristo García Eguía.





Explanada con parapeto y entrada de la galería de comunicación.
Emplazamiento de cañón Ordóñez




Dentro del plan de defensa del frente marítimo de la Plaza de La Habana, la Batería de costa fue designada por el alto mando español como obra de primera línea, en la cual se emplazaron dos baterías, una de cañones Ordóñez de largo alcance (1896) y otra auxiliar de cañones Nordenfeldt, que facilitó la Marina (abril de 1898), con el objetivo de incrementar el sistema de fuego con piezas de tiro rápido.
 




Explanada para emplazamiento del cañón Nordenfeldt






Estas piezas fueron desmontadas del crucero de primera clase Alfonso XII,
cuyas calderas inútiles le impedían navegar.

Conformaban la guarnición un jefe (comandante de la guarnición), capitán Víctor de la Tejera, tres oficiales, 137 artilleros de la 3ra. Compañía del 11 batallón del ejército, 108 voluntarios de la 3ra. compañía de movilizados de artillería y el personal auxiliar, que incluía dos obreros, dos telefonistas, telegrafista, médico, sanitario y ocho camilleros.

Se ejecutaba la dirección del fuego a través del puesto de observación de la batería y la estación telemétrica de San Diego, ubicada en el fuerte No. 4. Mediante las líneas telegráfica y telefónica se trasmitían las órdenes y los datos de la situación de los barcos, los cuales se reflejaban en un plano telemétrico de la costa a escala 1/10 000.
 
 
 
Batería de costa No. 1 (1898) Piezas de artillería
Clasificación    Calibre (en centímetros)    Peso (quilogramos)    Cantidad    Municiones
 Cañón Ordóñez
(Modelo 1885)              15cm                               6 500 Kg                      4                   74
 
Cañón Nordenfeldt
(Modelo 1893)              5,7cm                               2 999 Kg                       2                   81
 
Total                                                                                                               6                 155
 
Medios técnicos: un equipo telegráfico, un equipo de observación (anteojos) y dos teléfonos.
 
 
El período de bloqueo naval de La Habana no se caracterizó por acciones relevantes, los cañones de la batería de costa No. 1 realizaron fuego combativo los días 6 y 7 de mayo, al producirse el acercamiento de algunos barcos de la armada norteamericana.
Constituye la única fortificación colonial de su tipo que se conserva en el país y el resto del Caribe, representativa de los cambios tipológicos ocurridos a finales del siglo XIX y exponente del último sistema de fortificaciones construido por España en América.
Desde 1982 fue declarada, conjuntamente con el resto de las fortificaciones coloniales de la ciudad y el centro histórico de La Habana Vieja, Patrimonio de la Humanidad.
 
 
 
 

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