domingo, 7 de marzo de 2010

Fidel Castro, Enrique Ubieta y Orlando Zapata


Todas las personas nacemos de madre y padre, aunque hoy en día se encuentre de moda la reproducción in-vitro.
Solo un desalmado, al servicio de unos mosntruos (como los hermanos Castro Ruz) puede escribir, aunque le remuerda la conciencia (si es que tiene alguna), que Orlando Zapata es un “muerto útil”.
Extraña paradoja es, la de un país en que la expectativa de vida se compara con la del Primer Mundo, mientras que las condiciones de esa misma vida es infrahumana. ¿Es eso socialismo? ¿Vivir pendiente de lo que suministra (para comer) un desgobierno totalitario es vivir? ¿Vivir durante más de 50 años sin poder elegir que comida llevarse a la boca es vivir?
¡Ya! , me dirán, pero hay en el mundo quienes no tienen nada que llevarse a la boca. Y les respondo: Tienen razón, pero es que se trata del caso de Cuba y no del caso del mundo. ¿O es que acaso el conformismo es parte intrínseca del mal llamado socialismo?

Madre de Orlando Zapata
A las preguntas anteriores, Enrique Ubieta le llama “Ley y Honor”. ¡Es el colmo del absurdo!
Mire señor Ubieta, en mi país, a todo aquel que desaparece se le endilga un cartelito (subliminal) “desaparecido en el estrecho de La Florida, intentando acogerse a la Ley de Ajuste Cubano.
El caso de Orlando Zapata es un asesinato. Podían haberle preservado la vida como a tantos otros. Pero no. Al parecer la insignificancia del hijo de un obrero, un obrero mismo, no tenía el valor suficiente. Lo subestimaron. Dejaron correr el tiempo..., y murió de inanición, en un lugar que, según el periodista, nadie se muere de hambre.


No haga comparaciones con ningún otro país. Refiérase al suyo. Aun no había sido enterrado y ya Ubieta está publicando en Internet que el asesinado era un delincuente común. No dice que se encontraba preso y mucho menos que pertenecía al grupo de los 75 que encarcelaron en el año 2003.

Si usted, señor periodista, nació un año antes de 1959, debe haber sido muy mal estudiante de la historia de Cuba. Orlando Zapata no era tan delincuente como Fidel Castro. Recuerde que así le llamaron en su día (tras el fracasado asalto al Cuartel Moncada) a todos aquellos que participaron. Los autotitulados “generación del centenario” eran unos delincuentes con larga historia.
No sea cínico. Nadie que se atreva a escribir semejante barbaridad, puede lamentar esa muerte, mientras llama “hipócritas dolientes” a sus familiares y amigos.

Otro albañil, que murió de viejo, que había sido bandido (Juan Almeida) fue convertido en activista político de un régimen de oprobio y fue mano ejecutora de muchos cubanos.
¡Que canallada! ¿Como se atreve, ante la muerte, a escribir que una persona es imprescindible? Coincidimos solamente en que su muerte es el colmo de lo absurdo.
Esta vez se equivocaron. Nuca pensaron que se atrevería a cumplir su palabra. Pensaron que desistiría y fueron sus carceleros los que lo hostigaron y provocaron permanentemente, en una inútil persistencia, en un vano intento de quebrantar su voluntad.
Va más allá Ubieta. Dice que los médicos, que desatendieron a Zapata y se confabularon con sus torturadores, no escatimaron esfuerzos para preservarle la vida. No me refiero a los “médicos” de las cárceles por donde transitaron Zapata. Esos son tan torturadores como los funcionarios de prisiones del régimen. Estoy refiriéndome a los últimos que lo trataron y que ahora dicen (ellos) que ya no había nada que hacer.
Estos médicos, solo para salvar la honra, tienen el deber de denunciar el estado físico en que llegó, a sus manos, Zapata. De lo contrario, se convierten en cómplices de asesinato por encubrimiento.

Zapata no pudo, tan siquiera, tener un funeral digno. El dolor de familiares y amigos fue vilmente mancillado por las hordas represivas.
Ubieta llama buitres y mercenarios a los pocos medios que tuvieron la osadía de desafiar al régimen, asistiendo al funeral. Pretendían que, no solamente el pueblo cubano se enterase (como ya es costumbre) del asesinato. La noticia le da la vuelta al mundo. Hasta el presidente de Brasil se mostró perturbado ante el crimen y a Raúl Castro no le fue posible dar la callada por respuesta, haciendo un papel ridículo ante la prensa extranjera.
En el colmo de la desfachatez, Ubieta culpa (de la muerte de Zapata) a la disidencia, pero les llama “contrarrevolución”. ¿Cuál contrarrevolución? ¿Qué revolución? En momentos de duelo, el intento de hacer reír, agranda más el crimen señor Ubieta.

En mi país si hay torturados Raúl Castro y se ejecuta por orden expresa, mediante puestas en escena de juicios sumarísimos.
La declaración que hizo Raúl Castro, en presencia de Lula da Silva, desapareció y no ha sido transmitida por la televisión ni la radio oficialista del régimen de oprobio.
Zapata, de 42 años fue catalogado, como prisionero político por Amnistía Internacional tras su arresto en el 2003. Dio inicio a la huelga de hambre el pasado 3 de diciembre. Murió en un hospital de La Habana donde los médicos, de última hora, trataron de revivirlo. Los funcionarios de prisiones le dejaron agonizar durante semanas en celdas de aislamiento sin darle una atención médica adecuada.
Amnistía Internacional dijo que la muerte de Zapata demostraba la ‘‘crueldad'' del desgobierno del régimen totalitario.
En marzo del año pasado debió ser sometido a una operación debido a un coágulo cerebral producido a golpes por sus carceleros.
La decisión de la muerte de Zapata fue meticulosamente planificada.

A las momias que desgobiernan mi país, no les interesa que le levanten las sanciones económicas. Solo así podrán sostenerse hasta que desaparezcan, de forma natural, de la faz de la tierra. Esa es la verdadera política de los hermanos Castro Ruz. Cerrar filas para mantenerse hasta el fin de sus días en el poder. La orden de ensañamiento con los opositores está dada siempre.
Una vez más, digo que, las pretendidas conversaciones entre el gobierno español y el régimen de los hermanos Castro Ruz, nada tienen que ver con los derechos humanos, ni con la posición común europea. Si tiene mucho que ver con la deuda que tiene el régimen con los empresarios españoles que, a sabiendas del riesgo que corrían (al negociar con unos ladrones), en estos momentos se encuentran en cueros y con las manos en los bolsillos y sin perspectivas de que les paguen.
Los hermanos Castro Ruz, se pasan por el mismísimo forro, cualquier aviso, consejo, advertencia o solicitud que le haga un gobierno democrático, siempre y cuando no le hayan visto alguna ventaja a su favor. Con muertos (no importa cuantos, ni como, ni cuando) pretenden mantener las restricciones impuestas: embargo y posición común europea.

Los hermanos Castro Ruz no aceptan retos de nadie y mucho menos de una persona a la que tienen entre rejas. Son ellos los que imponen sus reglas. Es esa la forma en que han resuelto todos sus problemas, ante la tibieza de los gobiernos occidentales, a los cuales, verdaderamente, les importa poco la suerte del pueblo cubano, cuando de lo que se trata es de los bolsillos de los empresarios ibéricos y por, carácter adyacente, europeos.
La patriotería barata y el miedo al lobo imperialista, es la coartada que desde hace medio siglo enarbolan como estandarte y con lo que pretenden engañar a los pueblos del mundo. Otra vez le inventan (a la víctima) expedientes de preso común, “desviaciones” sexuales y morales, “contubernio” con una potencia extranjera. Da igual.
Tengo la convicción que el ejemplo de Zapata no caerá en saco roto. La indignación internacional hará posible que el pueblo cubano conozca la tragedia y algún día, ya no muy lejano, ese mismo pueblo ajustará cuentas a los, mal nacidos (como Ubieta) que queden vivos.