Fidelismo: Régimen político fundado en el predominio del totalitarismo de la miseria como elemento catalizador y aniquilador de riqueza.
Por Mario Armando Riva Morales
En eso se fue otra hora, hasta que, al fin, llegó un carro cuyo chofer
preguntó directamente por el jefe de los helicópteros, para llevarlo a
la casa del Coronel Harry Villegas.
Hasta ese momento todos desconocíamos que en Negage había un
Coronel cubano y mucho menos que éste fuera uno de los guerrilleros
del Che.
En un solo carro no cabíamos los ocho tripulantes y el representante.
Era preciso otro vehículo. El chofer insistió en que el Coronel Harry
me estaba esperando para comer.
Ya eran pasadas las cinco de la tarde, pero rechacé la proposición
diciéndole que pronto oscurecería y que antes de comer, necesitaba
ubicar a todo el personal.
Algo molesto, se marchó para volver con otro carro media hora
después. Mientras tanto, recordaba que el Che Guevara, o por lo
menos la idea que yo tenía del Che, era que jamás aceptaría ir a comer
con otra persona sin saber que sería de sus subordinados. En lo de
majadero nos parecíamos bastante.
Cuando llegamos a la casa de Villegas nos sorprendió el jardín florido
que la circundaba. Un sembrado de rosas de diferentes colores. Pero
eran una rosas grandes, no como las que acostumbraban a ver en
Cuba. Luego Harry nos explicó que el mismo las cuidaba y que esas
rosas eran de una calidad desconocida en Cuba y que era el clima las
que las mantenía así de rozagantes.
Al final, todos, incluyendo a los “racalistas” pasamos la noche en casa
de Harry Villegas en Negage. Todos comimos en la misma mesa y
todos dormimos placenteramente. No nos podíamos imaginar lo que
nos esperaba al día siguiente.
En las primeras horas del día 19 de mayo del año 1978, al segundo día
de la catástrofe, nos encontrábamos redactando el informe de los
hechos cuando, seguido a una fuerte detonación, sobre nuestras
cabezas se desplomó el falso techo del local donde nos encontrábamos. A Luna le sangraba la cara, y pistola en mano
gesticulaba. Machado, el copiloto del helicóptero gritaba "morteros".
La triste realidad era que por descuido se habían reventado unas
espoletas de mercurio se encontraban en la oficina del Coronel
Villegas dentro de una lata que estaba siendo utilizada como cenicero
por uno de los compañeros allí reunidos. Este descuido le costó a
Villegas que una esquirla se le alojara en un testículo. El fumador
perdió un dedo.
La responsabilidad por la muerte de 15 compañeros, que iban a bordo
del helicóptero se le podía haber atribuido a:
Falta de información sobre la situación real del FNLA-UNITA
en la región.
Carencia de una estrecha cooperación entre los diferentes tipos
de unidades, presentes en el teatro de operaciones militares.
Falta de conocimiento del jefe militar cubano, sobre los acontecimientos.
Increíblemente todo quedó en el limbo. Nos habían enviado a operar
bajo el mando FAPLA, algo verdaderamente insólito.
El documento que portaba el representante del jefe del regimiento,
más el hecho de no ser, directamente el jefe de la operación, sirvió
para que la soga no se rompiera por su lado más débil, aunque sé que,
el que luego sería Jefe de las Tropas de la DAAFAR, en Cuba
(General Martínez Puentes) tratara, infructuosamente, de achacarme
la responsabilidad de la catástrofe.
Marcos Cairo (Jefe del E.M. del Regimiento Aéreo), de forma
confidencial, me dijo que Martínez Puentes le había preguntado si no
sería que yo me hubiese apendejado. Para el alto mando militar
cubano todo se reducía mariconería o pendejismo. Todo el que tuviera
criterios y opiniones caían inexorablemente en este preconcepto
macho-ignorante.
Al parecer alguien trató de culpar a Villegas. Durante los días
subsiguientes al derribo de la tripulación de Emilio, le conté a Villegas a cerca de la orden del jefe de la MMCA en relación a la
subordinación de los helicópteros al mando FAPLA. Salimos ese
mismo día para Luanda. Villegas quería conversar con el General
Tomasevich.
Sabiendo que las condiciones meteorológicas en Uige nos eran
favorables pudimos relajar y hasta se darnos el lujo de dejar volar al
piloto automático.
Aun nos faltaban unos veinte minutos para llegar al destino y la
conversación entre los tripulantes del helicóptero líder derivó hacia la
actitud de Emilio antes del despegue.
Machado comentó:
“Emilio ha estado recibiendo cartas muy extrañas, en relación su hijo”. “Creo que algo anda mal en su matrimonio”.
Diosmel, el técnico de vuelo dijo:
“El plan vacacional se ha realizado a la carrera y aunque, de inicio, no
estaban contempladas las vacaciones, no hay nada en blanco y negro”.
Les miré, un poco picado e intenté razonar:
“Escuchen, todos conocemos que la disposición de cumplir «misiones
internacionalistas», lleva implícita la entrega de toda la capacidad
individual.
Recuerden aquella frase del Che Guevara en su carta de despedida”*:
“Que no le dejo nada material a mis hijos y a mi familia”. “Y no me
apena, me alegro que así sea, pues se que el Estado...”
Pero es que el Che Guevara era una persona individual, no una
institución. A muchos les parecía que les estuvieran tratando como si
todos fuesen el Che Guevara. Esto último debe haber pasado por la
mente de todos, pero ninguno se atrevió a comentarlo.
El caso era que, los rumores decían que el cumplimiento de la misión
se consideraría una vez vencidos 365 días desde el inicio de la misma
o una vez superadas las 300 horas de vuelo.
Diosmel estaba claro. Como otras tantas cosas, no había nada en
blanco y negro. El mando superior podía cambiar de criterio, en
dependencia hacia donde soplara el viento.
El Tte. Coronel (r) Oscar Machado Hernández (compañero y amigo), leyendo el libro
No habían transcurrido más de 4 meses desde el inicio de la misión y
ya todos los elementos de la escuadrilla habían superado las 300 horas
de vuelo. Solamente en el “Ejercicio Táctico en Campaña” habían
consumido 250 horas de vuelo, cada uno, y gastado, en total, más de
3 mil cohetes C-5 y más de 200 toneladas de combustible de aviación.
Solamente en lo que se refería a los helicópteros, el ETC había
costado aproximadamente 5 millones de dólares.
Una vez terminado el ETC y ya de regreso en Luanda, un poco antes
de los acontecimientos de Cassinga, había llegado una comisión del
Alto Mando del Ministerio de las Fuerzas Armadas, compuesto por
todas las armas existentes en Angola.
Al frente de la DAAFAR venía el General Francisco Cabrera y
representando a la Sección de Aviación el Coronel Martínez Puentes.
Esta comisión había dado la orden de realizar un plan vacacional para
todos los pilotos de aviación.
Las unidades subordinadas nunca llegaron a enterarse cuales habían
sido los parámetros tenidos en cuenta para llegar a semejante decisión
pero, por supuesto que, se hacían conjeturas.
Una de ellas se trataba sobre la imposibilidad de cubrir las
necesidades de un territorio tan extenso, con la poca cantidad de
pilotos que contaba la aviación cubana.
Se imponía el incremento del tiempo de cumplimiento de misión.
Sabía, que el problema de Valdespino (copiloto de Emilio) era
parecido y diferente al de Emilio.
Había sido testigo presencial, en la base aérea de Santa Clara, de la
infidelidad de la mujer (de Valdespino) con un funcionario de la Contra
Inteligencia Militar (CIM).
Esto era lo que había determinado la inclusión de aquel piloto, recién
casado, para el cumplimiento de aquella “misión internacionalista”.
Era un secreto a voces, pero nadie se atrevía a plantearlo. Mucho
menos el piloto en cuestión.
Ambos hombres parecían muy amigos. Tan amigos que hasta
compartían la misma mujer.
La tripulación de Morell había estado dos veces a punto de ser
derribada. En una de ellas, el copiloto (de apellido Bruzón) había
resultado herido en el pie izquierdo. En otra ocasión el fuego enemigo
les averío el sistema hidráulico, que de no ser por la actuación del
técnico de vuelo, aquello hubiera terminado en catástrofe.
Al realizar el plan vacacional, había tenido en cuenta todos estos
aspectos. Otro factor que se había tenido en cuenta era el del stress
provocado como consecuencia de las acciones combativas. Por esa
razón, la tripulación de Morell había sido la primera en disfrutar de
unas vacaciones bien merecidas.
En el mes de marzo, nadie hubiera imaginado que surgiría una
operación tan extraña como esta del café.
Se suponía, y de esa forma se lo había pedido a Lachiondo, que la
tripulación de Emilio permaneciera en Luanda hasta que regresara la
de Morell y mientras tanto se cumplirían misiones puntuales
relacionadas con nuestras aviación en tares de Búsqueda, Salvamento
y Rescate (BSR).
De acuerdo a las instrucciones políticas pre-campaña, las tropas
cubanas no se encontraban en Angola para dirimir o intermediar en
asuntos internos entre FNLA, UNITA o el MPLA.
Supuestamente, las tropas cubanas habían sido enviadas para Angola
solamente para actuar contra las fuerzas “mercenarias”, contratadas
por Holden Roberto y contra las Fuerzas de Defensa de África del
Sur.
Habíamos escuchado comentarios en relación con el intento de golpe
de estado y la culpabilidad de un tal Nito Alves*. Para mí, un perfecto
desconocido. La participación cubana en el aborto del golpe había
recibido una insignificante cobertura en los medios de la prensa
nacional cubana.
Nito Alves
Poco antes de llegar a Negage se disipó el manto de nubes. Ahora,
con visibilidad ilimitada, podíamos apreciar claramente la diferencia
de altura de la meseta donde estaba ubicado el aeródromo. Por debajo
de la meseta se extendía la capa de nubes.
Faltándonos 30 kilómetros para llegar al aeródromo intentamos
establecer comunicación con la torre de control, sin resultado alguno.
Ya casi en fase de aproximación a la pista 34 logramos la primera
comunicación. El viento permanecía en calma.
Negage AB-3
La persona que se encontraba del otro lado del espectro radiofónico
no era un profesional de la aviación. El lenguaje que utilizaba, a pesar
de ser español y con claros rasgos cubanos, no tenía nada que ver con
la forma habitual. Luego supimos que era un soldado de una unidad
de comunicaciones, designado para atender la torre de control en caso
de necesidad.
Después del aterrizaje ambos helicópteros se dirigieron a la rampa de
vuelos y estacionaron en el lugar que les fue indicado por el radio-
operador.
Aquel aeródromo no tenía movimiento alguno. Tanto es así que
permanecimos al lado de los helicópteros durante media hora sin ser
atendidos. Intentamos hablar nuevamente con la torre de control, sin
resultado.
Fue así que le pedí al representante del regimiento aéreo que se
dirigiera hacia el área poblada. Necesitábamos re-abastecer los
helicópteros y puntualizar la protección de los mismos antes de
dirigirnos a cualquier otra parte.
Una hora más tarde apareció la “paila” de combustible. Era así como
el personal de la aviación cubana, se refería al camión cisterna.
Una vez re-abastecidos los helicópteros se marchó “la paila” y
nuevamente a esperar, hasta que pasados otros 20 minutos se
aproximó un grupo de soldados.
No parecían componer una unidad. Más bien tenían el aspecto de un
grupo de mirones. Avancé hacia el grupo preguntándoles cuáles eran
sus intenciones. Respondieron que les habían ordenado cuidar de los
helicópteros, pero que ellos no tenían idea de que hacer. Una vez
concluidos los saludos y de haberse identificado los unos con los
otros, los técnicos de vuelo comenzaron a explicarles los pormenores
que debían proteger y “no tocar”, así como el perímetro necesario a
cubrir.
De repente creí oír mi nombre. A gritos me llamaban desde el área
poblada. Agucé la vista y creí ver una cara conocida, pero no lograba
identificarla. Hacia mí venía, a toda carrera, un hombre corpulento
que al parecer vestía uniforme de cocinero. Se abrazó a mí. Se veía
emocionado. Sin embargo, yo no tenía la más remota idea de quién
podía ser. Me dijo:
“- Soy Batista, el que se casó con Amalyn Delgado”.
¡Me caí de la mata! Me había reconocido y yo no tenía la más mínima
idea de que él estuviera en Angola. ¡Así son las cosas!
Batista había sido integrante de la selección nacional de polo acuático
y yo tan solo lo conocía vista. Habían pasado muchos años. Hacía
más de 10 que me había retirado de la natación y nunca me había
gustado jugar water polo.
Conversamos un buen rato. Me contó que ahora trabajaba de policía
en el barrio de Santa Fe y se encontraba cumpliendo misión como
cocinero. En fin, que Amalyn le había dicho que yo estaba en Angola.
Aun sigo sin tener idea de cómo se enteró. Claro, a ella si que la
conocía de la natación.
Llamaba la atención, que a cualquier lugar donde llegásemos, siempre
se producía el mismo ritual de identificación, en ninguna parte
estipulado. Todos querían saber de qué parte de Cuba procedían los
otros. Cuando alguno coincidía, se formaba gran alboroto y
comenzaba entonces el interrogatorio con el fin de determinar si
ambos tenían amigos comunes y hasta incluso familiares.
Nota * Digo que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo
y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser
fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política
exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la
responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer
nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les
dará lo suficiente para vivir y educarse. Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo,
pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la
pena emborronar cuartillas5
.
Hasta la victoria siempre, ¡Patria o Muerte!
Te abrazo con todo fervor revolucionario,
Che
Nota: * Nito Alves, nascido Alves Bernardo Baptista (Piri, Dembos, Angola, 23 de Julho de 1945 – Luanda, 1977), foi ministro do Interior de Angola desde a independência em 11 de Novembro de 1975, até à data em que o presidente Agostinho Neto aboliu o cargo em Outubro de 1976.
Para tener una idea de, en donde se desarrollaban las acciones
El Mayor Darío, oficial al mando de la Inteligencia Militar y asesor
del General Tomasevich para la operación, se burlaba de los pilotos
de helicópteros. Muchas veces decía que andaban perdidos y otras que
les faltaba decisión a la hora de enfrentar situaciones.
Ante semejante pedantería, el Coronel Lachiondo, permanecía
callado mientras que, en mi calidad de jefe de la pequeña unidad,
intentaba hacerles entender el funcionamiento de los aviones y los
helicópteros.
Todo era en vano. Aquellos jefes solo querían tener resultados y no
les importaba otra cosa que no fuera el atrapar a Savimbi.
Ante las nuevas órdenes que el Coronel Lachiondo me impartía,
estaba llegando a la conclusión, no de que hubiera gato encerrado,
sino que el gato al que pretendían encerrar era a mi mismo.
Era la primera vez que ejercía el cargo de jefe de una escuadrilla.
Hasta el momento solo había desempeñado los cargos de copiloto y
jefe de nave. Sabía perfectamente que adolecía de experiencia y mucho menos de experiencia combativa, pero conocía de la existencia
de una orden del Jefe de la MMCA, anterior a la toma de posesión del
General Tomasevich, la cual prohibía la subordinación de tropas
cubanas al mando FAPLA.
Muy “diplomáticamente” se lo dejé entrever al Coronel Lachiondo y
la reacción de éste fue decepcionante.
En fracciones de segundos, el tono blanco pálido de la piel del
Coronel, pasó al escarlata intenso y llegó, por espacio de varios
segundos a tener un tono morado.
En ese momento pensé que no era para tanto, pero acto seguido pude
ver que había tocado un punto sensible o que Lachiondo me estaba
“guardando” el incidente con el Jefe de Operaciones de la MMCA.
Por muy cierto que fuera, nunca debí expresar que lo que me
planteaban, fuera una “mierda”. Es mejor callar, sobre todo cuando lo
que el interlocutor quiere escuchar es todo lo contrario.
¿Qué es verdad que menospreciaban la técnica de helicópteros?
¿Alguna vez dejaron de hacerlo?
¿Qué es verdad que los jefes superiores de las Fuerzas Armadas de
Cuba desconocían las posibilidades de ese tipo de técnica de
combate?
¿Alguna vez apreciaron el arma aérea, fuese cual fuese?
Muchos de nuestros jefes de las tropas terrestres subestimaban nuestra
técnica de combate, sin tener en cuenta, que al igual que en cualquier
deporte colectivo, las misiones o jugadas se fundamentan en la
preparación, el talento y la experiencia del equipo (tripulaciones en
nuestro caso).
En lugar de tener un exabrupto, que era lo que había sucedido en la
ocasión anterior, esta vez el Coronel Lachiondo se relajó y comenzó a
explicar que la orden provenía del mando superior a instancias el
propio Presidente Agostino Neto.
Tal vez quería dar a entender que detrás de Neto se encontraba Fidel
Castro, pero no se atrevió a mencionarlo.
No obstante, aun no estaba convencido de que no hubiera “gato
encerrado”, y de la forma más modesta que pude, acentuando mi poca
experiencia como jefe, sugerí que el Regimiento Aéreo enviara una
representación ante el Mayor Foguetón, que estuviera en condiciones
de tomar decisiones.
Lo más seguro es que Lachiondo haya considerado, que aquella
petición, tan ridícula en un militar al que le era asignada una misión
de magnitud estatal, fuese otra cosa que un punto negro en el
expediente militar del solicitante y, acabó por enviar “su”
representación ante el mando angolano.
El representante se llamaba Jorge Luis. Era navegante de orientación
del Regimiento Aéreo. Los navegantes de orientación se encontraban
subordinados al Puesto de Mando (PM) del Regimiento Aéreo,
directamente al Jefe de Operaciones y, por tanto, al Jefe del Estado
Mayor del Regimiento.
Tal cual se presentaban los hechos, estaba (cada vez más) convencido
de que aquello era algo fuera de lo común. Mis reflexiones siempre
llegaban a una misma conclusión:
La propaganda política insistía en que los combatientes cubanos y
angolanos se encontraban hermanados por lazos de sangre históricos y
bla, bla, bla. Que los cubanos eran deudores de los africanos
esclavizados en su tierra durante siglos y bla, bla, bla.
Toda esa propaganda podía ser asimilable, aunque siempre existiera la
duda de su autenticidad. Pero de ahí a subordinar hombres,
armamentos y unidades militares a un mando extranjero se salía del
sentido común.
Por supuesto: “Las órdenes se cumplen y no se discuten”.
En aquel entonces era un insignificante jefe de escuadrilla que me
había pasado de la raya. Este y varios otros encontronazos
administrativos, siempre pesarían más en la balanza y nunca a mi
favor.
Jamás contaría en mi expediente, haberme destacado en las acciones
combativas. Por lo menos no, en estas.
Por último y antes de pedir permiso para retirarme, consideré
oportuno analizar con Lachiondo el caso de un piloto que
obligatoriamente tendría que formar parte de los tripulantes que
partiríamos hacia Negage al día siguiente.
Al concluir el “Ejercicio Táctico en Campaña” había quedado un
helicóptero en Menongue, a las órdenes del Mayor Toledo que era el
jefe de las tropas cubanas en aquella región.
La función del helicóptero que había quedado en Menongue era
diversa. Desde el traslado de heridos y personal general, hasta la de
“chofer aéreo” del Mayor Toledo, quien fungía como el militar
cubano de mayor graduación en toda la Angola centro y sur-oriental. El piloto al frente del helicóptero que había quedado en Menongue
era de apellidos González Rivas.
Emilio no se caracterizaba por sus
dotes de piloto. Procedía de un curso teórico-práctico impartido por
los soviéticos en Cuba, finalizada la Crisis de Octubre.
Los rusos habían llevado, junto con los cohetes estratégicos, un
numeroso material de guerra. Regimientos aéreos de caza
interceptores, caza-bombarderos de mediano alcance, dos regimientos
de helicópteros, que ascendían al número de 100 unidades (aproximadamente) y otros
tipos de armamentos, tanto terrestres como marítimos.
La operación Anadyr* fue el código utilizado por la Unión Soviética
para la operación secreta destinada a desplegar misiles balísticos,
bombarderos y una división de infantería mecanizada en Cuba y crear
una fuerza capaz de “prevenir” o “defender” la isla, de una invasión
por parte de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
Una vez concluida la crisis, los soviéticos consideraron que era un
gasto innecesario repatriar todo esos medios y que tal vez ayudaría a
paliar la ridícula posición en la que habían quedado, si entregaban gratuitamente todo el armamento no estratégico (nuclear), entrenaban
a los cubanos y retiraban solamente parte del personal.
Emilio terminó el curso de piloto con muy bajas calificaciones, solo
suficiente para ser copiloto desde finales de 1962 hasta muy entrada la
década de los años 70, cuando fue ascendido a Jefe de Nave. Era
1er Teniente por antigüedad. En su fuero interno, Emilio consideraba
que él y no otro, debía ser el jefe de la escuadrilla y se le notaba
descontento por encontrarse subordinado a una persona que había
comenzado a volar en 1970.
De todo el personal piloto de la escuadrilla, el único que volaba desde
principios de la década de los 60 era Emilio.
Por supuesto, Emilio no se atrevía a reconocer públicamente lo que
pensaba, pero todos intuíamos que eso mismo era lo que le había
inducido a promover su candidatura como secretario general del núcleo del partido, cuando todos los pilotos rehuían esa
“responsabilidad”.
Para Emilio, ser el “dueño” de la fuerza política, consistía en poder
influir en las decisiones de los jefes de los departamentos técnicos y
hasta en la forma de pensar de los tripulantes, incluyendo al jefe de la
escuadrilla.
Una vez alcanzado su propósito, Emilio se sintió con poder y en más
de una ocasión sacó las garras.
Durante el “Ejercicio Táctico en Campaña” no le había ido mal. Solo
había presentado problemas de técnica de pilotaje durante un
aterrizaje entre dos luces casi al caer la noche y con una tormenta
tropical cerrando el campo de vuelo.
Era el penúltimo elemento (de los cinco helicópteros) y por la radio se
le escuchaba muy nervioso.
Su peor rasgo siempre fue la indecisión.
Para hacer honor a la verdad, la situación meteorológica a la que nos
vimos sometidos durante el aterrizaje, fue sin duda, una de las peores
que puede encontrar un piloto en su carrera.
Aterrizar o despegar entre dos luces ocurre en el lapso de tiempo
existente antes de la salida y después de la puesta del sol (crepúsculo)*. Es el
espacio de tiempo, en que no es de día, pero tampoco es de noche.
Aunque para el común de los mortales pase inadvertido, es el
momento del día en que no se consigue enfocar bien la visión.
Si aparte de esto añadimos una tormenta tropical y ser el penúltimo
elemento de la formación, nos puede dar la medida del stress a que se
encontró sometido Emilio, sin contar la cantidad de tareas de combate
cumplidas hasta la fecha.
Aquel día Emilio estuvo a punto de abortar el aterrizaje. Si no lo hizo
fue debido al escaso nivel de combustible y las condiciones
meteorológicas que le obligarían a un aterrizaje fuera del aeródromo y
prácticamente en las mismas condiciones. Poco faltó para que no le
alcanzaran los 2 mil 200 metros de la pista de Menongue para
aterrizar. Morell, el último número de la formación ya se encontrabaen tierra, mientras el helicóptero de Emilio se aproximaba
peligrosamente al helicóptero precedente.
Habíamos coincidido en Cuba en la misma unidad. No como pilotos,
sino como compañeros de preparación física. Corríamos todas las
tardes entre tres y cinco kilómetros. Emilio corría con un traje de
protección química que lo hacía sudar a mares. Un día le dijeron que
lo que estaba haciendo podía resultar perjudicial. Emilio respondió
que necesitaba bajar 20 libras de peso, como mínimo. Tenía tendencia
a la obesidad.
Era una persona acomplejada. Hacía poco tiempo había contraído
matrimonio con una muchacha de la playa de Santa Fe, en las
proximidades de La Habana. El era negro, la muchacha de piel
bronceada y..., en Cuba estos casos se anotaban, y aun se anotan, en
el censo de población, como perteneciente a la raza blanca, aunque en
realidad fuese mulata.
Su primer complejo era el ser negro. Su segundo complejo era el no
haber sido promovido al cargo de jefe de nave en más de diez años,
imposibilitándole ascender en el escalafón jerárquico y aun estando
casado con una “blanca”, que para él significaba un “non plus ultra”.
Este era otro de sus complejos. ¡Insuperable!
No obstante, a la hora de la verdad, Emilio conocía sus limitaciones
técnicas y trataba de no cometer imprudencias. Su carácter indeciso y
esa, llamémosle “virtud”, de conocer sus limitaciones, hacían de
Emilio un piloto conservador empedernido.
Y lo mejor que puede pasarle a un piloto conservador es, pasar a
retiro.
Las características de un buen piloto deben ser, su excelente
preparación. No ser impulsivo, pero ser capaz de tomar decisiones
acertadas en un mínimo lapso de tiempo y ser flexible ante la
aplicación práctica de la lista de emergencia de cada aeronave.
Entender que, estas listas, son una ayuda y no la forma de
enfrentarlas, pues las emergencias nunca se presentan tal cual
aparecen en los manuales.
* Nota: La Operación Anádir (en ruso: Анадырь операция) fue el nombre en código usado por las autoridades de la desaparecida Unión Soviética para referirse a su estrictamente secreto emplazamiento de misiles balísticos nucleares en Cuba.
* Nota: Se llama crepúsculo a cierto intervalo antes de la salida o después de la puesta del Sol, durante el cual el cielo se presenta iluminado. El crepúsculo se produce porque la luz del Sol ilumina las capas altas de la atmósfera.