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jueves, 25 de julio de 2024

La Guerra Innecesaria Capítulo 3 La Peligrosa Ruta del Café



En eso se fue otra hora, hasta que, al fin, llegó un carro cuyo chofer preguntó directamente por el jefe de los helicópteros, para llevarlo a la casa del Coronel Harry Villegas.
Hasta ese momento todos desconocíamos que en Negage había un Coronel cubano y mucho menos que éste fuera uno de los guerrilleros del Che.

En un solo carro no cabíamos los ocho tripulantes y el representante. Era preciso otro vehículo. El chofer insistió en que el Coronel Harry me estaba esperando para comer.
Ya eran pasadas las cinco de la tarde, pero rechacé la proposición diciéndole que pronto oscurecería y que antes de comer, necesitaba ubicar a todo el personal.

Algo molesto, se marchó para volver con otro carro media hora después. Mientras tanto, recordaba que el Che Guevara, o por lo menos la idea que yo tenía del Che, era que jamás aceptaría ir a comer con otra persona sin saber que sería de sus subordinados. En lo de majadero nos parecíamos bastante.

Cuando llegamos a la casa de Villegas nos sorprendió el jardín florido que la circundaba. Un sembrado de rosas de diferentes colores. Pero eran una rosas grandes, no como las que acostumbraban a ver en Cuba. Luego Harry nos explicó que el mismo las cuidaba y que esas rosas eran de una calidad desconocida en Cuba y que era el clima las que las mantenía así de rozagantes.

Al final, todos, incluyendo a los “racalistas” pasamos la noche en casa de Harry Villegas en Negage. Todos comimos en la misma mesa y todos dormimos placenteramente. No nos podíamos imaginar lo que nos esperaba al día siguiente.

En las primeras horas del día 19 de mayo del año 1978, al segundo día de la catástrofe, nos encontrábamos redactando el informe de los hechos cuando, seguido a una fuerte detonación, sobre nuestras cabezas se desplomó el falso techo del local donde nos encontrábamos. A Luna le sangraba la cara, y pistola en mano gesticulaba. Machado, el copiloto del helicóptero gritaba "morteros".

La triste realidad era que por descuido se habían reventado unas espoletas de mercurio se encontraban en la oficina del Coronel Villegas dentro de una lata que estaba siendo utilizada como cenicero por uno de los compañeros allí reunidos. Este descuido le costó a Villegas que una esquirla se le alojara en un testículo. El fumador perdió un dedo.

La responsabilidad por la muerte de 15 compañeros, que iban a bordo del helicóptero se le podía haber atribuido a:

  • Falta de información sobre la situación real del FNLA-UNITA en la región.

  • Carencia de una estrecha cooperación entre los diferentes tipos de unidades, presentes en el teatro de operaciones militares.

  • Falta de conocimiento del jefe militar cubano, sobre los acontecimientos.

    Increíblemente todo quedó en el limbo. Nos habían enviado a operar bajo el mando FAPLA, algo verdaderamente insólito.
    El documento que portaba el representante del jefe del regimiento, más el hecho de no ser, directamente el jefe de la operación, sirvió para que la soga no se rompiera por su lado más débil, aunque sé que, el que luego sería Jefe de las Tropas de la DAAFAR, en Cuba (General Martínez Puentes) tratara, infructuosamente, de achacarme la responsabilidad de la catástrofe.

    Marcos Cairo (Jefe del E.M. del Regimiento Aéreo), de forma confidencial, me dijo que Martínez Puentes le había preguntado si no sería que yo me hubiese apendejado. Para el alto mando militar cubano todo se reducía mariconería o pendejismo. Todo el que tuviera criterios y opiniones caían inexorablemente en este preconcepto macho-ignorante.

    Al parecer alguien trató de culpar a Villegas. Durante los días subsiguientes al derribo de la tripulación de Emilio, le conté a Villegas a cerca de la orden del jefe de la MMCA en relación a la subordinación de los helicópteros al mando FAPLA. Salimos ese mismo día para Luanda. Villegas quería conversar con el General Tomasevich. 



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miércoles, 24 de julio de 2024

La Guerra Innecesaria Capítulo 3 La Peligrosa Ruta del Café continuación



                                       Versión a la lengua portuguesa


Sabiendo que las condiciones meteorológicas en Uige nos eran favorables pudimos relajar y hasta se darnos el lujo de dejar volar al piloto automático.

Aun nos faltaban unos veinte minutos para llegar al destino y la conversación entre los tripulantes del helicóptero líder derivó hacia la actitud de Emilio antes del despegue.

Machado comentó:

“Emilio ha estado recibiendo cartas muy extrañas, en relación su hijo”. “Creo que algo anda mal en su matrimonio”.

Diosmel, el técnico de vuelo dijo:

“El plan vacacional se ha realizado a la carrera y aunque, de inicio, no estaban contempladas las vacaciones, no hay nada en blanco y negro”.

Les miré, un poco picado e intenté razonar:

“Escuchen, todos conocemos que la disposición de cumplir «misiones internacionalistas», lleva implícita la entrega de toda la capacidad individual.
Recuerden aquella frase del Che Guevara en su carta de despedida”*: “Que no le dejo nada material a mis hijos y a mi familia”. “Y no me apena, me alegro que así sea, pues se que el Estado...”

Pero es que el Che Guevara era una persona individual, no una institución. A muchos les parecía que les estuvieran tratando como si todos fuesen el Che Guevara. Esto último debe haber pasado por la mente de todos, pero ninguno se atrevió a comentarlo.

El caso era que, los rumores decían que el cumplimiento de la misión se consideraría una vez vencidos 365 días desde el inicio de la misma o una vez superadas las 300 horas de vuelo.
Diosmel estaba claro. Como otras tantas cosas, no había nada en blanco y negro. El mando superior podía cambiar de criterio, en dependencia hacia donde soplara el viento. 


El Tte. Coronel (r) Oscar Machado Hernández (compañero y amigo), leyendo el libro


No habían transcurrido más de 4 meses desde el inicio de la misión y ya todos los elementos de la escuadrilla habían superado las 300 horas de vuelo. Solamente en el “Ejercicio Táctico en Campaña” habían consumido 250 horas de vuelo, cada uno, y gastado, en total, más de 3 mil cohetes C-5 y más de 200 toneladas de combustible de aviación. Solamente en lo que se refería a los helicópteros, el ETC había costado aproximadamente 5 millones de dólares.

Una vez terminado el ETC y ya de regreso en Luanda, un poco antes de los acontecimientos de Cassinga, había llegado una comisión del Alto Mando del Ministerio de las Fuerzas Armadas, compuesto por todas las armas existentes en Angola.

Al frente de la DAAFAR venía el General Francisco Cabrera y representando a la Sección de Aviación el Coronel Martínez Puentes. Esta comisión había dado la orden de realizar un plan vacacional para todos los pilotos de aviación.

Las unidades subordinadas nunca llegaron a enterarse cuales habían sido los parámetros tenidos en cuenta para llegar a semejante decisión pero, por supuesto que, se hacían conjeturas.

Una de ellas se trataba sobre la imposibilidad de cubrir las necesidades de un territorio tan extenso, con la poca cantidad de pilotos que contaba la aviación cubana.
Se imponía el incremento del tiempo de cumplimiento de misión.

Sabía, que el problema de Valdespino (copiloto de Emilio) era parecido y diferente al de Emilio.
Había sido testigo presencial, en la base aérea de Santa Clara, de la infidelidad de la mujer (de Valdespino) con un funcionario de la Contra Inteligencia Militar (CIM).

Esto era lo que había determinado la inclusión de aquel piloto, recién casado, para el cumplimiento de aquella “misión internacionalista”. Era un secreto a voces, pero nadie se atrevía a plantearlo. Mucho menos el piloto en cuestión. 

Ambos hombres parecían muy amigos. Tan amigos que hasta compartían la misma mujer.

La tripulación de Morell había estado dos veces a punto de ser derribada. En una de ellas, el copiloto (de apellido Bruzón) había resultado herido en el pie izquierdo. En otra ocasión el fuego enemigo les averío el sistema hidráulico, que de no ser por la actuación del técnico de vuelo, aquello hubiera terminado en catástrofe.

Al realizar el plan vacacional, había tenido en cuenta todos estos aspectos. Otro factor que se había tenido en cuenta era el del stress provocado como consecuencia de las acciones combativas. Por esa razón, la tripulación de Morell había sido la primera en disfrutar de unas vacaciones bien merecidas.

En el mes de marzo, nadie hubiera imaginado que surgiría una operación tan extraña como esta del café.
Se suponía, y de esa forma se lo había pedido a Lachiondo, que la tripulación de Emilio permaneciera en Luanda hasta que regresara la de Morell y mientras tanto se cumplirían misiones puntuales relacionadas con nuestras aviación en tares de Búsqueda, Salvamento y Rescate (BSR).

De acuerdo a las instrucciones políticas pre-campaña, las tropas cubanas no se encontraban en Angola para dirimir o intermediar en asuntos internos entre FNLA, UNITA o el MPLA.
Supuestamente, las tropas cubanas habían sido enviadas para Angola solamente para actuar contra las fuerzas “mercenarias”, contratadas por Holden Roberto y contra las Fuerzas de Defensa de África del Sur.

Habíamos escuchado comentarios en relación con el intento de golpe de estado y la culpabilidad de un tal Nito Alves*. Para mí, un perfecto desconocido. La participación cubana en el aborto del golpe había recibido una insignificante cobertura en los medios de la prensa nacional cubana. 


                                                            Nito Alves

Poco antes de llegar a Negage se disipó el manto de nubes. Ahora, con visibilidad ilimitada, podíamos apreciar claramente la diferencia de altura de la meseta donde estaba ubicado el aeródromo. Por debajo de la meseta se extendía la capa de nubes.

Faltándonos 30 kilómetros para llegar al aeródromo intentamos establecer comunicación con la torre de control, sin resultado alguno. Ya casi en fase de aproximación a la pista 34 logramos la primera comunicación. El viento permanecía en calma.

                                           Negage AB-3

La persona que se encontraba del otro lado del espectro radiofónico no era un profesional de la aviación. El lenguaje que utilizaba, a pesar de ser español y con claros rasgos cubanos, no tenía nada que ver con la forma habitual. Luego supimos que era un soldado de una unidad de comunicaciones, designado para atender la torre de control en caso de necesidad.

Después del aterrizaje ambos helicópteros se dirigieron a la rampa de vuelos y estacionaron en el lugar que les fue indicado por el radio- operador.

Aquel aeródromo no tenía movimiento alguno. Tanto es así que permanecimos al lado de los helicópteros durante media hora sin ser atendidos. Intentamos hablar nuevamente con la torre de control, sin resultado.

Fue así que le pedí al representante del regimiento aéreo que se dirigiera hacia el área poblada. Necesitábamos re-abastecer los helicópteros y puntualizar la protección de los mismos antes de dirigirnos a cualquier otra parte.

Una hora más tarde apareció la “paila” de combustible. Era así como el personal de la aviación cubana, se refería al camión cisterna.
Una vez re-abastecidos los helicópteros se marchó “la paila” y nuevamente a esperar, hasta que pasados otros 20 minutos se aproximó un grupo de soldados. 

No parecían componer una unidad. Más bien tenían el aspecto de un grupo de mirones. Avancé hacia el grupo preguntándoles cuáles eran sus intenciones. Respondieron que les habían ordenado cuidar de los helicópteros, pero que ellos no tenían idea de que hacer. Una vez concluidos los saludos y de haberse identificado los unos con los otros, los técnicos de vuelo comenzaron a explicarles los pormenores que debían proteger y “no tocar”, así como el perímetro necesario a cubrir.

De repente creí oír mi nombre. A gritos me llamaban desde el área poblada. Agucé la vista y creí ver una cara conocida, pero no lograba identificarla. Hacia mí venía, a toda carrera, un hombre corpulento que al parecer vestía uniforme de cocinero. Se abrazó a mí. Se veía emocionado. Sin embargo, yo no tenía la más remota idea de quién podía ser. Me dijo:

“- Soy Batista, el que se casó con Amalyn Delgado”.

¡Me caí de la mata! Me había reconocido y yo no tenía la más mínima idea de que él estuviera en Angola. ¡Así son las cosas!

Batista había sido integrante de la selección nacional de polo acuático y yo tan solo lo conocía vista. Habían pasado muchos años. Hacía más de 10 que me había retirado de la natación y nunca me había gustado jugar water polo.

Conversamos un buen rato. Me contó que ahora trabajaba de policía en el barrio de Santa Fe y se encontraba cumpliendo misión como cocinero. En fin, que Amalyn le había dicho que yo estaba en Angola. Aun sigo sin tener idea de cómo se enteró. Claro, a ella si que la conocía de la natación.

Llamaba la atención, que a cualquier lugar donde llegásemos, siempre se producía el mismo ritual de identificación, en ninguna parte estipulado. Todos querían saber de qué parte de Cuba procedían los otros. Cuando alguno coincidía, se formaba gran alboroto y comenzaba entonces el interrogatorio con el fin de determinar si ambos tenían amigos comunes y hasta incluso familiares.





Nota * Digo que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse. Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas5 . Hasta la victoria siempre, ¡Patria o Muerte! Te abrazo con todo fervor revolucionario, Che 

Nota: * Nito Alves, nascido Alves Bernardo Baptista (Piri, Dembos, Angola, 23 de Julho de 1945 – Luanda, 1977), foi ministro do Interior de Angola desde a independência em 11 de Novembro de 1975, até à data em que o presidente Agostinho Neto aboliu o cargo em Outubro de 1976.


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lunes, 22 de julio de 2024

La Guerra Innecesaria Capítulo 3 La Peligrosa Ruta del Café Continuación (2)



                              Para tener una idea de, en donde se desarrollaban las acciones

El Mayor Darío, oficial al mando de la Inteligencia Militar y asesor del General Tomasevich para la operación, se burlaba de los pilotos de helicópteros. Muchas veces decía que andaban perdidos y otras que les faltaba decisión a la hora de enfrentar situaciones.

Ante semejante pedantería, el Coronel Lachiondo, permanecía callado mientras que, en mi calidad de jefe de la pequeña unidad, intentaba hacerles entender el funcionamiento de los aviones y los helicópteros.

Todo era en vano. Aquellos jefes solo querían tener resultados y no les importaba otra cosa que no fuera el atrapar a Savimbi.

Ante las nuevas órdenes que el Coronel Lachiondo me impartía, estaba llegando a la conclusión, no de que hubiera gato encerrado, sino que el gato al que pretendían encerrar era a mi mismo.

Era la primera vez que ejercía el cargo de jefe de una escuadrilla. Hasta el momento solo había desempeñado los cargos de copiloto y jefe de nave. Sabía perfectamente que adolecía de experiencia y mucho menos de experiencia combativa, pero conocía de la existencia de una orden del Jefe de la MMCA, anterior a la toma de posesión del General Tomasevich, la cual prohibía la subordinación de tropas cubanas al mando FAPLA.

Muy “diplomáticamente” se lo dejé entrever al Coronel Lachiondo y la reacción de éste fue decepcionante.
En fracciones de segundos, el tono blanco pálido de la piel del Coronel, pasó al escarlata intenso y llegó, por espacio de varios segundos a tener un tono morado.

En ese momento pensé que no era para tanto, pero acto seguido pude ver que había tocado un punto sensible o que Lachiondo me estaba “guardando” el incidente con el Jefe de Operaciones de la MMCA.

Por muy cierto que fuera, nunca debí expresar que lo que me planteaban, fuera una “mierda”. Es mejor callar, sobre todo cuando lo que el interlocutor quiere escuchar es todo lo contrario.
¿Qué es verdad que menospreciaban la técnica de helicópteros? 

¿Alguna vez dejaron de hacerlo?

¿Qué es verdad que los jefes superiores de las Fuerzas Armadas de Cuba desconocían las posibilidades de ese tipo de técnica de combate?

¿Alguna vez apreciaron el arma aérea, fuese cual fuese?

Muchos de nuestros jefes de las tropas terrestres subestimaban nuestra técnica de combate, sin tener en cuenta, que al igual que en cualquier deporte colectivo, las misiones o jugadas se fundamentan en la preparación, el talento y la experiencia del equipo (tripulaciones en nuestro caso).

En lugar de tener un exabrupto, que era lo que había sucedido en la ocasión anterior, esta vez el Coronel Lachiondo se relajó y comenzó a explicar que la orden provenía del mando superior a instancias el propio Presidente Agostino Neto.

Tal vez quería dar a entender que detrás de Neto se encontraba Fidel Castro, pero no se atrevió a mencionarlo. 



No obstante, aun no estaba convencido de que no hubiera “gato encerrado”, y de la forma más modesta que pude, acentuando mi poca experiencia como jefe, sugerí que el Regimiento Aéreo enviara una representación ante el Mayor Foguetón, que estuviera en condiciones de tomar decisiones.

Lo más seguro es que Lachiondo haya considerado, que aquella petición, tan ridícula en un militar al que le era asignada una misión de magnitud estatal, fuese otra cosa que un punto negro en el expediente militar del solicitante y, acabó por enviar “su” representación ante el mando angolano.

El representante se llamaba Jorge Luis. Era navegante de orientación del Regimiento Aéreo. Los navegantes de orientación se encontraban subordinados al Puesto de Mando (PM) del Regimiento Aéreo, directamente al Jefe de Operaciones y, por tanto, al Jefe del Estado Mayor del Regimiento.

Tal cual se presentaban los hechos, estaba (cada vez más) convencido de que aquello era algo fuera de lo común. Mis reflexiones siempre llegaban a una misma conclusión:

La propaganda política insistía en que los combatientes cubanos y angolanos se encontraban hermanados por lazos de sangre históricos y bla, bla, bla. Que los cubanos eran deudores de los africanos esclavizados en su tierra durante siglos y bla, bla, bla.

Toda esa propaganda podía ser asimilable, aunque siempre existiera la duda de su autenticidad. Pero de ahí a subordinar hombres, armamentos y unidades militares a un mando extranjero se salía del sentido común.

Por supuesto: “Las órdenes se cumplen y no se discuten”.

En aquel entonces era un insignificante jefe de escuadrilla que me había pasado de la raya. Este y varios otros encontronazos administrativos, siempre pesarían más en la balanza y nunca a mi favor. 

Jamás contaría en mi expediente, haberme destacado en las acciones combativas. Por lo menos no, en estas.

Por último y antes de pedir permiso para retirarme, consideré oportuno analizar con Lachiondo el caso de un piloto que obligatoriamente tendría que formar parte de los tripulantes que partiríamos hacia Negage al día siguiente.

Al concluir el “Ejercicio Táctico en Campaña” había quedado un helicóptero en Menongue, a las órdenes del Mayor Toledo que era el jefe de las tropas cubanas en aquella región.

La función del helicóptero que había quedado en Menongue era diversa. Desde el traslado de heridos y personal general, hasta la de “chofer aéreo” del Mayor Toledo, quien fungía como el militar cubano de mayor graduación en toda la Angola centro y sur-oriental. El piloto al frente del helicóptero que había quedado en Menongue era de apellidos González Rivas. 

Emilio no se caracterizaba por sus dotes de piloto. Procedía de un curso teórico-práctico impartido por los soviéticos en Cuba, finalizada la Crisis de Octubre.

Los rusos habían llevado, junto con los cohetes estratégicos, un numeroso material de guerra. Regimientos aéreos de caza interceptores, caza-bombarderos de mediano alcance, dos regimientos de helicópteros, que ascendían al número de 100 unidades (aproximadamente) y otros tipos de armamentos, tanto terrestres como marítimos.

La operación Anadyr* fue el código utilizado por la Unión Soviética para la operación secreta destinada a desplegar misiles balísticos, bombarderos y una división de infantería mecanizada en Cuba y crear una fuerza capaz de “prevenir” o “defender” la isla, de una invasión por parte de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Una vez concluida la crisis, los soviéticos consideraron que era un gasto innecesario repatriar todo esos medios y que tal vez ayudaría a paliar la ridícula posición en la que habían quedado, si entregaban gratuitamente todo el armamento no estratégico (nuclear), entrenaban a los cubanos y retiraban solamente parte del personal.

Emilio terminó el curso de piloto con muy bajas calificaciones, solo suficiente para ser copiloto desde finales de 1962 hasta muy entrada la década de los años 70, cuando fue ascendido a Jefe de Nave. Era 1er Teniente por antigüedad. En su fuero interno, Emilio consideraba que él y no otro, debía ser el jefe de la escuadrilla y se le notaba descontento por encontrarse subordinado a una persona que había comenzado a volar en 1970. 



De todo el personal piloto de la escuadrilla, el único que volaba desde principios de la década de los 60 era Emilio.

Por supuesto, Emilio no se atrevía a reconocer públicamente lo que pensaba, pero todos intuíamos que eso mismo era lo que le había inducido a promover su candidatura como secretario general del núcleo del partido, cuando todos los pilotos rehuían esa “responsabilidad”.

Para Emilio, ser el “dueño” de la fuerza política, consistía en poder influir en las decisiones de los jefes de los departamentos técnicos y hasta en la forma de pensar de los tripulantes, incluyendo al jefe de la escuadrilla.

Una vez alcanzado su propósito, Emilio se sintió con poder y en más de una ocasión sacó las garras.

Durante el “Ejercicio Táctico en Campaña” no le había ido mal. Solo había presentado problemas de técnica de pilotaje durante un aterrizaje entre dos luces casi al caer la noche y con una tormenta tropical cerrando el campo de vuelo.

Era el penúltimo elemento (de los cinco helicópteros) y por la radio se le escuchaba muy nervioso.
Su peor rasgo siempre fue la indecisión.
Para hacer honor a la verdad, la situación meteorológica a la que nos vimos sometidos durante el aterrizaje, fue sin duda, una de las peores que puede encontrar un piloto en su carrera.

Aterrizar o despegar entre dos luces ocurre en el lapso de tiempo existente antes de la salida y después de la puesta del sol (crepúsculo)*. Es el espacio de tiempo, en que no es de día, pero tampoco es de noche. Aunque para el común de los mortales pase inadvertido, es el momento del día en que no se consigue enfocar bien la visión.

Si aparte de esto añadimos una tormenta tropical y ser el penúltimo elemento de la formación, nos puede dar la medida del stress a que se encontró sometido Emilio, sin contar la cantidad de tareas de combate cumplidas hasta la fecha.

Aquel día Emilio estuvo a punto de abortar el aterrizaje. Si no lo hizo fue debido al escaso nivel de combustible y las condiciones meteorológicas que le obligarían a un aterrizaje fuera del aeródromo y prácticamente en las mismas condiciones. Poco faltó para que no le alcanzaran los 2 mil 200 metros de la pista de Menongue para aterrizar. Morell, el último número de la formación ya se encontraba en tierra, mientras el helicóptero de Emilio se aproximaba peligrosamente al helicóptero precedente.

Habíamos coincidido en Cuba en la misma unidad. No como pilotos, sino como compañeros de preparación física. Corríamos todas las tardes entre tres y cinco kilómetros. Emilio corría con un traje de protección química que lo hacía sudar a mares. Un día le dijeron que lo que estaba haciendo podía resultar perjudicial. Emilio respondió que necesitaba bajar 20 libras de peso, como mínimo. Tenía tendencia a la obesidad.

Era una persona acomplejada. Hacía poco tiempo había contraído matrimonio con una muchacha de la playa de Santa Fe, en las proximidades de La Habana. El era negro, la muchacha de piel bronceada y..., en Cuba estos casos se anotaban, y aun se anotan, en el censo de población, como perteneciente a la raza blanca, aunque en realidad fuese mulata.

Su primer complejo era el ser negro. Su segundo complejo era el no haber sido promovido al cargo de jefe de nave en más de diez años, imposibilitándole ascender en el escalafón jerárquico y aun estando casado con una “blanca”, que para él significaba un “non plus ultra”. Este era otro de sus complejos. ¡Insuperable!

No obstante, a la hora de la verdad, Emilio conocía sus limitaciones técnicas y trataba de no cometer imprudencias. Su carácter indeciso y esa, llamémosle “virtud”, de conocer sus limitaciones, hacían de Emilio un piloto conservador empedernido.

Y lo mejor que puede pasarle a un piloto conservador es, pasar a retiro.

Las características de un buen piloto deben ser, su excelente preparación. No ser impulsivo, pero ser capaz de tomar decisiones acertadas en un mínimo lapso de tiempo y ser flexible ante la aplicación práctica de la lista de emergencia de cada aeronave. Entender que, estas listas, son una ayuda y no la forma de enfrentarlas, pues las emergencias nunca se presentan tal cual aparecen en los manuales. 

* Nota: La Operación Anádir (en ruso: Анадырь операция) fue el nombre en código usado por las autoridades de la desaparecida Unión Soviética para referirse a su estrictamente secreto emplazamiento de misiles balísticos nucleares en Cuba. 

* Nota: Se llama crepúsculo a cierto intervalo antes de la salida o después de la puesta del Sol, durante el cual el cielo se presenta iluminado. El crepúsculo se produce porque la luz del Sol ilumina las capas altas de la atmósfera.


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