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jueves, 22 de agosto de 2024

La Guerra Innecesaria, Capitulo 8 continuación, El mito de la supremacía aérea. Los MIG-23BN y su participación en la guerra de Angola, Misiones descabelladas




Nunca se logró la supremacía aérea sobre los sur-africanos. Ellos tampoco la alcanzaron jamás. Hasta cierto punto, en el aire (al igual que en tierra) había un empate. La SAAF no operó en el FSOcFS. Considero que las posibilidades técnicas de la aviación sur-africana no fueron explotadas al máximo.

Durante toda la campaña se mantuvieron operando desde sus bases en el territorio de Namibia, pudiendo haber empleado la pista de Mavinga.

Nuestros aviones MIG-23ML, con menores posibilidades tácticas, no podían enfrentar a la aviación sur-africana más allá de Cuito Cuanavale, mientras que ésta por idénticas razones se encontraba en desventaja en la dirección Cuito Cuanavale - Menongue.

Todo se debía al radio de acción de las aeronaves, presentándose más o menos la misma situación que se produjo durante la Batalla de Inglaterra (salvando las diferencias) en cuanto a la posibilidad de acción de las aeronaves. 

Los aviones sur-africanos debían recorrer aproximadamente 600 Km. en el trayecto de ida y vuelta a sus bases y a esto debemos agregarle por lo menos media hora mas de gasto de combustible por concepto de permanencia en el Teatro de Operaciones Militares (TOM).

Los nuestros debían recorrer 400 Km más el mismo tiempo aproximado en el TOM. 

De Cuito Cuanavale a Menongue, nuestra aviación tenía la supremacía aérea, pero hacia el sur de CC era de los sur-africanos. Solo existía una diferencia. La aviación sur-africana podía haber asestado golpes aéreos contra nuestras instalaciones de Menongue o Lubango y nosotros carecíamos de iguales posibilidades. 


                        Los MIG-23BN y su participación en la guerra de Angola

 


Anteriormente expliqué las características táctico-operativas de los MIG-21 y MIG-23 como cazas-interceptores, con posibilidades de actuar (de forma limitada) en versión caza-bombardero. 

El envío de los famosos MIG-23BN hacia la RPA fue necesario, a fin de emparejar la correlación de fuerzas.

El MIG-23BN es un bombardero ligero de mediano alcance. Poseía un radio de acción de aproximadamente 1200 Km. y una capacidad destructiva bastante aceptable para su tamaño.

El MIG-23BN fue diseñado para atacar objetivos terrestres.
Con armamento convencional podía asestar golpes en la profundidad operativa dentro del territorio namibio. Con el objetivo de que nuestro propósito fuera más efectivo se construyó, en forma acelerada, la Base Aérea de Cahama, situada a 120 Km. de la frontera.

Estando en Cahama, después del arribo de los MIG-23BN, en una conversación sostenida con el jefe de éste escuadrón, Teniente Coronel Armando Castellanos, me enteré de un plan consistente en bombardear la Base Aérea de Grootfontein, en el territorio de Namibia, a más de 500 Km. de Cahama. 



Para mi sorpresa, el plan de rescate consistía solamente, en que un helicóptero permaneciera en tierra en el aeródromo de Xangongo (distante unos Kms. de la frontera). Le sugerí al Jefe del Escuadrón, Teniente Coronel Castellanos, le propusiera al mando superior, que una pareja de helicópteros despegara con tiempo suficiente, de forma tal que cuando los caza-bombarderos sobrevolaran la frontera los helicópteros estuvieran aproximándose al objetivo. Sugerí también, que el ataque se produjera de sur a norte, de forma tal que de producirse un catapultaje, éste se efectuara al encuentro de los helicópteros. De ésta forma preveíamos toda la maniobra en el radio de acción de los helicópteros.

                De derecha a izquierda, Armando Castellanos, al lado de Henry Pérez

Nunca supe si mis consideraciones fueron planteadas o aprobadas. Pocos días después, mejoraron las conversaciones “cuatripartitas” y como gesto de buena voluntad, se retiraron los “BN” hacia Luanda. 

La adquisición de estos aviones (varios años antes) había provocado una crisis entre Cuba y los Estados Unidos. Los norteamericanos argumentaban que, con ésta adquisición, se violaba el compromiso contraído por la URSS, luego de la “Crisis de Octubre” de 1962, de no proporcionar amas ofensivas a Cuba.

Los E.U. conocían perfectamente la capacidad, de éste avión, para portar el arma nuclear y sus características de medio alcance; planteaban que la entrega a Cuba, de éstas aeronaves por parte de la URSS, violaba dicho compromiso.

Los MIG-23BN fueron enviados a la RPA a bordo de un buque de transporte llamado “Las Coloradas”.
Cuando ocurre el golpe de Calueque el escuadrón se encontraba a la “deriva”, en pleno Océano Atlántico, debido a desperfectos en las máquinas del carguero. Tuvieron que ser remolcados por otro mercante llamado “Violet Island”.


                                            Motonave Las Coloradas

                                              Motonave Violet Island


“...fue necesario realizar una operación de rescate en altamar al buque Las Coloradas, el cual quedó a la deriva por averías en sus máquinas, y fue remolcado por el buque Violet Island bajo una fuerte tensión, ya que en él se transportaba un escuadrón de Mig-23 con su aseguramiento”. General de División Orlando Almaguel Vidal (Secreto de Generales, Luis Baez periódico Granma)

Los MIG-23BN jamás entraron en combate, pero casi todos regresaron a Cuba com una estrellita pintada en el fuselaje.
Uno de ellos se accidentó en las cercanías del poblado de Ambrizette, al norte de Luanda.

Lo más interesante del conflicto aéreo consistió en que la aviación sur-africana, teniendo posibilidades de asestar golpes en nuestras bases aéreas, en nuestros puertos y contra las unidades que se movían hacia el sur, no lo hicieron. Solamente se registró una incursión, realizada por una pareja de Mirages, alrededor del día 22 de febrero del año 1988. 

La información la escuchamos por radio y luego la verificaamos en la primera oportunidad que estuvimos en Lubango (Sa da Bandeira). Como en esta ciudad no era costumbre el estado de guerra, causó gran conmoción. Todo el mundo lo comentaba como algo verdaderamente extraordinario.

¡Qué diferencia con aquellas ciudades, como Huambo, asediadas por la UNITA! 


                                                       Misiones descabelladas


Orlando Carbó

Se calculó, que nuestra aviación realizó más de mil salidas de combate, durante los acontecimientos de Cuito Cuanavale, pero dentro del marco de las hazañas de nuestra aviación se dieron casos ridículos como por ejemplo:

En una oportunidad Orlando Carbo, piloto sin mucha experiencia, fue conducido indebidamente, en solitario, hacia el teatro de las acciones combativas, viéndose obligado a salir airoso de un combate contra tres aviones enemigos. Esta acción fue catalogada por la jefatura como una "emboscada aérea tendida por los racistas surafricanos". Pudiera preguntarse:

¿Qué hacia ese joven piloto, en solitario por esos inhóspitos parajes? ¿Cuál pudiera haber sido su misión de combate?

“Ocupar una zona de guardia, en el aire cercana a Cuito Cuanavale para brindar cobertura a la operación...”

Algún tiempo después tuvimos la posibilidad de conversar con Carbo y nos dijo que el mismo no sabía cómo había logrado salir del trance. Sin embargo esta acción se magnificó a tal extremo que hasta se condecoró al piloto y actualmente se narra como una heroicidad, aunque a cualquiera, que tenga dos dedos de frente, le pueda parecer que haya "gato encerrado". Se pudieran señalar muchas muestras de valor de nuestros pilotos de combate, pero de manera objetiva.


                                                          Eladio Avila

Un periodista narró un hecho, en que la aeronave de uno de nuestros pilotos es impactada por el fuego anti-aéreo enemigo y el escritor se admira del valor excepcional del piloto, el cual supo conducir la aeronave hasta la base "...a sabiendas de que las medidas de seguridad, para el tipo de avería sufrida, indicaban el abandono del avión".

El piloto estaba consciente de que no podía abandonar la aeronave sobre territorio enemigo. Sabía que no tenía la más mínima posibilidad de ser rescatado; el territorio dominado por las tropas cubano-angolanas en el trayecto Menongue-Cuito Cuanavale, era una franja de 25 kilómetros a ambos lados de la carretera que une a dichos puntos. El resto era franco territorio de la UNITA.

Que otra cosa podía hacer el piloto, sino afrontar la situación hasta las inmediaciones del aeródromo y decidir, entonces, que hacer. Y si llegaba a las inmediaciones del aeródromo, quizás también pudiera aterrizar y evitar, de ese modo, una lesión en la columna vertebral como consecuencia de un catapultaje. O tal vez evitar morir desnucado, como sucedió en diferentes ocasiones a pilotos que utilizaron este medio para abandonar la aeronave MIG-23ML.

El primer Teniente Eladio Ávila, luego de cumplir una misión de cobertura y con el combustible justo para llegar a Menongue, se percató de la presencia de dos aviones MIRAGE III aproximándose al área. Debía tomar una determinación: De dirigirse a casa, le ofrecería la oportunidad al enemigo para derribarlo. Se encontraba entre la espada y la pared y... sé fajó de "a macho".

Cuando a los surafricanos se les acabó el combustible, se retiraron. Ellos podían hacerlo, pues tenían ventaja numérica y se protegían el uno al otro. Eladio los superó en un combate desigual.
¿Es posible cuestionar la pericia de Eladio?

Pero... ¿Que hacia, Eladio, solo, sobre Cuito Cuanavale? 

El no tan joven piloto cubano los persiguió durante algún tiempo, temiendo la posibilidad de que fuera algún truco y en el momento que él se decidiera a regresar, volvieran a atacarlo.
El cálculo de Eladio fue preciso. No tenía combustible para llegar a Menongue, pero le alcanzaba para aterrizar en la pista de Cuito Cuanavale. Él conocía que allí teníamos una re-abastecedora de combustible. El lugar era un infierno, pero Eladio no se iba a meter en el infierno, él hacía rato que le estaba haciendo la visita a Lucifer.

Grandes columnas de polvo levantaban los proyectiles de la artillería reactiva de largo alcance sur-africana alrededor de la pista. Ante la mirada atónita de cubanos y angolanos, aterrizó. Podía haber sido derribado por fuego amigo.

Locos se deben haber quedado, los artilleros sur-africanos, ante tamaña osadía.
El combustible no le había jugado una mala pasada a Eladio. La mala pasada se la habían proporcionado aquellos que lo enviaron en solitario.

¿Y si hubiera ido acompañado?...
¿Por qué no se establecía el relevo de las unidades aéreas en el área de cobertura, como establece la táctica del combate aéreo? 



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miércoles, 21 de agosto de 2024

La Guerra Innecesaria, continuación El ataque a la reguladora de Calueque Cuito Cuanavale y la dirección a Ruacaná La pérdida del Gordo






El día 16 de junio de 1988 una batería de G-5 de las SADF atravesó el puente y se situó a 8 kilómetros al nor-este de Calueque. Tres grupos de morteros tomaron posiciones al sur de Tchipa junto a fuerzas del Batallón 32.

El día 26 de junio de 1988, los sur-africanos (utilizando un balón meteorológico) posicionaron un reflector de radar, con la intención de poder detectar a las tropas cubanas en movimiento. Una batería de cohetes anti-aéreos (cubana) le disparó seis misiles. Esos misiles permitieron al mando sur-africano detectar (por triangulación) las posiciones de las baterías cubanas.

Como consecuencia, la batería de cohetes, cubanas, destacadas en Tchipa soportaron fuego de artillería de una batería de G-5 durante más de una hora. 



Fuentes sur-africanas afirman que dispararon 200 proyectiles en cuatro horas.

Un día después, el día 27 de junio de 1988, un escuadrón cubano, de aviones MIG-23ML, atacó la reguladora de agua en Calueque.
Los sur-africanos alegan que durante este ataque fue derribado un Mig-23. 

Totalmente falso. 

Ese día me encontraba en Lubango y de haber sido cierto, no tendría porque ocultarlo.

Este golpe aéreo se realizó como estaba previsto. No se podía perder tiempo en consultar a La Habana. La orden era clara: Al primer golpe de envergadura, por parte de los sur-africanos, la respuesta debía ser contundente. 

Y el Teniente Coronel Antonio Vega Toscano, Jefe del Regimiento Aéreo, con base en Lubango, siguiendo el plan al pie de la letra, tomó la decisión de atacar la reguladora de Calueque, que era lo que se encontraba previsto.

A partir del día 27 de junio de 1988, las tropas sur-africanas comenzaron a retirarse del territorio angolano y se ordenó que la Brigada 40 (cubana), ocupara la zona de Calueque y sus áreas aledañas.

Durante los acontecimientos de Calueque ocurrió una situación, por demás curiosa:

El Coronel Pedro Pérez, Jefe de la Sección Fuerza Aérea de la DAAFAR (en Cuba); en realidad Sección de Aviación de la DAAFAR (en Cuba) se encontraba de visita en Lubango y fue invitado por el Teniente Coronel AntonioVega (Jefe del Regimiento Aéreo de Lubango) para que volara al frente del Escuadrón, dándole de ésta forma la posibilidad de participar en acciones combativas a uno de los pocos jefes de la aviación cubana que no archivaba en su currículum “misiones internacionalistas”.


Los pilotos cubanos de la Operación PICO. De izquierda a derecha de pie, Mayor Benigno Gonzalez Cortés, Capitán Arnaldo Torres Biart, Capitán Manuel Rojas García, Coronel Rafael del Pino, Capitán Rigoberto Morales, , Capitán Evelio Bravo, Capitán Armando Castellanos, , Mayor Henry Pérez Martínez, , agachados Capitán Raúl Hernández Vidal, Mayor Pedro Pérez (en el centro), Teniente Coronel Jorge Villardel

La invitación fue rechazada, limitándose a salir en un avión bi-plaza para “comprobar personalmente el cumplimiento de la orden”. Una orden que el Coronel Pérez desconocía y que incluso llegó a cuestionar en el momento en que Vega tomaba la decisión.

Días después se formaba un chapoleteo entre los jefes de la DAAFAR involucrados en los acontecimientos. Fidel Castro preguntaba quién había sido el jefe que había tomado la decisión de atacar Calueque. Todos miraban a Vega con aire de velorio... Ninguno quería asumir la responsabilidad de haber atacado Calueque sin consultar.

Vega fue condecorado con una Orden al Valor “Antonio Maceo”.
Si después del ataque a Calueque, la SADF persistía en seguir resistiendo, el próximo golpe aéreo de la aviación cubana estaba planificado para barrer, con golpes de MiG-23, no solo la hidroeléctrica, sino las bases sur-africanas en el norte de Namibia.
Este golpe a la SAAF ya había sido planificado detalladamente desde 1986.

La misma noche del día del ataque a Calueque por parte de los MiG- 23ML, el 27 de junio de 1988, los sur-africanos (que se habían retirado de las conversaciones) solicitaron al mediador norteamericano Chester Crocker, para que intercediera con los funcionarios cubanos (asistentes a las negociaciones de paz) por un cese al fuego, y proseguir negociando. 

Posterior al golpe contra la represa de Calueque, los sur-africanos firmaron los aspectos que recogían unas negociaciones demasiado prolongadas en el tiempo, comprometiéndose a cumplir la resolución 435/78 de Las Naciones Unidas. O lo que es igual, se comprometían a abandonar el territorio de Namibia, para el 24 de diciembre de 1989.

Esto se cuenta fácilmente, pero la tensión fue máxima cuando escuchamos por radio que África del Sur ordenaba la movilización de la tercera reserva. O lo que es igual, a los mayores de 60 años.
Todo el anterior relato resulta ser una paradoja, pues los cubanos teníamos todas las de perder. Ya los «amigos» soviéticos, no eran tan amigos y hasta coqueteaban con los "chicos verdes" norteamericanos. 


                         Cuito Cuanavale y la dirección a Ruacaná 

Sobre la "Defensa de Cuito Cuanavale" puedo decir, que se tomaron medidas en paralelo, pero a lo que al juicio de muchos constituyó una de las más importantes fue, el envío inmediato de los pilotos más experimentados, con el objetivo de apoyar a las Brigadas de las FAPLA, que se encontraban asediadas por las tropas de África del Sur y la UNITA, en la margen oriental del río Cuanavale.

Al mismo tiempo comenzaron a trasladarse unidades de combate que permitieran lograr una correlación de fuerzas a nuestro favor. Otro paso decisivo fue la llegada a Cuito Cuanavale de 250 asesores en artillería, carros de combate y demás armas y equipos para las unidades de las FAPLA que se encontraban a la defensa.

Ya para esta fecha, los soviéticos que habían “mal asesorado”, por así decirlo, al mando FAPLA, mostraban su descontento y le echaban la culpa de todos sus errores a la ineficiencia angolana e incluso ponían en duda la valentía de los soldados angolanos.

La concepción militar de frenarlos en Cuito Cuanavale y golpearlos por el Flanco Sur Occidental del Frente Sur (Ruacaná) se cumplía.
La pequeña capital provincial mesopotámica, Menongue (Serpa Pinto), daba la impresión de guardar entre sus gentes y edificios, mucha tristeza. Solo el despegue y aterrizaje, constante, de aviones y helicópteros, conferían a la ciudad su signo vital.

Diez años atrás, la única fuerza que existía en Menongue, consistía en una pareja de MIG-17, otra de MIG-21 y cinco helicópteros MI-8. Los aviones de transporte que aterrizaban en el aeródromo en el año 78 no pasaban de ser pequeños, como el AN-26. En el 88, uno de tras de otro aterrizaban IL-76, C-130, DC-8 y otros.

A estas alturas, los rusos, asustados por las posibles acciones cubanas en Namibia, no enviaban la cantidad necesaria de tanques auxiliares de combustible para los MIG-23.
El día 20 de marzo de 1988 comenzó la construcción de la pista de Cahama en el Flanco Sur-occidental del Frente Sur.



                                     Cahama, Base Aérea

Durante los días más difíciles del mes de marzo de 1988, los tripulantes soviéticos, de AN-12 e IL-76, que se encontraban contratados por el Estado Angolano, para el aprovisionamiento de las tropas, se negaron a volar hacia los aeródromos amenazados por la UNITA y los sur-africanos.

El resquebrajamiento de La Unión Soviética, todavía enmascarado, los hacia ver "visiones" que surgían de la radio sur-africana y "La Voz del Gallo Prieto" (ésta última, eran emisiones radiales de Savimbi). La propaganda enemiga anunciaba, como aeródromos peligrosos para el tráfico aéreo, a casi todos los aeródromos de Angola.

En una de las tantas oportunidades en que nuestros "amigos soviéticos" se negaron al cumplimiento de las misiones de abastecimiento de nuestras tropas con combustible y material de guerra y a la evacuación de enfermos y heridos, fueron sustituidos por tripulaciones y aviones de la compañía aérea TRANSAFRIC. Estos aviones, de fabricación norteamericana, del tipo DC-8, eran tripulados por filipinos y norteamericanos y mantuvieron e incluso incrementaron sus vuelos.

Transafrik se encontraba operando en Angola desde 1984. Se trataba de una línea aérea de carga, con el registro de avión en la República de Santo Tomé y Príncipe.

A todas luces, la aerolínea era propiedad privada, pero nunca llegué a saber la ubicación de las oficinas centrales. Solo conseguí llegar hasta algo que en aquella época no entendía y que llamaban “paraísos fiscales”, aunque sus oficinas operativas estuviesen en Angola. Alguien me dijo que tenía cierta relación con la Alemania del este, pero eso no pude confirmarlo.

Sucedió, que en su apuro por retirarse lo antes posible del aeródromo de Menongue, uno de estos aviones soviéticos AN-12, se negaba a esperar a que llegaran un grupo de enfermos y heridos cubanos que, debido a su estado de gravedad, necesitaban ser evacuados. El Coronel Juan Oscar Hernández Méndez detuvo la aeronave y obligó a la tripulación a esperar.

Dado el comportamiento tan poco ético de los soviéticos y después de un sin número de casos por el estilo, un día este mismo Coronel llego a decir: "Voy a tener que proponer a las tripulaciones de los DC-8 (Transafrik), para la medalla por la defensa de Cuito Cuanavale, o por lo menos para una medalla por el servicio distinguido".

Indiscutiblemente, las tripulaciones de los mencionados aviones corrían el riesgo de ser derribados, pero según la teoría de las probabilidades, que esto sucediera se encontraba en el rango de diez mil a uno, y ellos no realizaban tantos vuelos como para alcanzar esta cifra.

De hecho no se dio el caso de un solo avión de transporte derribado en el TOM del FSOrFs. No debemos pasar por alto, que las tripulaciones de la TRANSAFRIK ganaban mucho dinero con estas operaciones. Los rusos recibían mucho menos y no estaban dispuestos a arriesgar el pellejo por una causa, para ellos, inútil.

                                                     La pérdida del Gordo

La pérdida del “Gordo” fue muy impactante para todos. Desapareció de la pantalla del radar durante un vuelo de reconocimiento nocturno en Menongue.
Detectar los campamentos de la UNITA era tarea “fácil” de noche, pues dadas las bajas temperaturas, ellos encendían hogueras. También podía darse el caso de que fuera población civil.

Esa noche se encontraban funcionando solamente los radares de aproximación y posición, no así el radar de altura (se encontraba fuera de servicio). Por eso nunca sabremos, con certeza, a qué altura se encontraba el Gordo cuando entro en el rumbo de combate.

Efectuó una picada de última hora. Ya había decidido dirigirse a otra área, después de reportar que tenía objetivos a la vista. Inmediatamente informó ver una luz y acto seguido decidió atacar. No se supo nada más.

El navegante de orientación lo perdió de vista en el radar. De inicio pensó que podía tratarse de la disminución de la altura durante el proceso de la picada. Luego de llamarlo incesantemente, informó la desaparición. 

Las tripulaciones de helicópteros estábamos dispuestos a salir hacia la posición que se había ubicado en la pantalla del radar, pero el Coronel Alonso, que fungía como Jefe de la Sección de Aviación de la DAAFAR, decidió que solamente despegara Marcilla y tomara altura sobre el campo, con la radio estación de rescate conectada y la finalidad de determinar si se encontraba funcionando la señal de auxilio, del avión desparecido. Cualquiera, menos inteligente, se hubiera dado cuenta que a esa distancia (100 Km.) era prácticamente imposible recibir esta señal, aunque en teoría aparezca (en blanco y negro) que a tal altura se capta a tantos kilómetros.

Insistimos en despegar al día siguiente, con la salida del sol, pero no fue hasta las diez de la mañana que nos autorizaron el despegue y casi a regañadientes.
Con la cantidad de tropas cubanas y angolanas que se encontraban en la región, no fuimos capaces de organizar una búsqueda, ni tan siquiera un simulacro.

El argumento de que sería una operación muy riesgosa contrastaba con la decisión de los pilotos de helicópteros que con gusto nos hubiéramos arriesgado.
Debo aclarar que éste accidente no ocurrió en el frente de combate, sino buscando posiciones de la UNITA con el fin de acosarles. No encuentro las palabras necesaria para calificar este tipo de “misiones de combate”.

También contrastaba con el riesgo que corrían otros compañeros que no salían de una, para entrar en otra fiesta en Rosalinda, lugar de descanso de la MMCA en Luanda.

La actividad principal, asignada a los helicópteros, eran las tareas de BSR, siendo la misma ineficiente. Nunca nos explicamos aquella conducta y aun hoy no le encontramos otra explicación, que no sea la incapacidad del referido Coronel, al cuál los pilotos, cariñosamente le habían colgado el mote de Kucharenko (que en el argot quería decir que ni pinchaba ni cortaba, en alusión a una cuchara). Otros preferían llamarle “Bacilonga” debido a ser asiduo a las “fiestas” en Rosalinda (club de oficiales en Luanda). 



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viernes, 16 de agosto de 2024

La Guerra Innecesaria Capítulo 8, continuación... , La situación en Cuemba en enero de 1988,




Varias Brigadas de las fuerzas armadas cubanas, a las que alguien quiso denominar “División 50”, comenzaban a desplazarse desde Lubango en dirección Tchipa-Ruacaná, abriendo lo que luego conformaría el Flanco Sur Occidental del Frente Sur.

Desde mediados del mes de noviembre de 1987 ninguna de las fuerzas contendientes habían hecho otra cosa que reagruparse y en el caso de las tropas FAPLA, bajo la asesoría cubana, se encontraban preparando la defensa de sus posiciones, para gradualmente cruzar el puente (las FAPLA) hacia la margen oeste y establecer una defensa mucho más efectiva, dado a que desde el triángulo de Tumpo (unas elevaciones cercanas a la confluencia de los ríos Cuito y Cuanavale) el enemigo sur-africano y la UNITA ocupaban mejores posiciones tácticas. Algunos autores sur-africanos plantean que el alcance de los radares era parejo para ambos bandos. Como ya relaté anteriormente, la orografía del terreno favorecía a la parte cubano-angolana.

Es por eso que durante la defensa de Cuito Cuanavale la ventaja se encontraba en favor de los defensores.

Los sur-africanos admiten que durante los combates en las proximidades de Cuito Cuanavale, más exactamente en el planalto de Chambinga, los aviones sur-africanos solo tenían la posibilidad de estar sobre el área unos 11 minutos aproximadamente y consideraban que los Mig-23 podían permanecer por espacio de 45 minutos. ¡Falso! 

Los Mig-23 solo podían permanecer 15 minutos. Recordemos que el radio de acción de los Mig-23 no supera los 500 kilómetros. Si la distancia de Menongue al planalto de Chambinga es de más de 200 kilómetros., un simple cálculo aritmético nos proporcionará el tiempo de permanencia. Ni más, ni menos. Tampoco podemos olvidar que nuestros aviones carecían de depósitos auxiliares de combustible y que nunca fueron repuestos por los soviéticos.

Ahora bien, otra cosa es la captación del radar. Mientras que los radares cubano-angolanos podían captar a los Mirages prácticamente desde que despegaban de Rundú, a los sur-africanos el radar solo les permitía detectar a los Migs, por encima de los 7 mil metros.

Es por eso la tan cacareada supremacía aérea proclamada por los desconocedores del arma.

Los pilotos sur-africanos, sintiéndose en desventaja, prefirieron no participar en los combates aun cuando las tropas propias les reclamaban su presencia en el teatro de operaciones.

¿Por qué no movieron un radar para Mavinga?

Es demasiado infantil justificar la negación de los pilotos sur-africanos a combatir, basándose en evitar pérdidas.

¿Acaso no eran los sur-africanos los que se encontraban invadiendo el territorio angolano? 

¿Por qué, luego de vencer a las tropas FAPLA en los combates del río Lomba, no se retiraron nuevamente a la frontera?


¿Por qué decidieron realizar las operaciones Hooper y Packer?

No me queda otra opción que definir al mando militar sur-africano el no tener en cuenta los factores adversos y dedicarse a improvisar sobre la marcha.

El día 12 de enero de 1987, evaluando la situación, el Jefe de la MMCA, General de División Arnaldo Ochoa Sánchez, informó al Mando Superior en La Habana su consideración relativa al agresor sur-africano.

Ochoa consideraba que dado a la inferioridad numérica de las SADF y teniendo en consideración las operaciones de los años anteriores, la estabilidad del frente (y la persistente negativa de Fidel Castro en participar en aquella descabellada operación en saludo a la “revolución de octubre”), los sur-africanos no se atreverían a continuar las acciones combativas en la dirección Cuito Cuanavale y se retirarían gradualmente, después de alcanzado el objetivo de parar en seco el “saludo”.

Para poder continuar manteniendo las posiciones, estimaba que se debía reforzar Cuemba. 

                         

                         La situación en Cuemba en enero de 1988 

Mucho más al norte (300 kilómetros), las tropas de la UNITA chocaban con las FAPLA, cerca del poblado de Cuemba y el mando FAPLA insistía en mover sus unidades en aquella dirección.

A principios del mes de enero de 1988, Fidel Castro le decía, a Ochoa que, de permitirse que las brigadas FAPLA se movieran hacia el río Cuanza (a escasos kilómetros de Munhango) dejarían a las tropas cubanas solas para enfrentar a las fuerzas combinadas UNITA- SADF. 

El mencionado movimiento de las brigadas FAPLA solo podría haber sido luego de que las mismas hubiesen cruzado el puente en dirección oeste y sin verse acosadas por las FALA y las SADF. 


Fidel Castro consideraba que no se debía enviar uno de los tres grupos tácticos para Cuemba (que era donde se agrupaban las FAPLA para enfrentar a las tropas de la UNITA que avanzaban desde Munhango) pues eso nos obligaría a emplazar otro grupo táctico para proteger el puente (puente sobre el río Cuanza) y enviar otro grupo táctico para la protección de la ciudad de Cuito Bié. No quedaría nada en Huambo y estaríamos comprometiendo el Flanco Sur Oriental del Frente Sur.

Ochoa, por su parte, opinaba que las FAPLA no conseguirían frenar a las FALA en Cuemba y que la UNITA lograría apoderarse del puente sobre el Cuanza, dejando a las unidades cubanas que protegían las ciudades de Luena y Moxico en posición desventajosa.

Fidel Castro ordenó, de forma tajante, no brindar apoyo (ni tan siquiera logístico) a las FAPLA en la dirección de Cuemba. Esto se cumplió a rajatabla. Esta orden la leí en el Puesto de Mando del RHI en la ciudad de Huambo.

Mientras que las tropas cubanas concentraban todo su esfuerzo en robustecer la línea de defensa en Cuito Cuanavale, para de esta forma evitar el aniquilamiento de las Brigadas de Infantería Motorizadas FAPLA y con ello “el posible avance del Ejercito de África del Sur y la UNITA hacia Menonque”, las FAPLA resistían el ataque a la población de Cuemba (población muy cercana a Cuito Bie), toda vez que la UNITA ya había retomado la población de Muñango por enésima vez.


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https://www.youtube.com/watch?v=lwXG-6myaoE&t=109s

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