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lunes, 27 de agosto de 2012

Comienza la Cuarentena (la crisis de octubre)

             Octubre de 1962









                Comienza la Cuarentena
 
 


Raúl Curbelo Morales, Jefe de la Fuerza Aérea del régimen de Fidel Castro durante la Crisis de Octubre
Página del libro de vuelo del piloto Bobrov


Dmitry Bobrov 


Dmitry Bobrov  Durante los eventos descritos ostentaba el grado militar de Mayor, Sustituto del Jefe del regimiento Aéreo para los reconocimientos.

 
Dmitry Bobrov: A finales del mes de octubre de 1962, el Segundo escuadrón de mi Regimiento se trasladó desde la Base Aérea de Santa Clara para la Base Aérea de San Antonio, cerca de La Habana. Recibimos la orden de traslado en composición de escuadrilla (cuatro aviones) armados con cohetes aire-aire.
Durante el vuelo de traslado, el Teniente Coronel Perovsky pudo ver visualmente (se puede ver por radar), a una distancia aproximada de 1 a 1,5 kilómetros, dos aviones de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, del tipo F-101 Voodoo, los cuales aparentemente realizaban una tarea de reconocimiento sobre Cuba. Perovsky informó al Puesto de Mando y solicitó permiso para atacarlos, pero el PM fue categórico “PROHIBIDO”. Fue el primer encuentro con los pilotos americanos en el aire.


Desde que mudamos de posición, los vuelos de reconocimiento de la USAF sobre la Base Aérea de San Antonio de los Baños se hizo regular. Tuve que escuchar reproches de los militares cubanos, en la guardia combativa, sobre el por qué razón no despegaban nuestros modernos MIG-21F13 en el momento que se realizaban los vuelos de reconocimiento norteamericanos. El asunto consistía en que realizábamos la guardia de conjunto y los pilotos cubanos se encontraban volando aviones MIG-17 y MIG-19. Nuestra respuesta era que no habíamos recibido tal orden.


A las 17:00 hrs., del jueves 25 de octubre de 1962 se realizaron algunos planteamientos interesantes (por su valor histórico)  en el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos:
Dean Rusk, informó que Kruchev había accedido a las conversaciones en New York bajo el auspicio de la ONU.
Robert McNamara, planteó que se debían decidir las medidas a tomar para abordar los barcos que llegarían al día siguiente a la línea de inspección: el buque tanque soviético Grozni y un barco de pasajeros de la Alemania Oriental. Recomendó que no se detuviera este último, pues si se niega a detenerse habrá que dispararle al timón o embestirlo, y eso podría ser muy peligroso para los 1 500 pasajeros.

Rusk: Sugirió que se podrían comprar comprar los barcos que se dirigían a Cuba, pagando al capitán o al dueño lo que pidan por desertar con las naves.
 
 

John F Kennedy: Expresó que se debía actuar con rapidez, porque el trabajo en los emplazamientos de cohetes continuaba y pronto tendrían que respaldar con hechos la firmeza que habían mostrado hasta el momento.

Más tarde los norteamericanos respondieron a U Thant que si Kruchev mantenía sus barcos fuera del área de la cuarentena, ellos evitarían la confrontación.

Al final del día el regimiento de Candelaria-San Cristóbal y el segundo grupo de combate del regimiento de Santa Cruz de los Pinos-San Cristóbal se encontraban listos para el combate. Además, esa noche comenzó el traslado, desde el puerto de La Isabela hacia la región oriental, de las cabezas de combate nucleares que faltaban para los cohetes alados tácticos FKR.

Los norteamericanos comenzaban a barajar la posibilidad de intercambiar los cohetes “Júpiter” de Turquía, por los cohetes rusos instalados en Cuba.

Esa noche se conocieron los resultados de la interpretación de las últimas fotografías aéreas:

Los bombarderos tácticos IL-28 estaban siendo desembalados y montados.

Se ordenó aumentar la cantidad de vuelos a baja altura sobre Cuba, de dos al día, para uno cada dos horas.

El día 26 de octubre de 1962 fue detenido y abordado el primer barco durante la cuarentena. Se trataba del “Marucla”, de propiedad panameña y matrícula libanesa, fletado por la URSS y viajaba hacia Cuba desde el puerto de Riga. No suponía un ataque directo contra los soviéticos debido a no ser de su propiedad. No se encontró arma alguna y le fue permitido continuar.

A continuación pasó la línea de intercepción el barco de pasajeros de la Alemania oriental.

Durante toda la cuerentena, el único barco inspeccionado fue el “Marucla”.

Este mismo día Kruchev le comunica a U Thant, que aceptaba que los barcos soviéticos se mantuvieran fuera del área de intercepción y le advertía que esa situación no podría prolongarse.

Teniendo en cuenta el incremento de los vuelos rasantes por parte de los Estados Unidos, Fidel Castro decidió impedirlos y ordenó que a partir del amanecer del día 27 de octubre de 1962 se abriera fuego contra todo avión que sobrevolara el espacio aéreo de la isla y solicitó una reunión con el General de Ejército Pliev, con el propósito de informarle la decisión adoptada.

A las diez de la mañana del día 26 de octubre de 1962 se efectuó en Washington la reunión del Comité Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad, donde se realizaron, entre otros, los planteamientos siguientes:

Rusk: El objetivo de las negociaciones que comenzaban a través de U Thant eran lograr el compromiso de que no se construirían nuevos emplazamientos en Cuba, no hubiera nuevos embarques militares adicionales, se desactivaran las armas existentes en Cuba y que la ONU inspeccionara en el terreno mediante un cuerpo de 350 inspectores técnicamente capaces. Además, los buques de guerra norteamericanos se mantendrían cerca de todos los puertos cubanos para garantizar que no hubiera desembarcos desconocidos por los inspectores. En relación con la zona libre de armas nucleares dijo que Puerto Rico y la Zona del Canal serían excluidos.

Rusk: Comentó que estamos comprometidos a no invadir a Cuba, ya que hemos firmado la Carta de la ONU.

Adlai Stevenson, dijo que los rusos pedirían una nueva garantía para la integridad territorial de Cuba y el desmantelamiento de los cohetes estadounidenses en Turquía.

Mientras tanto, Alexandr Feklisov había invitado a almorzar a John Scally en el restaurante "Occidental".

Cuenta Feklisov que nadie lo había autorizado a plantear, a Scally, la posible ocupación de Berlín Occidental como respuesta a la invasión a Cuba.

Aquella misma tarde Scally telefoneó a la embajada rusa y le pidió Feklisov, que se encontraran de inmediato. Cuando estuvieron frente a frente Scally le informó que cumpliendo un encargo de la "más alta autoridad", él proponía las siguientes condiciones para llegar a un arreglo en la Crisis:

1. La URSS desmontará y retirará de Cuba las rampas coheteriles bajo la supervisión de la ONU.

2. Los Estados Unidos levantarán la cuarentena.

3. Los Estados Unidos harán públicamente el compromiso de no invadir a Cuba.

Entonces le pedí, dice Flekisov, que precisara el significado de la "más alta autoridad", y él dijo, recalcando cada palabra: "John Fitzgerald Kennedy, el presidente de Estados Unidos".

Las fotos obtenidas en los vuelos a baja altura del día anterior mostraban el rápido desarrollo de los emplazamientos de cohetes de alcance medio en Cuba y, además, confirmaron la presencia de cohetes tácticos "Luna", los que podían ser equipados con cargas convencionales o nucleares; por esta causa la Junta de Jefes de Estados Mayores (JJEM) autorizó al almirante Dennison a equipar las fuerzas de invasión con sistemas portadores con capacidad nuclear, específicamente, obuses de ocho pulgadas y cohetes "Honest John", comparables a los "Luna", pero prohibió la introducción de armas nucleares en Cuba sin una aprobación ulterior.

Esto solo podría hacerse si las tropas soviéticas disparaban armas nucleares tácticas para defender la Isla y si, conforme a las leyes norteamericanas, el Presidente autorizaba a responder con tales armas.

En los círculos oficiales de los Estados Unidos se consideraba que sus tropas no necesitaban armas nucleares para vencer en Cuba, dada la superioridad en armas convencionales y efectivos; por lo que teniendo en cuenta la suposición del pequeño número de tropas soviéticas en la Isla, los planificadores militares pensaban que no tendría sentido que los defensores emplearan ese tipo de armas, arriesgando así una escalada de las acciones. Se creía que, aunque esta era una "posibilidad" que se podía aceptar, no era "probable". Nadie sospechaba siquiera que el arsenal nuclear táctico en Cuba alcanzaba las 98 armas de esta clase.  De lo que sí estaban seguros era que esas armas no estaban en las manos de Fidel Castro.

Esa tarde se recibió una carta de Kruchev para el Kennedy. Era larga y emotiva, y resultaba evidente que había sido escrita personalmente por él. El aspecto emotivo se refería fundamentalmente a los muertos y la destrucción que acarrearía una guerra nuclear. Repetía una y otra vez que eso tenía que evitarse; ya cerca del final planteaba: "Si se dieran aseveraciones del presidente y del gobierno de los Estados Unidos, de que ese país no participará en la invasión a Cuba e impedirá a otros que realicen actos similares y si ustedes retiran su flota, esto cambiaría de inmediato (...) Entonces cesaría también la cuestión sobre el armamento, ya que si no hay amenaza el armamento es una carga para cualquier pueblo".

No obstante la carta de Kruchev, la Casa Blanca declaró que continuaba la instalación de cohetes en Cuba y que no había pruebas que indicaran la intención de desmantelar esas bases o interrumpir el trabajo en las mismas. Por el contrario, se siguen construyendo y procuran disimulra sus esfuerzos a toda costa.

Fidel Castro y Pliev se reúnen en la tarde-noche de ese día en la Jefatura de la Agrupación de Tropas Soviéticas, prueba más que evidente de la subordinación del primero al segundo.

Fidel Castro argumentó la decisión de derribar los aviones norteamericanos en vuelo rasante a partir del amanecer y logró persuadir al Jefe Soviético de la necesidad de incorporar los radares de los grupos coheteriles anti-aéreos a la guardia combativa. Insistió en que no mantuviera los cohetes concentrados en un solo lugar.

En la reunión, todos los jefes de las unidades soviéticas declararon que se encontraban listos para el combate.

Ambos mandos consideraron que era inminente el comienzo de las hostilidades y debían estar preparados para un ataque aéreo masivo entre los días 27 y 29 de octubre.

El mando soviético envió un informe a Moscú sobre la situación existente y la decisión de los cubanos de disparar contra los aviones en vuelo rasante, y solicitó instrucciones sobre la forma de actuar en las condiciones creadas, pero el Ministerio de Defensa no respondió.

Esa noche, en Washington, se reunieron en secreto el embajador de la URSS, Dobrinin y Robert Kennedy. Durante la conversación el diplomático soviético expresó que en Turquía había una base coheteril norteamericana y no se planteaban situaciones extremas con ella. El Fiscal General respondió que si la URSS estaba interesada en la salida de los cohetes de Turquía lo consultaría de inmediato con su hermano. Salió del salón donde se encontraban, regresó poco después y dijo que se podía examinar la cuestión de los cohetes de Turquía. El contenido de la entrevista fue informado de inmediato al Kremlin.

A las 9:30 p.m. la Jefatura de la ATS autorizó que se comenzara a trabajar con todos los equipos de comunicaciones por radio y que los radares y demás medios de los complejos coheteriles antiaéreos irradiaran al espacio; los grupos fueron puestos en régimen de preparación de seis minutos. A los jefes de unidades de la defensa antiaérea se les autorizó a abrir fuego contra los aviones que atacaran las posiciones y objetivos de las tropas.

En el transcurso de esa noche y por decisión del General de Ejército Pliev, las cabezas de combate nucleares fueron llevadas desde el almacén central de la Agrupación hacia las regiones de los asentamientos de campaña de los regimientos.

A los regimientos coheteriles les fueron puntualizadas las misiones de combate y les entregaron las tareas de vuelo que habían sido debidamente preparadas para los cohetes; estas tareas eran capaces de garantizar que las cabezas nucleares lanzadas con cada uno de ellos describieran las trayectorias previstas desde las rampas de lanzamiento hasta los blancos seleccionados en el territorio de los Estados Unidos. No obstante, ni uno solo de los cohetes R-12 fue abastecido con combustible y oxidante, no se efectuó el acoplamiento de las cabezas de combate ni se introdujeron las tareas de vuelo.


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miércoles, 18 de julio de 2012

La soberanía ultrajada por las tropas soviéticas (la crisis de octubre)

Octubre de 1962



La soberanía ultrajada











El día 29 de septiembre de 1962, en un burdo intento de enmascarar la situación provocada, el régimen totalitario de Fidel Castro publica una declaración, como respuesta a la resolución Conjunta del Congreso de los Estados Unidos.

Si Fidel Castro no tenía que dar explicaciones a nadie: ¿Por qué esta declaración? De hecho, Fidel Castro estaba dando explicaciones.

La burda declaración planteaba que “jamás” utilizaría sus medios “legítimos” de defensa con fines agresivos, que pusieran en peligro la seguridad de los Estados Unidos.

En la noche del día 30 de septiembre de 1962, la Brigada no. 69 de submarinos, de la Flota del Norte, se preparaba para una larguísima travesía. Las cuatro embarcaciones, propulsada por diesel, contaba con 22 torpedos (tan solo uno con carga nuclear). Esto Sucedía en el puerto de Gadzhievo, bahía de Sayda, ubicada en el Golfo de Kola, región de Murmansk. Partieron el 1 de octubre de 1962 con intervalos de 30 minutos. El objetivo final de la travesía sería el puerto cubano de Mariel. ¡Nunca llegarían!










El día 1 de octubre, la Comunidad de Inteligencia de los Estados Unidos presentó un análisis en el que planteaba la existencia de cohetes AA en las provincias de Oriente, Las Villas, La Habana y Pinar del Río.

El Almirante Dennison, Jefe de la Flota del Atlántico, recibió la orden de implementar el bloqueo naval de la isla, si fuese necesario. El Comando Aéreo Táctico recibió la orden de preparar el ataque, con alerta máxima para el 20 de octubre.

El día 2 de octubre de 1962 arribó el mercante “Krasnograd” con los 6 cohetes R-12 que debían ser emplazados en la región de Candelaria-San Cristóbal. Dos de ellos eran de instrucción.
Otro resumen de inteligencia norteamericano señalaba que: además de tanques, cañones autopropulsados y otros equipos, se habían detectado 15 emplazamientos de cohetes AA y 3 cohetes costeros anti-buque. Estimaban que existían 60 aviones MIG de modelos antiguos, como el MIG-19.


Ya por esa fecha estaban volando 40 aviones MIG-21.

Informaba sobre 16 lanchas KOMAR con cohetes de 40 kilómetros de alcance. Consideraba, el informe, que las tropas soviéticas en Cuba debían sobrepasar los 4,500 efectivos, cuando en verdad ya alcanzaban la pasmosa cifra de 30 mil hombres.

El propio día 3 de octubre se publicó el comunicado oficial de la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los países latinoamericanos, la cual planteaba que la intervención de la URSS en Cuba, amenazaba las instituciones democráticas del Continente y agregaban que era deseable intensificar la vigilancia sobre la entrega de armas al “régimen comunista”, las que pudieran ser empleadas con propósitos ofensivos contra el Hemisferio.

El día 4 de octubre fue aprobada la Resolución Conjunta, sobre Cuba, por el Congreso de los E.U., convirtiéndose en la Ley Pública no. 87-33.

De acuerdo con esta Ley, se impediría el uso de las armas que el régimen de Fidel Castro propagase. Impediría la creación, en Cuba, de una capacidad militar que pusiera en peligro la seguridad de los E.U.

Además, el Congreso aprobó otra resolución que recomendaba a la Organización de Estados Americanos (OEA) la adopción de un acuerdo en el que advirtiera al régimen imperante en Cuba que adoptarían una acción colectiva.

El Presidente Kennedy firmó una orden ejecutiva prohibiendo la utilización de barcos norteamericanos o extranjeros en el comercio entre la URSS y Cuba. Por esta orden, se cerrarían los puertos de los E.U. a las naves de cualquier país, que fueran utilizadas para suministrar material militar a Cuba, se penalizaría a las compañías navieras.

El día 4 de octubre de 1962 llegó al puerto del Mariel el mercante “Indiguirka”, con 36 cabezas de combate nucleares para los cohetes de alcance medio R-12 “Luna”. Una parte de esas cabezas de combate serían destinadas para los cohetes alados tácticos tierra-tierra FKR. Transportaba, además, 6 bombas nucleares de aviación para los IL-28.

Ya el hecho estaba consumado. Había cohetes nucleares en Cuba. Ese mismo día estuvo lista la primera rampa de lanzamiento, en un Regimiento de la región central.

El día 6 de octubre de 1962, el director de la CIA John McCone y el consejero especial del Presidente para asuntos de seguridad nacional, sostuvieron una conversación en la cual el primero planteaba que creía que los soviéticos terminarían estableciendo una capacidad ofensiva en Cuba, inclutendo cohetes de alcance medio. McCone pensaba que establecer un mecanismo de defensa en Cuba, incluyendo los cohetes de alcance medio, no podía ser el objetivo final y concluía con tres posibles variantes de intención:



a)    Establecer una base ofensiva

b)   Insertar suficiente cantidad de especialistas militares para arrebatarle la isla a Castro, convirtiéndola en un satélite totalmente controlado por ellos

McCone consideraba solo dos alternativas posibles: una acción militar o un esfuerzo por separar a Castro de los comunistas.

¡Estaba en lo cierto! De hecho, ya la isla se había convertido en una base ofensiva. Faltaba solamente que los viejos pericos (comunistas al servicio de la URSS) se hicieran con el poder total. Para esto debía transcurrir un tiempo prudencial de permanencia militar soviética en Cuba.
















No fue necesaria la acción militar. El descubrimiento, a tiempo, de los cohetes nucleares, obligó a la retirada de los mismos y, por carácter transitivo, separó a Fidel Castro de los comunistas soviéticos y de los comunistas internos (micro fracción).

Cabe señalar que el 26 de marzo de 1962 se realiza el llamado primer proceso a Aníbal Escalante. Proceso judicial en donde, Aníbal Escalante es acusado de sectarismo. El proceso culmina con la disolución de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), quedando severamente desprestigiados algunos de los veteranos militantes comunistas, arrastrados por el ingrato papel que los soviéticos impusieron a Fidel Castro durante la Crisis de Octubre.













McGeorge Bundy era de la opinión de que los soviéticos no llegarían tan lejos. Consideraba la vía militar como única posibilidad o, de lo contrario aprender a vivir con Fidel Castro. No estaba de acuerdo en incrementar sabotajes, sobrevuelo u otras acciones.

El mismo día 6 de octubre de 1962 el mercante “Metallurg Barden” descargaba los medios del tercer regimiento de cohetes de alcance medio que se emplazarían en Santa Cruz de los Pinos-San Cristóbal, en la provincia de Pinar del Río.

El día 7 de octubre de 1962 el mercante “Oremburg” llegó al puerto del Mariel con otras siete cabezas nucleares para los cohetes R-12, para el regimiento anteriormente mencionado.

Ya se encontraban, en suelo cubano, 28 cabezas nucleares (cuatro de ellas de instrucción).

En medio de aquella situación, el «designado a dedo» “presidente” de la República de Cuba, Osvaldo Dorticós Torrado, intervenía en el XVII período de sesiones de la Asamblea General de la ONU.
















Dorticós declaraba que el régimen establecido en Cuba tenía derecho a armarse, con el objetivo de defenderse de una “muy posible” agresión, por parte de los E.U.

Lo que no dijo Dorticós fue, que para “armarse” habían consentido la invasión a Cuba de fuerzas militares de la URSS. Invocaba el “derecho legítimo” de defender “las decisiones soberanas del pueblo”. Pueblo que se encontraba ajeno a la intervención soviética, en sus asuntos internos y la instalación de armas de destrucción masiva en su territorio.

Ente las muchas parrafadas que pronunció el monigote de Fidel Castro, ante las Naciones Unidas, se encuentran las siguientes:

“No tenemos porque rechazar la “ayuda espontánea” que se nos ofrezca, ya venga de la Reina Isabel de Inglaterra, del Emperador del Japón, del Presidente Kubistchek (del Brasil)…”

“Si Estados Unidos fuera capaz de dar garantías de palabra y garantías en los hechos, de no realizar agresiones contra nuestro país, declaramos aquí solemnemente que sobrarían nuestras armas y nuestro ejército”.

Esas garantías solicitadas, serían cumplidas junto con el retiro del contingente militar soviético, en conversaciones bi-partitas entre los Estados Unidos y la URSS, sin la participación de la incipiente dictadura totalitaria neofeudal encabezada por Fidel Castro.

El día 9 de octubre de 1962 el Presidente Kennedy aprobó el vuelo de 12 minutos, a una altitud de 20 mil metros sobre Cuba, de un avión U-2 de reconocimiento. Necesitaba pruebas concluyentes del emplazamiento de los cohetes nucleares que tanto negaban los rusos. El propio Presidente dijo que no había indicios de que los mismos ya estuviesen en condiciones operacionales aunque habían transcurridos dos meses desde que tuvieran las primeras noticias acerca de las maquiavélicas intenciones soviéticas.


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miércoles, 27 de junio de 2012

Cuando ya todo estaba decidido (la crisis de octubre)



La Crisis de Octubre

Reunión y aprobación cuando ya todo estaba decidido


Raúl Castro Ruz, quién había designado (a dedo) por su hermano mayor, en el cargo de Ministro de las Fuerzas Armadas en el octubre (también trágico) de 1959, llegó a Moscú el día 2 de julio de 1962. Asistiría a unas conversaciones con Kruchev y Malinovski.

Los “historiadores” del castrismo presentan a esta delegación como de alto nivel. Tal vez, desde un dudoso punto de vista político, pudiera llegar a tener característica de “alto”, pero la verdad, pura y dura es que para lo que se iba a tratar, en esas conversaciones, no tenían nivel alguno.




¡Examinar las bases del acuerdo que sería concertado entre la URSS y un grupo de guerrilleros que había tomado el poder en Cuba!
Raúl Castro y Nikita Kruchev


Démosle crédito a la versión del régimen de los hermanos Castro Ruz y aceptemos que en esa ocasión le plantearan a Kruchev hacer público el acuerdo militar y que haya sido la parte soviética la que insistiera en mantener el secreto.
De ser así, jamás hubiese ocurrido la “Crisis de los misiles”, también llamada “de Octubre”.
¿Serían tan cándidos los hermanos dictadores, amenazados de extinción por el “Monstruo Imperialista?
Cinco días mas tarde Malinovski informa a Kruchev que el Ministerio de Defensa de la URSS se encontraba listo para iniciar la “Operación Anadir”. Nikita aprobó oficialmente el plan.
Las conversaciones eran puro trámite. La ATS ya estaba formada y designado como Jefe el teniente General Pavel Dankevich, a la sazón Jefe del Ejército Coheteril Estratégico.
Antes de su partida hacia Cuba, el mando de la ATS tenía planificado un encuentro con Kruchev.
En aquella reunión participaron el Mariscal Malinovski, el  General de Cuerpo de Ejército Davidkov, los Generales de División Dementiev, Garbuz y Abashvili y los Generales de Brigada Dankevich y Grechko.
Kruchev les dedicó un discurso político, aseverándoles que tenía el consentimiento del régimen imperante en Cuba, para la instalación de los cohetes. Reiteró en varias veces que no pretendía provocar un conflicto nuclear. Cualquiera de los tantos Generales allí presentes se podría haber preguntado: ¿Si no lo pretendes, para que lo haces? Kruchev decía no tener pretensiones de provocar y por otro lado les decía que si las intenciones de los Estados Unidos era castigar a los hermanos Castro Ruz, debido al sistema que pretendían imponer al pueblo de Cuba, “…tendrían que vérselas con nosotros.”
Además, les dejó bien claro que la utilización del arma nuclear sería decidida por él y solo por él. Al final les confió lo que verdaderamente pensaba: Si las tropas soviéticas lograban afianzarse en el Hemisferio Occidental, a los norteamericanos no les quedaría otra opción que conformarse.
¡Que poco conocía a los yanquis!
Al final les dijo que se estaba concertando un acuerdo que sería publicado, sin falta, cuando los cohetes estuviesen instalados. Fue en ese momento, más o menos que indagó por alguien que aparentemente él desconocía. Se trataba del asesor de Fidel Castro.
Se trataba de Dementiev, al cual le espetó la siguiente pregunta: ¿Considera que se podrá mantener el secreto?
La respuesta fue sincera y negativa. Le costó el puesto al asesor.
Entre otros puntos de vista, el General Dementiev llamó la atención acerca de que el paisaje cubano no servía para ocultar la técnica estratégica. Que, en la premura de la planificación se habían escogido llanuras y que Cuba carecía de áreas boscosas en esos parajes.
Dicen las “malas lenguas” que Malinovski le propinó un puntapié por debajo de la mesa.
Dementiev fue sustituido por el General de Ejército Issa Alexandrovich Pliev, quién hasta ese momento era Jefe de la región Militar del Caúcaso Norte. Debido a este “inconveniente” la partida de la ATS se postergó para el día 10, en que el Generral Pliev partió hacia Cuba.

Issa Alexandrovich Pliev


Una vez más queda demostrada la incapacidad del mando político-militar de la URSS y su ligereza ante una conflagración nuclear.
El General Pliev precisó, a última hora, la utilización de las armas nucleares tácticas. Kruchev le otorgó el derecho de utilizarlas de acuerdo a su criterio personal y siempre que no existiese comunicación con la URSS. Todo realizado de forma oral y por tanto no oficial. Una muestra fehaciente de la improvisación y la irresponsabilidad.

A cualquier ser normal, aun con menos de tres dedos de frente (Kruchev tenía muchísimos más), se le puede ocurrir que el Primer Ministro de la URSS era un perfecto irresponsable e inconsciente, que le importaba un bledo el futuro de Cuba como territorio, nación o país. 

El día 12 de julio zarparon los primeros barcos. Todo el personal sabía que se trataba de una maniobra. Lo que no estaba claro donde se desarrollaría. Todos preguntaban en voz baja y recelosa. Ninguno recibía respuesta. Solo la letanía de “los ejercicios estratégicos”. Cuando les recogieron los documentos del partido o el konsomol, ninguno entendía el porqué. Hasta los capitanes de los barcos no entendían que les fuese negado el acceso a mapas de la región a la cual se trasladarían. Ya les habían prohibido atracar en puertos intermedios durante la travesía, pero ellos no sabían hacia donde se dirigían. Les habían advertido que en caso de ser atacados y no poder defender la nave, ésta debía ser hundida, antes que entregada. A los capitanes les prohibieron la utilización de prácticos para cruzar los estrechos del Bósforo y los Dardanelos.


“La luna en el mar riela,

en la lona gime el viento

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

Y allá a su frente Estambul”



El María Ulianova fue el primero en pasar muy cerca de Istambul. Nadie podía imaginar que aquella aparentemente pacífica embarcación iba cargada de un peligro mortal.

Los medios informativos soviéticos contribuyeron a la desinformación de la opinión pública, al decir que aumentaban las travesías de barcos mercantes a Cuba con alimentos y medicinas.



Solo al momento de la partida le eran entregados a los capitanes de los barcos, dos sobres y un paquete, sellados y cosidos, con la indicación de que abriera el primer sobre al salir de las aguas territoriales de la URSS. Para esto, debían estar presentes, además del Capitán, el Jefe del Convoy y el funcionario del KGB. En el caso de que el barco partiera desde un puerto en el Mar Negro, al abrir el primer sobre les era indicado abrir el segundo después de pasado el Estrecho de los Dardanelos.

Cuando abrían el segundo, ya podían haber adivinado que se encontrarían con la orden de abrir el paquete después de pasar el Estrecho de Gibraltar.


Pasado Gibraltar, la indicación siguiente era dirigirse a Cuba y el puerto de destino.

A partir de ese momento comenzaría el estudio del material con todo el personal. Quedaba establecido que el Capitán del barco era la máxima autoridad y responsable por cualquier decisión y orden.

En cada barco el personal iba organizado y llevaba su armamento personal. Llevaban fusiles automáticos, ametralladoras, lanzacohetes antitanque portátiles. Instalaron cañones antiaéreos de pequeño calibre en las embarcaciones.


Un práctico es un marino que conduce los barcos en aguas peligrosas o de intenso tráfico, como puertos, canales angostos o ríos. No obstante, el práctico es sólo un asesor, en tanto legalmente el capitán continúa al mando del buque. El practicaje es una de las profesiones más antiguas y menos conocidas, no obstante ser una de las más importantes en la seguridad de la navegación. El riesgo económico, ambiental y para las vidas humanas que representan los barcos de carga, hacen que el rol del práctico sea esencial.

Dejar de utilizar los servicios del práctico en el Estrecho del Bósforo o en los Dardanelos, por un solo barco, tal vez pase inadvertido. Cuando se trataba de muchos barcos y para más soviéticos, levantó sospechas inmediatamente.

Los prácticos turcos informaron que los barcos soviéticos presentaban una característica inusual. La línea de flotación de la mayoría de los barcos que cruzaban los estrechos se mantenían muy por encima del nivel de la superficie. Las cargas pesaban menos que la capacidad de los barcos.

El día 12 de julio llegó a La Habana el grupo de dirección de la ATS, enmascarados de “especialistas agrícolas”. Fidel Castro les dio la bienvenida. El día 14 concluyó el plan de reconocimiento, el cual daría inicio sobrevolando la región occidental de Cuba.















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https://www.youtube.com/watch?v=lwXG-6myaoE&t=109s

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