miércoles, 21 de enero de 2026

La Doctrina Militar de la Guerra de Todo el Pueblo


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Teniente Coronel (r) cubano Mario Riva Morales: “El Ejército de Cuba no tiene posibilidad alguna frente a EE.UU.”

El teniente coronel Mario Riva, exmiembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y parte del grupo de militares objetores de conciencia, declaró en entrevista con Mario J. Pentón que el régimen cubano mantiene una estrategia militar obsoleta e inviable frente a Estados Unidos.

Mario Riva Morales, teniente coronel retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba y miembro del grupo de Militares Objetores de Conciencia, aseguró al periodista Mario J. Pentón que el ejército cubano “no tuvo ni tiene ninguna posibilidad frente a Estados Unidos”.

El veterano reveló un episodio poco conocido de la historia militar cubana. En 1983, tras una crisis en Polonia que condujo al deterioro de la situación en Europa del Este, la Unión Soviética comunicó a Fidel Castro la necesidad de reducir el apoyo militar a la isla.

En ese contexto surgió la doctrina de la milicia de tropas territoriales, la llamada ‘Guerra de todo el pueblo’. Eso fue un eufemismo para no decir la verdad: nos habíamos quedado con la brocha en la mano y sin escalera”, afirmó.

La llamada “Guerra de todo el pueblo” se convirtió en el eje de la defensa nacional del régimen cubano durante las décadas siguientes, una estrategia que, según Riva, carece totalmente de sentido en el escenario actual.

No es posible que sigan pensando en la misma doctrina de combate, más de medio siglo después”, criticó Riva y lanzó un llamado directo a los soldados cubanos: “No usen las armas contra el pueblo, porque el pueblo de Cuba está protestando por una causa justa”.

El contexto histórico al que alude el exoficial cubano remite a Polonia en 1983, cuando el régimen comunista soviético levantó la ley marcial (Stan Wojenny) impuesta en 1981 para aplastar al movimiento sindical Solidaridad. A pesar de la represión, con más de 10.000 encarcelados, el movimiento continuó operando en la clandestinidad y marcó un punto clave en la lucha por la libertad en Europa del Este.


El grupo de Militares Objetores de Conciencia cubanos surgió en febrero de 2021. Está compuesto por altos oficiales de las FAR y el Ministerio del Interior (MININT) que sufrieron condenas en Cuba y se encuentran exiliados. También hay otros miembros que permanecen anónimos dentro de la isla.


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sábado, 29 de noviembre de 2025

Tte. Coronel MARIO RIVA - La Leyenda - Entrevista

La Guerra Innecesaria - Entrevista con su autor el Tte. Coronel MARIO RIVA

miércoles, 26 de noviembre de 2025















miércoles, 19 de febrero de 2025

Sucedió en Ciudad Trujillo 1959

 
                                                                 Epílogo






Solo después de la muerte de Mario Riva Patterson, ocurrida en 1991, llegaron a nuestras manos varios libros que arrojaron luz sobre lo sucedido en Ciudad Trujillo entre el 5 y el 14 de junio de 1959. Entre ellos "Fabulario" de Mario Kuchilán, donde hace referencia a Estévez Maymir.

Suponemos que Riva Patterson nunca llegó a saber las relaciones tan estrechas que existían entre ese señor y Fulgencio Batista, puesto que jamás lo mencionó. Tampoco hizo mención a la desastrosa "expedición" del 14 de noviembre, aunque debe haber tenido conocimiento de la mismas.

Al menos posteriormente a los hechos narrados aquí. 


Once años más tarde, yo participaría en el entrenamiento de las fuerzas guerrilleras de Francisco Caamaño Deñó, en la Sierra del Rosario, provincia de Pinar del Río, Cuba.


                                                          Francisco Caamaño Deñó


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martes, 18 de febrero de 2025

Sucedió en Ciudad Trujillo 1959



                                 



                                           Guillermo Cabrera Infante 

                           y su descripción de los sucesos de Ciudad Trujillo 




Gustavo Arcos Bergnes, al decir de Cabrera Infante, fue embajador del régimen de Fidel Castro, ante el Reino de Bélgica, entre los años 1960 y 1965, época en que se conocieron (en octubre de 1962) cuando llegó Cabrera Infante, como Agregado Cultural de esa embajada. Cabrera Infante sitúa la fecha de conclusión de Arcos, como embajador ante los Países Bajos, a mediados de 1964.


                                                             Gustavo Arcos Bergnes

La familia de Riva Patterson llegó a Londres en julio del año 1963.

Cuenta Cabrera Infante que, Arcos había realizado un viaje de consulta a La Habana en 1962, regresando en 1963 con dos nuevos colaboradores. Uno de ellos era Juan José Díaz del Real, conocido entre sus amigos como Jota Jota.

Gustavo Arcos había conocido a Jota Jota en Caracas, Venezuela durante las actividades de apoyo al Movimiento 26 de Julio.

Como aquel que no quiere la cosa, en su libro "Mea Cuba", Guillermo Cabrera Infante relata que un día Jota Jota se encontró con un conocido batistiano en una calle de Santo Domingo, (no dice el nombre del personaje) que de lejos levantó una mano para saludarle.

Nunca podré saber si Cabrera Infante miente deliberadamente o, escuchó campanas, sin saber de dónde provenía el tañer, para decir que: “sin mediar palabra, Díaz del Real sacó su pistola, disparó y mató al “cubano cordial” (las comillas son mías).

Nada dice de Mario Riva Patterson, quién fuera el Encargado de Negocios del régimen de Fidel Castro, desde el mes de febrero del año 1959, hasta el momento de los referidos acontecimientos.

Los hijos de Riva Patterson, por desgracia partícipes indirectos de aquellos acontecimientos y muy a nuestro pesar, no nos queda alternativa, sino la de desmentir al famoso escritor. 



Mario Riva Morales


En el mes de diciembre de 1964 o tal vez en enero del 65, ocupando papá el cargo de Consejero del Embajador de Cuba ante el Reino de la Gran Bretaña y el Norte de Irlanda, fui de vacaciones, en compañía del Agregado Cultural de la Embajada de Cuba en Londres, Pablo Armando Fernández, a Bruselas (Bélgica) donde me esperaría el amigo de papá y Embajador de Cuba ante el Reino de Bélgica, Juan José Díaz del Real. Yo acababa de cumplir 14 años de edad.


                        Con Pablo Armando Fernández y su familia en Waterloo, BélgicaExtrema izquierda, Juan José Díaz del Real. Extrema derecha Mario Riva Morales. En el centro Pablo Armando


En compañía de las personas, antes mencionadas (y sus respectivas familias) y del Agregado Cultural de Cuba ante el Reino de Bélgica realizamos un viaje para visitar las ciudades holandesas de Rotterdam y Ámsterdam.

Ese Agregado Cultural era nada menos que Guillermo Cabrera Infante, pero yo no tenía ni idea.
Meses más tarde ambas familias (la de Cabrera Infante y la mía) estarían de regreso en Cuba. Mi familia en febrero y la de Cabrera Infante en el verano.

Eso lo supe leyendo “Mea Cuba”, ahora, bastante tarde. En su relato, Cabrera Infante dice que Díaz del Real entró corriendo en la embajada, lo cual es totalmente falso. Dice también que Díaz del Real era enfermo y paranoico.

Juan José Díaz del Real no era hombre de armas, ni era un hombre violento. No padecía ninguna enfermedad y jamás tuvo accesos de paranoia.

No puedo más que pensar que Cabrera Infante estaba equivocado. ¡Cualquiera se equivoca! Lo que me indigna es, la falta de escrúpulos. Guillermo Cabrera Infante publicó su libro en 1996.

Hacía ya muchos años que Díaz del Real, Riva Patterson y Julio Cruz habían fallecido. De esa forma, el ya famoso escritor, no les permitía la posibilidad de defenderse de tamaña ofensa. 





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Sucedió en Ciudad Trujillo 1959

                                                               
                                               El día 14 de junio




Cerca de las cinco de la tarde del 13 de junio, el Comandante Camilo Cienfuegos despidió a los dos grupos y ordenó que hicieran la mayor cantidad de fotos que fuese posible.
Las tres fragatas, que entonces tenía la Marina de Guerra Revolucionaria, servirían de apoyo y velarían por la seguridad de ambas embarcaciones.

                                                        Camilo Cienfuegos

El 14 de junio de 1959 una tropa expedicionaria salida de Cuba llegó por avión a Constanza, en el corazón de la Cordillera Central, con el fin de iniciar una guerra de guerrillas contra la tiranía de Rafael Trujillo.

Seis días después otros dos contingentes llegaron en sendas embarcaciones a las playas de Maimón y Estero Hondo, en la costa norte. Esos contingentes estaban compuestos por dominicanos de variadas tendencias políticas que habían estado exilados en Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos y México. Estuvieron acompañados por cubanos, venezolanos, puertorriqueños y unos cuantos revolucionarios más de otras nacionalidades.

En Rancho Mil Cumbres, Pinar del Río, Cuba, se entrenaron 335 hombres de diferentes nacionalidades, los cuales tomaron parte en la Expedición.


                                                        Mil Cumbres


Otro grupo que no llegó a desembarcar, se entrenaba en «Madruga», provincia de La Habana.

Las principales organizaciones políticas dominicanas en el extranjero fueron recelosas de esta empresa político-militar. En consecuencia, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), y su líder Juan Bosch; el Movimiento Popular Dominicano (MPD), y su líder Máximo López Molina; el Partido Vanguardia Revolucionaria Dominicana (VRD), y su líder Horacio Julio Ornes Coiscou, no sólo no apoyaron al MLD, sino que, supuestamente, algunos de sus miembros filtraron informaciones a los servicios de inteligencia de Estados Unidos y de Trujillo.

Eso permitiría a la Dictadura trujillista, una prevención adecuada ante la eventualidad de una expedición militar en su contra.

El comandante del Ejército Rebelde, Delio Gómez Ochoa, autor del libro "La victoria de los caídos" y protagonista de aquella gesta, cuenta que Enrique Jiménez Moya "era portador de un mensaje escrito para Fidel, en el que la Unión Patriótica Dominicana de Venezuela lo nombraba como su genuino representante en la misión de foguear en la lucha guerrillera a un grupo de jóvenes dominicanos que deberían llegar a la Sierra Maestra.


                                                    Delio Gómez Ochoa

La idea era que esos patriotas estuvieran listos militarmente para combatir a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina y para eso esperaban la ayuda del Comandante". (Editora Collado, segunda edición, República Dominicana, 2007, p. 22.)

Los 54 expedicionarios que viajarían en el avión, se trasladaron hasta Cayo Espino en el territorio de Manzanillo, y luego, tras su última caminata de entrenamiento, se dirigieron a Cieneguilla, también en el territorio de Manzanillo, donde la nave aérea los esperaba.

En este contingente iría el Comandante en Jefe de la expedición, Enrique Jiménez Moya y lo acompañaba el asesor militar cubano, Comandante Delio Gómez Ochoa.


                                                      Enrique Jimenez Moya

Los Comandantes Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, prestaron mucho apoyo y solidaridad, para que la expedición fuese exitosa; es bueno destacar que el Che manifestaba una actitud reacia en cuanto a la versión de algunos patriotas dominicanos que aseguraban que un masivo levantamiento del pueblo se produciría respaldando el desembarco.

Se dice que el Che Guevara no confiaba mucho en estas versiones, porque la mayoría de los "patriotas" dominicanos llevaban largos años en el exilio y no tenían vivencia de cómo pensaba la población en aquel «presente».

No sería hasta el 26 de junio de 1959, que el gobierno de Fidel Castro rompería relaciones diplomáticas con la satrapía de Rafael Leónidas Trujillo.
El rompimiento de relaciones diplomáticas nada tenía que ver con la brutal agresión al territorio cubano en Ciudad Trujillo, ni el intento de asesinar a cuatro diplomáticos.

El argumento esgrimido por Fidel Castro se limitó a la imposibilidad de contemplar "impasible" el exterminio en masa, de aquellos que había enviado a una muerte segura.

La operación militar resultó un rotundo fracaso y situó en el seno de la OEA, al gobierno de Fidel Castro en “el banquillo de los acusados”.

Y aunque salió airoso de aquella peligrosa prueba, fue un momento muy difícil. Este fue un tema confidencial durante muchos años. Todavía, el 4 de agosto de 1997, estos acontecimientos no eran del conocimiento público en Cuba y han sido obviados, incluso en los documentos oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores. 


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lunes, 17 de febrero de 2025

Sucedió en Ciudad Trujillo 1959

                                                   

                                                   El regreso 





A las 12:40 horas del mediodía de aquel sábado 6 de junio de 1959 despegaba el avión de la Pan American desde Ciudad Trujillo. Atrás quedaban el "Chacal del Caribe y su protegido, el "Carnicero de Cuquine".

Esa misma tarde los diplomáticos cubanos regresarían a una Cuba “nueva”, donde avanzaba inexorablemente el incipiente proyecto de otra bestia, llamada Fidel Castro.

El avión hizo escala en Port au Prince, Haití. No tuvieron que descender del avión. De allí despegarían a las 5:45 p.m. en el vuelo 434 de la Pan American.

Al llegar el avión a Miami, en lugar de dirigirse hacia la terminal del aeropuerto, continuó hasta la cabecera de la pista apagando los motores. Los pasajeros comenzaban a hacer conjeturas, cuando un automóvil oficial y un ómnibus se aproximaron.

Un oficial de inmigración pidió a los pasajeros descender de la aeronave, menos los cuatro diplomáticos cubanos.

Después de que los pasajeros abandonaran el aparato, el funcionario se dirigió a los cubanos, en correcto español diciendo:

"Déjenme verles las caras". "Ustedes son las personas con mayor suerte del mundo". "Yo viví muchos años en la República Dominicana y no comprender como ustedes poder salir vivos de allí". A continuación les informó que habían dado órdenes de que no bajasen del avión, para evitar problemas y que en ese mismo avión se les trasladaría a Cuba. A ellos solamente.

A las siete de la noche aterrizaban en el aeropuerto "José Martí de La Habana.

Dando la información del Sr. Varela por válida, poco antes de la hora estimada, Gloria Amelia llegó al aeropuerto de Rancho Boyeros, casi al mismo tiempo que lo hacían los cuatro diplomáticos. Colándose en la pista, solo pudo ver a su marido unos instantes, antes que un automóvil del Ministerio de Relaciones Exteriores se llevara a los cuatro inmediatamente. 


                                       

                                  El sacrificio de una pieza

A tantos años de los acontecimientos que relato y después de haber vivido tantas conspiraciones y contra-conspiraciones, no he podido dejar de hacer conjeturas. 

¿Por qué, si aquellos diplomáticos defendieron el territorio nacional (sede diplomática) nunca recibieron un homenaje, siendo mantenidos a la sombra?
¿Cabrí
a la posibilidad de que el “show” estuviera diseñado desde las entrañas del régimen de Fidel Castro y asociada, de alguna forma, con la "expedición" del día 14 del mismo mes?

¿Sería que Trujillo ya tenía conocimiento de la invasión, cuando permitió el asalto a la Embajada?
¿Sería que Fidel Castro necesitaba de cuatro diplomáticos inmolados
para justificar aquel desembarco “aeronaval”?

¿Tendría algo que ver la decisión inconsulta, al embajador yanqui, para salir de aquel infierno?
El gobierno de Fidel Castro nunca denunció, ante la Organización de Estados Americanos (OEA), ni formuló queja alguna en relación a estos acontecimientos, como era de esperarse.

Ocho días más tarde tendría lugar la llamada "expedición" del 14 de junio. 


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sábado, 15 de febrero de 2025

Sucedió en Ciudad Trujillo 1959




                                                           Aceptaron la propuesta.

Pocos minutos pasaron antes que la Pan American les llamara para comunicarles que tenían disponibles cuatro asientos, pero no podía venderle los boletos, al carecer los pasaportes del visado de entrada a los Estados Unidos. Extremando su gentileza, Farland hizo que el cónsul de la Unión, a pesar de ser sábado, se personara (con todos los cuños necesarios) para visar los pasaportes, en la misma habitación del hotel. Concluidas las gestiones de los pasajes y los visados, Riva Patterson telefoneó nuevamente a Mr. Farland, para agradecerle la gentileza. Farland, a su vez, les deseó un buen viaje y feliz regreso a La Habana.

Fueron a despedirles, al hotel, los Embajadores de Perú y Brasil, así como los Encargados de Negocios de Venezuela, México, Argentina y Guatemala. Todos se expresaron de igual forma.
La despedida sería en el hotel, aunque ellos estarían en el aeropuerto hasta que despegara el avión. A la hora de partir, Riva Patterson llamó 
al Teniente que estaba de guardia, invitándole a entrar a la habitación y beber café con todos ellos."Teniente", le dijo. "Como usted sabe, hay algunas manifestaciones, incluso en las inmediaciones del hotel y probablemente, a nuestra salida del hotel puede producirse alguna demostración en contra nuestra.

¿Han tomado medidas para evitar una agresión?", preguntó.

“A nosotros no nos preocupa que griten o vociferen, pero sí, que nos vayan a atacar o lanzar algún proyectil, piedra o algo por el estilo".

“¿Cuánto tiempo lleva usted en la República Dominicana?", le preguntó el oficial, para a continuación sentenciar:"Si usted lleva en nuestro país, desde el mes de febrero, es tiempo suficiente para conocerlo bien. El Generalísimo y Doctor Rafael Leónidas Trujillo y Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, ha dado órdenes de que ustedes salgan sin problemas de la República Dominicana. Tenga usted la seguridad de que pueden ir hasta el aeropuerto caminando, que nadie osará molestarles".

Efectivamente, fueron trasladados en un patrullero escoltado. Esa misma mañana de sábado, mientras se salvaban los inconvenientes anteriormente relatados, en La Habana, Gloria Amelia (la mujer de Riva Patterson), después de una noche de angustias, sin noticias (nadie contestaba al teléfono), decidió comunicar con la Embajada del Perú.

El Embajador Varela le dijo: "Despreocúpese Gloria, Mario va para allá en el vuelo de la Pan American que hace escala en Miami". "Yo estaré en el aeropuerto, pero él no me verá", fueron las palabras del Sr. Varela. Aparentemente, las autoridades dominicanas estaban intentando demorar la partida.

Mientras tanto, en el palacete de José Eleuterio Pedraza*, en la "Avenida Cordell Hull" no. 66, velaban el cadáver de Rilde González Martínez, el hombre que había resultado muerto en la Embajada. El entierro de Rilde se efectuaría aquella misma tarde y tal vez esperaban que se produjese otra confrontación.

Aparentemente, era el mismo Rilde Gónzalez Martínez que había sido lugarteniente de Rolando Masferrer. El mismo de los famosos y luctuosos "Tigres de Masferrer.

Al producirse su muerte, se encontraba siendo juzgado en Cuba (en ausencia), por la causa no 42/59.

* Muchos de los criminales batistianos le sirvieron a la tiranía trujillista, a través del tenebroso Servicio de Inteligencia Militar (SIM) que dirigía el aun más tenebroso Johnny Abbes García. Esto quiere decir que Trujillo no solamente se valió de dominicanos para asesinar opositores en el extranjero, sino también de mafiosos cubanos, entre ellos el ex general José Eleuterio Pedraza y Cabrera, el coronel José Maria Cañizares el ex coronel Manuel Ugalde Carrillo, los tenientes coroneles Merob Sosa, Ángel Sánchez Mosquera, y Esteban Ventura Novo.




Pedraza, al igual que los demás, viajó a la entonces Ciudad Trujillo junto al derrocado dictador cubano el 1 de enero de 1959, cuando triunfó la revolución cubana. Pedraza se convirtió en uno de los esbirros favoritos de Trujillo, quien al parecer admiraba su inteligencia para eliminar enemigos. Pedraza había sido Jefe de la Policía Nacional en Cuba. 



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jueves, 13 de febrero de 2025

Sucedió en Ciudad Trujillo 1959






                                La protección del Cuerpo Diplomático

Unos diplomáticos pidiendo la protección de otros. También era insólita la posición en que se encontraban.
La estrategia de los cubanos, era forzar al gobierno dominicano.

El ejército había desalojado a los asaltantes, pero las tropas comenzaban a retirarse. Anochecía. La situación de los cuatro hombres era más que difícil. Por otra parte, el Encargado de Negocios de Venezuela les comunicaba que las estaciones de radio habían aumentado su volumen de propaganda anti-cubana y que estaban permitiendo hablar a varios exiliados que les llamaban (a los diplomáticos) asesinos comunistas.

Decían que se estaban reuniendo grupos en diferentes zonas de la ciudad.

En vistas de tales circunstancias, el Sr. Varela les propuso que Díaz del Real y Riva Patterson se trasladaran a su casa, ya que ambos debían concurrir a una reunión (convocada por Varela en su calidad de Decano del Cuerpo Diplomático) pero que tenían que ver que hacían con Julio y Ricardo que, inexplicablemente, no tenían pasaporte diplomático y por tanto carecían de inmunidad.

Riva Patterson se dirigió al Embajador de Guatemala, pidiéndole que llevase a Julio y Ricardo para su casa. Sorprendido por semejante petición, momentáneamente no supo que responder, murmurando que él no podía conceder asilo sin consultar.“No, Embajador”, dijo Riva Patterson, “no se trata de asilo, solo de que invite a estos señores a comer a su casa”.

De esa forma, tan poco ortodoxa, quedaban Julio y Ricardo bajo la protección del Embajador de Guatemala, mientras que él y Díaz del Real continuaban bajo la protección del Embajador del Perú. Ya en la Embajada del Perú, el Sr. Varela les relató que mientras ocurría el asalto a la Embajada cubana, él se había dirigido al Palacio Presidencial y durante más de una hora, como Decano del Cuerpo Diplomático, trató inútilmente de ver a Trujillo para que detuvieran aquella barbaridad.




El ayudante de Trujillo le dijo que el “Generalísimo” se encontraba ocupado y que le había pasado el recado. Que lo recibiría lo más pronto que le fuera posible. Cada diez minutos se dirigía al oficial, explicándole la situación.

Al fin, Trujillo le recibió y lo primero que le dijo fue que ya había ordenado detener el ataque. Que le habían informado que el grupo atacante estaba compuesto por cubanos contrarios al gobierno de Castro y que tan pronto le habían llegado las noticias, ordenó a las fuerzas de seguridad para que intervinieran. Por último le dijo: “No se preocupe, los cubanos, por los que usted se interesa, están bien”.

“Los refugiados estos, que tenemos aquí, son tan pendejos, que en dos horas no pudieron coger a ninguno”. La mujer del Embajador Varela, al sentir los primeros disparos, pensó que se trataba de cohetes con los que estaban celebrando alguna festividad.

Para ver de qué se trataba, se asomó al jardín de su casa, siendo testigo presencial del asalto.
Como consecuencia del shock estuvo ingresada en una clínica hasta que los diplomáticos cubanos permanecieron en la República Dominicana.

Al cabo de cierto tiempo, comenzaron a llegar los Embajadores.
El Embajador de los Estados Unidos, Sr. Farland, regresaba de una pesquería y se presentaba en pull-over (t-shirt) y zapatos tennis.
Se disculpó diciendo que al escuchar las noticias no había querido perder tiempo para cambiarse de ropa.

Poco antes de comenzar la reunión, en la casa de la Embajada del Perú, uno de los sirvientes, que conocía a Riva Patterson, le dijo que la radio había dicho que los cuatro diplomáticos cubanos habían muerto. Inmediatamente le condujo a un saloncito donde se encontraba un equipo de radio y allí pudo escuchar que varias turbas recorrían las calles portando carteles y gritando consignas.

Un energúmeno pedía a Trujillo, que autorizara un duelo, entre dos de ellos, cerrando una calle, y dos de los diplomáticos, para ver quiénes eran más guapos (valientes) y otra serie de sandeces por el estilo.

En la reunión, los diplomáticos cubanos plantearon abiertamente que en horas de la mañana habían resultado objeto de una agresión física en medio de la calle y por la tarde había sido asaltada la Embajada, a mano armada.En vista de que el Gobierno Dominicano era incapaz de ofrecerles garantías, pedían del Cuerpo Diplomático: Protección. 

Esta petición se sustentaba en base a que tan solo 300 metros, de distancia, mediaban entre la estación de policía más cercana y la casa de la Embajada. Que el ataque había durado más de dos horas y no habían sido capaces de intervenir. El Embajador del Perú dijo que, la reunión extraordinaria del Cuerpo Diplomático tenía por objeto considerar la solicitud presentada, debido a que se encontraban en peligro de muerte dos diplomáticos pertenecientes a dicho Cuerpo.

Uno de los Embajadores mencionó algo relativo a un convenio por el cual no era posible que un diplomático pidiera asilo en otra Embajada. “Claro que eso no puede estar contemplado en un tratado, porque es un completo absurdo”, dijo Riva Patterson. “Pero también es un absurdo que persigan a tiros a unos diplomáticos, dentro de su propia Embajada y que al final les intenten quemar vivos”.

La reunión se fue complicando, no sin razón, los diplomáticos cubanos se encontraban alterados. Fue entonces que Riva Patterson exclamó: “¡Qué tratado, ni que cojones!” Ante este exabrupto, el Embajador Sr. Pombo, de Argentina, hombre relativamente joven, de barba corta, de esas que se conocen con el nombre de chivo o perilla, se levantó, aproximándose a Riva Patterson y dijo dirigiéndose a los allí reunidos: “Vamos a descansar un momento, mientras yo hablo con el colega cubano”.“Ven conmigo. Vamos a beber algo, a la cocina, para refrescarnos”. 

Dirigiéndose ambos a la cocina, continuó diciendo: “No te preocupes colega, ya comprendo cómo te sientes, pero, para que estés tranquilo che, quiero decirte que cualquier cosa que acuerden esta partida de boludos, tu duermes esta noche en mi Embajada. A ver si se atreven también a asaltar la Embajada Argentina”. “¡Mirá, si tu sales a la calle, no llegás a la esquina!”.

Durante la reunión se recibieron varias llamadas del Ministerio de Relaciones Exteriores, citando a distintos Embajadores, con la evidente intención de interrumpirla. Al final, una numerosa representación del Cuerpo Diplomático se dirigió a la Cancillería.

A la reunión de la Cancillería asistió Juan José Díaz del Real. Mientras tanto, Riva Patterson permanecía en la Embajada del Perú.

A las ocho horas de la noche, llegaba a la Cancillería, la representación del Cuerpo Diplomático. Se esclarecieron muchos aspectos.

El Canciller Herrera Báez no había concedido ninguna entrevista a los cubanos para las tres de la tarde de aquel día.

Herrera Báez expuso su versión de los hechos. Los diplomáticos cubanos habían sido atacados en la calle. Santo Domingo se encontraba llena de refugiados cubanos que, lógicamente no simpatizaban con el gobierno de Fidel Castro.

Estos, actuando por su cuenta, habían atacado a los diplomáticos y él mucho que lo lamentaba.

“Hace poco”, dijo Herrera Báez, “en La Habana colocaron una bomba contra nuestra Embajada. Nosotros comprendimos que el Gobierno cubano no era el responsable, aunque sí exigimos que se tomaran las medidas pertinentes”. “Los sucesos de hoy”, continuó el Canciller, “son consecuencias de las luchas internas de Cuba, de las que el gobierno dominicano no es responsable. 

Tan pronto el Gobierno dominicano supo que estaban atacando a la Embajada, envió a las fuerzas de seguridad para protegerles”.

Dentro de su intervención de casi 20 minutos, dijo algo así como que probablemente los diplomáticos no se hubieran enterado de que hasta un carro blindado había sido enviado a lugar de los hechos.

Terminó diciendo que el Gobierno Dominicano garantizaba la vida, la seguridad y la libertad de movimiento de los diplomáticos cubanos. Se negaba rotundamente a acceder a la solicitud de asilo de los diplomáticos cubanos, que eso era un imposible y que las garantía las daba a título de su gobierno y personalmente.

Nuevamente en la Embajada del Perú y luego del informe de lo sucedido en la reunión de la Cancillería, el Sr. Varela llamó aparte a Riva Patterson y a Díaz del Real, para decirles que si ellos insistían en la petición de asilo, él tenía la seguridad que lo encontrarían en cualquier Embajada, pero que eso pondría al gobierno dominicano en una situación sumamente difícil, por lo cual, él (Varela) tenía la completa seguridad de que nunca saldrían de Santo Domingo, o por lo menos, hasta que Trujillo muriera. A continuación y de forma confidencial, le dijo a Riva Patterson:

“He hablado ya con el Generalísimo y me ha asegurado que ustedes no van a tener más problemas. Mi sugerencia es que acepten la palabra del Canciller y todo quedará resuelto de la mejor manera”.

El Ministro de Relaciones Exteriores dominicano, había invitado a los diplomáticos cubanos a hospedarse en el Hotel Embajador.
El Sr. Varela les acompañó hasta una suite de dicho hotel.
Allí les esperaba una fuerte custodia policial.


                                           Vista del Hotel Embajador

A tenor de las agotadoras emociones de un día tan dramático, era dudoso que pudieran dormir. El hotel se encontraba rodeado de soldados portando armas largas. Dos soldados a la salida del elevador y uno en cada puerta, a lo largo del pasillo que conducía a la suite.

En la puerta, un Teniente, que les saludó militarmente, diciéndoles que se encontraba a su entera disposición, pidiéndoles que, si deseaban salir a alguna parte, él tenía órdenes de acompañarles, como forma de protección. Solamente una condición:

Debían decirle a donde pretendían ir. De común acuerdo, decidieron comer algo en la propia habitación y acostarse luego. No tenían más ropa que la puesta y consideraron estúpido regresar a por las cosas personales. Se afeitaron, tomaron un baño, luego comieron algo encargado al servicio de habitaciones y a pesar de todo, consiguieron dormir.

Cuando llamaron a la puerta de la habitación, entre las siete y las ocho de la mañana del sábado día 6 de junio (faltando solamente 8 días para el desembarco de tropas proveniente de Cuba), ya se encontraban todos despiertos, menos Julio Cruz.

Una expresión de alivio apareció en sus rostros al advertir que era el Sr. Varela.
Otro tanto se advertía en la cara del Embajador al comprobar que sus colegas no habían sufrido nuevos quebrantos durante la noche.

Solicitaron una llamada a La Habana. Hablaron con el Viceministro Primelles, quién después de escuchar el relato de los acontecimientos les ordenó regresar a Cuba inmediatamente.

Finalizada la llamada, le informaron al Teniente que precisaban ir al buró de turismo del hotel para reservar los pasajes de avión.

Riva Patterson fue acompañado por el Teniente y dos soldados que permanecieron todo el tiempo a prudente distancia. Díaz de Real permaneció en la habitación junto con Julio y Ricardo.

Aquellos que no conocieron a la República Dominicana, en la "Era de Trujillo", les resultará difícil comprender la expectación que se produjo en el hotel. Hoy parecería una escena de un filme de acción.

En aquella época era totalmente normal que, en Ciudad Trujillo, luego que las emisoras de radio y la prensa escrita hicieran un simple señalamiento sobre una persona, fuera suficiente para considerarla muerta o desaparecida.

La salida del elevador, escoltado por tres militares armados fue un acontecimiento inusual, máxime cuando en los principales periódicos de esa mañana, aparecía la fotografía de Riva Patterson con una leyenda de "Asesino". «Esta es la fotografía del asesino filo- comunista, disfrazado de diplomático».

En el mismo periódico aparecía un artículo, que ocupaba casi la última página, en el cual un llamado «Ejército de Liberación» le había condenado a muerte y terminaba la sentencia diciendo: «Ejecútese dondequiera que pueda encontrarse». Al atravesar el vestíbulo del hotel, algunas personas corrieron, otras se asomaban desde detrás de las columnas.

Una jovencita les atendió en la oficina de turismo. En el momento en que fue abordada por el diplomático, "condenado a muerte", se encontraba leyendo el periódico «El Caribe».

La sonriente muchacha cambió la sonrisa, para una mueca helada. Aquella niña temblaba como hoja que se lleva el viento. Miraba la fotografía del periódico y nuevamente a la cara de su interlocutor, sin atinar a nada.

El Teniente, dándose cuenta de la situación le dijo: "Señorita, haga el favor de atender a su Excelencia”. La muchacha respondía afirmativamente, pero sus manos se negaban a responderle y no conseguía anotar lo que se le pedía. Un empleado de más edad acudió en su ayuda. Tomó nota de la solicitud y momentos más tarde informaba que no encontraba espacio disponible en ningún vuelo para La Habana. Por lo menos en un mes. Ante semejante sorpresa se le dijo que procurara reserva para México, Jamaica, Venezuela o cualquier otro país y que tratara de hacerles conexión para llegar a La Habana, lo más rápidamente posible.

Minutos después le daba exactamente la misma respuesta. Efectuó un último intento reservando para España, pero la respuesta del funcionario fue siempre la misma. «No había espacio disponible». 

Al principio, el Teniente insistió con el empleado, intentando ayudar, pero a la segunda negativa dejó de intervenir en el asunto, limitándose a permanecer, a cierta distancia, discretamente.

Se encontraban nuevamente reunidos en la habitación del hotel. Se había incorporado el Embajador del Brasil. Impusieron a ambos Embajadores la nueva situación y los dos coincidieron en su falta de extrañeza. Sabían, por experiencia, que ese era el método utilizado en la República Dominicana.

Fue entonces que, Riva Patterson, recordó el ofrecimiento realizado por el Embajador de los Estados Unidos Mr. Joseph Farland. 

Sin perder más tiempo telefoneó a Farland , el cual allanó todas las dificultades. Tampoco Farland se sorprendió ante aquel hecho. 

Mr. Farland tenía reservados, de forma permanente, cuatro asientos, en todas las líneas aéreas americanas. Por tanto, les cedía esos asientos a los colegas cubanos, siempre que quisieran volar a Miami y de allí a La Habana. 


                                 Embajador Joseph Farland

Nota: Farland fue embajador en República Dominicana 57/60, Panamá 60/63, Pakistán 69/72 e Irán 72/73. Comisionado por JFK para las conversaciones entre Panamá-EE.UU. En 1971concertó el encuentro secreto entre Kissinger y Chou En Lai que viabilizó la histórica visita de Nixon a China en el 72. Vinculado al influyente Center for Strategic and International Studies de Georgetown.
Este respetado diplomático falleció en 2007.


https://www.amazon.com/-/es/Sucedi%C3%B3-Ciudad-Trujillo-1959-Spanish/dp/1542354021




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