miércoles, 27 de junio de 2012

Cuando ya todo estaba decidido (la crisis de octubre)



La Crisis de Octubre

Reunión y aprobación cuando ya todo estaba decidido


Raúl Castro Ruz, quién había designado (a dedo) por su hermano mayor, en el cargo de Ministro de las Fuerzas Armadas en el octubre (también trágico) de 1959, llegó a Moscú el día 2 de julio de 1962. Asistiría a unas conversaciones con Kruchev y Malinovski.

Los “historiadores” del castrismo presentan a esta delegación como de alto nivel. Tal vez, desde un dudoso punto de vista político, pudiera llegar a tener característica de “alto”, pero la verdad, pura y dura es que para lo que se iba a tratar, en esas conversaciones, no tenían nivel alguno.




¡Examinar las bases del acuerdo que sería concertado entre la URSS y un grupo de guerrilleros que había tomado el poder en Cuba!
Raúl Castro y Nikita Kruchev


Démosle crédito a la versión del régimen de los hermanos Castro Ruz y aceptemos que en esa ocasión le plantearan a Kruchev hacer público el acuerdo militar y que haya sido la parte soviética la que insistiera en mantener el secreto.
De ser así, jamás hubiese ocurrido la “Crisis de los misiles”, también llamada “de Octubre”.
¿Serían tan cándidos los hermanos dictadores, amenazados de extinción por el “Monstruo Imperialista?
Cinco días mas tarde Malinovski informa a Kruchev que el Ministerio de Defensa de la URSS se encontraba listo para iniciar la “Operación Anadir”. Nikita aprobó oficialmente el plan.
Las conversaciones eran puro trámite. La ATS ya estaba formada y designado como Jefe el teniente General Pavel Dankevich, a la sazón Jefe del Ejército Coheteril Estratégico.
Antes de su partida hacia Cuba, el mando de la ATS tenía planificado un encuentro con Kruchev.
En aquella reunión participaron el Mariscal Malinovski, el  General de Cuerpo de Ejército Davidkov, los Generales de División Dementiev, Garbuz y Abashvili y los Generales de Brigada Dankevich y Grechko.
Kruchev les dedicó un discurso político, aseverándoles que tenía el consentimiento del régimen imperante en Cuba, para la instalación de los cohetes. Reiteró en varias veces que no pretendía provocar un conflicto nuclear. Cualquiera de los tantos Generales allí presentes se podría haber preguntado: ¿Si no lo pretendes, para que lo haces? Kruchev decía no tener pretensiones de provocar y por otro lado les decía que si las intenciones de los Estados Unidos era castigar a los hermanos Castro Ruz, debido al sistema que pretendían imponer al pueblo de Cuba, “…tendrían que vérselas con nosotros.”
Además, les dejó bien claro que la utilización del arma nuclear sería decidida por él y solo por él. Al final les confió lo que verdaderamente pensaba: Si las tropas soviéticas lograban afianzarse en el Hemisferio Occidental, a los norteamericanos no les quedaría otra opción que conformarse.
¡Que poco conocía a los yanquis!
Al final les dijo que se estaba concertando un acuerdo que sería publicado, sin falta, cuando los cohetes estuviesen instalados. Fue en ese momento, más o menos que indagó por alguien que aparentemente él desconocía. Se trataba del asesor de Fidel Castro.
Se trataba de Dementiev, al cual le espetó la siguiente pregunta: ¿Considera que se podrá mantener el secreto?
La respuesta fue sincera y negativa. Le costó el puesto al asesor.
Entre otros puntos de vista, el General Dementiev llamó la atención acerca de que el paisaje cubano no servía para ocultar la técnica estratégica. Que, en la premura de la planificación se habían escogido llanuras y que Cuba carecía de áreas boscosas en esos parajes.
Dicen las “malas lenguas” que Malinovski le propinó un puntapié por debajo de la mesa.
Dementiev fue sustituido por el General de Ejército Issa Alexandrovich Pliev, quién hasta ese momento era Jefe de la región Militar del Caúcaso Norte. Debido a este “inconveniente” la partida de la ATS se postergó para el día 10, en que el Generral Pliev partió hacia Cuba.

Issa Alexandrovich Pliev


Una vez más queda demostrada la incapacidad del mando político-militar de la URSS y su ligereza ante una conflagración nuclear.
El General Pliev precisó, a última hora, la utilización de las armas nucleares tácticas. Kruchev le otorgó el derecho de utilizarlas de acuerdo a su criterio personal y siempre que no existiese comunicación con la URSS. Todo realizado de forma oral y por tanto no oficial. Una muestra fehaciente de la improvisación y la irresponsabilidad.

A cualquier ser normal, aun con menos de tres dedos de frente (Kruchev tenía muchísimos más), se le puede ocurrir que el Primer Ministro de la URSS era un perfecto irresponsable e inconsciente, que le importaba un bledo el futuro de Cuba como territorio, nación o país. 

El día 12 de julio zarparon los primeros barcos. Todo el personal sabía que se trataba de una maniobra. Lo que no estaba claro donde se desarrollaría. Todos preguntaban en voz baja y recelosa. Ninguno recibía respuesta. Solo la letanía de “los ejercicios estratégicos”. Cuando les recogieron los documentos del partido o el konsomol, ninguno entendía el porqué. Hasta los capitanes de los barcos no entendían que les fuese negado el acceso a mapas de la región a la cual se trasladarían. Ya les habían prohibido atracar en puertos intermedios durante la travesía, pero ellos no sabían hacia donde se dirigían. Les habían advertido que en caso de ser atacados y no poder defender la nave, ésta debía ser hundida, antes que entregada. A los capitanes les prohibieron la utilización de prácticos para cruzar los estrechos del Bósforo y los Dardanelos.


“La luna en el mar riela,

en la lona gime el viento

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

Y allá a su frente Estambul”



El María Ulianova fue el primero en pasar muy cerca de Istambul. Nadie podía imaginar que aquella aparentemente pacífica embarcación iba cargada de un peligro mortal.

Los medios informativos soviéticos contribuyeron a la desinformación de la opinión pública, al decir que aumentaban las travesías de barcos mercantes a Cuba con alimentos y medicinas.



Solo al momento de la partida le eran entregados a los capitanes de los barcos, dos sobres y un paquete, sellados y cosidos, con la indicación de que abriera el primer sobre al salir de las aguas territoriales de la URSS. Para esto, debían estar presentes, además del Capitán, el Jefe del Convoy y el funcionario del KGB. En el caso de que el barco partiera desde un puerto en el Mar Negro, al abrir el primer sobre les era indicado abrir el segundo después de pasado el Estrecho de los Dardanelos.

Cuando abrían el segundo, ya podían haber adivinado que se encontrarían con la orden de abrir el paquete después de pasar el Estrecho de Gibraltar.


Pasado Gibraltar, la indicación siguiente era dirigirse a Cuba y el puerto de destino.

A partir de ese momento comenzaría el estudio del material con todo el personal. Quedaba establecido que el Capitán del barco era la máxima autoridad y responsable por cualquier decisión y orden.

En cada barco el personal iba organizado y llevaba su armamento personal. Llevaban fusiles automáticos, ametralladoras, lanzacohetes antitanque portátiles. Instalaron cañones antiaéreos de pequeño calibre en las embarcaciones.


Un práctico es un marino que conduce los barcos en aguas peligrosas o de intenso tráfico, como puertos, canales angostos o ríos. No obstante, el práctico es sólo un asesor, en tanto legalmente el capitán continúa al mando del buque. El practicaje es una de las profesiones más antiguas y menos conocidas, no obstante ser una de las más importantes en la seguridad de la navegación. El riesgo económico, ambiental y para las vidas humanas que representan los barcos de carga, hacen que el rol del práctico sea esencial.

Dejar de utilizar los servicios del práctico en el Estrecho del Bósforo o en los Dardanelos, por un solo barco, tal vez pase inadvertido. Cuando se trataba de muchos barcos y para más soviéticos, levantó sospechas inmediatamente.

Los prácticos turcos informaron que los barcos soviéticos presentaban una característica inusual. La línea de flotación de la mayoría de los barcos que cruzaban los estrechos se mantenían muy por encima del nivel de la superficie. Las cargas pesaban menos que la capacidad de los barcos.

El día 12 de julio llegó a La Habana el grupo de dirección de la ATS, enmascarados de “especialistas agrícolas”. Fidel Castro les dio la bienvenida. El día 14 concluyó el plan de reconocimiento, el cual daría inicio sobrevolando la región occidental de Cuba.















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