
Corren las bolas. El fin de la Libreta se aproxima junto a la aparición de una moneda única. “Me lo dijo Adela”*. Dicen que la papa y los chícharos están por la libre. No dicen que hayan sido retirados de la libreta. Los precios, por la libre, son de anjá.
La libreta abastecía mensualmente media libra de granos por persona. El chícharo incluido. Media libra de chícharos costaba, por la libreta, 8 centavos de peso nacional. ¿En cuantas veces aumentó, de golpe y porrazo, el precio del chícharo? Por cierto, el chícharo que abastece el desgobierno es de pésima calidad. En Portugal, es el chícharo que se vende para alimentar a las palomas.
El desgobierno abastecía 4 libras de papa por persona a un costo de 1 peso con 20 centavos. Ahora, por la libre, 4 libras costarán cuatro pesos.
Dicen, las malas lenguas, que el próximo en ser excluido de la libreta será el arroz.
El desgobierno insiste en que el salario promedio del cubano de a pie, es de 500 pesos moneda nacional. La verdad es muy inferior. Las pensiones promedio de los jubilados son de 200 pesos moneda nacional.
Me pregunto:
¿Por qué el pueblo tiene que pagar por la incapacidad de aquellos que lo desgobiernan?
Hace más de 50 años el pueblo de Cuba era productor de alimentos. Hoy, el desgobierno tiene que comprar los alimentos allende los mares a un precio de 948 millones de dólares.
¿Será que la culpa de tanta incompetencia sea consecuencia del bloquebargo?
El invento macabro de la libreta de abastecimiento (racionamiento no) se ha vuelto contra el régimen y sus subsidios igualitaristas del sistema totalitario neofeudalista.
El desgobierno de los hermanos Castro está sumido en una crisis que se agrava peligrosamente (para ellos) con el deterioro de la economía venezolana. Pero lo más inquietante es la in-productividad del sistema agropecuario y la carencia cada vez mayor de moneda convertible.
El producto interno bruto alcanzará la cifra de 0,9% según los más pesimistas. Lo que nadie dice es, que estos por-cientos se basan en las estadísticas del peor año de lo que los des-gobernantes cubanos han querido llamar “Período Especial”. Si lo fuésemos a comparar con los mejores años, cuando la economía del régimen se encontraba subsidiada por la URSS, el PIB no alcanzaría el 0,1 %. Es mejor no hacer comparaciones con los años anteriores al cataclismo castrista.
El sistema de abastecimiento es al desgobierno, lo que el cáncer al organismo humano. Nunca cumplió lo que se pretendía de ella. Fue la autora material del mercado negro. Su creación, que de acuerdo a la interpretación del régimen, sería la distribución equitativa entre toda la población era, sin embargo, la solución que encontró Fidel Castro (en 1962) para paliar la inflación provocada por la distribución de trabajos in-productivos, aparejados a una Reforma Agraria totalitarista, neofeudalista.
Resumiendo: mal intencionada.
Desde siempre, el sistema de abastecimiento subsidió tanto a los que, tal vez lo necesitaban, como a los que no. Hubiera sido preferible subsidiar tan solo a los necesitados. Pero eso jamás hubiera solucionado la inflación y de nada hubieran servido la creación de tantos puestos de trabajo in-productivos, que elevaron el poder adquisitivo de un 25% de la población a niveles de clase media, comiéndose las riquezas del 5% de la población rica del país.
El efecto colateral del sistema de abastecimiento es, sin lugar a dudas, la pérdida de incentivo que aparejada, al mismo sistema, provocó la congelación de los salarios. Incluso, la obligación “moral” a la disminución salarial individual de un sin-número de personas.
Lo anteriormente expuesto trae aparejado la necesidad de cubrir las necesidades, a como de lugar. Y el cubano ha encontrado una forma de “ajustar el salario” igualitarista, acudiendo a métodos que en otro tipo de sistema social constituiría un crimen, pero que en el llamado “socialismo” no se ve de esa manera. Al final, como en esta sociedad, los obreros y los campesinos somos los dueños de todo…, lo que nos llevemos del trabajo es tan mío como tuyo. Eso no es robar.
La falta de incentivo es provocada desde el momento en que es el desgobierno el que decide entre lo que la persona va a comprar y en lo que puede o no puede vender.
Es necesario tener en cuenta que la libreta de abastecimientos “garantizaba” doce días de comida en el mes. Otros días de comida, en el mes, se garantizaban en los comedores obreros y las escuelas semi-internas.
Dada la bancarrota por la que atraviesa el desgobierno, lo más sano sería desaparecer la dichosa libreta, pero: la libreta de abastecimiento no tiene la culpa. No boten el sofá, que luego dormirán en el piso. No es menos cierto que con su eliminación aumentaría el fondo de subsidio asignado. Pero como el mal no radica en la libreta, no pasará mucho tiempo antes de que el desgobierno no sea capaz de subsidiar a las familias de menores ingresos.
Aunque soy de la opinión de que el fin de la libreta de abastecimiento sería el fin del sistema impuesto por los hermanos Castro Ruz al pueblo de Cuba (Fidel Castro coincide en este aspecto conmigo), creo que no es el momento político apropiado (para el desgobierno). La elevación de los precios de los productos liberados es contraproducente.
Lo pudieron haber realizado en los años 80, amparados por el subsidio soviético y lo intentaron (el equipo de tecnócratas de Raúl Castro (como los llamara en un discurso el “máximo líder”) y su JUCEPLAN. Hoy es demasiado tarde.
Hoy por hoy, a Fidel Castro solo le preocupa si imagen internacional. El ya está por encima de esas nimiedades. Su época pasó.
Por desgracia (para el régimen), el “nuevo modelo socialista” no pasa de ser un invento edulcorado para engañar a crédulos, ignorantes o, ambos. Tal vez funcione en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador o en Nicaragua. En Cuba ya no funcionó y tenemos más de 50 años de experiencia en fracasos económicos de todo tipo. Comenzando por una zafra de 10 millones, pasando por unas vacas de 120 litros de leche, hasta los famosos plátanos micro-jet.
Resumiendo: Es necesario realizar cambios radicales.