lunes, 5 de septiembre de 2011

La Batalla de Cangamba (quinta parte)

Un análisis del trabajo realizado por Jorge Martín Blandino

En realidad, en Angola había muchos inventores. Pero el testimonio de Calvo, por lo menos, hace pensar que él podía haber evitado los inventos. Por el contrario, tal parece que les prestaba atención.

Las dos columnas blindadas de refuerzo que se desplazan por tierra, a pesar de las dificultades del terreno y las acciones del enemigo, continúan aproximándose a Cangamba, aunque no al ritmo que se necesita y espera. Son muchos los obstáculos que han tenido que vencer. La de Menongue reinicia la marcha a las 05:00 horas; la de Huambo informa a las 06:40 que se encuentra a sesenta y cinco kilómetros de Munhango.

Aun no han llegado a Cuemba. Les faltan casi 300 kilómetros para llegar a Cangamba.

El Sub Teniente Figueroa le comenta a Blandino: “Prácticamente desde que salimos, empezamos a romper monte, porque no hay carretera y el guía es el que va diciendo “por aquí, por allá”, siguiendo los trillos. Van dos tanques delante con cuchillas tipo buldózer de esos, que son los que van tumbando árboles para que después puedan pasar los demás. Es la selva de Tarzán, pero sin elefantes, sin monos y sin serpientes, no hay un animal, porque claro, donde entra un tanque no queda nada, todos los animales se asustan.

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que Figueroa jamás ha leído un libro de Tarzán.

El General Colás miente, al decir: “La angustia es mucha por la información que llega de que están siendo fuertemente hostigadas, obstaculizadas”. Las columnas jamás fueron hostigadas. A no ser que las minas, que hayan encontrado en el lecho del arroyo, las consideren hostigamiento.

El Jefe de la Misión Militar Cubana decide que una tercera columna, que constituirá el segundo escalón, esté integrada por un batallón de tanques del Regimiento de Infantería Motorizada (RIM) de Huambo, un Batallón de Infantería Motorizada en transportadores blindados BTR60-PB, una batería de cañones antiaéreos de 37 milímetros y otra de lanzacohetes múltiples BM-21 del RIM de Caala, esta debe comenzar el desplazamiento en la mañana del día 8; al frente el teniente coronel William Mastrapa, Jefe del RIM de Caala. Se decide también que el tercer escalón esté compuesto por un batallón de tanques y uno de infantería motorizada en BTR-152, una batería de cañones 85 milímetros y otra de cañones antiaéreos de 37 milímetros del RIM de Caala, listo para partir el 10 de agosto; al frente el Teniente Coronel Antonio Ulloa, Jefe de Estado Mayor de este Regimiento.

Caala es un poblado situado al oeste de la ciudad de Huambo.

Estas órdenes no tienen sentido alguno. Hubieran demorado, en llegar a Cangamba, por lo menos un mes.

Mientras, la aviación continúa brindando su decisivo apoyo aun cuando la distancia entre ambos contendientes es de apenas unos metros. A fuerza de inteligencia y un valor que roza constantemente la temeridad, los pilotos encuentran soluciones a la insuficiente precisión del armamento para desarrollar ese tipo de acciones.

Los MIG-21 son aviones interceptores. Tienen poca capacidad para combatir tropas terrestres.

El enemigo responde al sorpresivo ataque del batallón helitransportado por el norte, con intenso fuego de artillería y armas de infantería, además aprovecha la ventaja que le confiere el terreno.

Vamos a ver: En el caso de que los helicópteros estuvieran transportando 15 hombres cada uno, el total de hombres desembarcados no pasaría de 315. Un Batallón se compone de 400 hombres. Los helicópteros Mi-8 se encontraban limitados por peso debido a las condiciones de altura sobre el nivel medio del mar y las altas temperaturas. De acuerdo con los nomogramas de peso y balance, los helicópteros MI-8 se encontraban incapacitados incluso para despegar en forma de avión, sin carga. Debido a la distancia existente entre Luena y Cangamba, debían ir cargados de combustible hasta el tope.
De acuerdo con mis cálculos, entre los tres desembarcos realizados ese día, no deben haber desembarcado más de 200 hombres, lo que constituye medio Batallón.

Según nos cuenta Blandino, se envía a los cercados un mensaje firmado por el presidente de Angola, José Eduardo dos Santos, además se les informa que las columnas se están acercando, Cangamba responde que a pesar de todas las dificultades, el espíritu es elevadísimo.

Otra mentira. Las columnas no habían avanzado ni 100 kilómetros desde sus posiciones iniciales.

A las 20:00 horas, el batallón desembarcado por helicóptero informa que se ha reagrupado en una posición a cuatro kilómetros de las tropas cercadas.

Prácticamente no se han movido del área de desembarco o han regresado a la posición inicial.

El Sub Teniente Cándido, cándidamente corrobora el engaño: “Nos dan cinco latas de leche para el grupo: ¡tremenda alegría! Se dice que las columnas blindadas se acercan, que se espera que lleguen mañana. ¡Que manera de engañarlos!

En un párrafo de la carta que envía Fidel Castro, a los cubanos y a la #2 Brigada FAPLA dice: “Nuestras tropas llegarán rápido, en tres o cuatro días, pero si la distancia, los obstáculos naturales y la acción del enemigo las retrasan el doble o el triple del tiempo o aún más, hay que resistir, porque llegarán allí a cualquier precio”.

Fidel Castro era consciente de que las columnas blindadas jamás llegarían a tiempo a Cangamba.

El General Cintras Frías le cuenta a Blandino: “Mando a que con los helicópteros y varios grupos de profundidad le minen todas las entradas al enemigo. Además de causarle bajas y dificultarle el abastecimiento o el refuerzo, la medida tiene el objetivo de ganar tiempo hasta la llegada de las columnas blindadas”.

Esto se debía haber realizado mucho antes, lo que hubiera sido un apoyo verdadero a los cercados. Decir que la medida tiene como objetivo ganar tiempo hasta la llegada de las columnas blindadas suena a falso.

El General continúa contándole a Blandino: “La situación se pone tan difícil que prácticamente se acaban los cohetes de nosotros en Angola, y hay que hacer un puente aéreo desde La Habana, quitarle los asientos a un Il-62 y mandar cohetes C-5 KO, que son los que más necesita la gente nuestra”.
El C5KO es un cohete no dirigido de 57 mm, perforante incendiario de espoleta fija. Polo no sabe cual es la gente “nuestra” que necesita esos cohetes.

El Coronel Harry Villegas testimonia: “El jefe de la Misión me plantea que salga con el jefe de los helicópteros a localizar la columna de Suárez. Policarpo, un piloto, se me acerca y me dice: “Coño, hace falta que me permitan ir, porque ya lo que me quedan son unas horas de vuelo para terminar la preparación”. Hablo con Calvo y me responde: “Está bien, que haga el viaje para cuando venga traiga el helicóptero que está en Menongue y ya se quede con él”, porque está desesperado por participar”.

Se refiere a Policarpo Álvarez Pileta. Combatiente de la Sierra Maestra, integrante de la “Operación Olivo” antiguo Jefe de la Aviación Agrícola y Helicópteros.

A las 10:05 el puesto de mando de la aviación en Menongue pide información sobre un helicóptero que recibió disparos y el piloto viene mal. En realidad no se trata de ningún integrante de la tripulación, sino del mayor Policarpo Álvarez Pileta. Cuando descienden para atacar una tropa enemiga, cuarenta kilómetros al suroeste de Tempué, esta hace fuego contra la nave y el oficial fue impactado.


El General Cintras Frías dice al respecto: “Acaba de llegar de Cuba por la escasez de pilotos que hay, y en la exploración buscando la columna de Suárez dan con una fuerza de la UNITA y lo hieren gravemente”.

Intenta justificar la muerte de Policarpo.

El Coronel Calvo dice al respecto: “En un río se detecta una balsa gris y un puente en construcción. Alguien dice: “Hay gente allá abajo”, como está quitada la compuerta de atrás hay buena visibilidad. Le digo a Ferreiro: “Sube y da cobertura que nosotros vamos a entrar”. Cuando vamos saliendo el sanitario empieza a tirar, entonces Policarpo, que es una gente preparada, además un mayor, decide tirar él. Le quita la ametralladora al soldado y empieza a disparar él, pero nada más puede tirar una ráfaga. Dicen: “¡Oye, Policarpo está herido!”. La bala parte la hebilla del cinto y penetra en el abdomen, al parecer le afecta el hígado. No dice nada, se va poniendo amarillo”.

En un acto de prepotencia (característico de Policarpo) le quita la ametralladora al soldado. Policarpo iba de sapo (supuestamente a buscar el H-02). Existe un refrán en la aviación que reza: “El sapo es siempre el que se jode”.

El Coronel Harry Villegas dice al respecto: “Pasamos por unas lomas volando muy alto y Policarpo dice: “Allá abajo hay un camino”; entonces bajamos a explorarlo. Pasamos por encima de una depresión grande y él mismo alerta: “Hay camiones debajo de los árboles”. Yo planteo continuar, porque evidentemente allí no hay tanques, no es por tanto la columna de Suárez y nuestra misión no es chocar con la UNITA en ese momento, sino llegar a Menongue, reabastecer y regresar. Policarpo añade: “Coño, ¿pero ahora que los encontramos, vamos a virar para atrás?”. Calvo me dice: “Nosotros no tenemos cohetes, nada más trae el otro helicóptero”. De todas formas decidimos darles un pase y lo que nos cae arriba es un erizo de tiros que empiezan a penetrar por todas partes, es cuando un disparo hiere a Policarpo, el otro helicóptero les lanza los cohetes y seguimos para Menongue, sin poder localizar la columna de Suárez”.

Resultado: Por dejarse llevar por una persona que hace ya mucho tiempo no es militar. ¡Que acaba de llegar! Abandonan la misión principal y deciden “dar un pase”. Debían haberlos procesado por incumplimiento de misión de combate.


 


 


 


 


 


 


 


 



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