jueves, julio 16, 2009

Honduras

He estado esperando que el Escribiente en Jefe le dedique otra irreflexión al caso de Honduras. Al parecer está, tan convencido como yo de que, el del sombrero alon y cara de payaso, es más cobarde de lo que pesnsábamos.

El domingo, despues de ver la payasada del aeropuerto, no hay espacio para bromas ni ironías. Los seguidores del totalitarismo fidelo-chavista son capaces de asesinar con un tiro en la nuca a un adolescente y echarle la culpa al ejército. A renglón seguido tienen que ir a buscar a unos periodistas (extranjeros) y aumentando la cifra de muertos les indican el lugar donde se ha producido el asesinato. El melodramatismo del hombre que carga al muerto es impresionante. ¿Como es posible que una persona del pueblo (en semejante situación) encuentre e hilvane un discurso político? Va cargando un cadaver. Me pareció un burdo montaje.

Se nota que la mano que anda detrás de estos acontecimientos es la del totalitarismo. Me parecía estar en Cuba, donde todo está programado. Hasta los aplausos y las consignas. Los totalitaristas están que trinan. Solo un muerto de dudosa procedencia en una semana. Las presiones internacionales no parecen producir efectos en los golpistas que se dan el lujo de menospreciar al “negrito” de la Casa Blanca.

Un presidente vale lo que sea capaz de ganarse. La figura presidencial no es una patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, pisoteando los poderes del Estado. Los becarios del totalitarismo están confusos. No saben que hacer. Luego de agotadas todas las vías diplomáticas. Se viran hacia el “maestro” Fidel. Este calla. Se ha percatado de que el del sombrero alón es un cobarde que no está dispuesto a jugarse la vida ni perder un solo centavo de su fortuna.

Ahora se viran hacia el “negrito” con secretaria blanca, en espera de que ¡Oh! Milagro. Los Estados Unidos, de forma diplomática resuelvan el problema que ellos mismos han creado.

¡Como le debe doler esto a Chavez y a los hermanos Castro!

La Clinton, no mordió el anzuelo y le pasó la pelota a Oscar Arias.
Al pueblo hondureño le diría: Cada cual tiene lo que se merece. Que los Zelayas jamás engañen a los pueblos.