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martes, 1 de agosto de 2017

Hugo Chávez sembró vientos, a Maduro se le atragantan las tempestades

Hugo Chávez sembró vientos, a Maduro se le atragantan las tempestades



Todavía encontramos "investigadores", de pretigiosos institutos, que no entienden el proceso venezolano y hacen comparaciones espurias sobre las constituyente en Venezuela

 

El actual mandatario venezolano no es heredero de Chávez.  Acaso no recordamos que, de acuerdo a la misma constitución, a Maduro no le correspondía el cargo?

Maduro no sigue los mismos pasos de Hugo Chávez. Maduro pisa sobre mojado. No es que los haya querido seguir, es que no ha dado un solo paso diferente.

Violando su propia constitución (la de Chávez), debía haber convocado a un referendum (una consulta al pueblo) para saber si éste está de acuerdo para modificar la constitución. No lo hizo.

Si hacemos comparaciones, a Fidel Castro le fue mucho más fácil. Se pasó la constitución de 1940 por el arco del triunfo y gobernó, por decreto (como primer ministro) hasta mediados de los años 70 al "amparo" de la dictadura del proletariado. Luego calcó la constitución soviética y desde entonces realiza una suerte de elecciones diseñadas para su propia conveniencia

 
Chávez no era popular, sino populista. No voy a negar que, para el pueblo llano aparentase ser un líder carismático. No es menos cierto que hablaba el lenguaje tosco y simple de las masas.

En cambio, Maduro nunca ha tenido liderazgo. Y repito: Maduro no heredó nada. Recibió algo que ya estaba decidido, fuera de Venezuela, y que el dolor, ante la muerte de Chávez, hizo posible.
 
En presencia de la muerte, todos somos buenos

 
Hace dieciocho años, Chávez convocó un referéndum para reforzar su figura (cosa que no hizo Maduro). En él, se incidía sobre el deseo de convocar una Asamblea Constituyente para crear un Nuevo Ordenamiento Jurídico y por las bases en las que se realizaría dicha convocatoria. El 92,4% avalaron esta propuesta (tuvo una abstención del 62.2%) y en julio de ese mismo año, de los 131 miembros que había que elegir, 125 correspondieron a los candidatos apoyados por Chávez y solo seis opositores lograron un hueco en la institución.

 
Los vientos sembrados por Chávez dieron lugar a unas nubes intensas (exprópiese), de las cuales Maduro (sin darse apenas cuenta) ha resultado ser el «obrero agrícola» que recoje lo poco que ha dejado en pie la tormenta. No en balde, el movimiento político (muy confuso) que Chávez creó se encuentra hoy dividido.

Durante más de 100 días, Maduro ha reprimido, con saña, las protestas multitudinarias causando más de 100 muertos.

Aquellos que que debaten los datos, que si son oficiales o si son datos manipulados son muy ingenuos, o son cómplices.

 
La votación para la creación de una Asamblea Constituyente no es válida, desde el momento que violó la propia constitución vigente. Como no se va a agravar la situación?

Estamos presenciando el paritorio de una dictadura anunciada y perpetrada desde el inicio del advenimiento de Chávez al poder.  


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martes, 11 de agosto de 2015

El Gobierno que necesitamos

          El Gobierno que necesitamos


Por Regina Coyula, La Habana | Agosto 02, 2015



Ante la renuencia del Gobierno a dialogar con la oposición pacífica, esta debería animarse a cultivar el diálogo en sí misma. Es un ejercicio al que no hemos accedido los cubanos, acostumbrados a extremos que van desde la unanimidad cotidiana en las sesiones del Parlamento a la gritería descalificadora del acto de repudio.

Cambio –gradual o drástico– es posibilidad de cambio en los roles de poder y el Gobierno no está interesado. Pero la sociedad necesita de sus actores: disidentes o coincidentes; no ver que estamos abocados en un cambio es ceguera. El Gobierno, para empezar, debería respetar su propio cuerpo legal, el cual transgrede una y otra vez cuando no se aviene a sus intereses. Ese solo sería el comienzo. Pero como ya sabemos, no están interesados en lo que seguiría; ahí están todavía frescas para ellos las experiencias de Europa del Este.

El Gobierno se comporta, si no de derecho o de palabra, sí de hecho, como si gobernar les viniera por mandato divino, enmarcado siempre en un antimperialismo que en muchas ocasiones se convierte en antinorteamericanismo. Ese antimperialismo se ha tropezado con un sentimiento popular jubiloso, para nada conciliable con la moral de guerra o de plaza sitiada con que nos han adoctrinado por más de medio siglo, luego del anuncio del proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Hablar de sociedad civil en Cuba remite casi obligatoriamente a la disidencia, puesto que las organizaciones sociales que en otras circunstancias son ajenas al Estado-Gobierno, en nuestro país están supeditadas a este. Todo indica que, según las ciencias sociales "que defendemos", existe solo la sociedad civil reconocida (y en gran parte mantenida) por el Gobierno, donde las organizaciones independientes, sobre todo las de pensamiento político independiente, no cuentan.

Ya sea disidencia, acompañamiento crítico, sociedad civil independiente u oposición leal, estos grupos ponen de relieve una pluralidad política dentro de un país que se pretende como unidad monolítica. El individuo es diverso y complejo, y si no logra unificarse en temas mucho más sencillos que la política, no se vislumbra cómo un partido único podría representar los intereses de todos los ciudadanos durante un período tan largo como cinco décadas.

La llamada oposición leal forma parte de ese conjunto mayor que es la oposición real. Se observa entre algunos de sus más activos e interesantes miembros un nacionalismo radical que parece acomodarse mejor en un pensamiento propio del siglo XIX y no en esta época en que las fronteras nacionales se desdibujan, entre otras causas por la irrupción de la globalización y de un sentimiento postnacional más cercano al respeto por el medio ambiente, la erradicación de la pobreza y las exclusiones.

No simpatizo con el anexionismo, pero de existir una corriente anexionista, son los votos los que deben decidir el nivel de representatividad de esta o cualquier otra corriente. Solo el uso de la violencia y la discriminación en cualquiera de sus variantes no pueden tener cabida en el escenario nacional. No es sano que ni la oposición ni el Gobierno dentro del futuro plural al que nos encaminamos a pesar de las consignas, definan límites más allá de la ley.

Es absurdo pensar que esos ciudadanos que se quejan ante instituciones o al aire y en los cuales se percibe de inmediato el agotamiento de las expectativas respecto a lo que se puede esperar del Gobierno (que en definitiva encarna al sistema político); es absurdo pensar, decía, que en un espacio de información y libertad muchos no mudarían sus preferencias (o saldrían del clóset ideológico) en un diapasón tan amplio que va desde la democracia cristiana o el ya mencionado anexionismo; no por eso sintiéndose menos patriotas que el ortodoxo del PCC.

Es muy difícil pedir decencia a un grupo endogámico que hace muchos años se convirtió en Gobierno y cuyos actores defienden el poder a toda costa, y que en su larga manipulación, tanto de la información como de los sentimientos nacionales, nos ha invertido el concepto de mandatario por el de mandante. Por ello en vez de perdernos en disquisiciones acerca de los límites de la oposición leal y por ende, de "la otra", debemos empezar a utilizar el término de Gobierno leal para definir el Gobierno que necesitamos: un Gobierno leal dentro de un Estado de derecho.
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https://www.youtube.com/watch?v=lwXG-6myaoE&t=109s

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