martes, 18 de marzo de 2008

Los agricultores, las herramientas y los suministros

La dictadura totalitaria, que impera en Cuba desde hace 50 años, no ha levantado ninguna prohibición. La historia del régimen recoge innumerables hechos, del mismo corte, en vanos intentos de engañar a la opinión pública internacional mediante los medios de difusión que se prestan para ello.

El desgobierno asegura que va a abrir tiendas para que los granjeros puedan comprar herramientas y otras cosas, en un país que sufrió un engaño de reforma agraria, donde más del 75% de las tierras quedó en manos del gobierno.

¿A quién le va a vender el gobierno estos productos? A los campesinos que trabajan las granjas y cooperativas estatales, que son las dos terceras partes de la fuerza agrícola del país. Osea, ya no los va a proveer de estos utensilios y productos. Ahora tendrán que comprarlos y sin estar subsidiados.
Falta por ver el método de control de estas ventas y si los pequeños agricultores independientes tendrán acceso a las mismas.

¿A quién pretenden engañar con eso de que por primera vez los productos no van a ser distribuidos por el desgobierno? ¿A las agencias de prensa extranjeras? Que grieta ni que ocho cuartos. ¿Acaso las tiendas que venderán estos productos son particulares?

Luego de edulcorada la noticia, no son capaces de esconder la mentira y tratan de pasar gato por liebre con eso de que el acceso a herramientas y productos estará ligado a la productividad. ¿Acaso no es el gobierno el que mide la productividad? El truco está ahí, enfrente de nuestros propios ojos, los atrasos en los pagos (a los que se refirió Raúl en uno de sus discursos) se pagaran de esta forma.
Las 250 mil granjas familiares son Unidades Básicas de Producción Agropecuaria (UBPC), todas controladas por el desgobierno y sus planes de siembra, recolección y venta dirigidas por las entidades del desgobierno.
Las mil cien cooperativas también pertenecen al desgobierno (los koljoses y sovjoses soviéticos).

Lo único verdaderamente privado son los agricultores de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), que tal y como dice su nombre constituyen menos del 25% de las tierras cultivables, a lo largo y ancho de todo el país y que no llegan a la cifra de 60 mil agricultores. Sin embargo, hoy por hoy son los que abastecen (en más del 70%) el mercado libre campesino.

jueves, 13 de marzo de 2008



Totalitarismo fidelista, el peligro de insistir

Defender a Fidel Castro (y lo que representa) es sumamente difícil para los periodistas europeos. La estupidez de aquellos que firmaron una carta a G. W. Bush para que no agreda al régimen totalitario, so pretexto de no convertirla nuevamente en un estercolero sexual de Batista, no han tenido en cuenta que Fidel Castro ha convertido a la nación cubana en el estercolero sexual de Europa.

Son ya cinco los años que llevo tratando que muchos de los europeos de ideas izquierdistas se convenzan, que el socialismo nada tiene que ver con regímenes totalitarios dictatoriales y que la “dictadura del proletariado”, constituye en sí misma una idea tan retrógrada como las de los pensadores de mediados del siglo XIX. El mundo ha cambiado. Tanto, como que la primera revolución social (burguesa) no tiene nada que ver con la Francia de hoy. Ahora, algunos intelectuales de izquierda, se les ha ocurrido la “brillante” idea de constituir Comités de Vigilancia del Sr. Bush. ¡Valiente payasada! No por esto estoy en desacuerdo con que el Presidente de los Estados Unidos deje de ser un cowboy prepotente e ignorante.

Cuba ha sido, es y será un país maravilloso, pero mi país no pertenece a Fidel Castro, ni a la turba de funcionarios corruptos que le atropellan. Cuba continuará viviendo mucho después que desaparezca la dictadura.

En 1959, con tan solo ocho años, viví el triunfo de una revolución contra un personaje que se había apropiado del poder mediante un golpe de estado. A mi corta edad viví intensamente la ruptura de la sociedad civil y el éxodo de las primeras familias. Fui testigo de la “operación Peter Pan”, del bombardeo del aeródromo de Ciudad Libertad, de la proclamación del carácter socialista, en el entronque de las calles 23 y 12, ante una multitud enardecida por la muerte. Viví en primera persona la crisis de octubre y aprecié como a los “viejos pericos” se le entregaba “el poder” para congraciarse con los mandatarios de la Unión Soviética. Luego vino la micro-fracción y Camarioca, la muerte del Che y el comienzo de la injerencia cubana en el África ardiente. Para los cubanos, Europa occidental no existía y no conseguíamos determinar si Julio Iglesias era gallego o español y si Serrat era español o catalán. Peor aun, apoyábamos a la organización ETA, pensando que eran revolucionarios contrarios a la dictadura de Franco.

El régimen totalitario se sentía fuerte, apoyado por la URSS y demás países del campo socialista y todo lo que oliera a democracia capitalista era considerado como debilidad ideológica y lacras del pasado. Éramos comunistas y de tal forma teníamos que actuar. De ahí que cuando partíamos para las “misiones internacionalistas” fuéramos adoctrinados en lo que supondría, más países aliados a la comunidad económica de las naciones socialistas.

Es difícil, después de una vida dedicada, por entero, a la “construcción del primer país socialista de América Latina”, que no queden trazas en mi forma de pensar. Desgraciadamente desde los acontecimientos de Granada (derrocamiento y asesinato de Maurice Bishop), golpe de estado de izquierda jamás visto en el hemisferio occidental, el escándalo del narcotráfico de estado acaecido en 1989 que culminara (aparentemente) con el fusilamiento de cuatro servidores del régimen de Fidel Castro, ya la lucha por el socialismo y sus conquistas en Cuba se convertían en retórica pura y dura. ¡Comenzamos a cuestionarnos tantas cosas! ¿En que lugar habían quedado el derecho de expresión y la libertad individual de nuestros ciudadanos?

El tan cacareado “centralismo democrático” se había convertido en una farsa. Nuestros periodistas tienen miedo de plasmar sus criterios y opiniones. Se recrudeció la vigilancia (espionaje), se rastrean sus vidas hasta el extremo de ser obligatorio (para la seguridad del estado) saber exactamente como se llaman los padres, quienes son sus hijos, con quién se reúne, a donde va y sobre todo, pedir permiso y en caso extremo la confesión de actividades no informadas.

Al que se le ocurra escribir que La Habana es, hoy en día, la ciudad más bella del mundo, no se le puede tildar de otra cosa que de cretino. El barrio de “Centro Habana”, por solo citar un ejemplo, ha sido bombardeado por una bomba de 50 fidelones de potencia. Todos los años se derrumban entre uno y cinco edificios. Tiene cicatrices en todas las manzanas.

Desde mi modesta tribuna felicito al Sr. Pedro Fernández, si es que verdaderamente es ejecutivo de la editorial Altera de Madrid, por considerar contrarios a sus principios editar libros que defiendan la dictadura comunista de la familia Castro Ruz “que encarcela a los disidentes y prohíbe la libertad de expresión”.

Señores escritores: Si ustedes consideran que es sus países democráticos alguien le retuerce el cuello a la libertad de expresión, dedíquense a luchar contra esos opresores y no traten de defender lo indefendible allende los mares.