lunes, 30 de mayo de 2016

¿Pedir perdón?

El 6 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Este viernes Barack Obama se convirtió en el primer presidente estadounidense que visita Hiroshima, lo que desató un debate sobre si el mandatario debería pedir perdón


Dudo mucho que el pueblo japonés estuviese esperando que el Presidente Obama pidiese perdón. Era más que suficiente una ofrenda floral como acto de paz y buena voluntad.

Tal vez el Presidente Truman no supiera a ciencia cierta la capacidad destructiva de una bomba atómica, aunque esto también lo dudo.

Lo que si no dudo es que la rendición del Japón, de no haberse empleado la “dichosa” bomba, hubiese costado centenares de miles de vidas norteamericanas y posiblemente, ante la testarudez de un régimen fascista, la guerra hubiera sido mucho más larga y cruenta.

Por supuesto que se sabía de lo “inminente” de la derrota, pero estaba por ver y evaluar el costo innecesario. En todo caso, si alguien debía pagar (con sus vidas) era el agresor y no al contrario.

Crimen de lesa humanidad, la cometida por regímenes que sacrificaban a sus ciudadanos en aras de un futuro incierto. Tanto es así que dudaron en rendirse ante la destrucción provocada por la primera bomba.

Es demasiado fácil, tras los acontecimientos,  jugar con las palabras y tildar a los Estados Unidos de Norteamérica de “hegemonía militar”.

No fueron los norteamericanos los que iniciaron la guerra, no fueron los yanquis los agresores. No fueron los que quisieron implantar regímenes totalitarios. Por el contrario, ellos fueron los agredidos, los vencedores y los que, en definitiva, salvaron al Mundo de la barbarie creada entre japoneses, italianos y alemanes (todos fascistas).

¿Qué compensación ni que ocho cuartos?

¿No les es suficiente la reconstrucción del país?

¿No es suficiente haberles liberado de la dictadura fascista?

Los Estados Unidos podrán haberse equivocado en muchos aspectos. En este caso no.

 
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