domingo, 29 de junio de 2014

El misterioso caso de los comunistas incapaces de aprender



por Carlos Alberto Montaner


Jorge Giordani


Jorge Giordani es un viejo comunista que hasta hace pocas fechas fue el Ministro de Planificación y Finanzas del chavismo, primero con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro. Tiene fama de haber sido un funcionario honrado en un gobierno en el que abundan los rateros.


Nadie, sin embargo, ha acusado a Giordani de ser competente. Sería una peligrosa temeridad. No se metía la plata de los demás en el bolsillo. Lo que hacía era destruirla en esa trituradora implacable de riqueza que es la ideología marxista. Es uno de los responsables del hundimiento económico del país. Cuando llegó al poder había seis millones y medio de pobres. Cuando lo dejó, hace unos días, la cifra había aumentado a más de nueve.


Giordani se despidió del cargo con una larga carta en la que culpa a los demás del desastre económico venezolano. Sus culpables son el irresponsable gasto público, la corrupción, PDVSA y el pobre Nicolás Maduro, quien supuestamente ha traicionado al socialismo y al legado inmarcesible de Hugo Chávez. (Inmarcesible, Nicolás, quiere decir que no se marchita. Y marchita no es una marcha pequeña de estudiantes indignados, sino un verbo que procede del latín).


El ingeniero Giordani no es capaz de advertir que el error intelectual está en el presupuesto ideológico. Cuando se debilitan los derechos de propiedad y las decisiones económicas las toman los funcionarios; cuando se potencia la aparición del estado-empresario y se estatiza el aparato productivo; cuando se eliminan las principales libertades porque la crítica se convierte en traición a la patria; inevitablemente surge la escasez, se deteriora progresivamente el entorno físico por falta de mantenimiento, y comienza un acelerado proceso de empobrecimiento colectivo que no tiene fin ni alivio. Mañana siempre será peor que hoy.


Mientras los venezolanos leían la carta de Giordani, los cubanos, asombrados, repasaban otra misiva escrita por el comunista, escritor y ex embajador Rolando López del Amo, jubilado en La Habana tras haber ocupado diversos cargos de primer rango en la diplomacia castrista. El texto puede localizarse en Internet, donde circula profusamente..


El señor López del Amo tiene una explicación parcialmente diferente a la de Giordani. Supone que el responsable del desastre cubano es el burocratismo, ese enmarañado ejército de funcionarios indolentes que no deja que el país avance. Como es una persona seria, no culpa al embargo norteamericano, ni a la sequía, ni a los ciclones, porque el país no padece hace tiempo estos fenómenos naturales. Cree que el mal está en otra parte: es la malvada gente que entorpece la marcha gloriosa del socialismo. 


Termina su carta con un conmovedor llamado a sus camaradas: “Estamos en el año 56 de nuestra experiencia revolucionaria  y no podemos continuar cometiendo los mismos errores ni ofreciendo las mismas justificaciones. Se impone un cambio de mentalidad, de actitud, de estructuras y de personas para lograr el sueño colectivo de un socialismo próspero y sostenible”.


¡Madre mía! Estamos ante un comunista inaccesible al desaliento. ¡Qué gente más dura de molleras! Cincuenta y seis años de fracasos continuados y barbarie, de “oprobio y bobería”, como Borges decía del peronismo, no le han bastado para entender que el sistema no sirve para nada en ninguna latitud. Ni con los laboriosos alemanes o norcoreanos, ni con los muy serios checos y húngaros, y mucho menos con los caribeños de Cuba o Venezuela.


Es posible, sin embargo, que Raúl Castro, finalmente, haya comprendido esta dolorosa verdad. Lo triste es que la educación del hermano de Fidel  ha durado más de medio siglo y costado miles de vidas y la ruina completa de una nación. (Fidel, en cambio, es indiferente a la realidad y morirá defendiendo las mismas tonterías de siempre). En todo caso, mientras el embajador López del Amo escribía su carta, el zar de la economía cubana, un ex coronel llamado Marino Murillo, anunciaba que todos los restaurantes del país serían privatizados.


Es el principio del fin del loco proyecto marxista del colectivismo, pero no de la dictadura. Ahora, poco a poco, sin prisa, pero sin tregua, como le gusta repetir a Raúl Castro, quieren desmantelar el socialismo y gobernar con mano férrea un país pseudo capitalista. Ya no son marxistas. Son, simplemente, una banda autoritaria de gente decidida a mandar a palos. Puros matones.


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miércoles, 25 de junio de 2014

Los hermanos negreros Castro Ruz

Artículo de Jorge Rodríguez-Vera, médico, empresario y Visecónsul de
España en Portugal


                                La Incomoda Verdad


                 Médicos cubanos víctimas del tráfico de personas





Johana Tablada, Embajadora de Cuba en Portugal fue recibida por los presidentes de las Cámaras municipales de las ciudades de Aljezur, Lagos y Lagoa, junto a los médicos cubanos que prestan  servicio a la población que concurre a los Centros de Salud de esos municipios.

Un nuevo proceso de selección para ser exportados a Europa con las condiciones habituales: un salario de 300 euros mensuales, otros 300 que serían ingresados en una cuenta bancaria cubana a los que tendría libre acceso al acabar los dos años de la misión, así como derecho a una vivienda en Cuba con un ordenador, acceso a internet, un teléfono y una “pensión” de 80 dólares mensuales para manutención de los familiares directos que se alojasen en la casa,  todo ello durante el tiempo de ausencia del Médico.

La carga horaria en su destino sería de 40 horas semanales de trabajo en Centros de Salud y 24 más en  Servicios de Urgencia.

El proceso de selección tendría lugar en Cuba y, constaría de varias etapas que excluirían a los menos cualificados: Una prueba teórica por escrito, una oral, en portugués,  ante un jurado compuesto por Profesores portugueses, que atravesaron el Océano Atlántico con este único propósito.

Aquellos que superasen la criba, aún tendrían por frente un proceso de adaptación de quince días en Portugal, donde previa realización de una nueva prueba de conocimientos, les sería entregado el Cartão da Ordem dos Médicos, documento imprescindible para poder ejercer en Portugal.

Tan sólo 50 Médicos se presentaron voluntariamente a este concurso, que ofrecía 40 plazas.  34 superaron las dos primeras fases (prueba teórica en español y examen oral en portugués), por lo que fue necesario readmitir media docena de candidatos que no consiguieron superar el filtro de entre aquellos que aún no habían partido para servir en otro País.

Las normas en Portugal serían iguales a las establecidas en otros Países: -La unidad organizativa era la misión, formada por 4-5 Médicos del mismo sexo.

Uno de ellos, un miembro del Partido de confianza, Médico también, aunque exento y bajo el mando directo de otro Médico, el Jefe de la Misión, Médico también,  miembro del partido y exento de funciones clínicas y con libertades y remuneración semejantes a los de sus homólogos locales.

Los desplazamientos y formalidades burocráticas tendrían siempre lugar respetando esta unidad funcional, el comisario haciendo el papel de portavoz de los restantes elementos. – Los Médicos no tendrían relación contractual alguna con Portugal.

La retribución sería entregada a la embajada de Cuba en Portugal, que distribuiría las cantidades anteriormente descritas, enviando el resto al Gobierno de Cuba. -Estaba explícitamente prohibido abandonar el término municipal en que estuviese destinado, conducir, mantener cualquier tipo de contacto con la población local más allá de la ubicación y , objetivo de la consulta Médica.

El Ayuntamiento de la localidad donde tuviese lugar la actividad clínica de  la misión, proporcionaría una vivienda amueblada y correría con los costes derivados de su uso y manutención. -Abandonar la misión sin la autorización del responsable sería considerado deserción.

El desertor, in absentia, tendría sobre su persona una pena de 15 años de cárcel. Todo aquello que fuese de  su propiedad y se encontrase en territorio cubano sería confiscado por el Estado, incluyendo vivienda, cuantas bancarias y teléfono, TV, ordenador, acceso a internet, etc.

Algunas advertencias que, según nuestro testigo se revelaron verdaderas, consistían en la prohibición a las Instituciones Prestadoras de Cuidados de Salud  en Portugal que recibiesen los Servicios de una misión oficial, de contratar “desertores”, independientemente de la necesidad existente.

Oficiosamente, existiría alguna dificultad para obtener un vínculo laboral en otras Instituciones públicas, aunque desconoce los mecanismos que regulaban estas limitaciones. Sí que era conocido, y esta fue la vía de  escape de los siete Facultativos que consiguieron escapar durante el primer año, que las empresas de trabajo temporal, debido a las restricciones económicas, no eran particularmente exigentes a la hora de contratar Médicos, siempre que tuviesen la acreditación necesaria para ejercer en el País.

Así, los prófugos concertaban un empleo con cualquiera de ellas en el tiempo de su huida para evitar ser deportados como extranjeros sin permiso de residencia.   300 euros por mes, a pesar de tener garantizado techo y cama, en un medio donde el almuerzo tiene un coste medio de 5 euros, tiene lugar el el local de trabajo y corre a cuenta del trabajador, contando con que desplazarse hasta un centro comercial donde poder hacer una compra económica debido a las limitaciones en los desplazamientos y contactos, significaba hambre.

Aunque nunca supo oficialmente el valor económico de su “colaboración”, debido a un lapsus de un representante del Gobierno,  fue posible averiguar que  se trataba de un valor nunca inferior a 20 veces el escuálido estipendio recibido.

Tras algunos episodios que trascendieron al hermetismo de las misiones, el Gobierno cubano accedió a aproximar el valor recibido durante la misión al salario mínimo en el país receptor a expensas de la fracción que podría recoger al retorno a Cuba.

En la actualidad, a cambio de 64 horas de trabajo especializado semanal, tendría una remuneración de 600 euros mensuales, valor próximo al que, como hombre libre, recibe por una guardia de 24 horas.

La historia por sí sola ya resulta digna de ser abordada. Pero este artículo va un poco más allá: Por qué un país europeo, presuntamente democrático, fronterizo con España, donde los Facultativos en el desempleo se cuentan por millares, donde la preparación técnica resulta semejante a la del País vecino, y la retribución es  significativamente inferior a la de sus colegas portugueses,  recurre al tráfico humano pactado con una dictadura, un “negocio” que genera costes muy superiores al de la contratación de Facultativos locales o, alternativamente, españoles?

La pregunta quedó sin respuesta, de no ser por unas informaciones oportunamente recibidas acerca de la “venta” de un Centro Médico con sus “trabajadores” a una empresa privada: Vila Real de Santo Antonio es una ciudad de 12.000 habitantes, fronteriza con España, apenas separada por un rio.

Su economía está basada en el turismo de compra de suvenires y la pesca. Está a poco menos de 50 kilómetros de uno de los siete Centros de Rehabilitación de Europa galardonado con la acreditación CARF, que garantiza la excelencia de cuidados y procedimientos clínicos y administrativos, e integrado en la cartera de Servicios del Sistema Nacional de Salud desde 2007.

Desde el punto de vista económico, en 2009 esta ciudad presentaba un déficit anual en su presupuesto de aproximadamente 10 millones de Euros, para  un presupuesto anual de unos 30 millones, que equilibró con ayudas Estatales, fondos europeos y al trasvase de propiedades municipales a una sociedad pública creada por el Municipio pocos años antes, y que en 2009 compró el complejo deportivo de la ciudad por 10 millones de euros.

A ojos de un iniciado en gestión, esto no será más que otra artimaña  para estabilizar un balance deficitario, creando un órgano fantasma que cargue con el peso del endeudamiento sin estar sometido a la fiscalización estatal.

De ahí que sorprenda el viaje de los gestores municipales a Cuba al año siguiente y la firma de un contrato en el que se comprometen al pago de 1.200.000 euros anuales, manutención aparte, a un grupo de terapeutas cubanos, que habrán de instalarse en las dependencias del previamente traspasado complejo municipal y, con fondos municipales, crear un centro de Rehabilitación y Fisioterapia, cuyos gastos también habrá de soportar la maltrecha cámara municipal.

Sorpresa que se acentúa cuando recibimos una copia de un contrato realizado entre esta Sociedad y el grupo privado “Hospital Particular do Algarve, SA”, que vende por “cero euros” los derechos de explotación del Centro, ahora ya recalificado y autorizado para más fines que la Fisioterapia, asumiendo los costes de manutención de las instalaciones. En otras palabras, “regalando sus esclavos”. ¿Qué pasó?


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lunes, 23 de junio de 2014

Hace 25 años los hermanos dictadores asesinaron al

           General de División
       Arnaldo Ochoa Sánchez


Los días finales del mes de junio de 1989 fueron muy tensos en las Fuerzas Armadas de Cuba. Todas las unidades pasaron a la situación de “completa disposición combativa”. Nadie podía salir de las unidades. La aviación militar tenía que permanecer en tierra.


Solo una escuadrilla de helicópteros tripulados por casi los mejores pilotos de ala rotatoria comenzó una preparación intensiva con el fin de realizar aterrizajes en plataformas limitadas de día, en condiciones meteorológicas complejas y de noche en plataformas desconocidas en iguales condiciones.


Una escuadrilla de helicópteros debía ser capaz de realizar estos aterrizajes transportando una compañía de tropas especiales de las Fuerzas Armadas. El lugar escogido fue el aeródromo de la Unidad Militar 3405, donde se ubicaba el Regimiento Aéreo Especial del Comandante en Jefe. Frente por frente se encontraba la unidad de las tropas especiales del MINFAR.


Puede haber sido el día miércoles 14 de junio del año 1989 cuando el Órgano Oficial del Comité Central del Partido informaba la detención de Diocles Torralba (a la sazón Ministro de Transporte)  y el General de División, vinculándolos con hechos de corrupción. Todavía no incluía nada sobre narcotráfico.


Dicen las “malas lenguas” que por esos días el Ministro de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, no salía de continuas batallas alcohólicas al punto de perder los controles de los esfínteres, orinándose y defecándose en los pantalones.


Dos o tres días después el “Granma” informaba que Arnaldo Ochoa estaba involucrado en operaciones de narcotráfico. ¡Todos los cubanos nos encontrábamos despavoridos! Nunca en la historia del proceso revolucionario había acontecido nada igual.


Desde ese miércoles hasta el lunes 18 (día que me tenía que presentar en el Estado Mayor de la DAAFAR después de unas merecidas vacaciones) permanecí en mi casa, sin moverme, esperando a que las mismas fuesen interrumpidas. No fue así. Me presenté el lunes 18 sin mayores contratiempos.


Ese día, al presentarme ante el Jefe de la Sección de Aviación para la DAAFAR, Coronel Pedro Pérez, éste me dio la orden de presentarme de inmediato en la U.M. 3405, recalcándome con mucha insistencia que “la aviación era de Fidel Castro”.


Ese verano fue dificilísimo. En calidad de primer inspector de la aviación de helicópteros tuve que subordinarme al Coronel Aníbal Carrión (piloto ejecutivo de Fidel Castro) y ayudarlo a preparar el entrenamiento táctico de la escuadrilla de 5 helicópteros.


Mientras los hermanos dictadores intentaban demostrar que sus oficiales más prominentes traficaban drogas, estos lo hacían sin su consentimiento; nosotros nos encontrábamos realizando entrenamientos de locura con vistas a frenar cualquier intento de insubordinación de las fuerzas subordinadas a estos oficiales detenidos.


No fue solamente al ex escolta de Fidel Castro al que se le derramó la copa, como nos cuenta Juan Reinaldo. De inicio no podía creer lo que informaba el Granma; poco a poco y a cuenta gotas, nos iban llegando las informaciones oficiales y extraoficiales.


En Angola había sido piloto ejecutivo de los generales Ochoa, Patricio de la Guardia y Leopoldo Cintra Frías. De manera que cuando escuché la acusación del tráfico de marfil me asaltó la duda inmediatamente.


Ninguno de los encartados en la farsa de juicio, por demás sumarísimo, se encontraba conspirando para derrocar al régimen, como se rumoró por entonces. Todos era hombres de Fidel hasta el final…, y la muerte los sorprendió a traición.


El Departamento MC, una rama del Ministerio del Interior autorizada a burlar el embargo norteamericano por cualquier medio, le había dado protección y aseguramiento a los aviones del Cartel de Medellín, que procedentes de Colombia (cruzando el Mar Caribe) “bombardeaban” las pacas de cocaína en el Estrecho de La Florida, lugar donde eran recogidas por lanchas procedentes de la península del mismo nombre.


En el año 1987, encontrándome con un helicópteros MI-8TB en la Península de Hicacos, como parte del cumplimiento de un plan llamado “Estrella”*, pude apreciar en los radares marítimos de la MGR, la aproximación de cerca de 8 puntos en pantalla aproximándose a la isla de Cuba en un rumbo norte sur.


Ese día se encontraba conmigo el funcionario de la CIM que trabajaba directamente con el regimiento de helicópteros de Cienfuegos y que casualmente era hijo del jefe de la escolta del General de Ejército Raúl Castro.


El puesto de radar de la MGR estableció comunicación con el puesto de las Tropas Guarda Fronteras (TGF) del Ministerio del Interior, recibiendo la información que eran objetivos “amigos”, agregando…, “de la gente de Tony”.


De manera que, al ver, escuchar y leer las noticias sobre el “modus operandi” de los lancheros, no fue difícil rememorar estos hechos.


Más aun, el piloto de combate, Mayor Llanes (encartado en la Causa 1 del 89), enlace del Departamento MC para la aviación y amigo mío personal, me había visitado, por mi cumpleaños en Cienfuegos (el día 24 de septiembre del año 1987) y durante la celebración en el Hotel Jagua me había dicho que venía de Santa Clara, donde había estado acompañando a un personaje que, según palabras de Llanes “iba a sacar a Cuba, de todos los problemas económicos”. Este personaje aparecería también (en el juicio farsa) y se trataba de un narcotraficante, pero eso no lo supe hasta el desenlace del proceso judicial.


De manera que el Departamento MC solo brindaba apoyo a las operaciones de narcotráfico y no traficaba directamente.


El General Ochoa jamás ejecutó una sola operación de narcotráfico. Se quedó solo en la intención.


Días antes de finalizar el juicio, se nos informó que el Ministro del Interior, General Abrahantes, se encontraba en paradero desconocido y teníamos que estar preparados para en el caso de que intentara huir, en lancha, para los Estados Unidos proceder a su detención o aniquilamiento. Pasó relativamente poco tiempo hasta que llegó la información de su detención.


Escuché decir que lo habían arrestado por tratar de intermediar (ante Fidel Castro) por la vida de los encartados, diciéndole algo parecido a: “pero Comandante, si son gente de nosotros…”. Luego sería acusado  de no haber impedido el narcotráfico y la supuesta corrupción. Murió en extrañas circunstancias mientras cumplía una condena de 20 años.


No puedo decir que Fidel o Raúl hayan autorizado las operaciones, pues no me consta, pero de que sabían que las mismas se efectuaban desde hacía muchísimo tiempo no me cabe la menor duda.


Cualquier objetivo aéreo o marítimo que se mueva en el espacio de Cuba sin la debida autorización, tiene que ser informado de inmediato al Puesto General de Mando y es de conocimiento de Raúl y Fidel. Ellos son los únicos autorizados a decidir que procedimiento seguir.


Soy de la opinión de que la depresión en que cayó Raúl Castro, la cual hizo pública al decir que “lloraba frente al espejo” (en uno de los discursos más disparatados que he escuchado jamás) no se debía tanto a la situación de los que resultarían fusilados. Pienso que el propio Raúl pensó que a él también le había llegado la hora. Tal vez lo haya salvado el lazo sanguíneo, aunque Fidel no cree ni en su sombra y si lo hubiese tenido que fusilar, para permanecer inmaculado a los ojos de la opinión pública internacional.


Otro día 24 de septiembre, esta vez del año 1989, me ordenaron asistir a una reunión en el Comité Central del Partido, donde el Comandante en Jefe, en persona, nos planteó la misión de reestructurar el Ministerio del Interior. Seríamos poco más de 100 oficiales, los que de inicio participaríamos. A mí, me tocaba la parte de los helicópteros MI-2 de la Policía Nacional, los MI-17 y los aviones Zlin Z-142 correspondientes a la TGF.


Las Tropas Especiales del MININT fueron prácticamente disueltas a raíz de los acontecimientos.


*El “Plan Estrella” consistía en la protección del “hermanísimo” durante los días de estancia en su refugio natural del “Parque Josone” en Varadero.


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viernes, 20 de junio de 2014

A propósito del Escolta y “La Vie Cachée de Fidel Castro”


          El PLAN ESCUDO





De acuerdo a lo que relata el Teniente Coronel Juan Reinaldo Sánchez, Cuando Fidel Castro era visitado por alguno de sus amigos, pasaba gran parte del día pescando con arpón en su isla privada (Cayo Piedra).




Nota: El abogado Sergio Comas es amigo mío y de mi família.

Cayo Piedra, nos dice el ex escolta, incluye una laguna poblada de delfines y tortugas, recibía servicios desde una marina controlada por Castro con varios cientos de trabajadores que tripulaban tres yates de gran tamaño.


En un principio Cayo Piedra del Sur solo poseía un faro, atendido por un farero. Fidel, como nos relata Juan Reinaldo, se enamoró del cayo y, sin tener en cuenta los problemas en que se incurriría, decidió eliminar el faro y al farero.

Esta historia comienza a engendrarse en los primeros años de haberse hecho con el poder. Ni Juan Reinaldo, ni yo tenemos edad para recordar los inicios.

Es verdad que el farero vivía en un bohío y que éste fue utilizado por Fidel Castro en los primeros años. Catorce años después de 1959, comienza la construcción de la infraestructura vigente.


En los meses finales del año 1973 todavía existía una cabaña (ya no era el bohío) donde Fidel Castro tenía un cuarto para él y el resto de la escolta (incluida la tripulación del helicóptero ejecutivo) pernoctaban.

A estas alturas ya Fidel Castro había concebido la idea de construirse una isla con todas las comodidades que nos relata Juan Reinaldo en su libro.

Por esas casualidades de la vida, a finales de 1973 me tocó la suerte de recibir instrucción de vuelo en el aeródromo particular de Fidel Castro con vistas a cumplir mi primera “misión internacionalista”.

Parte de la preparación incluía la realización de travesías, como forma de aumentar las horas de vuelo el helicóptero MI-8. Todavía en aquella época los helicópteros que existían en Cuba eran los que MI-4 que habían dejado los soviéticos finalizada la Crisis de Octubre”.

Para el mejor aprovechamiento de las travesías, trasladamos hacia Cayo Piedra diferentes materiales de construcción y en una oportunidad hasta el mismísimo hermano de Camilo Cienfuegos (Osmany), el cual estaba encargado de las construcciones en el cayo.

Durante todo el año 1974 cumplí “misión internacionalista” y regresé a Cuba en el mes de febrero de 1975.

De 1975 a 1978 comenzó la planificación de dos planes “muy secretos” llamados “Plan Escudo” y “Plan Estrella”. Estos planes, que no eran otra cosa que la protección de la vida de Fidel y Raúl, muchas veces fueron desvirtuados de forma que aquel que cuestionase todo el movimiento que originaban los mismos pudieran trascender. Todo el movimiento que originaban estos planes se desvirtuaban con el pretexto de estar prevenidos ante el ataque sorpresivo de las fuerzas armadas de los Estados Unidos.

El plan que me propongo desvelar es al Plan Escudo. En un inicio, este plan no fue concebido en su totalidad, sino que en la medida que cambiaba la situación internacional, se fue incrementando. En sus inicios y debido a la carencia de helicópteros modernos, los mismos no participaron. Con la llegada a Cuba de los helicópteros M-8 (mucho después de 1978) comenzamos a participar.

Posiblemente Juan Reinaldo, desde su círculo de la escolta personal, no pudo aquilatar la magnitud de aquel plan e incluso no lo llama por su nombre.

Tal como aparece en el mapa que da inicio a este artículo solamente los medios de aviación que protegían la vida de Fidel Castro, se mantenían en el aire las 24 horas del día mientras que Fidel Castro estuviera en el Cayo.

Una pareja de aviones MIG-21 patrullando la costa norte de Cuba entre La Habana y Varadero. Un AN-26R, de reconocimiento, se mantenía las 24 horas del día volando a 200 kilómetros al sur de Cayo Piedra. Los medios de la Marina de Guerra y las unidades navales de las Tropas Guarda Fronteras son descritos por Juan Reinaldo y no difieran en lo absoluto de lo que yo mismo tenía conocimiento. Solo le faltó mencionar los dos helicópteros MI-8TB que se mantenía permanentemente en la pista de aterrizaje con la misión de trasladar al cayo dos pelotones de tropas especiales en caso que fuera necesario.

Un hecho que recuerdo, pues me llamó poderosamente la atención ocurrió una noche tormentosa en que se hizo necesario llevarle una correspondencia al Comandante en Jefe.

 Pablo J. Ortiz, era un piloto con mucha experiencia. Había sido instructor de vuelo en la escuela donde yo me formé como piloto de helicópteros. Cuando le plantearon la misión de llegar al cayo para entregar la correspondencia al Comandante en Jefe, solo hizo una pregunta. ¿Por qué Carrión o Jesús (que eran los pilotos ejecutivos de Fidel y Raúl Castro) no les llevan la correspondencia?
Pablo J. Ortiz
 

La respuesta que recibió esa noche fue, que los pilotos mencionados no podían dejar sus posiciones (al lado de Fidel) debido al mal tiempo, si hubiese sido necesario trasladarlo fuera del cayo.

Pablo J. despegó esa noche y puso rumbo al cayo. Cuando estimó que debía estar sobre la vertical del cayo, no veía absolutamente nada.

Por esas cosas que suceden, los operadores de los cohetes portátiles anti-aéreos no habían sido advertidos de la aproximación del helicóptero y estuvieron a punto de derribarlo. Solo la orden de Fidel Castro fue capaz de evitar que se produjese la catástrofe.



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