lunes, 23 de junio de 2014

Hace 25 años los hermanos dictadores asesinaron al

           General de División
       Arnaldo Ochoa Sánchez


Los días finales del mes de junio de 1989 fueron muy tensos en las Fuerzas Armadas de Cuba. Todas las unidades pasaron a la situación de “completa disposición combativa”. Nadie podía salir de las unidades. La aviación militar tenía que permanecer en tierra.


Solo una escuadrilla de helicópteros tripulados por casi los mejores pilotos de ala rotatoria comenzó una preparación intensiva con el fin de realizar aterrizajes en plataformas limitadas de día, en condiciones meteorológicas complejas y de noche en plataformas desconocidas en iguales condiciones.


Una escuadrilla de helicópteros debía ser capaz de realizar estos aterrizajes transportando una compañía de tropas especiales de las Fuerzas Armadas. El lugar escogido fue el aeródromo de la Unidad Militar 3405, donde se ubicaba el Regimiento Aéreo Especial del Comandante en Jefe. Frente por frente se encontraba la unidad de las tropas especiales del MINFAR.


Puede haber sido el día miércoles 14 de junio del año 1989 cuando el Órgano Oficial del Comité Central del Partido informaba la detención de Diocles Torralba (a la sazón Ministro de Transporte)  y el General de División, vinculándolos con hechos de corrupción. Todavía no incluía nada sobre narcotráfico.


Dicen las “malas lenguas” que por esos días el Ministro de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, no salía de continuas batallas alcohólicas al punto de perder los controles de los esfínteres, orinándose y defecándose en los pantalones.


Dos o tres días después el “Granma” informaba que Arnaldo Ochoa estaba involucrado en operaciones de narcotráfico. ¡Todos los cubanos nos encontrábamos despavoridos! Nunca en la historia del proceso revolucionario había acontecido nada igual.


Desde ese miércoles hasta el lunes 18 (día que me tenía que presentar en el Estado Mayor de la DAAFAR después de unas merecidas vacaciones) permanecí en mi casa, sin moverme, esperando a que las mismas fuesen interrumpidas. No fue así. Me presenté el lunes 18 sin mayores contratiempos.


Ese día, al presentarme ante el Jefe de la Sección de Aviación para la DAAFAR, Coronel Pedro Pérez, éste me dio la orden de presentarme de inmediato en la U.M. 3405, recalcándome con mucha insistencia que “la aviación era de Fidel Castro”.


Ese verano fue dificilísimo. En calidad de primer inspector de la aviación de helicópteros tuve que subordinarme al Coronel Aníbal Carrión (piloto ejecutivo de Fidel Castro) y ayudarlo a preparar el entrenamiento táctico de la escuadrilla de 5 helicópteros.


Mientras los hermanos dictadores intentaban demostrar que sus oficiales más prominentes traficaban drogas, estos lo hacían sin su consentimiento; nosotros nos encontrábamos realizando entrenamientos de locura con vistas a frenar cualquier intento de insubordinación de las fuerzas subordinadas a estos oficiales detenidos.


No fue solamente al ex escolta de Fidel Castro al que se le derramó la copa, como nos cuenta Juan Reinaldo. De inicio no podía creer lo que informaba el Granma; poco a poco y a cuenta gotas, nos iban llegando las informaciones oficiales y extraoficiales.


En Angola había sido piloto ejecutivo de los generales Ochoa, Patricio de la Guardia y Leopoldo Cintra Frías. De manera que cuando escuché la acusación del tráfico de marfil me asaltó la duda inmediatamente.


Ninguno de los encartados en la farsa de juicio, por demás sumarísimo, se encontraba conspirando para derrocar al régimen, como se rumoró por entonces. Todos era hombres de Fidel hasta el final…, y la muerte los sorprendió a traición.


El Departamento MC, una rama del Ministerio del Interior autorizada a burlar el embargo norteamericano por cualquier medio, le había dado protección y aseguramiento a los aviones del Cartel de Medellín, que procedentes de Colombia (cruzando el Mar Caribe) “bombardeaban” las pacas de cocaína en el Estrecho de La Florida, lugar donde eran recogidas por lanchas procedentes de la península del mismo nombre.


En el año 1987, encontrándome con un helicópteros MI-8TB en la Península de Hicacos, como parte del cumplimiento de un plan llamado “Estrella”*, pude apreciar en los radares marítimos de la MGR, la aproximación de cerca de 8 puntos en pantalla aproximándose a la isla de Cuba en un rumbo norte sur.


Ese día se encontraba conmigo el funcionario de la CIM que trabajaba directamente con el regimiento de helicópteros de Cienfuegos y que casualmente era hijo del jefe de la escolta del General de Ejército Raúl Castro.


El puesto de radar de la MGR estableció comunicación con el puesto de las Tropas Guarda Fronteras (TGF) del Ministerio del Interior, recibiendo la información que eran objetivos “amigos”, agregando…, “de la gente de Tony”.


De manera que, al ver, escuchar y leer las noticias sobre el “modus operandi” de los lancheros, no fue difícil rememorar estos hechos.


Más aun, el piloto de combate, Mayor Llanes (encartado en la Causa 1 del 89), enlace del Departamento MC para la aviación y amigo mío personal, me había visitado, por mi cumpleaños en Cienfuegos (el día 24 de septiembre del año 1987) y durante la celebración en el Hotel Jagua me había dicho que venía de Santa Clara, donde había estado acompañando a un personaje que, según palabras de Llanes “iba a sacar a Cuba, de todos los problemas económicos”. Este personaje aparecería también (en el juicio farsa) y se trataba de un narcotraficante, pero eso no lo supe hasta el desenlace del proceso judicial.


De manera que el Departamento MC solo brindaba apoyo a las operaciones de narcotráfico y no traficaba directamente.


El General Ochoa jamás ejecutó una sola operación de narcotráfico. Se quedó solo en la intención.


Días antes de finalizar el juicio, se nos informó que el Ministro del Interior, General Abrahantes, se encontraba en paradero desconocido y teníamos que estar preparados para en el caso de que intentara huir, en lancha, para los Estados Unidos proceder a su detención o aniquilamiento. Pasó relativamente poco tiempo hasta que llegó la información de su detención.


Escuché decir que lo habían arrestado por tratar de intermediar (ante Fidel Castro) por la vida de los encartados, diciéndole algo parecido a: “pero Comandante, si son gente de nosotros…”. Luego sería acusado  de no haber impedido el narcotráfico y la supuesta corrupción. Murió en extrañas circunstancias mientras cumplía una condena de 20 años.


No puedo decir que Fidel o Raúl hayan autorizado las operaciones, pues no me consta, pero de que sabían que las mismas se efectuaban desde hacía muchísimo tiempo no me cabe la menor duda.


Cualquier objetivo aéreo o marítimo que se mueva en el espacio de Cuba sin la debida autorización, tiene que ser informado de inmediato al Puesto General de Mando y es de conocimiento de Raúl y Fidel. Ellos son los únicos autorizados a decidir que procedimiento seguir.


Soy de la opinión de que la depresión en que cayó Raúl Castro, la cual hizo pública al decir que “lloraba frente al espejo” (en uno de los discursos más disparatados que he escuchado jamás) no se debía tanto a la situación de los que resultarían fusilados. Pienso que el propio Raúl pensó que a él también le había llegado la hora. Tal vez lo haya salvado el lazo sanguíneo, aunque Fidel no cree ni en su sombra y si lo hubiese tenido que fusilar, para permanecer inmaculado a los ojos de la opinión pública internacional.


Otro día 24 de septiembre, esta vez del año 1989, me ordenaron asistir a una reunión en el Comité Central del Partido, donde el Comandante en Jefe, en persona, nos planteó la misión de reestructurar el Ministerio del Interior. Seríamos poco más de 100 oficiales, los que de inicio participaríamos. A mí, me tocaba la parte de los helicópteros MI-2 de la Policía Nacional, los MI-17 y los aviones Zlin Z-142 correspondientes a la TGF.


Las Tropas Especiales del MININT fueron prácticamente disueltas a raíz de los acontecimientos.


*El “Plan Estrella” consistía en la protección del “hermanísimo” durante los días de estancia en su refugio natural del “Parque Josone” en Varadero.


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