viernes, 30 de agosto de 2013

Fidel Castro, Snowden y Bashar al-Assad

Fidel Castro, Snowden y Bashar al-Assad


Una vez más, el Oráculo en Jefe mete la cuchareta, no para preocuparse por las condiciones de insalubridad existente en Cuba, sino para vaticinar que muy pronto ocurrirán acontecimientos graves. Cargado de pesimismo nos pretende aterrorizar con el peligro de extinción de la especie humana. La misma especie que el mismo puso en peligro en el año 1962.



Si como dice Fidel Castro, la verdad nos puede ofrecer un poco más de bienestar y un soplo de esperanza, sería interesante que el viejo cagalitroso se ocupara de lo que sucede en Cuba. Su mayoría de edad no le da derecho a engañarse y mucho menos pretender continuar engañándonos.

La opinión pública cubana sabe perfectamente que el nuevo riesgo del cólera toca a la puerta de cada ciudadano.

Sin vergüenza alguna Fidel Castro nos dice en el último artículo publicado en su blog después de cuatro meses sin escribir, que Bashar al Assad es un valiente que representa a mil millones de musulmanes. ¡Mentira!

Bashar al Assad pertenece a la minoría alauita, que oprime al pueblo sirio desde hace varias décadas. Hafez, el salvaje, padre de la actual bestia, se hizo del poder durante un golpe de estado en el año 1970.

Efectivamente, Bashar se graduó en medicina y trabajó varios años en Inglaterra, pero al morir “el salvaje”, en el año 2000 y matarse en un accidente el hermano que debía sucederle en el “trono”, no tuvo otra alternativa que asumir el mando de la “familia”.

Para aquellos que no lo sepan, el apellido original de la familia no era Assad. Se llamaban Jahash (salvaje).

A la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) pertenecen 27 países y no todos ellos son incondicionales, como nos dice Fidel Castro. No todos participan directamente en los conflictos bélicos.

La Bestia Ilustrada también nos dice que unos pocos países petroleros son aliados, pero en este caso no los califica de aliados de la OTAN, sino del “imperio”. No obstante, nos cuenta que esos “pocos países” son los que garantizan (a precios exorbitantes, digo yo) el petróleo que consumen los países desarrollados. Fidel Castro dice “abastecimiento mundial”.

No hemos acabado de digerir la primera premonición y nos asalta con la segunda. ¡Los gases de efecto invernadero! Por otro lado dice que “se afirma” que en el año 2040, las multas (me imagino que sean las de tránsito automotor) las impondrán robots y se pregunta: “Se imaginan los lectores cuán difícil será discutir con un robot?”

¡Ay! Fidel Castro, que distante estas de todo lo que te rodea. ¿Acaso no sabes que ya es imposible discutir con la policía “humana”? Hace muchísimos años se podía y en caso de no estar de acuerdo hasta podías apelar a un juez. Hoy no. Hoy tienes que pagar la multa y luego reclamarle al jefe de la unidad de la policía. Al final tienes que pagar aunque sea (a tu juicio) injusta.

A Fidel Castro le ha molestado sobremanera que el régimen, ahora dirigido por su hermano, no haya sido capaz de dar una respuesta (aunque no fuera convincente) en el caso Snowden. Como viejo matrero sabe bien que aquel que calla, otorga. Edward Snowden se tuvo que establecer en Rusia porque su hermano Raúl, presionado los Estados Unidos, no se atrevió a autorizar que el avión, donde supuestamente se trasladaría a Venezuela, hiciera escala en La Habana.

Tanto le molestó, que sin tener absolutamente nada que ver en el asunto, decidió escribir nuevamente en su blog, que al parecer es el último recurso que le queda para entrometerse en los asuntos del hermanísimo y de paso ponerlo en ridículo, como siempre ha hecho.

Por supuesto que lo reconoce. Esa no es su tarea. ¿Cuál es su tarea? Su única tarea es la de cuidar a sus nietos. Pero eso no le ha gustado jamás. Ni a sus nietos, ni a sus hijos, ni a su pueblo.



Dice admirar a Snowden, por sus declaraciones, pero cuando son declaraciones de cubanos en contra de su régimen dictatorial, totalitario y neofeudal, los tilda de “mercenarios a servicio del imperialismo”.

No hay régimen más repugnantemente deshonesto y mentiroso como el de los hermanos Castro Ruz.

En un alarde de “valor” dice que si él quisiera podría hablar del tema porque lo conoce ampliamente.

En primer lugar, no lo dejan. En segundo lugar, es mejor que escriba, porque cuando habla solo dice disparates. En tercer lugar, no creo que a su hermano Raúl le hagan ninguna gracia sus interferencias.

Por último nos cuenta que le impresionaron las imágenes gráficas de Maduro visitando el buque insignia del destacamento naval ruso de visita en Venezuela. Se trata de otra más de las tantas divagaciones de su senil cerebro, para luego reconocer que los Estados Unidos siempre presionan al régimen por él establecido en Cuba y a la ONU y a las instituciones públicas y a las privadas y al pipisigayo.

Su mayor error ha sido, en aras de su megalomanía, el abandonar al pueblo que, en sus inicios, tanta fe había puesto en él.



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miércoles, 21 de agosto de 2013

Demandan al régimen imperante en Cuba por la muerte de Oswaldo Payá

Demandan al régimen imperante en Cuba por la muerte de Oswaldo Payá













 
Nuevamente se equivocan en la información: Esta vez se trata de la periodista Anna Cuenca de AFP la que informa que “demandan a Cuba” por la muerte de Oswaldo Payá.

La demanda de la familia de Payá no es contra Cuba. Están demandando a funcionarios del régimen, para intentar esclarecer la muerte del disidente cubano.

La querella presentada ante el juzgado central de instrucción de la Audiencia Nacional de España es contra el Teniente Coronel Aguilas (jefe de instrucción de delitos contra la seguridad del régimen de los hermanos Castro Ruz) y contra el Coronel Llanes, encargado de delitos de la seguridad del régimen dictatorial, totalitario y neofeudal imperante en Cuba.

Fueron estos los funcionarios que “presuntamente” coaccionaron al Sr. Angel Carromero, para que éste diera una versión que hiciera pensar que la muerte de Payá se debió a un accidente de tránsito.

La demanda es extensiva al resto de las personas que el juzgado, de la principal instancia española, determine en el curso de la investigación (si es que se realiza, puesto que también la puede rechazar, por no considererarla competente) como participes en los presuntos delitos de Lesa Humanidad en que hayan incumbido. Payá tenía al morir 60 años de edad y poseía doble nacionalidad (cubana y española).

Carromero, de 27 años, conducía el automóvil y fue condenado por la “justicia” del régimen a 4 años de cárcel, antes de ser repatriado a España, donde cumple su “pena” en régimen de semi-libertad.

El joven político aseguró recientemente al periódico El Mundo, que los servicios secretos de la dictadura asesinaron a Payá.

Carromero dijo haber sido hostigado, por vehículos de la seguridad del régimen, desde su salida de La Habana y que uno de tales vehículos los sacó de la carretera. Se mostró seguro al decir que Payá no falleció en el accidente.

En España, donde supuestamente el poder judicial es independiente del poder político, es el lugar perfecto para buscar la verdad, sin temores ni presiones.

 “El pueblo cubano y el pueblo español tienen legítimo derecho y en ley, de conocer la verdad de los sucedido ese día, donde resultara muerto un ciudadano español, Oswaldo Payá y vilmente inculpado otro ciudadano español, Angel Carromero, de un crimen que no cometió”, aseguró Carlos Payá, hermano del fallecido.

Oswaldo Payá fundó el Movimiento Cristiano de Liberación en el año 1987, para oponerse al régimen dictatorial, totalitario y neofeudal de los hermanos Castro Ruz. Con el “Proyecto Varela” Payá consiguió 25 mil firmas para pedir al régimen imperante en Cuba que garantizara el camino hacia una democracia multipartidista, la libertad de prensa y de reunión. El proyecto se basaba y aun se basa en la propia constitución vigente en la República de Cuba.

El régimen totalitario impugnó el Proyecto Varela, mediante un referéndum amañado que proclamó una disparatada enmienda a la constitución que proclama el carácter inamovible del sistema imperante en Cuba.



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domingo, 18 de agosto de 2013

Totalmente decrépito a los 87

Totalmente decrépito a los 87


En el verano 87 de su larguísima vida aun nos sorprende con divagaciones tan “profundas” como la existencia, desde hace 230 mil años, del ser humano. Me recuerda un cuento, de hace menos años, cuando alguien (posiblemente para congraciarse) le regaló una tortuga y le dijo:

-         Comandante, estos animales viven 200 años.

Fidel Castro, ni corto, ni perezoso miró al interlocutor y, como aquel que no quiere la cosa le respondió:

-         El problema con estos animalitos es que, cuando uno comienza a cogerles cariño, se mueren…


Son poquísimos los dictadores totalitarios que han vivido tanto tiempo en el poder, porque aunque el hoy “retirado en jefe” se dedica a emborronar cuartillas con semejantes dislates, detrás de bambalinas aun mueve las cuerdas de la malignidad.

De esa manera, el despreciable anciano nos atiborra de nebulosas solares y otra serie de teorías que da como ciertas aunque sepamos que solo son eso o, mejor dicho, conjeturas. En el mismo párrafo mezcla la tecnología moderna y sus “insólitos” usos que aportan, según él, un no sé que a los seres humanos.


En su última publicación (ya se aburrió del blog), en la cual nos narra lo anteriormente expuesto, salta para las semillas y cuando comenzaron a utilizarse como medio de alimentación y un calendario de siembra de hace 10 mil años.

Tan solo de pensar que ha convertido a Cuba, de país exportador de alimentos antes de que se hiciera del poder, a país importador de los mismos, me va llenando la copa.

Pero la tapa al pomo se la pone cuando en un alarde de imaginación senil nos dice que “Las ciencias deben enseñarnos a todos a ser sobre todo humildes…”

Fidel Castro jamás, en su puñetera vida ha sido humilde. Autosuficiente sí, pero no porque lo reconozca (veladamente) merece se disculpado.

En este mundo vilmente engañado y manipulado por personas que como él, son degeneradas y ostentosas, se atreve a mencionar a las madres como ejemplo de sacrificio. Es tan degenerado que no es capaz de interiorizar que todos los animales hembras se encuentran dotados del instinto de la procreación. No, Fidel Castro, procrear no es parir solamente, sino cuidar de la criatura hasta que se pueda desenvolver por sí misma. Eso no constituye un sacrificio. Eso es ley de vida.

El concepto de padre resulta muy abstracto para Fidel Castro y nos dice que no existe en la naturaleza. Bueno, será en “su” naturaleza. No, una vez más Fidel Castro se equivoca. Ser padre no es fruto de la educación social. Ser padre (aparte de fornicar) es un instinto tan animal como, el de ser madre.

En nuestros días y solo debido al desarrollo, puede existir lo que se conoce como “madre soltera”. Hasta hace muy poco tiempo, las hembras humanas necesitaban a ese “alguien” que les ayudara no solo a engendrar, sino a cuidar del retoño. No vayamos tan lejos, como nos cuenta Fidel Castro. Muchos animales (no humanos), como los pingüinos, por ejemplo, se turnan en el cuidado y alimentación de sus descendientes. Que sepamos las comunidades de pingüinos carecen del “fruto” de la educación social. Es un instinto natural de la conservación de la especie.

Luego de toda esta verborrea insípida, muda de tercio y comienza a referirse a las noticias sobre nuevos comportamientos de la naturaleza, de los nuevos descubrimientos y las exigencias de nuestro tiempo. ¡Qué lata!

Aquel que, después de leer los primeros párrafos consiga continuar la lectura de semejante mamotreto, se verá enfrentado a virus mutantes “maléficos” que amenazan la alimentación humana.

¿Será Fidel Castro uno de estos virus?

Si alguien ha golpeado la agricultura de nuestro país haciendo que nuestra alimentación sea cada vez más insegura, más costosa y que afecte directamente nuestra salud, agravando las enfermedades como la neuritis periférica en todas las capas de la población, solo tiene un nombre: Fidel Castro Ruz.

¿Cómo enfrentar el número creciente de obstáculos que los cubanos sufren?

Ya me estoy extraviando. Cuando era adolescente, la división política administrativa se encontraba estructurada en 7 provincias. Ya de adulto, pasaron a ser 14. Creo que actualmente andan por las 16, incluyendo el municipio especial. Pues bien, estas provincias se disputan los recursos de un archipiélago llamado Cuba. No se trata de chovinismo, ni de movimiento solidario alguno. Tampoco se trata de clanes familiares. Mucho menos de tribus. Han transcurrido más de 50 años.

La capacidad del cubano promedio para pensar y elaborar ideas era más que notable, diría yo, sobresaliente. De ninguna manera los santiagueros o los pinareños eran menos inteligentes que el resto de los cubanos. En todas partes de nuestra Cuba siempre existieron poetas, escritores y artistas. Cuba era un país de excelentes médicos y deportistas brillantes; a machetazo limpio el cubano combatió por la independencia; las obras de José María Heredia, Saco, Varela y muchos otros, nos hicieron comprender más que pensar. Siempre hemos tenido ciudadanos de inusual talento.

Durante más de 50 años hemos recorrido un camino extraño en la historia de Cuba.

Desde hace más de 50 años todos los días son críticos para el cubano de a pie, tan solo porque la tozudez de un ególatra nos llevó a supeditarnos a una sociedad condenada al fracaso, como es el caso de la extinta Unión Soviética y a enfrentarnos con los Estados Unidos.

Desde el 1ero de enero de 1959 padecemos la más cruel de las dictaduras totalitarias tras 402 años de coloniaje español y 59 de república. Ya no existían indígenas en Cuba. Todos nos entendíamos en español. Somos una amalgama de descendientes de inmigrantes, de todos los colores, los que integramos la nación.

Fidel Castro es capaz de decir que en Cuba no hay desempleo. Peor que el no tener trabajo es encontrase subempleado de por vida, dependiendo de un grupo de funcionarios que desgobiernan el país a mansalva.

¿Acaso después de 50 años de Fidel Castro mantenerse en el poder somos menos subdesarrollados?

Al hermanísimo no le ha quedado más remedio que decir que tenemos mucha instrucción, pero que somos un atajo de incultos y maleducados.

Ahora sí que estamos llenos de conocimientos inculcados por una prensa mediatizada al mejor estilo totalitario, que conoce y desprecia los sentimientos de la nación.

Fidel Castro tergiversa la historia exprofeso cuando dice que los Estados Unidos pretendían anexar el territorio cubano a la unión norteamericana. Utilizando las medias verdades (como de costumbre) sin pudor alguno nos relata algo que pudo ser verdad antes de la guerra de secesión entre los estados del norte y del sur. Y tenía cierta lógica, pues los estados sureños eran tan esclavistas como la colonia española y un estado esclavista más, les hubiera beneficiado en sus propósitos. Una vez que los yanquis vencieran a los dixie, ya no tenía razón de ser y nunca más se habló en el congreso acerca de la anexión, aunque muchos cubanos tuvieran esperanzas de que ocurriera.

Divaga tanto el viejito que, del hundimiento del acorazado Maine en el puerto de La Habana, se traslada a Viet Nam. Más de 50 años separan los hechos.

Como el cerebro ya no le funciona vuelve a saltar en el espacio tiempo y se traslada a la crisis de octubre de 1962, confesando sus divergencias con Kruchev.

Una vez más nos recuerda todo lo que ya sabemos de memoria. No aporta nada nuevo. Lo que quiere es demostrar (como si pudiera) que la intervención militar soviética en Cuba fue fruto de haber sido “revolucionario” y que fue una decisión “colegiada”. ¡Toda una sarta de mentiras! Apoya la mentira con aquella declaración de Kruchev, a raíz de la crisis del canal de Suez, amenazando con utilizar las armas nucleares.

Desde un punto de vista político, ese tipo de amenaza se queda en eso. Simple retórica. Lo que no se queda es, una operación encubierta trasladando subrepticiamente unidades militares y cohetes estratégicos a más de 9 mil 550 kilómetros de distancia. Una operación transcontinental para amenazar a los Estados Unidos y no precisamente para defender a Cuba, sino al régimen dictatorial, totalitario y neofeudal que Fidel Castro intentaba establecer en Cuba.

Se deshace en una adulonería innecesaria a Brezhnev y sin asomo de vergüenza relata como la URSS le suministró armamento gratuito y una central electronuclear que jamás llegó a funcionar.

Nuevamente nos atiborra con medias verdades cuando relata que, a la muerte de Brezhnev, le pregunta a su sucesor (Andropov) si le podían seguir suministrando armas gratuitamente. ¡No le da pena reconocer su desvergüenza!

Lo que no nos dice es que todo eso sucedía cuando, el sindicato solidaridad en Polonia, ponía entre la espada y la pared al monstruo soviético, que en otra parte del globo terrestre se la veía negras. Me refiero a Afganistán.

La URSS se veía en la encrucijada de intervenir en Polonia, tal y cual había sucedido, en años anteriores, en Hungría y Checoslovaquia. La administración norteamericana había advertido que de producirse la intervención en Polonia, se podía dar el caso de una intervención norteamericana en Cuba.

En aquellos momentos no solo le habían cortado el suministro gratuito de armamento. También le habían retirado el apoyo político y material al intento de exportación del totalitarismo en Nicaragua y El Salvador.

Fidel Castro no menciona una frase de uno de sus tantísimos discursos, relativos a la creación de una nueva doctrina militar, a raíz de estos eventos, en la cual les decía a los soviéticos que ellos eran muy dueños de decidir lo que hacían en el caso de Polonia, pero que una acción de semejante magnitud era igual a sacrificar una pieza en un juego de ajedrez. Y que la historia diría, en definitiva, quienes eran sus amigos. La pieza, por supuesto, era el régimen de Fidel Castro.

No eran, como nos cuenta en el escrito del día de su cumpleaños, un mínimo de compañeros los que estaban informados. Era un run, run que en Cuba corría de boca en boca o, de boca en oreja. Como se prefiera.

Las armas que mandó Kim Il Sung eran para la creación de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) con las cuales pretendía convencer al pueblo cubano, de que "la guerra de todo el pueblo" era el “camino correcto” para derrotar una invasión yanqui.

Una vez tergiversada la historia, con su dale palante y dale patrás, de 1980, vuelve a la Crisis de Octubre de 1962. Aquí solo me quiero detener para hacerle una corrección: Cuando el ataque a la principal base aérea, que no fue durante la crisis mencionada anteriormente, sino un año antes, si los aviones no se encontraban alineados no fue por su sagaz perspectiva de la guerra. El había desestimado la aviación como fuerza de combate desde el momento que había designado a un simple chofer de automóviles (como era Maro Guerra), en jefe de aquella base aérea. Si aquellos aviones desvencijados, por la falta de recursos (recursos negados por Fidel Castro)  combatieron en Playa Girón fue por la tenacidad de los pilotos y mecánicos.

Regresando a la Crisis de Octubre lo único que se me ocurre decir es que los famosos (fanosos) cinco puntos no fue otra cosa que la pataleta de un niño malcriado al que se le retira un juguete. Que tuviera razón o no, en sus planteamientos es otra cosa. El hecho ya estaba consumado y él había sido excluido. ¡Esa es la más estricta verdad!


Continuando con el larguísimo artículo, que pudiera parecernos el epitafio de su fracaso, no me imagino cuales son las pretensiones de Fidel Castro en comentar tan profundamente el asesinato de Kennedy, a no ser un intento de aparentar no tener nada que ver en aquel infausto acontecimiento.
¿Por qué?

A continuación nos brinda algo a lo que ya nos habíamos acostumbrado en aquel blog que hace años no actualiza: Varios párrafos de corta y pega que se podía haber ahorrado.

Al final del escrito hace mención de Hugo Chávez. No podía ser de otra forma. Fue su tabla de salvación. Puede que haya sido su última jugada maestra. ¿Cómo no estar agradecido?

Indiscutiblemente que Fidel Castro ha tenido mucha suerte en su vida. Ha hecho lo que le ha dado la gana. Nadie ha sido capaz de ponerle freno al “caballo”.

 

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martes, 13 de agosto de 2013

La Batalla de La Habana (1762)


La Batalla de La Habana (1762)


La Batalla de La Habana consistió en una acción militar entre los meses de marzo y agosto (6 meses) del año 1762, siendo parte de la Guerra de los Siete Años. Las fuerzas británicas asediaron y capturaron la ciudad de La Habana, una importante base naval española en el mar Caribe, ocasionándole un duro golpe a la marina española. La Habana fue devuelta a España bajo los acuerdos del tratado de Paris de 1763, que formalmente puso fin a la guerra.
Los preparativos españoles
Antes de que su país de viese envuelto en el conflicto europeo y el resto del mundo, el Rey Carlos III de España tomó medidas para defender las colonias españolas de la marina inglesa. Para la defensa de Cuba nombró a Juan de Prado en calidad de Comandante en Jefe. De Prado llegó a La Habana en el mes de febrero de 1761, comenzando los trabajos de fortificación de la ciudad.
En el mes de junio de 1761 una flotilla de siete buques de línea bajo las órdenes del Almirante Gutierrez de Hevia llegó a La Habana transportando dos regimientos de infantería (España y Aragón) contando un total de 1000 hombres. No obstante, la fiebre amarilla redujo rápidamente las fuerzas defensoras y durante el asedio las fuerzas se habían visto reducidas a 3850 soldados, 5000 hombres entre marineros e infantería de marina y 2800 milicianos. La guarnición de La Habana se encontraba compuesta de:
·         El Regimiento de Infantería España                     (481)
·         El Regimiento de Infantería Aragón                     (265)
·         El Regimiento de Infantería Habana                     (856)
·         Los Dragones de Edinburgo                                  (150)
·         Artillería del Ejército                                             (104)
·         Artillería de la Marina y de infantería de marina   (750)
La Habana tiene una de las mejores bahías de las Indias Occidentales. Facilmente podía amparar hasta 100 navíos de línea. El canal de entrada que da acceso a la bahía tiene 180 metros de ancho por 800 metros de largo y en su interior se encontraban importantes astilleros capaces de construir barcos de guerra de primera clase.
Dos fortalezas defendían el canal de entrada. Por el lado norte del canal se alzaba el Castillo de los Tres Santos Reyes Magos del Morro (conocido en inglés como Morro Castle, por estar enclavado en un promontorio rocoso llamado La Cabaña. Su defensa contaba con 64 cañones pesados y la guarnición se encontraba compuesta por 700 hombres. El lado sur se encontraba defendido por el Castillo de San Salvador de la Punta. El canal podía ser bloqueado por una cadena extendida entre El Morro y La Punta. La ciudad se encontraba situada hacia el sur, a lo largo del propio canal de entrada y se encontraba rodeada de una muralla de 5 kilómetros de longitud a todo su alrededor.
La preparación Británica
El Almirante Charles Knowles había estado de visita en La Habana en el año 1756, siendo recibido por el gobierno local.  Cuando Knowles llegó a Londres en 1761, hizo planos y documentos muy detallados con todos los datos de su visita y aconsejó que se atacara la plaza en caso de guerra, cosa que aprobaron y más tarde ejecutaron.
 
Cuando comenzó la guerra con España comenzaron los planes de la Gran Bretaña para la realización de un ataque anfibio sobre La Habana. La fuerza expedicionaria estaría al mando de George Keppel, 3er Conde de Albermale, junto con el Vicealmirante Sir George Pocock en calidad de Comandante Naval. A este plan iba incorporado Jeffrey Amherst con 4000 hombres de las colonias inglesas de la América del Norte y el reclutamiento de otros 8000 hombres para el ataque a las Luisianas.
Durante el mes de febrero las tropas británicas que embarcaron consistían en los siguientes regimientos de infantería: 22,34, 56 y el 72 de Richmond.
El día 5 de marzo la expedición británica zarpó del puerto de Spithead, Inglaterra. Siete Navíos de Línea y 4365 hombres a bordo de 64 transportadores que arribaron a Barbados el 20 de abril. Cinco días más tarde llegaron a Fort Royal en la recientemente conquistada isla de Martinica en donde recogieron los remanentes de la expedición del Mayor General Robert Monckton, de los que aun quedaban con capacidad combativa 8461 hombres. Se incorporaron también a la expedición las fuerzas del Contra Almirante George Rodney con 8 Navíos de Línea, para hacer un total de 15.
El día 23 de mayo la expedición se encontraba al noroeste de la isla La Española donde se le incorporaron seis navíos procedentes de Port Royal, Jamaica, al mando de Sir James Douglas. Para ese momento la fuerza al mando de Albermale estaba compuesta por 21 Navíos de Línea, 24 buques de diferentes denominaciones  y 168 transportes con 14 mil hombres, entre marineros e infantería de marina más 3 mil marineros contratados y 12826 soldados regulares.
 
El Asedio
El día 6 de junio la fuerza británica llegó a la altura de La Habana. De inmediato 12 Navíos de Línea fueron enviados para bloquear el canal de entrada de la bahía y con esta maniobra impedir la salida de la flota española.El plan británico de operaciones comenzaba con el ataque al Castillo del Morro. La rendición de esta fortaleza, que dominaba a la ciudad, obligaría a la rendición al comandante español de la plaza.
 
Lo que no tuvieron en cuenta fue que El Morro se encontraba edificado sobre un promontorio rocoso donde era imposible cavar trincheras de aproximación y que un foso cavado en la roca protegía la fortaleza desde el lado de tierra.
La fuerza española bajo el mando de Prado y el Almirante Hevia, sorprendidos por el tamaño de los atacantes, adoptaron una estrategia defensiva de demora pensando que pudieran recibir refuerzos o que una epidemia de fiebre amarilla o un huracán pudieran destruir la flota enemiga. De manera que la flota española  se mantuvo al reguardo de la bahía mientras que los marineros, los artilleros y la infantería de marina fueron enviados a reforzar la guarnición del Morro y la Punta, que se encontraban bajo las órdenes de oficiales de la marina. Casi todas las municiones y la pólvora de la flota española, así como sus mejores piezas de artillería fueron transferidas para estas fortalezas y las tropas regulares se encargaron de la defensa de la ciudad.
El Canal de entrada de la bahía fue cerrado con cadenas inmediatamente y tres Navíos de Línea, el Asia (64), el Europa (64) y el Neptuno (74) fueron seleccionados (debido a su estado de conservación) para ser hundidos detrás de las cadenas. Los comandantes españoles, teniendo en cuenta la importancia del Morro, le dieron total prioridad en la defensa.

 
El día 7 de junio desembarcan las tropas británicas al noreste de La Habana, por las inmediaciones de la villa de Cojimar, avanzando hacia el suroeste al día siguiente encontrándose con una partida de milicia armada que fue rechazada fácilmente. Finalizando el día la infantería se encontraba en las proximidades de la villa de Guanabacoa.
El día 8 de junio con el grueso de las tropas acampadas en la zona de Cojímar, unos 10,000 soldados, el General Elliot al frente de sus unidades arremete contra Guanabacoa. En la defensa de Guanabacoa estaba un pequeño número de soldados españoles, el regidor de la villa José Antonio Gómez (frase famosa: la villa de Pepe Antonio), que al frente de un puñado de sus vecinos, aunque mal armados, le dieron fuerte resistencia a los ingleses.
 
Ese día 8  de junio, el coronel William Howe desembarca por la zona de La Chorrera, y emplaza su artillería para cortar la comunicación enemiga. Los cañones de Howe, así como lo de los barcos frente a la Bahía, no tenían alcance suficiente para bombardear la villa de La Habana, por consiguiente los daños fueron mínimos por este frente del ataque.
 
La defensa del Morro había sido asignada a Luis Vicente de Velasco e Isla, un oficial naval que las medidas necesarias para resistir el asedio.
El día 11 de junio una patrulla británica atacó un reducto de las alturas de La Cabaña. Fue entonces que el mando británico entendió cuan fuerte era el Castillo del Morro, rodeado de espeso bosque y protegido por un largo foso. Al día siguiente los británicos comenzaron a desplegar las baterías entre los árboles de las alturas de La Cabaña, desde donde se divisaba perfectamente el Castillo (entre la loma de La Cabaña y el Morro hay siete metros de diferencia en altura sobre el nivel medio del mar; entre la Cabaña, la bahía y la ciudad la diferencia en altura es mucho mayor).
 
Sorprendentemente, estas alturas no estaban defendidas por los españoles, aun a sabiendas de su importancia estratégica. El propio Rey de España había dado instrucciones a Prado en relación a la fortificación de esta loma. Esta misión había sido considerada la más urgente entre todas las que se le confiaron a ese jefe militar.
El día 13 de junio un destacamento desembarcó por el Torreón de la Chorrera, al oeste de la bahía (mapa). Entretanto, al Coronel Ingeniero Patrick MacKellar se le encargó la voladura de las murallas del Morro. Para este fin y debido a la imposibilidad de cavar trincheras, decidió proteger el avance de las tropas hacia el foso del Morro mediante la tala de árboles.
El día 22 de junio cuatro baterías (12 piezas de artillería pesada y 38 morteros) abrieron fuego, desde La Cabaña hacia el Morro. MacKellar avanzaba lentamente en dirección al foso.
El día 29 de junio las baterías habían incrementado el fuego a 500 salvas diarias. Velasco perdía aproximadamente 30 hombres por día y la reparación de la fortaleza, cada noche, resultaba tan agotador que los hombres tenían que ser relevados, cada tres días, por los de la ciudad. A Velasco le costó trabajo convencer a Prado que se hacía imprescindible atacar a las baterías británicas desde la retaguardia. Al amanecer del día 29 de junio una fuerza en número de mil efectivos atacaron a las baterías británicas, aunque fueron rechazados antes de que causaran daños de consideración.
El día primero de julio se produjo un ataque combinado entre las fuerzas navales y terrestres sobre la posición del Morro. La flota atacó con cuatro Navíos de Línea: el HMS Stirling Castle, el HMS Dragon, el HMS Marlborough y el HMS Cambridge. La artillería naval fue inefectiva debido a que el Castillo se encontraba a mucha altura sobre el nivel del mar.
El contraataque del Morro causó 192 bajas e infringió daños de consideración en los barcos, tres de los cuales se hundieron posteriormente. La artillería terrestre fue más efectiva. Al finalizar el día solo tres de las baterías españolas del Morro se mantenían activas contra la artillería terrestre británica.
El día 2 de julio los árboles talados que servían de protección a las tropas británicas fueron quemados por los españoles y de esa forma se paralizó la táctica del Coronel Ingeniero MacKellar, dando la posibilidad a Velasco de reparar muchas de las piezas de artillería así como las maltrechas murallas del Morro.
Desde su llegada a La Habana el ejército británico había sufrido intensamente la fiebre amarilla. Para el mes de julio tenía solamente la mitad de las fuerzas disponibles. Como se acercaba la temporada ciclónica, Albermale se encontraba en una carrera contra el tiempo. Ordenó reconstruir las baterías artilleras con la ayuda de los hombres de la flota y ordenó desmontar las piezas de artillería de los puentes inferiores de los navíos para equipar a las nuevas baterías.
Para el día 17 de julio las nuevas baterías habían ido silenciando a las baterías de Velasco habiendo quedado solamente dos de ellas operativas. Sin la protección artillera se les hacía imposible a las tropas españolas la reparación de los daños causados a las murallas del Morro. MacKellar podía concluir su objetivo de minar las murallas. No obstante, con el ejército diezmado por las enfermedades tropicales los trabajos eran cada vez más lentos. La esperanza de Albermale era recibir un refuerzo desde las colonias norteñas.
Por fin, el día 20 de julio concluyó el trabajo de MacKellar, ahora se podía minar al Morro. Ya sin oposición, la artillería británica impactaba 600 veces por día las murallas del castillo. A Velasco no le quedaba otra alternativa que atacar a las fuerzas de MacKellar. A las 04:00 horas del día 22 de julio 1300 soldados regulares, hombres de mar y milicianos partieron de la ciudad en tres columnas y atacaron a las fuerzas de MacKellar. No tuvieron éxito y los trabajos ingenieros permanecieron relativamente intactos.
El día 24 de julio Albermale le ofreció la oportunidad de rendirse, a Velasco, permitiéndole incluso redactar sus propios términos de capitulación. Velasco respondió que el asunto únicamente podía ser resuelto por medio de las armas.
El día 27 de julio llegaron los refuerzos de las colonias norteamericanas al mando de Coronel Burton, que a medio camino habían sido atacados por los franceses y les habían capturado unos 500 hombres.
Los refuerzos consistían en:
-         El Regimiento 46 de infantería de Thomas Murray.
-         El Regimiento 58 de Anstruther.
-         Provincianos norteños en número de 3000 hombres.
-         Los rangers de Gorham y Dank que se habían fusionado en un cuerpo de rangers.
El día 29 de julio finalizó el minado del ala derecha del bastión del Morro y se encontraba listo para su voladura. Albermale demoró el asalto con la esperanza de que Velasco decidiera rendirse. Por el contrario Velsaco decidió realizar un ataque desesperado desde el mar contra las tropas ingenieras de MacKellar que ya se encontraban en el foso.
 
El asedio artillero del Castillo del Morro
A las 02:00 horas del día 30 de julio dos barcos españoles atacaron a las tropas de MacKellar desde el mar. El ataque fue infructuoso y tuvieron que retirarse. Finalmente, a las 13:00 horas los británicos detonaron las minas. Los fragmentos de la explosión prácticamente llenaron el foso, pero Albermale consideró que era franqueable y lanzó a las tropas al ataque.
Antes de que los españoles pudieran reaccionar 16 hombres habían penetrado en el bastión. Velasco acudió al lugar con parte de sus tropas. Fue herido mortalmente en un combate cuerpo a cuerpo. Una vez que los británicos tuvieron el control del Morro Velasco fue enviado para la ciudad.
Velasco falleció a las 21:00 horas del día 31 de julio a causa de las heridas. Ahora los británicos ocupaban la posición estratégica desde la cual tenían a la ciudad a su merced, desde el Morro hasta las alturas de La Cabaña.
El día 11 de agosto, después de que Prado hubiese rechazado las demandas de rendición de Albermale, las baterías británicas abrieron fuego contra la ciudad de La Habana. Un total de 47 cañones, 10 morteros y cinco howitzers machacaron la ciudad desde una distancia de 500 a 800 metros. Al final del día La Punta fue silenciada. Prado no tuvo más alternativa que rendirse.
La Capitulación
Los días 12 y 13 de agosto, Prado y su ejército capitulaban. Hevia se opuso a quemar su flota, la cual cayó intacta en manos británicas.
El día 14 de agosto los británicos entraron en la ciudad. Habían conquistado la bahía más importante de las Indias Occidentales españolas, así como el equipamiento militar, 1, 828,116 pesos españoles. Habían requisado el 20% de los Navíos de Línea de la marina española, más 9 barcos pertenecientes a navieras comerciales. Otros dos Navíos de Línea fueron capturados en los astilleros.
Durante el asedio los británicos sufrieron 2764 bajas entre muertos, heridos y para el 18 de agosto los muertos ascendían a 4708, por enfermedades. Una de las brigadas duramente castigada fue transferida a las colonias norteamericanas y al mes de haber llegado habían perdido otros 360 hombres. Tres Navíos de Línea perdidos debido a la defensa española.
A su regreso a España Prado y Hevia fueron juzgados por una corte marcial y puestos bajo arresto.
La pérdida de La Habana y en general el occidente cubano resultó un durísimo golpe para España. Las pérdidas financieras no fue lo único. El desprestigio lo fue aun más. Esta derrota unida a la captura de Manila mes y medio más tarde significó la pérdida de las capitales de las Indias Occidentales y de las Indias Orientales españolas y confirmó la supremacía naval británica. Mostró la fragilidad del Imperio español.
En un principio los ingleses intentaron establecer una especie de colonia llamada «Cumberland» que sirviera de punto de apoyo a una invasión en la isla, por el Sur, en lo que hoy es la provincia de Guantánamo, pero las condiciones fueron muy hostiles tanto por el terreno, así como el constante hostigamiento de los villareños, por lo que desistieron.
La Habana y Manila les fueron devueltas a España como resultado del Tratado de Paris de 1763, pero España cedió para esto, la península de La Florida y Menorca a Gran Bretaña. España recibió la Luisiana francesa como pago de haber intervenido en la guerra a favor de Francia y como compensación por haber perdido La Florida.
 
 
 

 

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