lunes, 13 de septiembre de 2010

Respuesta a la invitación de Silvio Rodríguez


Aun cuando considero que la Revolución Cubana de 1959 (existe una diferencia inmensa con la “eterna” dictadura de los hermanos Castro Ruz) dignificó a nuestro país y por ende a todos los cubanos, decir que la dictadura totalitaria neo feudal, impuesta a nuestro pueblo, sea el mejor gobierno de nuestra historia, hay más de 50 años de afrentas y oprobios.

Sí: Durante los gobiernos democráticos, toda Cuba estaba mejor pintada, prácticamente no existían baches en las calles y no había apagones. Las tiendas y bodegas se encontraban llenas de alimentos y ropa.

¿Quiénes compraban en esas tiendas?

Un 70% de la población de clase media (desde la clase media pobre hasta la clase media rica).

¿Quiénes podían caminar en libertad por aquellas calles?

Por supuesto, los 4 millones 500 mil ciudadanos de clase media, de los 6 millones de habitantes. Los demás, el 25% (1 millón 500 mil ciudadanos) considerados como pobres de solemnidad, mal vivían de lo que le suministraban tiendas (como aquella de Birán) en las que le fiaban los productos hasta que pasara el “tiempo muerto” entre una zafra y otra y “pudieran” pagar la deuda. Esos no tenían acceso a vidrieras. Existía, además, un 5% (poco menos de 75 mil personas) de clase alta (como la familia de los hermanos Castro Ruz), que vivían en la opulencia y eran capaces de ofrecer, como regalo de bodas, 100 mil dólares, equivalentes hoy en día a 1 millón.

Los cubanos no se alzaron en armas para reivindicar a aquel 25% de cubanos pobres. Eso fue después. De inicio, los cubanos se alzaron en armas para deponer a una dictadura que violaba una de las constituciones más democráticas del mundo. El cubano se alzó en armas para defender la democracia, no para instaurar una dictadura totalitaria de corte estalinista, capaz de convertir en pobres a toda la sociedad.

Con la dictadura totalitaria, supuestamente protegiendo a aquel 25% de cubanos pobres, todos los cubanos nos quedamos sin poder escoger nuestros alimentos. Nos quedamos sin vidrieras. Nos quedamos con el sueño de lo que podía haber sido y nunca fue. Hoy el 90% de la población cubana es pobre de solemnidad; mientras tanto, la crápula que nos desgobierna le echa la culpa al imperialismo.

Por nuestras avenidas, llenas de baches, pasean nuestros harapientos ciudadanos de aspecto muy desagradable. Blancos, negros y mulatos. Continúan dando rodeos para evitar a la policía que los persigue con saña para robarle los productos que intentan vender en el mercado negro; única forma que tienen de sobrevivir.

Esto lo he visto con mis propios ojos. Nadie me lo ha contado. Cuando el 1 de enero de 1959, tenía 8 años. Hasta ese momento pertenecía al 75% antes mencionado. A partir de ese día pasé a formar parte (poco a poco) del 90% actual. ¡Si lo sabré! Y, que conste, no me refugié detrás de una guitarra. Que lo podía haber hecho. Vestí uniforme verde olivo y cuando aun Carlota no había resucitado, en forma de maniobra “internacionalista”, ya estaba dando tumbos por el África ardiente.

En 1968, en la esquina de la Secundaria Básica “Enrique Maza”, había una pequeña cafetería, donde podíamos comprar batidos de plátano o papaya (fruta bomba), croquetas. Después de la llamada “Ofensiva Revolucionaria”, se acabó literalmente hasta el pan de piquitos.

Es imposible negar que en la Cuba democrática de los primeros 50 años del Siglo XX existiera el juego y la prostitución. Tan al principio, como en 1913, asesinaron a mi tío abuelo (siendo Jefe de la policía de La Habana), precisamente por cerrar casinos y bayuses. Hoy, el archipiélago cubano es un bayú gigantesco, al servicio del turismo europeo, digo, internacional.

Imposible negar la presencia, en Cuba, de los marines norteamericanos haciendo y deshaciendo a sus anchas, ni tampoco negar las tres famosas carboneras IMPUESTAS, de las cuales (para vergüenza nuestra) solo una queda: Guantánamo. Tampoco es posible esconder las tres bases de cohetes nucleares soviéticas, SIN CONSULTAR AL PUEBLO DE CUBA, y mucho menos la Base de Lourdes, que duró hasta hace bien poco, la que servía para espiar al “enemigo imperialista”. Tengo la impresión que todavía funciona. Por cierto, los “bolos” son más borrachos y juerguistas que los yanquis.

Eso era Cuba, antes: Las calles de Centro Habana asfaltadas y los edificios en pie. No como hoy, ejemplo fehaciente de los estragos de una bomba de 50 fidelones de potencia.

¿Cómo pudimos llegar a semejante deterioro?

Aplicando el igualitarismo absurdo y ridículo. Echarle la culpa al imperialismo es imitar al avestruz. No quiero que regresen ni los marines, ni los escuadrones de pilotos soviéticos.

Estoy de acuerdo en superar los errores, en desterrar para siempre la dictadura y el totalitarismo y construir una democracia con un sistema de libre mercado eficiente, que se garantice a si misma.

Ya hace varios años que renuncié y reniego de toda la propaganda totalitaria en relación a las llamadas “conquistas” del régimen de los hermanos Castro Ruz. Necesitamos dignidad, salud, soberanía, educación, cultura y una vejez honorable para todos y no lo que tenemos hoy, bajo la bota opresora de un puñado de vejetes inmorales e insoportables.

Si me dieran a escoger, preferiría la Cuba de antes, a la de ahora. Preferiría aquella “miseria de la abundancia” a la actual “miseria de la escasez”. Preferiría aquella falsedad de partidos políticos, a la ignominia de ser desgobernados aristocráticamente. Preferiría la aplicación de los Derechos Humanos sin falacias y la Constitución de 1940 a la de Blas Roca.

Fui educado por mis padres e instruido, en parte, por los preceptos de la dictadura totalitaria. Hoy, como refugiado político, en “la culta Europa”, comparo y emito comentarios, criterios y opiniones que tuve que callar durante 44 años. Por cierto, nadie me fuerza a ello. Lo hago desde mi más absoluta voluntad.

El embargo económico no es el culpable del bloqueo interno. La existencia del embargo, unido al chauvinismo galopante del régimen de oprobio, solo sirve de cortina de humo, detrás de la cual se refugian los hermanos dictadores. Por eso y porque es una aberración del sistema de libre mercado, considero que es imprescindible su abolición.

Nada tengo que ver con los que alguna vez llegaron a ser “algo” gracias a la benevolencia de los hermanos dictadores. Menos tengo que ver con trovadores “revolucionarios” arrepentidos y acomodados. Esos, los conversos, convertidos (a la fuerza) en diputados de una asamblea de corderos. Aun menos tengo que ver con aquel que era tan gusano que estuvo en la UMAP para degenerarse digo, regenerarse.

A esos, solo les deseo que se los lleve un rabo de nube o que una luz cegadora los borre de pronto.

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