domingo, 29 de agosto de 2010

Fidel Castro y la transición española

Continúa siendo el escenario perfecto para una novela como la de Graham Greene "Our Man in Havana". En este caso, el protagonista sería un tal Alejandro, escribiendo artículos catastrofistas, que "cuelan" solamente en jóvenes de tierno corazón, escasos de cerebro y en viejos descerebrados a falta de corazón tierno.

Fidel Castro, en su insomne convalecencia, continúa estancado en el delirio de la "Crisis de Octubre". Cincuenta años de estira y encoje. Que un meneíto paquí, que un meneíto pallá! Meneíto, que no bamboleo, como tenían que cantar, la famosa canción, en la España de Franco (mira la batea, como "balancea"). Que los meto presos. Que los fusilo. Que, como soy magnánimo, los dejo en libertad a pedido de fulano.

Durante la administración Clinton se vivió la ilusión de lo que se denominó, la política de contacto persona a persona (Ley Torricelli). Mucho antes llevando el nombre de "Derechos Humanos", la administración Carter había provocado el éxodo del Mariel. Clinton, por su parte se enfrentaría a otro éxodo y al derribo en aguas internacionales de dos aviones y la muerte de cuatro tripulantes. Más conversaciones bilaterales y la firma de una controversial ley llamada "Helms Burton".

La Ley Torricelli, en su carril II pretendía fomentar las visitas a Cuba de académicos, instituciones culturales y asociaciones religiosas con el objetivo de contribuir a que el régimen de los hermanos Castro Ruz se abriera al mundo y viceversa. El derribo de los aviones de "Hermanos al Rescate" y la firma de la ley "Helms-Burton", cerraron de golpe y porrazo aquella pretensión.

George W. Bush, el cowboy presidente, prohibió todo tipo de intercambios, restringió los viajes de los cubanos desde los Estados Unidos hacia Cuba y el envío de remesas de dinero.

Nuevamente la administración demócrata retoma el espíritu carteriano al anunciar una serie de modificaciones que pretenden propiciar el diálogo. Las relaciones entre el régimen dictatorial neo feudalista y el gobierno de los Estados Unidos se rigen por un renguenómetro invisible, como las radiaciones atómicas, que pasa del entumecimiento a la tibieza según los intereses y prioridades de los hermanos dictadores, porque, a decir verdad, al totalitarismo, como le sucede a los alacranes y las cucarachas, no le afectan las radiaciones provenientes de cualquier parte del mundo civilizado. Y, como el alacrán, se matan ellos solitos.

Esta etapa apunta hacia una flexibilidad diplomática. Hacia el levantamiento del bloquebargo. Es mucha la presión que ejercen los intereses comerciales. Sobre todo la, cada vez mayor, producción de petróleo en la isla.

Entre los propios norteamericanos y cada vez más cubanos en el exterior, el sentimiento generalizado es que la política del embargo económico (después de 50 años) no ha obtenido resultados. Teniendo en cuenta el peso electoral (fuerza económica) que ejerce el exilio cubano, Obama muestra cautela.

La pregunta no es cuantos académicos devotos o compañías artísticas que visiten la isla son necesarias. Potencialmente, la infraestructura de Cuba, permite recibir poco más de 4 millones de turistas al año. Hasta ahora el régimen recibe la visita anual de dos millones de turistas (entre canadienses y europeos. El caso es que los viajes resultan muy costosos desde Europa y los turistas prefieren los "todo incluido". Tampoco tienen mucho interés en cambiar el sol, el mar y la arena por tener contacto con los indígenas que habitan la isla empobrecida. Vamos, que el dinero que dejan va a parar a las manos de los corruptos gobernantes y no a los necesitados cubanos.

Muchos españoles recurren a sus recuerdos del franquismo para establecer comparaciones. En los últimos años de la dictadura, las costas españolas se llenaban de turistas nórdicos sedientos de sol y sangría. Es necesario recordar también que los hoteles, los restaurantes, las tiendas diversas y los chiringuitos no pertenecían a la dictadura. Franco, contrario a lo que hacen los Castro, permitía la propiedad privada, siempre y cuando no jugaran a desestabilizar el régimen. En Cuba, a no ser raras excepciones, no existe la propiedad privada.

En lo más álgido del período especial, que aún persiste, Fidel Castro (2003) ordenó cerrar paulatinamente la concesión de licencias a trabajadores por cuenta propia mientras imponía un sistema de contribución que maniataba a los que de una forma u otra habían logrado levantar un pequeñísimo capital.

A la muerte de Franco, sus delfines sabían perfectamente que de no pasar a la democracia, aunque fuera como monarquía constitucional, jamás serían un país europeo desarrollado. Otro tanto aconteció en Portugal. Ambos países recibieron la ayuda al desarrollo de manos de la Comunidad Económica.

En Cuba, aun después de la muerte de Fidel y Raúl, las películas de la transición hacia la democracia no podrán contar ni con rubias, ni con destape, ni con movida. Empecemos por decir que en los años sesenta, cuando las pocas españolas, que en esa época iban a la playa, se bañaban vestidas de cuello a tobillo, ya las cubanas andaban de bikini. Aun el Miramar Yacht Club no se llamaba Lumumba. Tal vez lo que haga falta en Cuba no sea un destape, sino un "tápate un poco nena".

Nada de lo anteriormente escrito tiene que ver con hielo y el deshielo. En Cuba no hay libertad. Hay mucho libertinaje consentido y mucho igualitarismo absurdo y ridículo.


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