domingo, 23 de mayo de 2010

Un régimen totalitario, de Partido Único, es incapaz de renovarse


Todos se repiten; por radio, por televisión, mediante el cinematógrafo, hasta por Internet: los de pensamiento totalitario. Lo repiten los dinosaurios del sistema totalitario; los que cambian el uniforme militar por la guayabera o la camisa roja (mal cortada); los hay de izquierda, “socialistas”, los de centro izquierda, los bolivarianos, los indigenistas. Que todos los aspirantes a dictaduras neofeudales lo repitan. Que todos los intelectuales izquierdistas, que se revuelven en sus pasados tenebrosos, sus historias de “revolucionarios” y sus sinvergüencerías, los que aspiran a que Lenin y Stalin regresen y los hermanos Castro Ruz les tomen en cuenta, lo repiten.


Repiten que el sistema totalitario se mantiene firme. Si todos lo dicen, dudo que sea verdad. Imposible que semejantes fracasados logren mover el molino, sin agua. Los pueblos han sido, son y serán siendo engañados por ellos. Una imagen inverosímil y falsa del periódico Granma debe ser considerada como una verdad absoluta. Tan absoluta como el régimen al que representa.


Fidel Castro, en los primeros años, pidió que el pueblo leyera. Hoy, el pueblo lee solo lo que es de interés del sistema totalitario. Frente a ese “todos” de compañeros y compañeras repetidores de la propaganda neofeudal, el régimen de los hermanos Castro Ruz es el único autorizado a “pensar” por el pueblo de Cuba.

No en tanto, al igual que Fidel Castro, el sistema agoniza lentamente. Fidel Castro elogiaba a Francisco Franco. De Franco dijo: “era astuto: maniobró, evitó involucrarse y mantuvo un asombroso nivel de tenacidad en las relaciones con nuestro régimen” (…) “aguantó las presiones de los yanquis” (…) “tenía sentido nacional, sentido de dignidad y talento”.


¿Cómo puede decir Ubieta que el régimen de los hermanos Castro Ruz era anti-franquista, cuando comparaba su sangre gallega con la del dictador fascista?
Un sistema fracasado es incapaz de renovarse. En todo caso, debido a las circunstancias, puede eternizarse en el poder.


Las cotorras que cambian el uniforme militar por guayaberas, lucran con afanado interés personal y con total desprecio por el pueblo al que dicen pertenecer. De sobra conocen las consignas políticas que ya no mueven a nadie. En su concepción no existe derecha o izquierda. Solo totalitarismo a ultranza, la “democracia” del proletariado, por ellos llamada (sin vergüenza alguna) DICTADURA.


Donde no hay dictadura, hay capitalismo y viceversa. Imposible que existan elecciones donde alguien difiera de la línea trazada por el régimen. En Caracas desfilan juntos, sin complejos, los funcionarios del régimen de los hermanos Castro Ruz y los seguidores del intento de dictador totalitario de Hugo Chávez, mientras que los terroristas vascos campean por sus respetos y se vinculan con los narco-guerri-terroristas de las FARC. Todos vestidos de rojo, como en los macabros tiempos de la Unión Soviética. El sustento cambió. Ya no se nutren de “las miserias” del pueblo ruso. Ahora reciben la petro-“colaboración” del régimen “bolivariano”.


En la Isla de Cuba se juntan todos los lamebotas neofeudales, como Zelaya –con mucho talento como narcotraficante y ninguna cultura política-, con artistas de cine, no se sabe bien de que tendencias políticas, como Danny Glover, para terminar adulando a los hermanos dictadores. Se juntan los dictadores vitalicios con los intentos de dictadores a perpetuidad. Pretenden que el engendro que ha llevado al pueblo de Cuba, a la miseria, se perpetúe en la América toda, como si eso fuera en verdad la solución a los problemas de estos pueblos. La propia vida y no la historia, le ajustará las cuentas, a su debido tiempo.


Se repiten hasta el aburrimiento. Son pocos los que dan crédito a las supercherías que promulgan. En términos políticos, la diferencia entre Enrique Ubieta y Lázaro Barredo no existe. Son como dos perros (con el perdón de los perros) sin bozal, a sabiendas de que ninguno de los dos muerde. Solo ladran y compiten entre sí a ver cual de los dos hace más ruido. Ambos coinciden en que no hay gentes de izquierda. Para ellos solo existen totalitarios y anti-totalitarios. Neofeudalistas y anti-neofeudalistas.


Si alguien considera que el sistema de mercado dirigido por una democracia representativa es, en estos momentos, el camino para el desarrollo económico de los países (valga la redundancia) en vías de desarrollo… Ese alguien es el enemigo.


Los hermanos Castro Ruz y comparsa (léase Ubieta y sus amiguitos) consideran que en España se transitó de la miseria franquista a país de economía desarrollada, por obra y gracia del Espíritu Santo. Para ellos poco tuvo que ver, en la transición, el pueblo español. Para ellos, la democracia chilena fue impuesta por Pinochet y sus secuaces. El pueblo chileno, bien gracias. Hoy por hoy es una de las economías más sólidas de América Latina.

Para los hermanos dictadores y sus acólitos, la tierra continúa a ser tan plana como en el siglo XIV, no importa que se mueva. Para ellos, los cambios son inadmisibles.