domingo, 17 de enero de 2010

Fidel Castro y el Estado Totalitario Neofeudalista

Luis XIV de Francia

Desde el punto de vista político, la palabra Estado significa: Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano.

Cuando llamamos “supra-estamento” al Estado, estamos queriendo decir que es el conjunto de órganos de gobierno, que se encuentran por encima de una sociedad, definida por un común estilo de vida.

El pragmatismo participativo de la naciente burguesía, llevó al monarca Luis XIV de Francia a proferir una frase que perdurará en la historia de la humanidad: “El Estado soy yo”.
El Estado burgués, resultante de la Revolución francesa de 1789, ha sido el modelo inicial de donde parten todos los sistemas democráticos actuales.


Lo sucedido en la atrasada (si la comparamos con los países desarrollados de la época) Rusia de principios del Siglo XX, solo ha significado un retroceso en el desarrollo de la humanidad.
Se trató, del intento (de unos intelectuales idealistas, surgidos del seno de la incipiente burguesía rusa), de aplicar en la práctica las teorías de un filósofo (que jamás en su vida trabajó como obrero), en un conjunto de países. Estos países fueron obligados por la fuerza de las armas rusas, a integrarse en una Unión que jamás existió.


Estos intelectuales, hijos de la incipiente burguesía rusa, proclamaron a los cuatro vientos que ellos eran el proletariado y, en nombre de una clase social prácticamente inexistente (proletariado) subyugaron a un campesinado de estamento feudal, para convertirlos (de la noche a la mañana) en obreros agrícolas.

Más se parece un siervo de un sistema feudal a un obrero agrícola socialista, que a un agricultor. El siervo trabajaba para el Señor Feudal, que muy "generosamente" le dejaba algunas migajas para vivir. El obrero agrícola socalista trabaja para una casta de funcionarios y recibe un salario mensual por ocho horas de trabajo diario que, muchas veces, no le alcanza para cubrir sus necesidades.
El agricultor trabaja para sí mismo. No tiene horario definido. Se parece más a un padre de família, pues de su esmero depende la cosecha. Desde escoger la semilla a utilizar, hasta conocer las plagas potenciales y el momento exácto de combatirlas. El agricultor puede contratar mano de obra (obreros agrícolas), pero estos jamás se preocuparan por la salud de la siembra. Solo buscarán el producto (dinero) de su trabajo.


Obreros, es lo que quieren pasarnos, en nuestros días, como sepultureros del Estado burgués. Nada más falso.
De lo que sucedió después; lo de la implantación de un Estado neofeudalista, de partido único, totalitario y sus consecuencias en la economía, solo nos dicen que: “No se puede descansar en el comodín de que la estatización de la economía supone tácitamente la victoria”.
¿Cuál victoria?
Está más que probado que la propiedad social es ineficiente ante el sistema de mercado.
No es incierto que la revolución cubana de finales de la década de los años cincuenta del pasado siglo, nada haya tenido que ver con la llamada “revolución socialista de octubre” y mucho menos con la implantación de regímenes totalitarios en la Europa oriental.

Pero, la implantación del régimen totalitario neofeudalista, en Cuba ha sido una copia fiel del original soviético y no una praxis autógena, como algunos quieren presentarlo.
El régimen de los hermanos Castro Ruz llegó al neofeudalismo totalitario por la fuerza. El Estado creado a imagen y semejanza del soviético ha sido el garante de la injusticia social, de que los tres poderes del estado sean uno solo y que el desorden se haya impuesto en la sociedad civil, enclaustrada en la desesperanza del porvenir. Un régimen que ha andado 50 años a rienda suelta, desgobernando y destruyendo un país, a costa de subsidios foráneos.
Es por eso que el desgobierno de los hermanos Castro Ruz están revisando el diseño socio económico, no en un intento de gobernabilidad o sustentación de la vida cotidiana, sino para prolongar en el tiempo un sistema ineficiente e improductivo.


Es sintomático que los actuales dirigentes (los mismos de hace 50 años) culpen al pueblo del caos en que ha sumido al país. Resulta que ahora, los desgobernantes se visten de benefactores y paternalistas, cuando son los mismos que han desprotegido y oprimido a las masas populares.
Por otra parte, se asombran de que en materia de deberes, disciplina y sentido de pertenencia, el pueblo se muestre incrédulo. Ese mismo pueblo, educado en el igualitarismo absurdo y ridículo. Algo así como: Si el Estado somos todos, entonces nada es de nadie y todo es de todos. ¡Es como para volverse locos!

Las supuestas autoridades pretenden fortalecer el papel de un régimen corroído por fenómenos perniciosos importados que se han incubado en la práctica socio-económica como un virus de la ineficiencia económica adquirido (VIEA), que aunque lo miren profundamente y con aparente inteligencia, no serán capaces de neutralizarlos por decretos. Nunca irán a la raíz, pues esas supuestas desviaciones y descontroles responden a la ineptitud de desgobernantes, que preferirán andarse por las ramas, antes de enfrentar los problemas por ellos creados.

El régimen totalitario jamás ha sido generoso y es el culpable de todo lo sucedido a partir del empeño de crear un sistema neofeudal. Imposible no es la palabra para definir los pasos de ciegos que supuestamente intenta el régimen de oprobio. Nunca van a descentralizar la economía. Las políticas fiscales que aplicarán tendrán que ver más con las de los regimenes feudales que con las de un sistema de mercado. El régimen no tiene voluntad de cambio, sino de permanencia en el poder. La iniciativa individual y cooperativa se verán sofocadas por las regulaciones totalitarias.


La “urgencia” de vincular la participación descentralizada de los ciudadanos, solo se verá en papel de periódico. No existe un socialismo renovado. En todo caso un neofeudalismo revisado que restrinja (veladamente) el protagonismo popular y un llamado “centralismo democrático” solo de arriba hacia abajo, con visos de horizontalidad restringida.


Un neofeudalismo que fomente, en cada ciudadano, la idea de que “la revolución son los hermanos Castro Ruz”.