domingo, 15 de noviembre de 2009

Fidel Castro, Nelson Mandela y Cuito Cuanavale





La dictadura totalitaria cubana cumplió 50 años y la balanza del período se inclina más hacia lo malo (sobre todo en los últimos 20 años).

Jamás se entenderá el proceso, si no se analiza teniendo en cuenta el terror impuesto por Fidel Castro. Algunas veces el “máximo líder” ha tratado de (según sus conveniencias) respetar y defender algunos derechos humanos en Cuba y ha ignorado y violado la mayoría de los recogidos en la Declaración de los DH de las Naciones Unidas, de la cual la República de Cuba es signataria desde sus inicios.


Cuito Cuanavale no es el poblado más miserable y polvoriento de Angola, como puede decir algún ignorante. Lo que han querido denominar como “una de las batallas más grandes” de toda la historia del África Negra (subsahariana) y que tomó el nombre del poblado situado en la confluencia de los ríos del mismo nombre, es una mentira tan grande como el mismo territorio angolano.

Lo digo y lo repito, porque fui participante directo de la “batalla” y fui acreedor de una medalla al valor “Antonio Maceo” y la medalla "A los Heroicos Defensores de Cuito Cuanavale”, entregada por el Consejo de Estado del régimen de Fidel Castro, por mi participación en los hechos, como jefe (de enero a junio de 1988) del único Regimiento de Helicópteros existente en la RPA.

Participé en la “batalla” y tuve la oportunidad de recorrer, en labores de “helicóptero ejecutivo” (trasladando a los más altos jefes en campaña, Ochoa, Polo, Patricio) por todos los puntos estratégicos del Frente Sur.

El conflicto se debió más a la manía de Fidel Castro de hacerse sentir en la arena internacional, como “gran defensor de los oprimidos”, cuando jamás se ha preocupado por defender el derecho de los cubanos a nacer y permanecer libres e iguales (ver apartheid turístico), de asociarse libremente, de fijar residencia donde uno quiera, de comerciar, de viajar, de crear una empresa y otros que permiten dar vuelo a la creatividad y la esperanza de cualquier ser humano.

Para la época de la “batalla”, el apartheid de África del Sur era ya obsoleto y caía por su propio peso. Angola era un país que se había independizado de Portugal hacía poco más de diez años y su gobierno (de filiación marxista desde sus inicios) recibía “ayuda” de la Unión Soviética previo pago en moneda libremente convertible (Angola es un país rico en reservas naturales de todo tipo). También tenía la colaboración de los cubanos (30 mil combatientes), unos 300 médicos y enfermeras y 800 hombres de una brigada constructora, por sus siglas llamada UNECA.

                            A los Heroicos Defensores de Cuito Cuanavale


Más de diez años llevaban los surafricanos intentando desestabilizar el país angolano, armando y apoyando a la organización secesionista UNITA, en un área por debajo del paralelo 15 y hasta la frontera con Namibia.

El gobierno angolano preparó (con asesores soviéticos) cinco Brigadas (más de cuatro mil efectivos) de infantería motorizada y denominó la operación “Saludando Octubre”. Operación que comenzó precisamente en ese mes del año 1987.

Las unidades combativas de la UNITA retrocedían en desbandada hacia el río Lomba cuando fueron asistidos por una Brigada de las SADF que había llegado hasta ese punto luego de recorrer más de doscientos kilómetros en profundidad, dentro del territorio angolano. Llevaban consigo cañones G-5 y G-6 de un alcance aproximado de 30 kilómetros, los cuales no podían ser contrarrestados por los lanza-cohetes múltiples soviéticos (en poder de las tropas del MPLA) que solo alcanzaban 21 kilómetros.

Según Fidel Castro, el gobierno de Angola le pidió ayuda cuando fueron rechazados y acorralados en las márgenes orientales del los ríos Cuito y Cuanavale. Eso no es cierto. No era necesario ni posible que José Eduardo Dos Santos hubiera pedido ayuda, desde el momento en que Fidel Castro le había hecho saber que “Saludando Octubre” no era viable.

Primero, porque Dos Santos es un personaje altanero que ya había pedido la colaboración cubana en la fracasada operación y había recibido una negativa por respuesta, bajo el pretexto de una operación inútil en terreno equivocado.
Segundo, porque de apoderarse (los surafricanos) del paso del río Cuanavale, las tropas cubanas se verían en aprietos para controlar una posible ofensiva hacia Menongue.
Tercero, porque ya Fidel Castro había evaluado la situación política internacional; sabía que el sistema de apartheid surafricano era cadáver y que el sistema socialista europeo oriental estaba haciendo agua (lo que no sabía ni el mismo Fidel Castro era lo rápido que se hundiría).

La operación “Saludando Octubre” había comenzado en el mes anteriormente señalado y ya para finales de diciembre del 1987 el incremento de las tropas cubanas era un hecho. Puedo decir que llegué a Angola en avión (por segunda vez luego de transcurridos diez años) finalizando el mes de diciembre de 1987.

Había un solo lugar donde se podía hacer daño a los surafricanos y Fidel Castro lo sabía perfectamente desde la primera vez que habían sido derrotados a mediados de los 70. La hidroeléctrica de Ruacaná.

Fidel Castro decide resistir el acoso (por parte de las SADF y la UNITA) a las Brigadas del MPLA, (Cuito Cuanavale) e impedir su aniquilamiento, mientras preparaba a la División 50 (élite) de las tropas cubanas, para atacar desde la dirección Lubango, Cahama, Ruacaná ( a más de 500 kilómetros de distancia de Cuito Cuanavale) una hidroeléctrica que abastece más del 50% de la energía consumida por Namibia.

Debo aclarar que los que aguantaron el ataque a Cuito Cuanavale fueron los soldados del MPLA y porque no les quedaba otro remedio que morir ahogados en las turbulentas aguas de los ríos.

Lo que verdaderamente sucedió en Cuito Cuanavale fue una defensa (a toda costa y a todo costo) de las Brigadas del régimen de José Eduardo Dos Santos, que evitara su aniquilamiento en la margen oriental del rio Cuanavale.

La aviación surafricana se retiró paulatinamente del teatro de operaciones, no porque los pilotos cubanos peleásemos mejor, aunque no puedo negar que los aviones MIG-23 son, técnicamente superiores a los mirages que utilizaba la SADF.
No quiero decir que nuestros pilotos pelearan mal. Lo que digo es que tuvieron pocas oportunidades para destacarse porque los surafricanos, conociendo que la técnica de combate era superior, evitaban los encuentros y solo podemos relatar aquellos en que, debido a la desastrosa dirección del mando cubano, que en múltiples ocasiones envió (en desventaja) a nuestros pilotos (a una muerte segura) y solo la casualidad los salvó. Es el caso de Carbó, enviado en solitario hacia el teatro de operaciones.

En Cuito Cuanavale jamás se procedió a una contraofensiva. La orden de Fidel Castro era avanzar por el flanco Sur Occidental en dirección a la hidroeléctrica de Ruacaná.
La aviación cubana jamás tuvo el dominio del aire, a no ser en los últimos momentos cuando los surafricanos no reaccionaron ante el amago de embestida de las tropas cubanas durante el ataque a Calueque (reguladora de agua de la hidroeléctrica de Ruacana).

Es una verdad irrebatible que las bombas de nuestros aviones cayeron sobre las concentraciones de tropas de la SADF y UNITA en Cuito Cuanavale. Sin embargo, en la dirección Ruacaná no fue del todo así, porque la única vez que llovieron bombas de demolición fue en Calueque muchos meses después.

Nelson Mandela no salió en libertad gracias a la “Batalla de Cuito Cuanavale”. Eso sería restarle méritos al ANC. Mandela agradeció a Fidel Castro, el gesto de apoyar la causa negra africana. Sin embargo, Mandela tuvo un gesto, más parecido al de George Washington que, Fidel Castro. Luego de estar en la cima de la popularidad, se fue a vivir a su casa.

¡Ojala que todo hubiera sido una pesadilla y que ningún cubano hubiese pisado tierra angolana y menos muerto en aquellos inhóspitos parajes!