sábado, 15 de agosto de 2009

Reestructuración y dinamización del Estado ¿Cuál Estado?


El 24 de febrero de 2008, en un discurso ante la corderísima asamblea, Raúl Castro tendió una trampa añeja para los que aun continúan siendo “bobos de maruga”: Convocó a reuniones de sindicatos, federaciones, grupos, consejos y demás integrantes del Sistema Unico de Vigilancia y Protección (SUVP) para elaborar listas de demandas con vistas a “ayudar” a crear una estructura “más” funcional (como si la actual funcionara).


De una forma típicamente totalitaria, más de cinco millones de personas asistieron “voluntariamente”, en horario de trabajo, a tales reuniones y ofrecieron más de un millón de propuestas (el 99% de ellas totalmente banales).


Cualquiera diría que las referidas reuniones trajeron como consecuencia que el Consejo de Estado Totalitario se reestructurara. El 3 de marzo vieron la luz nueve, nuevos ministros y fueron abolidos dos ministerios. En fin, “agua al dominó” la burocracia continúa.

Dos de los flamantes funcionarios promovidos son generales. Uno de ellos reemplazó a Carlos Lage, que tal como el otro “indigno” de Perez Roque “dimitieron” de sus cargos.
No hace mucho tiempo, la dictadura de Fidel Castro y su hermano, consideraban la dimisión como un acto de traición. Si no me creen, pregúntenle a Hubert Matos.

Analistas extranjeros consideran que las Fuerzas Armadas del régimen fidelista tienen mucha influencia. No, señores. Tienen toda la influencia. Pero no es que se hayan vuelto autosuficientes financieramente. Es que mucho antes de comenzar, lo que a ellos les gusta llamar “período especial” (para mi ese período abarca 41 años), ya las FAR y el MININT se estaban preparando como empresas paralelas al sistema financiero del país. Debemos aclarar que dichas empresas solo responden al MINFAR.
Para su desgracia ninguna de ellas es eficiente y más de una cabeza ha rodado (por robarle a Raúl) desde que fueran instauradas.

Aunque algunos ciegos quieran hacernos ver que el ejército de los hermanos Castro no es ofensivo, solo les recuerdo, lo que han sido capaces de hacer en Argelia, en las alturas del Golán, en Angola o en Etiopía. Todas estas acciones “defensivas” combativas a muchos kilómetros de nuestras costas.


Claro está, Fidel Castro tenía la economía soviética y el narcotráfico como retaguardia segura.
El costoso (para el pueblo) sistema defensivo hoy se encuentra con serios problemas de armamento envejecido e imposible de renovar. Los miles de kilómetros de túneles (que están mal construidos) son inmensas ratoneras basadas en la doctrina militar de “La Guerra de Todo el Pueblo”. En resumen, la única relación de las FAR con el pueblo consiste en la cantidad de oficiales y soldados que reciben un salario mensual por vestir un uniforme y participar muy de cuando en vez en alguna maniobrita.

“¡Nuestro ejército es el pueblo!” dijo Fidel Castro en 1959, cuando las columnas de guerrilleros bajadas de la Sierra Maestra, la Sierra Cristal y la Sierra de Trinidad Sancti Spiritus (mal llamada Escambray) no llegaban a 2 mil hombres armados.


Cincuenta años después continúa a ser el ejército peor uniformado del mundo. Gente que ha hecho de las FAR su medio de vida. Pero lo más importante es que la oficialidad, que supuestamente va a dirigir ese ejército, está compuesta por la generación más joven. ¡Y no es por casualidad! Los hermanos Castro necesitan personal sin memoria histórica. Necesitan de una generación que solo conozca por referencia y desde el punto de vista de ellos, toda la historia reciente. Para eso barrieron de las FAR y el MININT a toda la generación sucesora.


Tres millones de cubanos (el 25% de la población) son menores de 20 años. Casi todas las familias han participado, de una forma u otra en las aventuras del napoleoncito caribeño.
Dicen que las FAR se han reducido en los últimos tiempos ¡Mentira! Hace mucho tiempo que las FAR, al contrario del MININT trabajaron de forma tal de que más del 75% de las unidades militares estuvieran integradas por reservistas y poco a poco fueron perfeccionando el sistema movilizativo, de forma tal que hoy en día pueden tener sobre las armas a un millón de hombres en menos de 72 horas.

No todos los cubanos se sienten orgullosos de haber participado en guerras ajenas al territorio nacional, bajo la consigna del internacionalismo proletario. Casi el 30 % de la población se siente avergonzada, no de la participación, más bien de haberse dejado utilizar por las ambiciones de Fidel Castro, de querer pasar a la historia como un “Alejandro Magno Caribeño”.