miércoles, 13 de mayo de 2009

¿Por qué Fidel Castro se ha vuelto un problema difícil para el socialismo?

2

La resistencia y la alternativa

El «problema difícil» se puede formular de la siguiente manera: Todos los procesos revolucionarios son procesos de ruptura que se basan en dos pilares: resistencia y alternativa. El equilibrio entre ambos es fundamental para eliminar lo caduco, y hacer florecer lo nuevo hasta donde sea posible.


Debido a las hostiles condiciones externas en que el régimen de Ficel Castro se desarrolló -el aberrante embargo por parte de los Estados Unidos, la alianza con la Unión Soviética en los años 70, y el llamado “período especial” ocasionado por el fin de la URSS en los años 90-, ese equilibrio no fue posible. La resistencia terminó por superponerse a la alternativa.

Es por ello que afirmo, que la alternativa nunca se expresó y, por el contrario, se sometió a la resistencia. La alternativa (lo novedoso) ha permanecido siempre como rehén de un sistema ajeno (el sistema soviético). Nunca se transformó en una verdadera solución, consolidada, creadora y, capaz de desarrollo, de renovación (nuevas alternativas dentro de la alternativa).

Debido a este desequilibrio entre resistencia y alternativa, la alternativa se ha estancado, y su estancamiento siempre disfrazado por la culpa continuada, de todos los males, al imperialismo.

Este empecinamiento acabó por atribuirle una “justificación”: la necesidad de la resistencia, hace inevitable la imposibilidad de la alternativa. Aunque, de hecho, la alternativa siempre ha sido politicamente propagandizada.

El carisma revolucionario y el sistema reformista

El segundo vector del «problema difícil» concierne al modo específicamente fidelista de, como se desarrolló la tensión entre totalitarismo y reforma.

En cualquier proceso totalitarista, el primer acto de los totalitarios después del éxito inicial, es evitar que haya otras revoluciones.

Con ese acto comienza el totalitarismo dentro de la revolución. Reside aquí la gran complicidad -tan invisible como decisiva- entre fidelismo y revolución.

En el mejor de los casos, esa complementariedad se logra por una dualidad -siempre más aparente que real- entre el carisma del líder, que mantiene viva la permanencia de la revolución, y el sistema político totalitario, que va asegurando la reproducción del totalitarismo.

El sistema totalitario provoca un confinamiento que limita su impulso revolucionario; en tanto el líder carismático provoca el fermento de caos que hace provisionales todas las verdades burocráticas. Esta dualidad ha sido un rasgo distintivo del llamado “Socialismo Tropical” llevado a cabo en Cuba por Fidel Castro.


Sin embargo, con el tiempo, la complementariedad tiende a transformarse en bloqueo recíproco. Para el líder carismático, el sistema totalitario, que comienza por ser una limitación que le es exterior, con el tiempo se convierte en su segunda naturaleza. Se hace así difícil distinguir entre las limitaciones creadas por el sistema y las limitaciones del propio líder.


El sistema totalitario, a su vez, conociendo que el éxito terminará por erosionar el carisma del líder, se autolimita para prevenir que tal cosa ocurra. La complementaridad se transforma en un juego de autolimitaciones recíprocas. El riesgo es que, en vez de desarrollo complementario, ocurren estancamientos paralelos.
La relación entre carisma y sistema totalitario es, pues, muy sensible a veces, y particularmente en momentos de sucesión. El carisma, en sí mismo, no admite sucesión.
Ningún líder carismático tiene un sucesor carismático.

La sucesión solo puede ocurrir en la medida en que el sistema totalitario reemplaza al carisma. Pero, para que tal cosa suceda, es necesario que el sistema totalitarista sea suficientemente reformista para lidiar con fuentes de caos muy diferentes de las que emergían del líder.

Es un dilema, siempre y cuando la fuerza del líder carismático tenga objetivamente bloqueado el potencial reformista del sistema.
Este vector del «problema difícil» puede resumirse así: el futuro totalitarista del régimen fidelista depende de la fuerza reformista del sistema totalitario; no obstante, esta es una incógnita para un sistema que siempre hizo depender su fuerza del líder carismático.
Este vector de la dificultad del problema explica el discurso de Fidel en la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f171105e.HTML

Las dos vertientes del «problema difícil» -desequilibrio entre resistencia y alternativa, y entre carisma y sistema- están íntimamente relacionadas. La prevalencia de la resistencia sobre la alternativa es simultáneamente el producto y el productor de la, del carisma, sobre el sistema.