sábado, 23 de febrero de 2008

El Compañero

Acaba de anunciar el “compañero” Fidel que no aspirará ni aceptará el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe, y ya los guatacones del Poder Popular han comenzado a pronunciar de manera harto empalagosa adjetivos calificativos como: “Extraordinario Magisterio” . No voy a decir nada acerca de este elogio funerario ni de lo que pienso sobre la interesada utilización del mismo por parte de tan miserables personajes. Sobre esto ya escribí un artículo titulado Barambambay a la Bestia Ilustrada.

Que Fidel Castro es un tipo inteligente se cae de la mata. Si Fidel Castro hubiera aceptado seguir al frente del régimen totalitario —y no me cabe la menor duda de que, por unanimidad, su reelección estaba asegurada—, nada iría a cambiar.

Soy consciente sin embargo que, abusadores como son, aunque el show haya calado en muchos gobiernos occidentales, seguirán explotando y reprimiendo al pueblo de Cuba.

Para el pueblo de Cuba la noticia ha sido impactante, pero no les ha llegado de sorpresa. En la Isla todo está tranquilo, la normalidad es absoluta. Por el contrario, en el resto del mundo es donde se ha formado tremendo revuelo: los medios de comunicación casi no hablan de otra cosa, y los hijos del régimen fidelista no dejan de reír para sus adentros día y noche mientras preparan la fiesta del día 24.

La inmensa mayoría de la población cubana, se muestra desconfiante e insegura ante la inminente desaparición de la persona que les ha dirigido durante casi 50 años. Y no es para menos. Su larga dictadura no les permite otra forma de pensar.

De modo que cuando el ya excomandante expresó en su mensaje que a la todavía existente “dirigencia histórica” le sigue otra degeneración de funcionarios que "cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo", el pueblo no puede hacer otra cosa que rezar, porque saben que lo que dice es rigurosamente cierto.

Estoy completamente de acuerdo con Raúl Castro cuando alguna vez trató de expresar: “La orden del jefe es el encarne del patriarca”.

Fidel Castro es comunista por conveniencia, por su ambición desmedida del poder. Fidel Castro no es el representante, en la tierra, del manifiesto comunista que hoy tanto escasea y del que tratan de aprovecharse algunos gobiernos latinoamericanos.

En la década de los 80 Fidel Castro comentó que si un día la URSS desapareciera, incluso solo, su régimen totalitario seguiría siendo socialista. Llegó 1991, y con él el desmerengamiento de la URSS.

Cuando esto hubo sucedido, muchos "amigos" del régimen dejaron de serlo. La nueva y complicada situación fue destiñendo a muchos de los intelectuales rojos, como siempre ocurre. Unos fueron destiñéndose poco a poco; otros, desprovistos de vergüenza, lo hicieron más rápidamente. Se destiñeron hasta quedarse incoloros, transparentes; entonces se les vio el verdadero color que siempre tuvieron bajo la frágil capa de tinte rojo que les camuflaba. Luego, algunos volvieron a teñirse.

No sin dificultad, la Bestia Ilustrada y su régimen siguieron chapoleteando por el mismo lodazal ideológico de siempre, enarbolando la misma bandera; con éxito, a pesar de los innumerables errores económicos y de principios (si es que el totalitarismo tiene alguno).

Ahora la Bestia, acompañada de algunos, más cínicos que nunca, afrontan la sucesión en la Dirección —sucesión no es sinónimo de transición, no se confundan—. Plenamente consciente de sus limitaciones físicas, el dictador cambia la trinchera por la cama, pero no abandona la lucha. Como buen ególatra que es, de una u otra manera siempre estará agazapado, esperando el momento de meter la cuchareta.

El régimen de Fidel Castro le debe mucho, no solamente al pueblo de Cuba, sino al mundo entero. Su delirio de Napoleoncito caribeño lo convirtió en ingerencista, por excrecencia, en todos los continentes.

A pesar de todo y como no podía ser de otra manera, los izquierdistas (de siempre) lo han tildado de paladín de los pueblos oprimidos —¿será porque durante casi 50 años ha contado con el recurso de “combatir al imperialismo” donde quiera que esté?—, pero quien haya seguido su trayectoria más o menos de cerca se habrá dado cuenta de que probablemente sea uno de los dictadores que nunca ha contado con la participación de sus dirigidos, que más ha ejercido la represión, y además sin ocultarla.

Gabriel García Márquez dijo que "la explicación de Cuba (tal vez haya querido decir del régimen) es que Fidel es al mismo tiempo el Jefe de Gobierno y el líder de la oposición", y Felipe Pérez Roque insiste en que "es el principal crítico de la obra". Es el único que se atreve a criticarla, diría yo.

Agotados sus ridículos postulados algunos amigos siguen con la boca abierta, pero con desgano. Dicen que Fidel Castro no es eterno. Claro que no lo es. Personalmente no quiero que lo sea. Lo eterno no existe. Y si Fidel lo fuera, obviamente no dejaría de existir; algo que yo y muchísima gente no deseamos; sencillamente porque no lo queremos vivo, incluso hasta después de su muerte.

Por eso desde la disidencia, hoy más que nunca reitero mi apoyo y compromiso:

Yo quiero, cuando me muera. Con Patria, pero sin amo. Tener en mi tumba, un ramo de flores y mi bandera.